Alejandraseptiembre 17, 2021
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5min49
Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

 

Sabemos que el nuevo cliente ama lo customizado, productos realizados especialmente para ellos, los cuales les despierten sensaciones de singularidad. Para brindar una oferta acorde con dicha demanda, es importante dejar de pensar en espacios. Debemos interpretar las emociones de las cuales un espacio es responsable. Por ejemplo, la cocina. ¿Cómo crear una cocina auténtica? ¿Qué elementos de diseño busca reflejar mi cliente? En una cocina Millennial, no se juzga el materialismo de sus acabados e instrumentos, sino la personalidad de sus recetas. Entonces, allí deben acentuarse los espacios personales. La personalidad debe destacarse por encima de lo esperado. No es una búsqueda de lo más costoso, sino de lo único y auténtico. Debemos observar con cuidado cuáles son las emociones que impulsan un espacio para cada cliente. Una vez identificadas, debemos llevarlas a nuevas proporciones. La arquitectura Millennial consiste en maximizar, exaltar y acentuar esos momentos emocionales.

Por otra parte, para un mayor entendimiento de la demanda y una elevada personalización del producto, es necesario comprender que existen tres dimensiones puntuales de entendimiento de la vivienda, diferentes para cada cliente, pero que responden puntualmente a sus necesidades, y combinados, conformarán la “psique del cliente” y sus deseos de un hogar. Estos tres ejes son:

 

Funcional: Implica la capacidad que tendrá el inmueble para resolver las tareas cotidianas. Cada actividad en la vida del cliente se analizará en el contexto de uno o más espacios.

Organizativa: El hogar es, en cierta forma, un museo personal. Constituye un espacio físico donde se coleccionan toda clase de pertenencias, desde las más banales hasta las más valiosas. En la dimensión organizativa, la importancia del inmueble pasa por convertirse en ese centro de acumulación de riqueza emocional y material, y contar con espacio para ello.

Social: La casa también es un lugar de ocasiones especiales. Allí suceden algunos de los eventos más importantes para una familia y, por lo tanto, conforma un escenario social. A esta dimensión vale sumarle la importancia de los espacios como postales atractivas para las redes sociales digitales. Actualmente, vernos bien ante el mundo es más necesario que nunca.

 

En términos de diseño y propuesta de valor al cliente, debemos asegurarnos que la oferta se ajuste a los avances de este nuevo mundo, no sólo sociales, sino también, tecnológicos. Para ello, es necesario tener en cuenta tres aspectos fundamentales de la nueva arquitectura:

 

  • Vemos cada momento del día como una experiencia especial, que despierte emociones (mucho de lo que necesitan los millenials).
  • Es necesario proponer espacios capaces de adaptarse muy fácilmente a los avances tecnológicos que aún no llegaron pero que pueden ser necesarios y provechosos para los proyectos, cuidando el capital del cliente, para permitirle reacondicionar su hogar sin necesidad de grandes inversiones en cambios estructurales. Un ejemplo sería dejar disponibilidad para carga de autos eléctricos, o bien, para instalar paneles solares, que más allá de conformar un sistema del presente, no es una cuestión considerada actualmente a la hora de diseñar una casa, debido a que su amortización actual no lo justifica.
  • Vale incluir tecnologías existentes que permitan la interacción diaria del hogar con nuestros clientes y le faciliten la vida. Domótica y automatización, cómo controles remotos con apps personalizadas, o bien, apalancándose en plataformas existentes como Apple o GoogleHome.

Alejandraagosto 31, 2021
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5min138
 
Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

 

Generalmente, cuando se realiza un presupuesto, se tiene un tiempo definido para resolverlo. Desde el punto de vista de una empresa constructora, se deben cumplir con una serie de aspectos técnicos para la presentación de la propuesta. Se analizará el calendario para la presentación de la propuesta, es decir, tomar en cuenta cuándo se terminará el análisis de los precios de los materiales, el tiempo de desarrollo de los aspectos técnicos, etc. Posteriormente, llevaremos a cabo un exhaustivo análisis de las bases de la licitación plasmado en el pliego de condiciones otorgado por la empresa constructora. Luego, llevaremos a cabo un listado de cotizaciones de los materiales a disponer en obra, para ello, identificarán claramente las exigencias y especificaciones técnicas demandadas por la entidad contratante. En el caso de cotizaciones de subcontratos, se procurará entregar el máximo de información disponible al cotizador.

Una vez tomado un conocimiento cabal del trabajo a ejecutar y las condiciones impuestas por la entidad contratante, es siempre recomendable formalizar una visita al lugar, la cual generalmente es exigida por la entidad del contratante en el pliego de condiciones. En la misma se considerarán particularmente varios factores, tales como: Los accesos a la obra, la ubicación del obrador, el acopio de materiales, la libre circulación de los obreros dentro del predio, la calidad del terreno, la disposición de agua potable y electricidad, los medios de transporte para el personal, el clima, etc. Otro dato a tener en cuenta a la hora del estudio del presupuesto radica en la redacción de un listado de precios actualizados en cuanto a la mano de obra y sus maquinarias. En el caso de las últimas, tener en cuenta el costo del combustible en el transcurso de la realización de la obra, el mantenimiento, etc.

En definitiva, el presupuesto es el cálculo anticipado del costo de una obra, o de una de sus partes. Es, como su nombre lo indica, la predicción de un hecho futuro, cuya magnitud debe representar, con toda la exactitud posible, lo que en él pueda determinarse, para lograr así, anticipar el costo predictivo más cercano al real de la obra. Se lleva a cabo en base a los planos y especificaciones técnicas de un proyecto, además de otras condiciones de ejecución. Se elaboran los cómputos de los trabajos, se estiman los análisis de precios unitarios de los diversos ítems y se establecen los valores parciales de los capítulos donde se agrupa cada ítem y así obtener el valor de la obra.

 

 

Los pasos a seguir son los siguientes:

 

  • Listado de precios básicos: El presupuesto incluirá una lista de precios básicos de materiales y equipos.
  • Análisis unitarios: Incluye indicaciones de cantidades y costos de materiales, transportes, desperdicios, rendimientos, costo de la mano de obra, etc.
  • Presupuesto por capítulos: Los costos de obra se presentan divididos por capítulos de acuerdo con el sistema de construcción, contratación, programación, etc.
  • Componentes del presupuesto: Se presenta el desglose del presupuesto con las cantidades y precios totales de sus componentes, divididos en materiales, mano de obra, subcontratos, equipos y gastos generales, todo ello conducente a los costos directos e indirectos.
  • Fecha del presupuesto: Se indicará la fecha en la cual se formula el estimativo, en caso de haber proyecciones de costos en el tiempo, se deben indicar.

Alejandraagosto 23, 2021
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Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

 

La primera reunión con el cliente es importante. Allí él deberá expresar el mayor número posible de necesidades para conformar un Programa, un listado de requerimientos, deseos y sueños. Por otro lado, debemos ser conscientes de nuestro compromiso de hacerlos realidad. Podríamos decir que la elaboración de este Programa inicial es el Segundo paso a la calidad del Proyecto. Dicho programa tiene que contar con las necesidades más directas como las espaciales, actividades, números y edades de personas que las habitarán, presupuesto, etc.; también necesidades indirectas, aquellas relacionadas con las emociones, la forma de vida del cliente (actual o deseada), los gustos personales, identificación y aspiracionales del comitente, etc. Es importante no minimizar la recopilación de datos para no caer en el lugar de contar con un Programa poco definido, conllevándola responsabilidad de nuestra parte de completarlo, inventado respuestas, lo que nos llevará probablemente a un resultado ajeno al futuro usuario. Entonces, es necesario saber escuchar, separar lo esencial de lo anecdótico, ordenar por jerarquías las necesidades que conforman el Programa y, por supuesto, preguntar, preguntar mucho. Por todo esto se dice que la primera fase de Proyecto debe ser más escrita que dibujada, limitándose más a pertenecer al mundo de las ideas que al de los croquis. Los primeros dibujos o intenciones de croquis, influyen enormemente en la mente del comitente, pudiendo generar una idea apresurada del proyecto y convirtiéndose el día de mañana más en un enemigo que en un aliado. En los primeros croquis se plantearán las ideas con total claridad.

En la tarea de darle forma a este Programa a partir de un encuentro con nuestro potencial cliente, debemos hacer preguntas directas y observar bien los gestos del cliente para que por medio de estos últimos se pueda deducir que tipo de necesidades son más importantes que otras en el diseño de su proyecto, teniendo en cuenta que al hablar, dependiendo de su personalidad, va a jerarquizar inconscientemente las demandas más relevantes cargándolos de mayor emoción, especialmente, si es extrovertido/a. Podemos preguntar acerca de la oportunidad de agregar un espacio y podría decir que sí, pero si lo hace sin énfasis o poco convencido/a, a lo mejor solo lo hace por compromiso y habría que hacer más preguntas. Tenemos que rescatar los datos más condicionantes para el diseño arquitectónico a grandes rasgos, como las áreas con las a contar, las dimensiones, la relación existente entre ellas y su distribución. Seguido a ello, buscaremos otros datos igualmente importantes como los colores, las texturas, decoración, tipo de vegetación preferida, etc.

Como venimos diciendo, es importante conocer al cliente y la primera reunión de encuentro debe planearse con anticipación. No tenemos que abordar a un cliente potencial con una improvisación. Debemos preparar una presentación en la cual se muestren las cualidades, ventajas y beneficios de nuestro trabajo como profesionales, como así también, indagar en los proyectos que el cliente ha realizado, saber quién es y tratar de formar un identikit de personalidad y características de vida. Por otro lado, es importante tener en cuenta respetar los puntos de vista del comitente y no decir directamente que no estamos de acuerdo, debiendo tratar, en todo momento, de entender la opinión del cliente y así poder llegar a un punto de encuentro. No debemos olvidar que el objetivo es crear una sensación de confianza en el cliente y que éste perciba, de manera precisa, todas las ventajas que lo beneficiarían al contratarnos para su proyecto, considerándolo como una mejor inversión. Lo más recomendable es que antes de la entrevista en profundidad con nuestro potencial cliente, tengamos al menos una conversación previa, posiblemente telefónica, para obtener un mínimo de información general la cual nos sirva para estar preparados y saber qué preguntar el día de la reunión, en función de darle forma al Programa de Necesidades.

Continuará…


Alejandraagosto 19, 2021
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Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

Las grandes empresas conocen la importancia del marketing en sus negocios, pero un profesional recién graduado, o quien posee una empresa pequeña no lo sabe, es por eso que deseo formular un llamado de atención, y a la reflexión, de la importancia sobre una carencia básica con la cual la mayoría de los profesionales salimos al mercado, y así ayudar a impulsar la iniciativa por el entendimiento de la importancia del marketing y focalizar el estudio en el conocimiento del cliente junto a la promoción de los servicios profesionales, ya que, como profesionales de la arquitectura prestamos un servicio, el cual debe asegurarnos la satisfacción del cliente. Planteado el punto de necesidad/carencia, creo necesario incorporar al profesional de la arquitectura a los conceptos básicos de las técnicas de marketing disponibles en su campo, para así lograr de una mejor manera, la satisfacción del cliente, redundando en más proyectos y mejor desarrollo profesional para su negocio. En todo el proceso de formación se nos enseña cómo diseñar espacios arquitectónicos, calcular y predimensionar estructuras y construir lo planificado. Pero también resulta imprescindible mostrar conocimientos acerca de la influencia de las técnicas del marketing y el servicio al cliente en una empresa de arquitectura, sin asumir el rol de “mercadólogos”.

El éxito de un arquitecto depende mucho de su relación interpersonal con el cliente, por lo que el dirigir la misión de una empresa para satisfacer las necesidades del mismo es de vital importancia. En un punto, el Marketing busca satisfacer las necesidades de un cliente a cambio de un beneficio. Punto. La palabra mercadotecnia o marketing, se asocia con ventas y publicidad, pero su verdadero significado es mucho más vender, que es tan sólo el final de la cadena de procesos del marketing. El ser humano experimenta distintas clases de necesidades básicas, tanto físicas (alimento, vestido, calor y seguridad), sociales (pertenencia y afecto) e individuales (conocimiento y expresión). Como acción innata del ser humano, se tratará de satisfacer dichas necesidades o mitigar las mismas con las herramientas al alcance.

Una persona puede disponer de varias opciones de servicio para satisfacer su necesidad, pero desea alguna en especial. El interés de poseer dicho artículo específico es un deseo, es la forma que la necesidad adopta según la cultura y personalidad individual. Mientras los deseos son ilimitados, los recursos son limitados. Cuando los deseos son respaldados por el poder adquisitivo, éstos se convierten en demandas. Se busca obtener así el servicio capaz de brindar la mayor satisfacción y corresponda a los recursos disponibles. El intercambio y la mercadotecnia están ligados uno al otro. Intercambio es el acto de obtener un “algo” deseado al ofrecer “algo” a cambio. Para que exista un intercambio debe encontrarse, por lo menos, dos partes, cada una con “algo” de valor para la otra. Éstas deben ser capaces de comunicarse y entregar dichos objetos, y libres de negociar, aceptar o rechazar la oferta.

Interrelacionando los conceptos anteriores podríamos afirmar que el marketing radica en trabajar con mercados para llevar a cabo intercambios los cuales satisfagan necesidades y deseos del ser humano. Analizando con mayor profundidad, podemos encontrar y entender distintas definiciones de marketing aplicados como disparadores de objetivos: Es el proceso de planear y ejecutar la concepción, precio, promoción y distribución de ideas, bienes y servicios para crear intercambios que satisfagan los objetivos de los individuos y de las organizaciones. Es el proceso de gestión responsable de identificar, anticipar y satisfacer las necesidades y exigencias de los clientes a cambio de un beneficio. Es simplemente un análisis de qué vende la empresa de arquitectura, a quién o quiénes se le vende, a qué precio puede venderse, y si esta empresa es la mejor opción. En esto se resume el proceso de marketing, en formular las estrategias que orienten a la empresa de arquitectura a ser la mejor opción para sus clientes, sea cual sea el campo donde la misma se desarrolle. El marketing responde a una planificación estratégica, la cual definimos en base a objetivos a corto, mediano y largo. Tener un plan de acción en una empresa resulta beneficioso y ayuda a establecer objetivos más claros y monitorear de cerca las acciones llevadas a cabo para cumplir con los mismos.


Alejandrajulio 6, 2021
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 Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

 

En la Argentina, el sector de la construcción se caracteriza por presentar retrasos frecuentes en los plazos, excesos presupuestarios y problemas para mantener la calidad. La ejecución del proceso de construcción, donde la logística cobra relevancia, deviene en una tarea compleja. Cada obra requiere instalaciones técnicas, de almacenamiento y operativas. Los métodos tradicionales de gestión asociados con la planificación suelen mostrar sus deficiencias durante el período de construcción, básicamente, porque no implican la introducción de mejoras en el proceso. Los desvíos en el plazo de finalización del proyecto impactan directamente en su costo. Existen dos grandes grupos de causas por las cuales se atrasan los proyectos:

 

  • Inputs:
  • La definición del alcance es ambigua o poco clara.
  • Planificación deficiente (incompleta o porque plantea expectativas irreales).
  • Falta de gestión en entornos de alta incertidumbre.
  • Modificaciones en el proyecto.
  • Ineficiente gestión de abastecimiento.
  • Habilidades blandas.
  • Equipos de trabajo no motivados.
  • Fallas de comunicación.
  • Cliente inexistente.
  • Bajos niveles de compromiso y colaboración.

La filosofía Lean Construction (LC) propone comprender el proceso constructivo desde tres puntos de vista: La transformación, el flujo y el valor. La transformación comprende la conversión de los materiales en productos terminados o intermedios. El flujo reconoce que para que suceda la transformación es necesario que los materiales y la información fluyan a través de otras instancias de transporte, inspección y espera. Todas las instancias de la producción consumen recursos, esfuerzos y tiempo, pero la única capaz de generar valor al producto final es la transformación. Pese a ello, las mediciones indican que la mayor parte del tiempo y los recursos de un proyecto permanecen destinados a instancias incapaces de agregar valor. Se definen entonces 10 tipos de pérdidas:

 

  1. Defectos. El producto contiene errores, requiere retrabajo o no está construido como fue diseñado.
  2. Sobreproducción. Implica mayor cantidad de trabajo respecto del solicitado, o bien, en el momento equivocado.
  3. Espera. Cuando personas, equipamiento o materiales esperan a otros procesos o trabajadores para iniciar o finalizar una actividad.
  4. Sobreprocesos. Cuando se diseñan pasos innecesarios o extras incapaces de sumar valor.
  5. Movimientos. Movimientos innecesarios de los trabajadores durante su trabajo.
  6. Transporte. Movimiento interno innecesario de los recursos en la obra.
  7. Inventario. Materiales que no están siendo utilizados.
  8. Tiempo. Tiempos muertos, descansos excesivos, demoras en recibir información.
  9. Personas. Accidentes, ausentismo, rotación, disponibilidad de mano de obra calificada.
  10. Papeleo. Burocracia, controles excesivos, procedimientos poco claros.

 

Se debe considerar como pérdida a todo lo distinto a la cantidad mínima de equipos, materiales y tiempo laboral esenciales para la producción. Muchas de esas categorías no suelen medirse dentro de la obra, por lo tanto, resultan ser invisibles dentro de los sistemas de control tradicionales. No se miden principalmente porque no forman parte del proceso de transformación, por ende, no se toma en cuenta la optimización de los flujos a verificar por parte de los materiales para lograr obtener el producto final.


Alejandrajunio 23, 2021
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4min238
Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

 

Un proyecto bien documentado es aquel que permite ser ejecutado por su autor o cualquier profesional competente en la materia. Frecuentemente, los límites entre sus etapas se encuentran marcadas por el ritmo del comitente, pero nunca deben dejar de ser guiadas por el profesional, a fin de evitar retrasos, grandes correcciones “sobre la marcha” y pérdidas considerables de tiempo y dinero. También, resulta fundamental para el profesional, estudiar las ventajas y desventajas -legales y prácticas- de abordar un proyecto, analizando con antelación las pautas a las cuales deberá adaptarse, sin caer en burocracias que pongan en riesgo su carácter como profesional. El conocimiento previo del cliente, facilita muchas de las decisiones sobre cuestiones estéticas y funcionales del proyecto. Retiros, paletas cromáticas y de materialidad, alturas, ubicación de ciertos elementos para que sean “invisibles”, muchas veces, convierte al proyecto en un verdadero desafío, obligando al proceso en un ir y venir de correcciones y cambios que no siempre implican mejoras.

La autoría del proyecto, cuando uno recorre urbanizaciones privadas, muchas veces se ve cuestionada por la innegable similitud entre las propiedades. Sin ir más lejos, antes de la colocación de los revestimientos, podría predecir que cualquier vivienda terminaría pareciéndose mucho a sus vecinas. Serán entonces materias a revisar el plagio, voluntario o no, fomentado por el cliente que muchas veces quiere “aquella casa, pero mejor” o por el profesional limitado ante las directivas aplicadas sobre el lote..

Quizá, como un recuerdo a la época del Art-decó en Buenos Aires, donde cada edificio respetaba los lineamientos de las grandes avenidas, pero dando sus toques distintivos, el desafío en este tipo de proyectos radique en apuntar la mirada sobre lo que realmente hace la diferencia, y eso es, la completitud del proyecto, la prolijidad del anteproyecto y la dedicación sobre los croquis -o renders- donde  se estima el más puro espíritu de todo el proceso.

Dice Morató en su ensayo “La nueva sociología de las artes: Una perspectiva hispanohablante y global”: “[…] el croquis a mano del arquitecto no constituye el punto de partida del proceso, sino que es un momento más”. La realización del croquis no apunta a capturar un momento de inspiración originario, […] sino que es una forma de firmar la entrega, de señalarle al jurado que no se trata de un proyecto más de vviienda, sino de uno al que se le dedicó atención especial.” (2017)

El croquis indica que el arquitecto no sólo visitó el lugar, sino que además “pensó con el croquis”. Al “croquear”, uno no ilustra, sino que permanece obligado a pensar, a ponerse en el lugar. Lo relevante no es que el croquis se haga al comienzo, a la mitad o al final del proceso de diseño, sino destacar la capacidad del mismo para poner en evidencia la necesidad de tomar ciertas decisiones. El croquis no miente. Esa inmediatez del esquicio funciona como un elemento más de prueba de la necesidad y evidencia del diseño propuesto.


Alejandrajunio 14, 2021
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Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

 

Cita el Decreto-Ley 7887/55, con Jurisdicción Nacional, que proyecto es “[…] el conjunto de elementos gráficos y escritos que definen con precisión el carácter y la finalidad de la obra y permiten ejecutarla bajo la dirección de un profesional”. Contendrá todos aquellos planos generales, incluyendo plantas y elevaciones principales o acotadas, de carácter puramente técnico en cuanto a simbología y básicas en relación a su rápida interpretación durante la ejecución de todas sus estructuras e instalaciones. Abarca planos generales y pliegos de detalle, con todas las especificaciones y planillas correspondientes, acompañado de presupuestos, contratos o pliegos de condiciones, llamados a licitación cuando sea el caso y estudio de propuestas. En pocas palabras, se trata de una documentación que sienta decisiones tomadas sobre todos los aspectos que hacen a la obra tal y como se llevará a cabo. Si quisiéramos ahondar en estas definiciones, el Art. 3 del Decreto Provincial 6964/65, nos habla del “[…] conjunto de elementos gráficos y escritos que definen con precisión el carácter y finalidad de la obra y permite solicitar la aprobación de las autoridades respectivas, licitar, cotizar y adjudicar, dirigir y ejecutar la obra, e involucra:

 

Planos generales: Plantas, cortes y vistas. Ubicación de las instalaciones, máquinas, conductores, plantaciones y demás accesorios. Son los documentos básicos para la ejecución de estructuras e instalaciones.

Planos complementarios: Todos aquellos planos de conjunto y de detalle, ya sea estructuras, instalaciones, elementos constructivos, planillas, etc.

Pliego de condiciones: Contiene y determina las cláusulas y condiciones que regirán los distintos trabajos que intervengan en el proyecto.

Memoria descriptiva: Incluye toda aquella información técnica que amerite ser documentada.

Cómputo métrico: Todos aquellos cálculos surgidos de los planos generales y complementarios, a fin de cuantificar la obra y sus elementos integrantes.

Presupuesto detallado: A partir del cómputo métrico, arribará a un costo anticipado de la obra.

Estudio de propuestas: Es la revisión y verificación de las propuestas ofertadas para la ejecución de la obra, incluyendo toda documentación respaldatoria gráfica, escrita o verbal que se deba suministrar para facilitar la adjudicación de dichas propuestas.

Documentación para actuaciones oficiales: Todos aquellos elementos que el comitente requiera para llevar a cabo las aprobaciones pertinentes, tanto en entes privados como públicos, municipalidad, etc.”

Queda claro, entonces, que cuando hablamos de proyecto se trata de un proceso de composición, donde empezamos por aquellos elementos flexibles, amigables al ojo de aquel “que no es del palo” y que resultan claves para la toma de decisiones. Decisiones que deben ser guiadas por el profesional, pero demostradas en un soporte que lo prescinda como tal, que le dé lugar al cliente de expresar también su punto de vista. Al final de cuentas, nuestro aporte profesional sólo es eso, un aporte -fundamental, claro- pero quien habitará el edificio no seremos nosotros. Los croquis deben hablar por sí mismos. Luego pasaremos a afinar el lápiz, a pasar a lo técnico sin excluir por completo al comitente, será misión del anteproyecto que este último comprenda las elecciones propuestas, sus fundamentos y termine de cerrar la idea, dejándola lista para su ejecución. En dicha ejecución, o para ella, se buscará tener el ojo más crítico y técnico posible, el más detallista y completo, capaz de no dejar aspecto alguno librado al azar, capaz de poder prever en su máxima posibilidad los costos, plazos y beneficios del proyecto. Un aspecto fundamental para tener en cuenta en esta última etapa es que cuando hablamos de proyecto, no debemos perder de vista que siempre hablamos de documentos, pliegos, contratos. En resumen, papeles. Allí entra en juego un punto clave: La responsabilidad del proyectista como autor de su obra. Casi como si fuera a enfrentarse a un jurado anónimo, es imprescindible que el proyecto se encuentre completo y sea claro para todos sus intervinientes: Desde el sanitarista, hasta el director de obra, el marmolero y ni hablar del cliente. Las horas que demande el proyecto valdrán en moneda, puesto que es la etapa de mayor peso dentro del proceso completo de la obra a construir. Finalmente, en la materialización, entran en juego otras estrategias las cuales facilitan la dirección y ejecución. Tales son los planos específicos a cada gremio, donde las plantas son “limpiadas” a fin de permitir una rápida lectura y entendimiento con el contratado, evitando distracciones y eventuales errores por verse información superpuesta a otra que no es necesaria en ese preciso momento. A su vez, el proyecto no es un ente estático, por ende, siempre debe ser considerado viable de correcciones, modificaciones -en ocasiones provenientes del cliente- y mejoras.


Alejandramayo 27, 2021
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9min288

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

 

Esta etapa dentro de un proyecto suele ser confusa en cuanto a límites refiere. Dónde acaban los detalles de un croquis sin convertirse en un anteproyecto y hasta cuántos planos se deben desarrollar para no caer en un proyecto completo. Es difícil definir cuánto más se debe trabajar sobre los croquis y cuánto menos debemos excedernos sobre el proyecto. Para comenzar, se seleccionaron tres fuentes de información distintas, todas al alcance de profesionales y personas ajenas al rubro, aunque no menos curiosas a la hora de defender sus intereses y empujar un poquito más allá la línea de la documentación que el profesional entregue. La primera surge de un blog de arquitectura, que, sin caer en Wikipedia, nos permite adentrarnos en un listado de planos a realizar durante el anteproyecto en terminologías sencillas y de fácil comprensión. Si bien no cuenta con un respaldo específico de autoría o fuentes de información concretas, la fecha de publicación pareciera ser del 2016, es decir, bastante actual. Allí se indica que un anteproyecto “son los dibujos o planos principales que conforman el corazón o el centro de un proyecto arquitectónico”, cuyo fin práctico es “darnos paso y ayudarnos a cumplir uno de los requisitos fundamentales en el proceso de adquisición de una licencia de construcción y es: El plano de permiso para construcción” (Arquinétpolis, 2016).

Si bien este blog no es exclusivo sobre nuestro país, y mucho menos sobre nuestra provincia, por lo que oportunamente se aclara que existen diferencias entre las imposiciones públicas y municipales, pareciera no quedar claro si el anteproyecto debe servir a la municipalidad o a la propia construcción; al proveniente proyecto o al oportuno entendimiento del comitente y, quizá, termine omitiendo cuestiones propias de la arquitectura -nexo fundamental entre el primer croquis y la ulterior materialización de la obra- haciendo énfasis en la funcionalidad del edificio que, a nuestro entender, se deberían apuntar y especializar en la etapa de proyecto. La segunda fuente por citar fueron los colegios profesionales, buscando algún tipo de esclarecimiento sobre los límites entre cada etapa. Fueron consultados el CPAU (Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo), CAPBA (Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires) y su equivalente en la provincia de Entre Ríos. El primero de ellos contiene un apartado que enlista el marco legal básico, incluyendo un enlace al Código Civil y Comercial, de ética y otros decretos aislados, pero en ninguno de ellos se menciona esta materia en particular.

El segundo, que, a diferencia de las incumbencias en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, está dividido en diferentes colegios o distritos zonales e independientes, introduce al anteproyecto dentro de las prestaciones profesionales del arquitecto, como “conjunto de plantas, cortes y vistas, estudiados conforme a las normas legales y reglamentarias vigentes o, en su caso, conjunto de documentos gráficos y escritos necesarios para dar una idea general de la obra en estudio. El anteproyecto deberá acompañarse con una memoria descriptiva, con un relato sintético del fundamento de la solución propuesta y, un presupuesto global estimativo” (Fontana, H. 2011).

Aproximándonos a una perspectiva local y nacional de lo que nos exige un anteproyecto, la principal diferencia con la fuente anterior es la exclusión del enfoque sobre las particularidades de las instalaciones -principalmente sanitarias- el agregado de una memoria descriptiva y, más importante aún, un presupuesto global estimativo. Estaríamos apuntando entonces a determinar la calidad constructiva de nuestra obra, aproximarnos a los detalles menores que la harán más o menos confortable, a todo aquello que el poder público nos demande y demás cuestiones estéticas que dialoguen con las decisiones de atractivo para el comitente y nos permitan avanzar en nuestro ejercicio.

Por último, nuestra provincia vecina entra al tablero puesto que la incumbencia de su matrícula es, a excepción de las regiones afectadas por sismos, nacional. El CAPER, o Colegio de Arquitectos de la Provincia de Entre Ríos, hace mención del anteproyecto en su calculadora interactiva de honorarios, dentro de la Definición de Tareas Profesionales. Basándose en la Resolución N° 407, del año 1999, del mismo organismo, donde define esta etapa como “los croquis en escala conveniente y en relación con la tarea encomendada, para dar una idea general de la obra.” (2009).

Es interesante, por un lado, que se lo considere dentro de un simulacro de honorarios, es decir, que se le brinde un peso propio como materia de ganancia monetaria para el profesional, discriminándolo de los croquis y el proyecto. Pero por otro, la definición, comparada a las otras dos, es tan acotada que deja librado al anteproyecto como un mero nexo entre el croquis y el proyecto, aquello cuya finalidad es sólo la de dar una idea general de la obra. Lo relativo a la aprobación municipal es, para esta provincia en particular, incumbencia de la primera etapa del proyecto, definida como “conjunto de elementos (planos, memoria, etc.) que definen con precisión el carácter y finalidad de la obra y que a su vez permitan ejecutarla.” (CAPER, 2009).

Finalmente, el Art. 45 del Decreto-Ley 7887, completa y dictamina a un anteproyecto. “[…] Conjunto de plantas, cortes y elevaciones, estudiados conforme a las disposiciones vigentes establecidas por las autoridades encargadas de su aprobación o, en su caso, el conjunto de dibujos y demás gráficos necesarios para dar una idea final de la obra en estudio. El anteproyecto debe acompañarse de una memoria descriptiva, escrita o gráfica, y de un presupuesto global estimativo. Cuando se trate de exposiciones se presentará además un cálculo de explotación” (1955).

Siendo prácticamente la versión completa de aquella cita sobre las prestaciones profesionales que describe CAPBA, es notorio que como prioridad, estarán aquellos planos que se ajusten a las disposiciones legales vigentes y luego, los dibujos y elementos necesarios para dar una idea conclusiva del edificio, quedando liberado que sean o no comprensibles o amigables visualmente para el comitente, más que para los profesionales intervinientes.

Haciendo una comparativa, o agrupación de argumentos a disponer frente a un potencial debate, la información fácilmente alcanzable para un cliente curioso nos dejaría en desventaja, si tuviéramos que ampliar la entrega de planos a especificaciones y cuestiones funcionales como las instalaciones y gráficas “no tan técnicas”; y en ventaja -o no- si no incluyéramos una memoria descriptiva o un presupuesto global, tomándolo como una estrategia para ahorrarnos estas encomiendas-tiempo con clientes cuyas definiciones sobre asuntos que afectan directamente a la obra se ven frecuentemente dificultadas; o si hablamos de profesionales de dudosa ética, claro…


Alejandramayo 19, 2021
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Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

 

Como primera etapa de cualquier proyecto, cuya definición será tratada luego, y como fruto de las primeras reuniones con el comitente, existen los primeros esbozos, ideas y conceptos que disparan todo aquello que definirá la documentación posterior: Los croquis. Es fundamental que estos dibujos o esquemas sean claros para el cliente, a la vez que nos proporcionen pistas fundamentales sobre qué quiere y cómo lo imagina -buscando determinar un programa completo de necesidades-, y a partir de lo cual, será nuestra pronta tarea dejar claro cuáles son los límites físicos y económicos a los que se adaptará para llevar a cabo sus requisitos, y demás conversaciones ineludibles que luego nos ahorren malos entendidos o correcciones sobre planos de mayor complejidad, por ende, mayor tiempo-dinero.

Se podría decir, que los croquis resultan indispensables para conocer y comprender la vasta red de pensamientos que el comitente tiene sobre la estética, la finalidad y funcionalidad del edificio, sus intenciones, costumbres de uso, sus gustos, etc. Pero acaso representan algo muy particular y bien definido por el código que los rige. Según el artículo 44 del Decreto-Ley 7887, son croquis preliminares aquellos “[…] Esquemas, diagramas, croquis de plantas, de elevaciones, o de volúmenes, o de cualquier otro elemento gráfico, que el profesional confecciona como preliminar interpretación del programa convenido con el comitente. Se entiende por Guión la relación escrita acompañada de esquemas, que expresa el concepto de la exposición, su lema fundamental y finalidades, e indica la forma de expresión y la correlación de los tópicos, sintetizando las leyendas correspondientes”.

En paralelo, nos encontramos con los avances tecnológicos y de fácil acceso a toda la población a través de internet, redes sociales, etc. Dentro de ellos, el mundo del render se fue abriendo paso firme por sobre los diseños manuscritos, prometiendo proyectos que, de no ser tratados con el cuidado que requieren, pueden terminar en una decepción para el comitente. Aquí, es interesante preguntar si un render califica como croquis o no. En el cuarto capítulo del libro “La nueva sociología de las artes: Una perspectiva hispanohablante y global”, su autor explica que, a diferencia de los croquis, el render es un elemento de comunicación visual fotorrealista sobre una obra que aparenta estar acabada en todo su esplendor (Morató, A. 2017), es decir, que requiere del tiempo y la dedicación a la elección de los elementos, materiales, componentes y detalles. Ítems que, según el código, debieran ser preliminares y no definitivos.

Como contrapartida, tampoco se puede negar que las nuevas generaciones de proyectistas, cadistas, dibujantes y todos aquellos empleados en los Estudios para desarrollar estas tareas, cuentan con una mayor facilidad para manejar programas creadores de renders -y lo mismo aplica si es necesario realizar modificaciones rápidas mientras se da lugar a una reunión con el comitente- que para utilizar lápices, tintas y papeles. Evidentemente, también podríamos encausarnos por el camino de la ecología, demandantes de un menor gasto de papel; de la economía, puesto que los elementos necesarios para este arte en ocasión no son asequibles, aspecto que también se puede adjudicar a las licencias digitales, etc.

Dejando a un lado el hecho de que el tiempo necesario para ejecutar ambas alternativas depende, casi exclusivamente, de la capacidad de su creador, tanto para graficar lo que el comitente demanda como para realizarlo con éxito, sin caer en una obra abstracta o que no cumpla el mero fin de ser comprendido por alguien que no es experto en la materia, tampoco podemos olvidar que el render abarca muchas de las decisiones que rozan -e incluso cruzan- los límites hacia el anteproyecto, convirtiéndolo en un arma de doble filo en materia legal.


Alejandraabril 28, 2021
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Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

 

El Director de proyecto es responsable por la gestión y ejecución de una propuesta que responda a los requerimientos acordados con su comitente. Adquiere responsabilidades civiles y penales ante dicho comitente y terceros, más responsabilidades administrativas ante los poderes públicos. Los comitentes suelen ser muy exigentes con respecto a los servicios profesionales que contratan y cuando se sienten perjudicados por errores, omisiones o incumplimientos del DP no dudan en presentar sus reclamos e iniciar demandas por daños y perjuicios invocando “mala praxis” del profesional. En estos casos el DP deberá recurrir a letrados, contestar demandas, abonar honorarios y gastos, perder tiempo, soportar preocupaciones, y si no resuelve satisfactoriamente el conflicto, afrontar el pago de compensaciones económicas.

La disposición 1.2 del Código de Ética establece: “Es deber primordial de los profesionales respetar y hacer respetar todas las disposiciones legales y reglamentarias que incidan en actos de la profesión. Es también deber primordial de los profesionales velar por el prestigio de la profesión”. El DP que en su proyecto ignora o transgrede disposiciones del Código de planeamiento o del Código de Edificación de la CABA, incurre en falta y cuando la misma es detectada por las inspecciones oficiales que controlan el avance de la obra, seguramente, será pasible de sanciones administrativas. Si además, la reparación de la falta implica demoliciones, motiva graves consecuencias para el propietario quien seguramente lo demandará por daños y perjuicios. No disminuye la responsabilidad del DP el hecho de que la transgresión haya sido motivada a pedido o por exigencia del propietario. Por el contrario, en estos casos quebranta la disposición 2.2.10 del Código de Ética, el cual establece: “Oponerse como profesional y en carácter de consejero del cliente, comitente o mandante, a las incorrecciones de este en cuanto atañe a las tareas profesionales que aquel tenga a su cargo, renunciando a la continuación de ellas si no puede impedir que se lleven a cabo”. En este supuesto el DP debe advertir a su comitente la transgresión que ello implicaría y si este insiste, renunciar al encargo y desligarse de su condición de Director de Proyecto, y si ya ha suscripto los planos oficiales como proyectista, a desligarse en el expediente en calidad de tal. El Director de proyecto es responsable por la gestión y ejecución de todo el proyecto en general y de cada una de sus etapas en particular. Debe tener en cuenta que será responsable por:

 

  • Las fallas, incumplimientos, errores u omisiones propios y por los incurridos por otros profesionales, arquitectos, especialistas, operadores de diseño asistido, dibujantes y personal auxiliar en quien delegue tareas, lo que no aminora su derecho de repetición ni las responsabilidades compartidas que puedan existir con otros profesionales.
  • El encuadre del proyecto, como ya se ha mencionado, dentro de las disposiciones de los Códigos de Planeamiento y de Edificación y los reglamentos técnicos vigentes.
  • El cumplimiento del o de los plazos comprometidos para la ejecución del proyecto
  • La ejecución de documentaciones completas e integradas, sin errores u omisiones, tanto en sus elementos generales como particulares, gráficos y escritos, conformando cuerpos de alcance unificados e idóneos.

 

Para asegurar el cumplimiento de las obligaciones que figuran precedentemente, se recomienda:

 

  • Comprobar que la documentación de proyecto comprenda, salvo casos justificados, los elementos gráficos y escritos necesarios y suficientes.
  • Adoptar los procedimientos señalados en el documento Planilla para chequear tareas y gestiones en relación con proyecto y dirección emitido en el MEPA.
  • Extremar los cuidados en la fijación de las cotas en los planos y en su posterior revisión.
  • Cuidar que las especificaciones técnicas y la planilla de locales mantengan una total y ajustada correlación entre sí y con los planos, planillas y restantes elementos de la documentación de proyecto.
  • Adoptar precauciones en obras por contratos separados, para fijar con precisión los alcances y limitaciones de cada contrato.


Auspician Entreplanos




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