Entreplanosenero 20, 2020
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¿Recuerda la fábula?

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el argumento, decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.

Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.

Una empresa dedicada a la construcción de obras, como cualquier otra, conforma una manifestación de trabajo colectivo, un conjunto de esfuerzos armonizados para la realización de un fin común. De esta manera, una empresa que construye obras deberá acrecentar, en tiempos de bonanza, sus componentes financieros a efectos de disponerlos inteligentemente cuando la marcha económica se dificulte. Dicha financiación define, como principal objetivo, brindar a la compañía los capitales necesarios para su desarrollo. Cierto es que existen diferentes tipos de financiación (autofinanciación, crédito bancario o privado, etc.), siendo el mismo un punto sumamente sensible, ya que la financiación se emplea para obtener los bienes de equipos, elementos básicos y servicios que necesita la empresa para poder funcionar y optimizar sus métodos productivos. Por su parte, las variables tecnológicas de la compañía se asimilan con la productividad, porque constituyen el principal instrumento de cara a conseguir el objetivo de la empresa, que es el beneficio. La tecnología requiere cada día una mayor especialización, y por este motivo, las empresas constructoras deben aprovechar los tiempos de buen clima productivo para adoptar los mejores medios técnicos, vale decir, los que generarán un mayor rendimiento en el futuro. No es un buen consejo dormirse en los laureles. En este aspecto, resulta clave la función de quien ostenta la responsabilidad de hacer cumplir las anteriores actividades dentro de un área de producción, cuyas funciones son plantear y dirigir las acciones, fijar los caminos a seguir, y formular los programas de investigación y desarrollo.

De esta forma, los lentos pero estables ganarán la carrera.

Pero la historia no termina aquí: la liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la hubiesen vencido. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia.

Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.

Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.

El impulso que aportan los tiempos de bonanza se sitúa en la condición ideal para propiciar las buenas relaciones entre los elementos humanos de una empresa. Claro está que toda estructura empresarial implica la sumatoria de las personas que la integran. Éstas forman un grupo de trabajo guiado por reglas y normas que regulan su funcionamiento, actitud y responsabilidad, y cuya actuación reflejará la situación social de la empresa. El acompañamiento que las personas brindan en los tiempos de vacas flacas, es consecuencia directa de la actitud asumida cuando los vientos eran más favorables. Sumar rencores conforma una torpeza que se pagará, seguramente, cuando la marcha se ponga más dura.

No debemos olvidar el costo que demanda “formar” nuestro capital humano, sea este aplicado a la mano de obra de la empresa o a los rangos profesionales.

De esta forma, la tenacidad vencerá a la estabilidad.

Pero la historia aún no termina: Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. Como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba “¿qué hago ahora?”, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó su paso y terminó en primer lugar.

Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primeros.

Pensemos que las empresas constructoras -y también los estudios de arquitectura- se enfrentan a una competencia cada vez más dura. Los métodos disponibles para diferenciar los productos de arquitectura dependen, cada vez más, de la imaginación de los responsables de cada estructura productiva y de sus fortalezas a la hora de crear los emprendimientos que los inversores demandan. Entre estos ítems se destacan la innovación, la mejora, la calidad final de la construcción, los mayores servicios postventa o una competencia efectiva en precios.

Pero la historia tampoco termina aquí: el tiempo pasó, y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciéndose buenas amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente, la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que aquella experimentada en sus logros individuales.

Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes habilidades personales. Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor.

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a medirnos contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos… y obtenemos mejores resultados.

Así de tajante se mostraba el pintor Pablo Picasso con respecto a la dedicación y la disciplina creativa: “La inspiración existe… pero te tiene que encontrar trabajando”.

La inspiración aplicada a la estrategia de los negocios en la industria de la construcción constituye, por cierto, una premisa a tener en cuenta en épocas donde los mercados se vuelven muchísimo más competitivos.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

 


Entreplanosenero 6, 2020
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Nuestra industria ha presentado recientemente una serie de innovadores productos y sistemas “sustentables”, “sostenibles”, “ecológicos”, “verdes”, y un sinnúmero de otros adjetivos que resumen las virtudes de los mismos en atención a los efectos medioambientales de dichas apuestas. Muchos profesionales esperan una “solución salvadora” acerca de los parámetros ecosustentables de sus obras. En realidad, estimo que dichos sistemas resultan óptimos, siempre y cuando se integren en proyectos pensados desde el punto de vista del bajo mantenimiento físico de la obra, la recuperación de energías y fluidos no renovables, entre otros ítems, hoy de atención obligatoria.

El Arq. Cuauhtémoc García Ledesma, Catedrático de la Universidad Cuauhtémoc, Campus Aguascalientes, México, reflexiona al respecto: “La eficiencia energética es una de las principales metas de la arquitectura sustentable, aunque no la única. Los arquitectos utilizan diversas técnicas para reducir las necesidades energéticas de sus edificios mediante el ahorro de energía y para aumentar su capacidad de capturar la energía del sol o de generar su propia energía, así como también, en la captación de agua de lluvia. Entre estas estrategias de diseño sustentable se encuentran la calefacción solar activa y pasiva, el calentamiento solar de agua, la generación eléctrica solar, la acumulación freática o la calefacción geotérmica, y más recientemente, la incorporación en los edificios de generadores eólicos. Adicionalmente, contamos con la correcta orientación del edificio respecto a los puntos de sol y sombra, los muros térmicos, las azoteas verdes (con vegetación), así como el manejo de residuos”.

Este oportuno análisis nos conduce a pensar que los incas, los mayas y otras culturas antiguas eran absolutamente sustentables en sus formas de concebir los espacios para el hábitat. Porque, claro está, materializar obras sustentables no significa únicamente edificar casas de madera ni emplear materiales reciclados o reciclables, sino ofrecer una propuesta integral, que favorezca el equilibrio ecológico, la responsabilidad social y la eficiencia económica; para brindar una mejor calidad de vida a los futuros habitantes. Así, los profesionales necesitamos prestar más atención a las condiciones climáticas, la hidrografía y los ecosistemas del entorno en que se construyen los edificios, para obtener el máximo rendimiento con el menor impacto; la eficiencia y moderación en el uso de materiales de construcción, privilegiando los de alto contenido ecológico frente a los de bajo contenido; la reducción del consumo de energía para climatización, calefacción, refrigeración, iluminación y otros equipamientos, cubriendo el resto de la demanda con fuentes de energía renovables; la minimización del balance energético global de la edificación, abarcando las fases de diseño, construcción, utilización y terminación de su vida útil; el cumplimiento de los requisitos de confort térmico, sanitario, de iluminación y habitabilidad de las edificaciones; entre otros factores preponderantes.

Creo oportuno concluir esta reflexión con otro aporte del Arq. Cuauhtémoc García Ledesma: “En Guadalajara se acaba de construir un edificio sustentable que cuenta con “azoteas verdes”, impermeabilización ecológica, calentador solar, sistema fotovoltaico para iluminación, dispositivos ahorradores de agua, llaves automáticas, mingitorios secos, captación de aguas fluviales, materiales constructivos de la región, muebles de cartón y macetas de fibra de coco. Sin embargo, estimo que un buen ejemplo de arquitectura sustentable lo tenemos en la arquitectura mexicana de siglos anteriores, como por ejemplo, las casas mayas que fueron construidas con materiales de la región y responden a las condiciones del lugar como el clima, y al concepto de flexibilidad, o a la arquitectura de la época de la colonia, donde se manejaba el esquema de patio central que permite la ventilación cruzada, habitaciones altas con anchos muros (generalmente de adobe), como aislantes térmicos, e incluso, la captación de agua de lluvia en aljibes para darle usos domésticos”.

Reinventar estos sistemas, adaptándolos a los formatos de vida modernos, conforma el gran desafío.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosdiciembre 10, 2019
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Rojo, amarrillo, verde… Detenerse, esperar y avanzar. Tan elemental como imprescindible, el código de tránsito resulta inapelable y su inobservancia puede acarrear severas lesiones, cuando no, la muerte a partir de un accidente, siempre evitable. ¿Qué tal si imaginamos un semáforo encargado de regular la calidad en nuestra industria de la construcción?

Rojo: El comitente exige al profesional, justamente, profesionalismo. La frecuencia en que se incumple con el presupuesto y los plazos de obra han derivado en el deterioro de la credibilidad de los arquitectos. De esta forma, el profesional perdió reconocimiento social. El problema presenta dos aristas: Las especificaciones técnicas son pobres y existen dificultades ciertas en el empleo correcto de los materiales y elementos constructivos.

Amarillo: Cuanto mayor sea la dedicación al estudio de la documentación de un proyecto, menores resultarán las modificaciones en la etapa de ejecución y, como consecuencia, acotaremos la pérdida de tiempo y dinero

Verde: Cuando la obra se encuentra bien especificada, la construcción se torna menos aleatoria para la empresa constructora, resultando las cotizaciones más ajustadas y los plazos pasibles de un efectivo cumplimiento.

El cabal control de calidad en una obra de arquitectura se puede lograr, comenzando por lo más básico: Un listado de chequeo el cual conforma un sumario de ítems a controlar, a modo de ayuda-memoria, para la dirección de obra. Algo más complejo es el diseño de un panel de control, responsable de organizar el seguimiento de las distintas tareas a través de indicadores, por ejemplo, el comportamiento del personal o la gestión ambiental de la obra. Allí la clave radica en sistematizar los controles para aplicarlos como parámetros de referencia. Medir y cuantificar el trabajo permite organizarnos, defender las decisiones y corregirlas de resultar necesario. Durante muchos años las empresas más competitivas del sector han dispuesto de sistemas independientes para gestionar la Calidad (Sistema de Gestión de la Calidad), el Ambiente (Sistema de Gestión Ambiental) y la Prevención de los Riesgos Laborales (Sistema de Gestión del Riesgo Laboral). Actualmente, se gestiona de manera independiente la Calidad, la gestión Ambiental y la Prevención de los Riesgos Laborales. El documento que debiera regir la gestión Integrada de los tres sistemas es el Plan de Calidad para la obra, que entonces pasaría a llamarse Plan Integrado de Calidad (PIC). Las ventajas generadas resultan ser diversas pero las fundamentales radican en un ahorro económico, reducción de tiempos y capitalización de las sinergias, como por ejemplo, utilizar el mismo equipo humano (bien planificado y dimensionado) para la supervisión y gestión de la Calidad, de los aspectos Ambientales y de la Prevención de los Riesgos Laborales durante la construcción de una obra.

El Programa de Trabajos conforma un documento “vivo”, el cual debe revisarse y actualizarse permanentemente. El desarrollo de un buen Sistema de Calidad implantado en nuestra organización nos ayudará a llevar a cabo mejor los mencionados programas y sus revisiones, ya que nos aportará nutrida información y registros basados en datos reales, capaces de permitirnos contrastar la veracidad de nuestra programación de trabajos de partida (partes de trabajo, partes de maquinaria, No Conformidades e incidencias, controles de recepción y acopio, control de suministradores, control de cambios y modificaciones).

De esta manera, nuestro semáforo contaría con un aliado de valiosa actualidad, respetando los parámetros que hacen a la convivencia de los actores intervinientes en la materialización de una obra, para el efectivo cumplimiento, en tiempo y forma, de la misma.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosdiciembre 4, 2019
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Resulta imprescindible entender a la construcción sustentable no sólo acotada al estadío de materialización de la obra, sino a toda su vida útil. Estudios del ciclo de vida de las construcciones desarrollados en Europa, muestran que los costos iniciales de materialización de un edificio, representan un 15% del total, mientras que los costos de operación y uso de la obra implican el 85% restante.

Durante la fase de uso, el consumo de energía de un edificio constituye el aspecto ambiental más relevante, significando aproximadamente el 40% del total de la demanda energética de Europa, dividido en calefacción (52-57%, dependiendo del sector analizado), calentamiento de agua (25%) y electrodomésticos (11-16%, dependiendo del sector estudiado).

Los mencionados alcances permanecen fuertemente relacionados con la problemática del cambio climático, donde algunos análisis indican que un incremento de la eficiencia energética en las construcciones puede reducir las emisiones de los edificios en un valor cercano al 42%.

Desde su creación, la Subsecretaría de Vivienda de la Nación impulsó la aplicación, en las operatorias de viviendas ejecutadas a través del Banco Hipotecario Nacional, y posteriormente, del Fondo Nacional de la Vivienda, de las denominadas “Condiciones Mínimas de Habitabilidad”. El espíritu de estas normas fue el de asegurar, en las operatorias de viviendas financiadas con dineros administrados por el Estado, niveles mínimos que debían cumplimentar las viviendas en lo referente al diseño, calidad de terminación y confort. A los efectos de asegurar el cumplimiento, por parte de los constructores de estos niveles mínimos, se establecieron normas por parte de la propia Subsecretaria, del INTI y posteriormente del IRAM, a las cuales se debían ajustar los distintos materiales.

Es así, que en relación a las condiciones de bienestar y confort, se definen para los muros y techos en las distintas zonas climáticas del país, los valores admisibles de los denominados Coeficiente de Transmitancia Térmica “K”, Coeficiente Volumétrico de Pérdida de Calor “G” y la verificación obligatoria del riesgo de condensación de vapor de agua, superficial e intersticial.

Lamentablemente, un limitado y mezquino criterio de algunos funcionarios en nuestro país, en el sentido de pretender “abaratar” los costos de las viviendas, ha posibilitado que en algunas operatorias no se respeten las normas más elementales de acondicionamiento térmico en los edificios, permitiéndose el uso de materiales y elementos, en las cubiertas y muros, los cuales no verifican los mínimos requerimientos exigidos. Contemporáneamente, en la mayoría de los casos, los citados componentes tampoco verifican los requerimientos referentes a la resistencia y vida útil.

Entendemos que la envolvente de una caja arquitectónica, deberá proyectarse con materiales, los cuales, a la par de garantizar una estructura sólida y durable en el tiempo, cumpla con las Normas de Aislación Térmica y verifique una correcta posición del plano de condensación. Asegurando una estructura de las mencionadas características, podremos eventualmente, sacrificar niveles de terminación perfectamente implementables a posteriori, sin comprometer el fundamento material de la obra.

Lo contrario significaría hipotecar el futuro, pues una arquitectura concebida con materiales que no verifiquen las mínimas condiciones de habitabilidad, en lo que a aislación térmica y resistencia se refiere, no permite amortizar la inversión realizada, resultando directamente proporcional a un elevado costo energético e inversamente proporcional a su vida útil.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosnoviembre 22, 2019
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5min108

Cualquiera sea el método o la modalidad adoptada para la formulación del honorario por la prestación de un servicio profesional en el ámbito de la arquitectura, es conveniente que el mismo reúna las siguientes condiciones: Que resulte de fácil comprensión y permita al comitente conocer, desde los primeros momentos, el monto estimado del honorario; y sea de práctica utilización.

Se recomienda al arquitecto que en sus propuestas y contratos, además del honorario y su forma de pago, detalle las tareas y prestaciones a su cargo, cualquiera sea el tipo, envergadura y complejidad del encargo.

Es aconsejable señalar los servicios profesionales y gastos especiales excluidos. Aunque estos últimos figuran en el Arancel Profesional, es preferible aclarar dichos conceptos desde el principio, pues el cliente puede ignorar esas cuestiones y suponer que también forman parte o son complementarias del encargo, eventualidad la cual posteriormente, podría originar problemas. Cumplir esa recomendación presenta tres propósitos: Contribuye a evitar eventuales malos entendidos o situaciones litigiosas; pone en conocimiento del cliente los servicios que debe recibir y tiene derecho a exigir; y regula la relación prestación/honorario, que en caso de comparación con otras propuestas, puede evidenciar la diferencia en la cantidad y calidad de los servicios profesionales ofrecidos.

Cabe aclarar que los honorarios convenidos son para tareas de ejecución normal. En caso que la gestión del encargo se prolongue o discontinúe, siempre por causa no imputable al arquitecto o no constituya caso fortuito o causa mayor, los honorarios deberán ser reajustados para compensar las mayores tares y/o gastos improductivos originados.

Siempre debe aclararse la obligación, por parte del arquitecto que reviste la condición “IVA Responsable Inscripto”, de facturar ese impuesto según la condición del comitente. Conviene explicitar ese punto desde el primer momento al tratarse el tema honorarios.

El honorario debe asegurar que el arquitecto cubra los costos y gastos operativos necesarios para brindar un servicio profesional de la mejor calidad, en tiempo y forma, para lograr así obtener un razonable beneficio u honorario neto.

A los fines de salvaguardar este principio se recomienda al arquitecto, antes de proponer el honorario al cliente, establecer una comparación entre el monto aproximado de honorarios propuesto con el resultante de la aplicación de las disposiciones establecidas en el Arancel Profesional. Aunque este procedimiento no implica una garantía, es una primera comprobación de que el honorario puede ser correcto, especialmente, en encargos de mediana y reducida envergadura y complejidad.

En paralelo, el arquitecto estudiará sus costos y gastos para la producción y cumplimiento del encargo. A tal efecto, debe tener en cuenta los siguientes conceptos: Sueldos de profesionales, arquitectos, dibujantes, operador de CAD, personal técnico y administrativo en relación de dependencia; honorarios de especialistas, asesores o consultores; honorarios por gestión de trámites; retribuciones de personal afectado directamente al cumplimiento del encargo; retribuciones del profesional, arquitecto, dibujante, operador de CAD y personal técnico y administrativo; cargas sociales sobre los sueldos del personal en relación de dependencia, entre otros aspectos.

Por ello, el valor de un honorario sano y debidamente fundamentado, tanto técnica como comercialmente, aporta seriedad y justicia a la relación profesional entre un arquitecto y su comitente.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosnoviembre 4, 2019
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5min141

Previo a la ejecución de un proyecto suelen ser necesarios estudios y tareas para completar la información que el arquitecto (en su rol de Director de Obra) o su Comitente, pueden necesitar para iniciar o proseguir con el proyecto, los cuales usualmente, no están comprendidos en los servicios de proyecto y dirección por resultar independientes de ellos y cuyos honorarios deben sumarse a los del encargo original. Algunos pueden ser realizados por el arquitecto, previa autorización y acuerdo de los honorarios con el comitente; otros requieren la participación de distintos profesionales, entre ellos: Amojonamiento del terreno, tarea que requiere la participación de un Agrimensor; estudios de suelos, tarea que requiere la participación de un Ingeniero especializado; estudios de impacto ambiental, los cuales pueden ser desarrollados por arquitectos u otros profesionales. Ciertos análisis pueden ser imprescindibles desde un primer momento, pues de su resultado dependerá la decisión de proseguir o cancelar el proyecto. Otros pueden llevarse a cabo más adelante. Se recomienda informar dichas cuestiones al comitente desde un primer momento sin diferirlas para una posterior ocasión, lo que luego podría originar desacuerdos o conflictos.

Por su parte, los estudios y tareas para evaluar la factibilidad del proyecto tienen por objeto producir y evaluar información necesaria para el proyecto y facilitar al arquitecto -y a su cliente- la toma de decisiones para proceder con el mismo. Estos análisis y tareas suman, entre otros: Estudios para la redacción de un programa de necesidades; estudios de antecedentes históricos y/o constructivos; estudios de mercado, inmobiliarios, técnico-legales, económico-financieros; estudios de impacto ambiental, estudios de pasivo ambiental y estudios del costo de uso y operación del edificio terminado. Los estudios y tareas en relación con el sitio buscan producir y evaluar información para comprobar que las condiciones del terreno o lugar de ejecución de los trabajos sean las apropiadas para satisfacer los requerimientos del programa de necesidades y las normas jurisdiccionales. Estos estudios conforman: Tareas para la selección de terrenos o de construcciones existentes; amojonamiento del lote; planialtimetría del terreno; medición de construcciones existentes en el predio, ejecución de planos; estudio de suelos; inspección de estructuras e instalaciones existentes, recalculo de las mismas y estudios y tareas en relación con muros divisorios, liquidación de medianerías.

Finalmente y en relación con el Estudio Ambiental, creo pertinente reproducir el siguiente texto, el cual constituye una colaboración de la Ing. Civil, Ing. en Higiene y Seguridad Industrial, Master Trainer en PNL y Master en Ambiente Humano, Mónica Vardé: “Siendo el Impacto Ambiental cualquier cambio neto, positivo o negativo, provocado sobre el ambiente, como consecuencia directa o indirecta de acciones que pueden producir alteraciones susceptibles de afectar la salud y la calidad de vida, la capacidad productiva de los recursos naturales y los procesos ecológicos esenciales, es tarea de incumbencia del arquitecto la incorporación, en la etapa de diseño, de la dimensión ambiental. Ello permite hacer previsibles las consecuencias ecológicas y sociales de cualquier proyecto de carácter público o privado, así como determinar la viabilidad y/o conveniencia de su realización en base al análisis de la relación costo/beneficio, devengadas en función de las medidas de mitigación aplicables. El objetivo que debe perseguir el profesional arquitecto, en cumplimiento de sus funciones e incumbencias dentro de la tarea ambiental, radica en contar con la posibilidad de elegir las alternativas más favorables para, de esa manera, compatibilizar el desarrollo con la calidad de vida, en vista al alcance de un crecimiento sustentable, entendiéndose por tal al desarrollo capaz de satisfacer las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras”.

Fuente: MEPA, Manual de Ejercicio Profesional del Arquitecto (CPAU).

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

 


Entreplanosoctubre 23, 2019
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5min162

Resulta imprescindible prestar especial atención a aquellos trabajadores quienes desarrollan sus tareas en puestos de trabajo claves, debido a que sus errores pueden ser especialmente peligrosos para ellos y sus compañeros. La organización de la seguridad en una obra en construcción dependerá del tamaño de la misma, del sistema aplicado y de la forma inteligente en la cual se organiza el proyecto. Es preciso llevar registros de seguridad y sanidad responsables de facilitar la identificación y resolución de las problemáticas detectadas. Los operarios en obra se encuentran en constante riesgo. Mejorar los estándares de seguridad, salud y las condiciones laborales, depende de la colaboración de personas que trabajan mancomunadamente. Todo trabajador ostenta el deber moral de ejercer el máximo cuidado respecto de su propia seguridad y la de sus colegas. Existen varias maneras de lograr la participación directa de los operarios en el diseño seguro de la obra, como por ejemplo; efectuar reuniones de cinco a diez minutos con los supervisores antes de comenzar una tarea, brindando la oportunidad de considerar específicamente los problemas de seguridad que pueden plantearse y su posible solución. Se trata de una sencilla actividad, capaz de evitar accidentes graves.

La gestión de la seguridad comprende las funciones de planificación, identificación de áreas problemáticas, coordinación, control y dirección de las actividades de seguridad en la obra, todas ellas con el fin de prevenir accidentes y enfermedades. Las condiciones de trabajo seguras y saludables no se dan por casualidad. Es necesario que los empleadores dispongan de una política escrita capaz de establecer las normas responsables de brindar puestos de trabajo sanos y seguros.

Cada supervisor requiere del apoyo directo de la Dirección de Obra, y dentro de su área de competencia, se asegurará de llevar a cabo inspecciones regulares. Las mismas determinarán, fehacientemente, las condiciones de trabajo en cuanto a normas de seguridad; que se haya capacitado adecuadamente a los obreros para el trabajo a realizar; el cumplimiento de las medidas de seguridad en los puestos; la adopción de las mejores soluciones aplicando los recursos y destrezas disponibles; la existencia y empleo del equipo de protección personal necesario.

En aquellos proyectos de construcción con empresas subcontratistas, el contrato deberá establecer las responsabilidades, deberes y medidas de seguridad demandadas a la fuerza de trabajo. Dichas medidas podrán incluir el suministro y uso de determinados equipos de seguridad, métodos para la ejecución de tareas específicas en forma segura, más la inspección y manejo adecuado de las herramientas. El encargado de la obra, en forma paralela, verificará que los materiales, equipos y herramientas empleados cumplan con las normas de seguridad. La buena organización y planificación de la obra, sumado a la adjudicación de responsabilidades claramente definidas, resultan fundamentales para establecer una adecuada “Política de Seguridad”.

Entonces, entendemos que la seguridad de la obra requerirá inspecciones estipuladas en los planes de seguridad e higiene, más el suministro de los medios para adoptar todas las medidas correctivas. La capacitación de los obreros les permitirá reconocer los riesgos y entender cómo superarlos.

Un último punto a considerar radica en el control de la seguridad, prueba que deberían llevar a cabo los trabajadores para cuantificar y cualificar los riesgos que depara el ambiente laboral antes de comenzar una operación, y les permita aplicar la sumatoria de medidas preventivas capaces de corregir aquellas situaciones de riesgo, las cuales luego, puedan ponerlos en peligro.

Re-conocer (volver a conocer) los riesgos implica prevenir para no curar.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosoctubre 7, 2019
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6min143

Cuando estudiamos los roles profesionales desarrollados dentro de la industria de la construcción, aparecen dos de gran importancia: El Inspector de Obra y el Representante Técnico. Del primero de ellos podemos decir que esa designación es utilizada por el Estado en sus diferentes niveles para identificar a la persona idónea, que a éste lo representa, en el control de la ejecución, cuantificación y pago de las obras y provisión e instalación de equipos que el mismo realice. Su rol es casi exactamente el mismo al del “Director de Obra” en la actividad privada, lo cual se encuentra claramente definido en diversas normas que regulan su actividad, por lo tanto, el Inspector de Obra representa al propio Estado en las obras llevadas a cabo por parte de la Administración Pública, y el Director de Obra a su comitente, quien lo contrató para una tarea profesional específica.

El Inspector de Obra es el profesional universitario representante del ente oficial contratante y ejecutor directo de la tarea de inspección de obras, que con la debida incumbencia dada por su título, se responsabiliza en controlar que todas las construcciones a su cargo se realicen cumpliendo cada uno de los requerimientos establecidos en los planos de proyectos, especificaciones técnicas y demás documentos del contrato de obra. De ahí que es imprescindible dominar dos aspectos fundamentales: El aspecto técnico, vale decir, el “Conjunto de normas y especificaciones para la construcción y las pruebas, sistemas de muestras, ensayos y verificaciones de los materiales a utilizar”; y el aspecto tecnológico, “Constituido por la forma y sistema de realizar el trabajo de inspección, con la debida eficacia desde el punto de vista económico, administrativo e informativo”.

Por su parte, la función del Representante Técnico consiste, básicamente, en asumir la responsabilidad que implica una construcción, una instalación o la provisión de equipos y/o materiales para construcciones o industrias. Se vincula con la empresa constructora a través de un contrato de obra intelectual, de servicios o un contrato de trabajo. En la esfera pública, los contratos de concesión, suministro o de obras o de servicios con el Estado, cuyo cumplimiento suponga la realización de actividades reglamentadas por el Decreto Ley 6070/58, deben incluir la condición de que las empresas contratistas tengan como Representante Técnico responsable a un profesional quien reúna las condiciones establecidas en dicho cuerpo legal. En la esfera privada y en la Ciudad de Buenos Aires, el Código de Edificación dispone que una empresa de edificación, de estructura o de instalación, para ejecutar obras correspondientes a constructores o instaladores, contará con un Representante Técnico inscripto en el Registro Municipal. La documentación debe llevar la firma conjunta de la empresa y su Representante Técnico, pudiendo representar a una empresa todo constructor o instalador registrado en la Municipalidad. La funcionalidad de la encomienda es sumamente amplia. El Representante Técnico debe preparar los planes de trabajo, supervisar asiduamente la marcha de los mismos, responsabilizarse por los planos, cálculos, planillas, etc. de estructuras e instalaciones y preparar toda documentación técnica necesaria, tal como especificaciones, confección de subcontratos y coordinación de los distintos subcontratistas y proveedores.

Por exclusión, el Representante Técnico no realiza proyectos, y en cuanto a la Dirección de Obra, le caben funciones restringidas perfectamente enumeradas en el Art. 93 del Decreto Ley 7887/55. Ello no impide, según lo ha interpretado el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU), que un mismo profesional que asuma el carácter de representante técnico pueda ser el autor del proyecto, ni tampoco que el mismo representante técnico dirija la obra (Doctrina sobre el Art. 93 CPAU A-4/86). En la provincia de Buenos Aires, y más allá de las disposiciones contenidas en los Códigos de Edificación, la ley determina que toda empresa dedicada a la ejecución de trabajos públicos o privados atinentes a cualquiera de las profesiones reglamentadas por la Ley 4048, deberá tener como Representante Técnico a un profesional habilitado.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosseptiembre 16, 2019
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5min229

A lo largo de los siglos, el ritual del baño significó mucho más que unos pocos minutos dedicados al aseo personal. Para las civilizaciones antiguas de Egipto, Grecia y Roma, el baño adquiría connotaciones religiosas, entrelazadas con el placer, la ostentación de la riqueza, y también, con la incorporación de aceites y esencias aromáticas. El hábito del baño no sólo estaba ligado a la religión, sino también, a la medicina.

En los baños egipcios, las jóvenes doncellas esperaban su aseo arrodilladas sobre juncos, mientras las esclavas vertían sobre sus cabezas agua perfumada con mirra, azafrán o canela. Otra esclava cubría sus cuerpos con ungüentos y aceites, y luego, les acercaba ramilletes de flores, para que el perfume completara los efectos revitalizadores del baño. Pese a las diferencias de clase, ningún egipcio se privaba de un baño diario. Los menos adinerados humectaban su piel con aceite de ricino, mezclado con menta y orégano.

Los hebreos, al igual que los egipcios, desconocían el jabón. Lo reemplazaban mediante una arcilla jabonosa con un alto contenido de potasio. El problema era que dicha sustancia irritaba sensiblemente la piel; por ende, preferían también los aceites y ungüentos compuestos con aloe, canela, nardo, azafrán o mirra.

Parte de la sociedad griega odiaba los baños, pues los entendían como un símbolo de debilidad y consideraban que este tipo de hábito disimulaba el fuerte olor del atleta. Sin embargo, no todos los griegos compartían dicha opinión. Los más pudientes contaban en sus casas con recipientes repletos de agua para bañarse. Además, en todos los cruces de caminos, había una pila de mármol con agua para que los más humildes también pudieran bañarse.

Los romanos acudían a imponentes baños públicos, verdaderos palacios donde podían bañarse hasta 2.500 personas. Los bañistas que ingresaban a estos “templos del aseo” confiaban sus túnicas al guardarropas o capsarii. Luego, pasaban al “frigidarium”, donde se bañaban con agua fría, y después al “tepidarium” de agua tibia. Seguidamente, los esperaba el “caldarium”, una especie de sauna que provocaba abundante transpiración. Más tarde, unos servidores, los “strigile”, se dedicaban a limpiar a los concurrentes el sudor y depilarlos. Acto seguido, los “tractatores” -masajistas-, distendían los músculos de sus clientes para dar paso a los “unctores”, quienes los untaban con aceites perfumados.

La estética y el aseo personal han tenido una gran importancia en los usos y costumbres de diversas sociedades a través de las épocas.

Sin dudas, el gran cambio en el cuarto de baño se verificó con la incorporación, en el siglo pasado, de este local en el interior de la vivienda. La aparición del inodoro y su sifón crearían un baño más accesible, lejos del formato de aquel ambiente sanitario confinado a un destierro localizable “al fondo a la derecha”. Ese sencillo sistema, el cual emplea elementales principios físicos de la hidrodinámica, reescribió la historia, dado que la particularidad del inodoro consiste en su desagüe acodado, de modo de retener el agua en su interior, formando un cierre hidráulico o sifón, el cual impide el ingreso de olores desagradables en el local sanitario. El recientemente aprobado Código de Edificación de la ciudad de Buenos Aires ha decretado la “no obligatoriedad” de la instalación del bidet a efectos de acotar la superficie de los locales sanitarios en las “viviendas mínimas”.

En la actualidad, modernos sistemas que economizan el agua se mezclan con revestimientos de gran factura y belleza estética.

Novedosos materiales y sistemas encargados de continuar escribiendo la historia del baño a través de los tiempos.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosseptiembre 5, 2019
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Mucho se ha escrito sobre la construcción sustentable y sus potencialidades, todas ellas ampliamente verificadas. Las mismas se incrementan incorporadas en un diseño acorde para explotar sus vitales características. Por caso, un sistema eficaz de barrera contra la humedad mantiene libre los marcos de madera y el interior del espacio. Para garantizar dicha barrera, se deberá drenar el agua lejos de los cimientos, instalar intervalos capilares y alinear cuidadosamente los detalles del techo, alrededor de las ventanas, puertas y cualquier otro tipo de abertura ubicada en la cubierta o pared, a través de las cuales, pueda ingresar la lluvia impulsada por el viento.

Sistemas de Calefacción y enfriamiento

Los sistemas de calefacción y enfriamiento eficientes en energía utilizan equipos de alta prestación diseñados para el clima local. Esos sistemas serán apropiadamente adaptados por tamaño e instalados correctamente, para ello, localizar el equipo en espacios acondicionados e instalar los dispositivos sellados de combustión para eliminar el potencial reingreso del gas al interior. En cuanto a los sistemas de barrera de aire elimina el escape o fuga entre los espacios acondicionados y no acondicionados. Allí debemos sellar todas las aberturas entre las áreas habitables y los espacios de arrastre, los sótanos, áticos y garajes sin calefacción.

El sistema de aislamiento

Un sistema continuo del aislamiento crea una capa lo más sellada posible entre los espacios acondicionados y no acondicionados, por ejemplo, las paredes de los cimientos, los muros con marcos exteriores, los pisos sobre los espacios exteriores o no acondicionados, los cielorrasos debajo de los espacios exteriores o no acondicionados (incluyendo las cubiertas); áreas de la pared adyacentes a espacios del sótano, tales como paredes bajas y paredes interiores altas lindantes al exterior; detrás de áreas de la pared entre los espacios acondicionados y no acondicionados, tales como viguetas, paredes del garaje, escaleras al sótano y paredes a cuartos los cuales albergan aparatos mecánicos.

Recomendamos instalar un sistema pasivo de radón a efectos de reducir al mínimo los costos de un posible problema. Recordemos que el radón conforma un gas carcinógeno y radioactivo. El costo de convertir un sistema pasivo en un sistema activo es mucho menor respecto de instalar un sistema completo de eliminación del radón.

Uso de ventanas y puertas eficientes

Las ventanas y puertas eficientes deben ser instaladas correctamente, para ello, diseñar la casa con un área de vidrio mínima hacia las orientaciones más desfavorables; disponer la superficie vidriada adicional del lado conveniente a efectos de lograr una calefacción pasiva en los meses de invierno; considerar los diseños solares pasivos para reducir la necesidad de calefacción; diseñar las ventanas con DVH y otras características de alto rendimiento (Factores “K” menores a 0,35) de baja transferencia de calor; sombrear las ventanas en el verano con proyecciones o persianas.

Finalmente, una canalización eficiente en energía suministra una circulación de aire apropiada si el tamaño y disposición de la misma resultan correctos. El diseño preverá medir la circulación de aire para garantizar equilibrio y confort; ubicar la canalización en espacios acondicionados; sellar todos los escapes del conducto -excepto aquellos componentes desprendibles- con masilla o masilla más acoplamiento de fibra; obturar los escapes alrededor de los componentes desprendibles con cintas especiales y llevar a cabo una prueba de tensión de la canalización para determinar la tirantez.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

 



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