Entreplanosjunio 4, 2020
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¿Cuántas veces se pierde un trabajo por tomar a la ligera la confección de su presupuesto, o bien, se resta seriedad al incluir, una vez tomado el encargo, costos adicionales que pudieron ser previstos con un análisis más detenido? 

Independientemente de las inestables condiciones que suele padecer en nuestro país la industria de la construcción, evidentemente, una empresa constructora debe implementar una seria política de formación de precios para, de ese modo, resultar competitivos y confiables comercialmente. 

Ese es uno de los ítems más valorados por las empresas constructoras serias, quienes tercerizan los distintos trabajos componentes de una obra. Saber escuchar lo que el mercado tiene para decirnos resulta ser un factor clave. Las empresas constructoras, indistintamente de su escala, conforman las células esenciales dentro del mercado de la construcción. 

Por ello, deben sentar las bases para su propio desarrollo organizando su estructura productiva en todas las áreas de su accionar, desde el sector administrativo, productivo y de comercialización. 

La productividad es un punto a considerar. Resulta imprescindible organizar y optimizar los procesos de materialización de los trabajos, por ejemplo, automatizando las tareas a partir del empleo de equipos específicos. 

Obviamente, será de suma importancia contar con tecnología, en la medida de lo posible, que permita el correcto desarrollo de la producción. Todo servicio o producto puede contar con excelentes condiciones, pero si no se lleva a cabo un preciso estudio del mercado y posterior comercialización, el mismo puede fracasar.

La óptima formación de precios debe ir siempre acompañada por el asesoramiento de un profesional capaz de estimar los costos más importantes dentro de la producción. El resultado buscará alcanzar una inmejorable eficiencia mediante la eliminación de gastos superfluos e innecesarios, evitando de esta manera, desvíos presupuestarios, que por lo general, terminan en situaciones conflictivas con el comitente, o bien, dentro de la administración de las finanzas de la propia empresa constructora. 

Muchas pequeñas y medianas empresas constructoras, o los técnicos independientes, han iniciado sus actividades de manera precaria, casi improvisada, no contando con los elementos necesarios para fortalecerse y sembrar las bases de su propio desarrollo. 

Tiempo atrás, el mercado permitía ciertas falencias que hoy son incompatibles con la realidad verificada a nivel productivo. 

Actualmente, el ejercicio de la profesión reclama un cierto alineamiento empresarial detrás de una conducta que permita organizarse, producir y competir.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosmayo 18, 2020
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5min100

El cerebro humano constituye una de las más perfectas máquinas de compleja organización a nivel de funciones y ritmo. La naturaleza ha organizado dichas funciones con un carácter sumamente sencillo. En principio, las acciones del cerebro humano quedan delimitadas y definidas por la interacción de dos hemisferios. Mientras que el hemisferio izquierdo se ocupa de las acciones lógicas (funciones motrices y analíticas), el derecho se ocupa de las funciones relacionadas con la creatividad (análisis de la imagen y las sensaciones). Ambos hemisferios cooperan entre sí, uniendo sus fortalezas e incrementando, de esta forma, nuestra capacidad para entender el mundo.

¿Cabe una comparación con el desarrollo de los aspectos creativos y técnicos de nuestro diario quehacer como profesionales del mundo de la construcción?

En principio parecería que sí. Varias veces hemos parafraseado aquella definición práctica del término Arquitectura, el cual la define como “el arte de proyectar y construir edificios”.

No resulta por ello difícil entender que el hemisferio derecho es el encargado de proyectar una determinada obra. Imagina espacialmente el conjunto y concibe las situaciones y estrategias del pensamiento de una forma total. Integra varios tipos de informaciones (sonidos, imágenes, olores, sensaciones) y los transmite como un todo. Por todo ello, el hemisferio derecho está considerado el receptor e identificador de la orientación espacial, el responsable de nuestra percepción del mundo en términos de color, forma y espacialidad.

Cuando la tarea resulta ser compleja, su contraparte, el hemisferio izquierdo, es quien la asume, ya que su especialidad es el análisis. Carlo Lodoli, matemático y clérigo veneciano, le brinda a la arquitectura el concepto de razón, cuando expresa: Los materiales deben ser empleados según sus propiedades y ser, a la vez, capaces de representar la función del edificio. He aquí la acción del hemisferio izquierdo, el cual es lógico, procesa secuencial y linealmente, forma el todo a partir de las partes, analiza los detalles, piensa en conceptos y números.

Evidentemente, se requiere de ambos desarrollos, por un lado la “jerarquía visual” del proyecto, para procesar la totalidad de la información a partir de una “síntesis”, donde se especifica el problema espacial como un todo, intentando aplicar un método de relaciones para resolver el diseño adecuadamente, y por otra parte, la debida organización de la información empleando el “análisis” para formular una consecuente materialización de la obra, a partir de la elaboración de un método capaz de resolver la matriz de detalles descomponiendo la caja arquitectónica en sus principales piezas y analizando estas una por una.

Lo importante es el aporte que cada hemisferio realiza actuando mancomunadamente para racionalizar el conjunto de experiencias. Como en la arquitectura, se requiere del análisis (la materia) y de la imaginación (el diseño).

Eugène Viollet-le-Duc, arquitecto, arqueólogo y escritor francés, nos dice: “La arquitectura es el arte de construir. Se compone de dos partes, el arte y la ciencia. El arte comprende a las reglas sugeridas por el gusto, derivadas de la tradición. La ciencia, que se funda sobre fórmulas constantes y absolutas, nos remite a la naturaleza de los materiales, al clima y a las fuerzas que sobre la obra actuarán indefinidamente”.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosmayo 4, 2020
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Los empresarios de la industria de la construcción requieren contar con información financiera actualizada para tomar las decisiones correspondientes sobre sus futuras operaciones. En el complejo mundo de los negocios, caracterizado por el proceso de globalización de las empresas, la información económica y financiera cumple un rol muy importante al verificar datos indispensables para la administración y el desarrollo del sistema económico.

En este sentido, la contabilidad conforma una disciplina del conocimiento humano que permite preparar información de carácter general sobre la entidad económica. Dicha información es mostrada por los estados financieros. La expresión “Estados financieros” comprende: Balance general, estado de ganancias y pérdidas, estado de cambios en el patrimonio, ciclo de flujos de efectivo, notas y materiales explicativos. Obviamente, nosotros como profesionales de la industria de la construcción, necesitamos contar con ciertas herramientas de conocimiento práctico para comprender y anticipar los estudios pertinentes al estado económico, financiero y fiscal de nuestra empresa y de la materialización de una obra en particular. Dicho análisis lo realizan -o deberían realizar- todas las ramas de la industria, con el fin de prever los movimientos de ingreso y egreso de dinero, conjuntamente con otras variables (impuestos, erogaciones, gastos, etc.) que resultan de capital importancia tener siempre presentes.

En suma, las características fundamentales que debe ofrecer la información financiera son utilidad y confiabilidad. La “Utilidad” es entendida como la cualidad de adecuar ésta al propósito de los usuarios, vale decir, los accionistas, inversionistas, trabajadores, proveedores, acreedores, entidad gubernamental y, en general, la sociedad en su conjunto.

La “Confiabilidad” de los estados financieros refleja la veracidad de lo sucedido en la empresa.

El “Plan de negocios” se define como una herramienta versátil y de gran utilidad. Varias veces afirmamos en esta columna editorial, las muchas razones para planificar y se debe prestar a este tema la atención que merece. El objetivo del mencionado plan radica en presentar información pertinente y concisa, relativa a los recaudos y desembolsos que deberá enfrentar la empresa constructora a fin de examinar su capacidad para generar flujos futuros de efectivo, y evaluar su respuesta a efectos de cumplir con las obligaciones contraídas, determinar el financiamiento interno y externo, y establecer las diferencias entre la utilidad neta y los recaudos y desembolsos.

A fin de simplificar el análisis, acotándolo a los aspectos de interés para nosotros como profesionales de la construcción, dividiremos la información en tres puntos fundamentales: Egresos, ingresos e inversiones.

Los Ingresos suponen el avance registrado por nuestra obra, la cual será motivo de un proceso de certificación en el cual, de acuerdo con el lapso acordado para su emisión, se confeccionarán las obligaciones de pago hacia nuestro Comitente. Desde luego, todas esas acciones permanecen enmarcadas conforme a lo acordado en el pliego de condiciones generales de la obra y el correspondiente contrato. Entonces, la empresa percibirá un “Ingreso” de dinero proveniente de la sumatoria del precio de cada una de las tareas debidamente efectuadas en el lapso motivo del certificado. Los Egresos se registran a lo largo de la obra y producen diferentes erogaciones en concepto de abastecer al desarrollo de la misma de los pertinentes recursos de producción (materiales, mano de obra, equipos y herramientas). La sumatoria de los mismos producirán los costos directos que la empresa constructora afronta para la materialización de la obra. Nótese que, desde el vamos, existe un desfasaje de tiempo entre la disposición de los “Egresos” (los cuales se registran desde el día cero de iniciada la obra) y los ingresos (percibidos conforme se presenten los certificados de avance de obra).

Finalmente, las Inversiones muestran el “día a día” de la obra. Ello nos permite conocer el desembolso de dinero (traducido en recursos productivos) aplicado en la obra.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosabril 20, 2020
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Nuestra forma de construir, equivocadamente, acepta y tolera altos niveles de desperdicio (no hay más que ver el contenido de un volquete estacionado en la cercanía de cualquier obra para despejar dudas al respecto), y esa conforma una clara muestra de los altos niveles de improvisación y retrabajos que la ausencia de ciertos documentos (planos de replanteo, detalles constructivos, etc.) genera.

Poco a poco, nos vamos a ver obligados a cumplir con las reglas de juego, para que en la pelea: Planificación y Programación versus Improvisación, el knock-out levante el brazo victorioso de una construcción realizada con calidad y buena vida útil.

Este desperdicio por falta de planificación no sólo abarca el proceso de materialización de la obra en su estadio de plena producción. El desmadre de recursos -insisto, por falta de planificación- se traslada tristemente a la vida útil de la construcción. En cuanto a instalaciones se refiere, el derroche resulta sumamente serio ya que demanda recursos energéticos. Vale decir, una instalación mal planeada tendrá su correlato en cuanto a su verificada ineficiencia.

A diario se valora la necesidad del ahorro energético debido a limitaciones del recurso, cuestión económica, efectos ambientales, etc. De ahí se infiere que, la demanda de energía debería ser satisfecha a través de un uso racional de la misma que prolongue la disponibilidad de fuentes no renovables (combustibles fósiles y nucleares), y las sustituya paulatinamente por fuentes renovables, formas directas e indirectas de la energía solar y energía geotérmica, conjuntamente con el desarrollo de nuevas tecnologías.

Dentro de este escenario, se inscribe la eficiencia energética de los edificios, integrando un sistema más amplio y no como una estrategia aislada, considerando que el uso de combustibles fósiles ocupa un 86% y las energías renovables un 1% del consumo mundial y un 88% y 4% respectivamente del consumo a nivel nacional.

La educación del profesional en el ámbito institucional posibilitaría la implementación de normativas que premien la eficiencia mientras que, entre los diseñadores, permitiría incorporar, en la más temprana toma de decisiones, las pautas de diseño que consideren la efectividad en todas las etapas de la vida útil del edificio.

Paralelamente, debería promoverse, por parte del usuario, la apropiación de tecnologías y modos de uso que le serían en principio, culturalmente ajenos, y han demostrado ser el talón de Aquiles de las campañas y programas de promoción de energías renovables. Se ha comprobado que los subsidios no son la panacea de estos programas, sino la venta financiada de sistemas y equipos dónde el usuario se transforma en partícipe, mientras recibe la asistencia técnica durante todo el período de operación y mantenimiento de dichos sistemas.

Modestamente entiendo, que nada de ello será posible si ya, desde la obra misma, se acentúa el desperdicio por mala (o nula) planificación de los trabajos.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosabril 13, 2020
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Por: Arq. Gustavo Di Costa

La sociedad observa con asombro como la actual Pandemia por COVID19 crea hospitales en pocas semanas y desarrolla salas de asistencia sanitaria en plazos increíbles. Asistimos con ciertos niveles de incredulidad a la proliferación de una arquitectura para la salud la cual, al ritmo de las necesidades que la emergencia impiadosamente dicta, brinda satisfactorias respuestas en términos de Calidad, Precio y Tiempo.

Ello es factible dado que la Industrialización de la Construcción emplea absolutamente todos los métodos aplicados por la industria para lograr economías de mano de obra, aumento de la productividad, reducción de los costos de construcción, disminución de los plazos, y al mismo tiempo, una mayor calidad y constancia de la misma. Por todo ello, vale la pena aclarar los términos “Industrialización de la Construcción”, respecto al de “Construcción Industrializada”. El primero de ellos corresponde al PROCESO mientras que el segundo corresponde al RESULTADO.

La Industrialización, no es en sí misma la solución, es el camino para resolver un problema determinado a partir de un camino extenso, pero cada día mejor definido. La citada emergencia sanitaria no hace más que adelantar los plazos de aplicación de las soluciones, hasta hace pocas semanas,  en estudio. Ante este exigente contexto, somos los Arquitectos quienes debemos hallar las soluciones propias examinando, con la mayor atención posible, las innovaciones tecnológicas desarrolladas en cada región de nuestro territorio.

Muchos países en etapa de desarrollo, se encuentran en la actualidad planificando seriamente sus intentos preliminares encaminados hacia una gradual industrialización de sus métodos constructivos. Esa actitud sólo adquiere importancia y arraigo cuando la comprensión técnica va acoplada a un punto de vista inteligente en las aspiraciones y necesidades de la sociedad.

Un sistema constructivo industrializado debe responder a las exigencias humanas del momento, como lo hacen los productos industriales. En este caso, el cliente o promotor es quien después de analizar el mercado desde un punto de vista eminentemente económico, dicta el programa con las exigencias comerciales para ser interpretado por el equipo proyectista.

En ese contexto, antes de lanzar cualquier producto, llevará a cabo un pormenorizado relevamiento a fin de captar cuáles son las apetencias o deseos del futuro usuario de manera abstracta y objetiva para luego ofertar. Así pues, un sistema constructivo industrializado brindará como resultado un producto el cual deberá satisfacer ampliamente las exigencias de la sociedad en cuanto a condiciones de habitabilidad.

Entre sus múltiples ventajas, el empleo de los sistemas constructivos industrializados, por la repetitividad de tareas y especialización, reduce notablemente el tiempo de aprendizaje de los obreros, si se lo compara con los oficiales de la construcción “húmeda”.

El desafiante escenario nos motivó a desarrollar en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Argentina de la Empresa (FADI/UADE) una propuesta para la creación de un Módulo Sanitario Industrializado (MSI) tendiente a verificar los conceptos antedichos. Sus elementos componentes son dimensionados mediante una relación aditiva.

Los mismos permanecerán normalizados de forma que, entre otros aspectos, puedan garantizar una calidad final constante y un mantenimiento preventivo y correctivo mínimo, ya que su ambición se basa en multiplicarse en aquellos sectores de bajos recursos asistidos por organizaciones sin fines de lucro que llevan a cabo actividades sociales en los mencionados sectores.

Si tenemos en cuenta que una empresa productora de automóviles es capaz de lanzar al mercado una unidad cada 2,5 minutos, entonces concluiremos que un sistema constructivo industrializado deberá participar en todas las etapas de la materialización respecto de dos características fundamentales: Programación y producción en cadena, admitiéndose un sistemático control de calidad. La repetición del proceso facilita la adopción de controles, los cuales pueden ser realizados de manera rápida y sencilla.

Este conjunto de definiciones e ideas poseen una filosofía en común: Mano de obra no especializada, simplificación, rápido montaje, alto grado de trabajo en serie y eficiencia.

Todo esto es, sin dudas, la construcción industrializada. Y mucho más…

 


Entreplanosabril 2, 2020
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Los presupuestos pueden abarcar el análisis de los tiempos (programas de trabajo), de los precios (presupuestos por cuantificación monetaria), de inversiones, etc.

En cualquiera de los casos podremos encontrar Presupuestos de Gastos Descriptivos, los cuales precisan la naturaleza y calidad de los materiales, la forma de construir la obra, las técnicas particulares a desarrollar, etc. Por otra parte, un sistema de Presupuesto de Gastos Cuantitativos de los distintos elementos de una obra (cómputo métrico). Finalmente, debemos contar con un Presupuesto de Gastos Estimativos (presupuesto de precios), encargados de fijar la magnitud del gasto calculado, a partir del cual, el profesional debe fijar porcentajes para su oferta.

Algo que llama poderosamente mi atención en los eventos y ferias de la construcción en las cuales nuestra publicación se presenta, tiene que ver con las consultas recibidas sobre diversos aspectos. Si ponderáramos cuál es el tema más convocante, seguramente, la forma de presupuestar los trabajos se llevaría el primer puesto.

Evidentemente, fijar un precio adecuado para la labor del profesional se convierte en una angustia que no es tal cuando se analiza el tema en profundidad. El carácter variable de cada uno de los encargos (por requerir particulares y específicos recursos de producción), puede ser uno de los factores que motiven la necesidad de una mayor información a la hora de estudiar el precio de una determinada encomienda.

Según sea la finalidad de la estimación será el procedimiento a emplear para su elaboración. Para sólo auscultar las posibilidades de un proyecto bastará el uso de métodos expeditivos aproximados. En ocasiones, dicha técnica toma el nombre de Ante-presupuesto o Presupuesto Global. Por ejemplo, para determinar el costo de una obra con características similares a otra ya realizada, bastará determinar su metraje y multiplicarlo por el costo específico del metro lineal, sin descuidar la influencia sobre este cálculo, de las variaciones del momento (mayores costos inflacionarios, por ejemplo) y las diferencias con las obras análogas cuyos precios se han adoptado.

Siempre recomendamos analizar exhaustivamente una obra antes de fijar un precio por ella.

El tiempo dedicado se compensará con creces en relación con las pérdidas que podemos sufrir al subestimar este importante aspecto de nuestro trabajo: La confección del presupuesto.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosmarzo 12, 2020
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5min214

Cuando hablamos de la calidad como resultado de compromisos recíprocos, pensamos en la necesidad de que el conjunto de los actores del sector establezcan mecanismos capaces de asegurar que dicha calidad se logrará con el compromiso de todos. Es común que en nuestro día a día nos enfrentemos a situaciones donde tenemos que adoptar resoluciones referentes a las actividades señaladas: En el momento de cerrar una oferta para una licitación, al recibir un proyecto del estudio de profesionales, al tener que atender un pedido de insumos de una obra, al encargarle a un especialista la realización de una tarea, etc.

En cada una de las mencionadas situaciones exigimos y asumimos compromisos que, lamentablemente, no siempre se encuentran explícitos. Cuando recibimos un conjunto de recaudos para la formulación de un precio de una determinada obra de arquitectura para un cliente y efectuamos una oferta, sin que se encuentre perfeccionada la relación entre las partes, aceptamos presentar una oferta en los términos establecidos por el comitente sin haber aclarado la totalidad del contenido de los recaudos. Allí estamos asumiendo el compromiso ante nuestro comitente de realizar la producción de acuerdo con lo que él estipuló, ostentando el legítimo derecho de exigir su cabal cumplimiento, aun cuando existan definiciones poco claras o de difícil cumplimiento.

Si un proyectista nos entrega el diseño de una obra repleta de soluciones que seguramente van a dificultar su ejecución en obra y nosotros no consultamos y establecemos los criterios a seguirse para la adecuación de la solución a estándares los cuales faciliten la construcción, antes de iniciar la producción, estamos asumiendo el compromiso de realizar el trabajo de acuerdo con lo establecido. Si formulamos un pedido de materiales sin precisiones en cuanto a calidad, plazo de entrega, etc. y no efectuamos las aclaraciones pertinentes antes de concretar la compra, estamos asumiendo el compromiso de aceptar lo entregado o incurrir en gastos adicionales por tareas de descarga, carga, transporte, etc. en el caso de que lo recibido no sea lo esperado.

Cuando impartimos una orden de trabajo a un operario, asumimos el compromiso de aceptar que él entendió la instrucción recibida, y por lo tanto, aceptar el resultado de sus acciones, y él asume el compromiso de llevar a cabo la tarea encomendada tal como entendió la orden.

En esa cadena, organizada en el ciclo de la calidad del producto, donde alternadamente una vez somos proveedores (cuando entregamos un producto o un servicio) y otra vez somos clientes (cuando recibimos los efectos de la acción del proceso anterior), existen una cantidad de situaciones en las cuales, a veces sin darnos cuenta del verdadero alcance, estamos asumiendo importantes compromisos que no siempre somos capaces de cumplir. El respeto por esos compromisos implícitos, cuando las relaciones no se encuentran perfeccionadas, muchas veces es la causa de fallas en la realización de nuestros productos que se traducen en desperdicios en todas sus formas, merma en la productividad, etc.

Debemos considerar la existencia de muchas situaciones donde una vez asumido el compromiso, aunque sea en forma implícita, nada podremos hacer para volver atrás.

Cuando las relaciones entre los eslabones de la cadena se encuentren perfeccionadas y los compromisos asumidos sean explícitos, tendremos más posibilidades de materializar obras con sobradas muestras de una óptima calidad.

Escribe: Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosmarzo 2, 2020
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4min169

Los temas motivo de la capacitación son múltiples, y no se deberían limitar al buen manejo de una herramienta determinada, sino que el aprendizaje debe trascender a temáticas teóricas, las cuales fácilmente son llevadas a diario (a veces incluso ignorándose) a la práctica más elemental.

Capacitarse implica crecer profesionalmente.

Resulta absolutamente imprescindible que la mano de obra logre capacitarse. En tanto la misma perfeccione su acervo técnico, más crecerá en niveles óptimos la empresa en cuanto a su nivel de productividad. Dentro de una organización dedicada a la materialización de diferentes obras, sea esta pequeña o mediana, su plantel de trabajadores desarrolla una múltiple carga de trabajos, y cada uno de ellos resultan de dificultoso reemplazo.

Por ello, su capacitación debe llevarse a cabo aun invirtiendo tiempo de descanso del capacitado.

Una empresa constructora no es comparable con otras empresas, y únicamente a partir de un fuerte compromiso en cuanto a costos, tiempo y calidad, podrá aumentar la venta y comercialización de los servicios ofrecidos. Entre los gastos de capacitación podemos enumerar: Cursos a oficiales y ayudantes, prácticas de obra, etc.

Actualmente, los temas relacionados con la conciencia medioambiental de nuestras construcciones se han transformado en tópicos sumamente sensibles, aspecto absolutamente comprensible dado la finitud de las energías convencionales empleadas para calefaccionar y refrigerar las obras que nos alojan cotidianamente.

Condensación superficial e intersticial, no cumplimiento del coeficiente “K” del cerramiento, puentes térmicos, etc., forman parte de las patologías detectadas a menudo.

De más está decir el daño que sufren desde su raíz estas construcciones, condenando a sus ocupantes a padecer disconfort, a invertir grandes sumas en el acondicionamiento térmico de los distintos ambientes, sumando involuntariamente su granito de arena al calentamiento global y el consecuente cambio climático.

El acelerado y constante avance tecnológico que experimentamos día tras día, se muestra más acentuado en la segunda década del siglo XXI, e influirá inevitablemente sobre la cultura empresarial.

Por todo lo enunciado, es indispensable que el profesional presente la preparación y capacidad necesarias para revisar los procedimientos operativos y de control de calidad con una nueva mentalidad y un original enfoque de su trabajo.

De esta forma, se convertirá en líder de los cambios, adelantándose a éstos de acuerdo con su formación profesional, respetando las más altas normas de conducta y ética al difundir sus conocimientos y demostrar presencia, dinamismo, participación y respeto.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosfebrero 17, 2020
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6min179

En la Argentina, se obtiene gas a bajo costo, comparativamente con lo verificado en la mayoría de los países del mundo, por poseer reservas naturales. Por otro lado, hasta ahora no ha sido un problema, como sí lo es en otras partes del planeta, la escasez de agua ni de otros recursos naturales como la madera. Dichas características, que son propias de nuestro país, hacen que la industria de la construcción en general no tome conciencia respecto de la necesidad de pensar en el ahorro de energía. Como consecuencia, se puede estimar que más de la mitad de las viviendas materializadas en nuestro país (teniendo en cuenta las realizadas a través de la autoconstrucción con ladrillos cerámicos), no son eficientes en el ahorro de energía, vale decir, las casas nacen “enfermas”.

Necesitan permanentemente de medios mecánicos externos para lograr alcanzar el confort deseado, generando un costo innecesario que podría ser prevenido al momento de diseñar y construir la obra encomendada.

A partir de los años 70, los países desarrollados pusieron de manifiesto la necesidad de impulsar el ahorro energético en vista del creciente costo del petróleo. El foco de la crisis energética del año 1973 recordó a la humanidad la necesidad de reconsiderar el gasto energético de sus edificaciones. En los últimos años, la redacción del Acuerdo de Kyoto torna mucho más evidente la importancia del mencionado ahorro.

Estudios realizados en los EEUU sobre el problema energético demostraron que el 25% del consumo total de energía, en sus diversas formas, se emplea en la climatización de construcciones. De dicho porcentaje, se estimaba factible reducir el consumo en un 50%.

El edificio es el instrumento de captación, acumulación y distribución de energía. Por ello es fundamental comprender que la arquitectura debe -necesariamente- adecuarse a las condiciones bioclimáticas que la rodea. Así el profesional del diseño deberá descubrir las formas de cada lugar, y a través de la tecnología actual y la correspondiente investigación, procurará aprovechar sus ventajas.

De acuerdo con estudios formulados, se podría economizar aproximadamente el 40% de la energía empleada en los edificios, aplicando tecnologías eficientes. Estimaciones realizadas destacan que las pérdidas energéticas registradas en una vivienda unifamiliar son las siguientes: Muros: 25%, pisos: 10%, techos: 30%, ventanas: 20% e infiltraciones: 15%.

De esta manera, es posible lograr una interesante economía energética mediante un adecuado criterio de diseño tendiente a mejorar la relación superficie-volumen.

Es útil comprender que los fenómenos higrotérmicos se originan, por lo expuesto, en la envolvente del edificio.

Conforme lo señalan distintas fuentes de información, los edificios consumen en todo el mundo entre el 30% y 40% de toda la energía generada. La responsabilidad de los Arquitectos en este campo resulta ser trascendental, dado que sólo a partir de condiciones interiores adecuadas en las obras proyectadas, podremos hacer participar al usuario en la responsabilidad que el también ostenta en el consumo de energía.

Un párrafo aparte merece la responsabilidad de las instituciones y organismos públicos, sus funcionarios y técnicos, encargados de decidir cómo serán los edificios propuestos a fin de brindarle a los usuarios, obras energéticamente eficientes y con la mayor economía de recursos posible.

Los denominados Costos de los Servicios Energéticos, representan -aproximadamente- más del 15% de los gastos de una vivienda. Por lo tanto, con la participación de todos los sectores, habremos logrado evitar el derroche de energía sin afectar la calidad y confort de las condiciones interiores.

Por último, el óptimo diseño de un edificio, permite descubrir soluciones con medios pasivos que motorizan reducciones del consumo de combustible aplicado al confort térmico interior, simplemente, aplicando el concepto del SABER HACER ENERGÉTICO.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosfebrero 7, 2020
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5min183

Cualquier acto económico se decide a consecuencia de un juicio comparativo entre un precio, pagado en dinero, esfuerzo o dolor, y un valor respecto de lo adquirido: Objeto, servicio, etc. En nuestro caso, se trata de una obra material completa. Cabría suprimir el epíteto económico que califica el vocablo “acto”, sin que la proposición precedente dejara de ser válida. Pero vamos a ceñirnos a una obra de arquitectura y a los diversos contratos comprendidos en su mercado. Cuando un contratista compra, por ejemplo, materiales, el precio es el de venta del fabricante, y el valor conforma una función de la cantidad y la calidad. 

La palabra calidad tendrá aquí un sentido muy próximo al de aptitud para el empleo, es decir, la calidad de ser idóneo para la fabricación o para la materialización de la obra que el contratista ejecuta, y ser de fácil colocación, es decir, sin despilfarro de horas/hombre de trabajo, de material y, accesoriamente, de energía.

El valor que el cliente le atribuye a una obra constituye una apreciación subjetiva del futuro objeto, estando éste caracterizado por el contenido y la calidad. El contenido supone una mirada superficial, dado por el número de piezas, el proyecto realizado, por ejemplo. Es también el valor de sistemas, equipos y suministros. La calidad se conformará por el grado de satisfacción a las exigencias preestablecidas y, en particular, a la demanda de efectividad de funcionamiento, escaso mantenimiento y prolongada vida útil.

Resulta notable que mientras la industria de la construcción consiste en comprar una red que todavía no existe, y por lo tanto, la apreciación a priori del valor de lo adquirido resulta de importancia capital, haya sido preciso aguardar a fecha muy reciente para que los clientes pudieran disponer de un medio para materializar una estimación.

Aquí es esencial observar que el fabricante de materiales es un industrial y, en la generalidad de los casos, un industrial que produce en serie un artículo. Muy por el contrario, el contratista que se compromete a efectuar una obra, el cual, da precio a lo que todavía no existe, no puede prever con exactitud su valor de ejecución. Cabe considerar que muchas industrias presentan un punto en común con la construcción: El tener que formular los precios de venta antes de haber realizado el encargo y, por lo tanto, contando solo con una previsión del precio de ejecución.

Incorporemos una variable angustiante (¿hace falta otra más?): El cliente puede ser buen o mal pagador. Ahora bien, los pagos son indispensables durante el curso de la obra. Si el cliente no paga o paga mal, habrá a su vez una considerable demora en el trabajo y la necesidad de recurrir a alguna forma de financiación externa.

Finalmente, recordemos que establecer el precio de venta incrementando en un tanto por ciento de beneficio, un precio de costo aproximado, es exponerse con toda seguridad, no a la suspensión de pasos, sino al cierre del negocio.

La vida de una empresa requiere de modo imperativo de la plena satisfacción de dos condiciones: La primera, tener encargos, y la segunda, recibir demandas las cuales, en promedio, sean beneficiosas y, en todo caso, que no presenten pérdidas…

 Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS



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