Cristianmarzo 30, 2021
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4min74
Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

 

Teniendo en consideración que los objetivos centrales del LC son minimizar el desperdicio físico y de proceso; mejorar la generación de valor para el cliente, se puede decir que existen cuatro mecanismos principales sobre cómo interactúan LC y BIM. A través de estos se observa que, para obtener todos los beneficios de BIM, se requieren procesos Lean sistemáticos, junto con una cuidadosa gestión del modelo de información.

La detección de conflictos o interferencias proporciona un ejemplo de esta contribución. Esto se produce cuando los modelos de las diferentes disciplinas (arquitectura, estructuras e instalaciones) se juntan y se examina en búsqueda de conflictos físicos (intersección de la geometría de dos objetos) o de espacio libre (intersección de la geometría de un objeto en un espacio libre correspondiente para otro objeto). Una vez que se encuentran los conflictos, los proyectistas podrán corregir los problemas y reiterar los modelos hasta liberarlos de conflictos. De esta forma, se ahorra gran cantidad de tiempo y dinero que, de no realizarse virtualmente, se desperdiciaría en retrabajos o retrasos.

La utilización de BIM durante la fase de construcción ejemplifica el punto. La planificación colaborativa constituye una de las funciones principales de LC, teniendo como característica obtener una comprensión más profunda de las actividades planificadas de antemano. Cada vez es más complicado para las partes interesadas visualizar la tarea y la secuencia del proceso, principalmente, en proyectos complejos con complejas redes de instalaciones. Mediante el uso de herramientas BIM como la planificación 4D, donde un modelo 3D está vinculado al plan del proyecto y simulado para ejemplificar las actividades durante un determinado período, el equipo adquiere una comprensión mucho más profunda en comparación con el uso de los planos en 2D.

Otro ejemplo se relaciona con la visualización de estos modelos de diferentes disciplinas en forma conjunta desde la etapa inicial del diseño conceptual. Esto permite que los clientes y usuarios finales brinden su opinión y que los proyectistas comprendan de una mejor forma los requisitos del cliente, pudiendo adaptarlos a las diferentes etapas del proyecto. Esto contribuye directamente a los principios del LC de minimización de residuos y generación de valor. Sin embargo, para que esto suceda, es fundamental la participación temprana de las partes interesadas en el proyecto.

Los modelos de análisis para la gestión de costos o la huella de carbono son ejemplos de esto. Estos modelos llevan a cabo cálculos útiles y de valor agregado que, con dibujos 2D, eran complicados de realizar. Para obtener el beneficio completo de estos cálculos, puede ser necesario modificar el proceso de diseño para que la posibilidad de mejoras en el diseño a través de la iteración rápida se pueda efectuar con la práctica del diseño. El entorno de LC facilitará la introducción e implementación de tecnologías basadas en BIM y mejorará su efectividad. Esto es especialmente relevante durante la adopción estratégica inicial de una nueva tecnología que se aplica dentro del ciclo de vida de un proyecto.

 


Cristianmarzo 5, 2021
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5min103
Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

 

Lean Construction (en adelante, LC) se define como una manera de diseñar sistemas de producción con el objetivo de minimizar el desperdicio de materiales, tiempo y esfuerzo a fin de generar la mayor cantidad posible de valor. El concepto fue introducido por Lauri Koskela en el año 1992, tomando como base el modelo aplicado por la industria automotriz en la década de los ‘80, la “producción Lean”. Koskela propone que la construcción es un sistema de producción fundado en proyectos con gran incertidumbre en la planificación y una mala concepción de la producción, que es vista solamente como un modelo de transformación. No existe una definición común para LC, pero para un mejor entendimiento de él, Peluri, Aapooka y Haapasalo (2012) lo dividieron en tres partes: Los principios y la cultura, las prácticas y las herramientas y métodos del LC. En cuanto a los principios y cultura: El cliente siempre es el potencial del proyecto. Ante él se deben especificar claramente el valor para alinear todas las actividades para un producto a lo largo de un flujo y hacer que el valor circule sin problemas hacia la atracción del cliente buscando la perfección. En cuanto a la mejora continua (kaizen), se deberá eliminar el desperdicio que no agrega ningún valor al trabajo y, al mismo tiempo, generar mejoras continuas de las actividades. LC tiende a arribar a un profundo respeto hacia las personas que trabajan en la obra, un aspecto esencial, junto con su desarrollo y empoderamiento. Se debe hacer uso del conocimiento y de las habilidades de las personas. Esto aumentará su motivación y ayudará a que se sientan más involucradas.

Entre los aspectos prácticos mencionamos: Eliminación de desperdicios, desniveles y sobrecargas. No debe registrarse una variación de productos y procesos. El inventario debe ser mantenido al mínimo. Una cultura donde las nuevas prácticas sean bienvenidas conforma un prometedor concepto. La estandarización ahorrará tiempos, y a largo plazo, será un factor competitivo. La gestión visual utilizará opciones más atractivas de comunicación, con el fin de aumentar su uso en la organización. El objetivo es crear una estructura transparente donde los errores sean detectados a tiempo.

Al utilizar personal calificado, las ventajas de LC se establecerán en una etapa temprana. Pueden utilizarse diferentes herramientas como el despliegue de la función de calidad (QFD), la ubicación conjunta de los interesados en el proyecto y la participación de los proveedores. Las herramientas que pueden ser utilizadas para simplificar el trabajo en LC son, por ejemplo: BIM, Sistema Last Planner y Contratos Relacionales. LC busca la excelencia a través de un proceso de mejora continua en la empresa, que consiste fundamentalmente, en minimizar o eliminar todas aquellas actividades que no añaden valor a través de la optimización de recursos y la maximización de la entrega de valor al cliente, para diseñar y producir a un menor costo, con mayor calidad, más seguridad y con plazos de entrega más cortos, dentro de un marco ecológico con el entorno.

Se intenta alcanzar estos objetivos en todas las fases del ciclo de vida de un proyecto de construcción, contando con todas las partes intervinientes y participantes en el mismo.


Cristianfebrero 10, 2021
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4min215

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

 

Al destacarse las características de un buen Jefe de Obra precisamos primero discernir dos tipos de conocimientos fundamentales que hagan a una persona desempeñarse bien en su trabajo y liderar personas. Las mismas son: Conocimientos técnicos o competencias duras de la profesión y conocimientos al momento de saber cómo liderar un equipo de trabajo, trabajar en equipo, planificar tareas y hacerlo de manera eficiente. A todas esas cualidades las llamamos “competencias blandas”.

Al momento de seleccionar a un competente Jefe de obra, en una entrevista de trabajo, se pueden relevar muchos conocimientos técnicos, e incluso, formular una evaluación práctica en dicho proceso, pero claramente, de una evaluación al trabajo en sí mismo en el lugar de obra, pueden detectarse diferencias. Algunas de las tareas técnicas de todo Jefe de Obra serán, planificar las tareas: Un buen líder de obra debe caracterizarse, en primer lugar, por planificar una obra desde cero, demostrando conocimientos técnicos de suelo, análisis del contexto barrial y urbano, implantación donde se levantará cualquier edificación, materiales a utilizar, técnicas de materialización. Es decir, demostrar que es un experto en su quehacer. Todo ello, le brindará, por un lado, confianza y esa confianza le facilitará el trabajo en obra, ya que será el canal de consulta de sus trabajadores, otorgándole así reconocimiento a su sapiencia. Además, al demostrar conocimientos en construcción y materiales, beneficiará adoptar el producto más adecuado para cada obra, generando así un ahorro sustancial en el presupuesto a invertir en la construcción.

Además, un destacable Jefe de obra sabrá organizar el trabajo. Una correcta asignación de tareas a los empleados garantizará dos aspectos. El primero, la inexistencia de superposición de tareas y competencias internas, mal uso del tiempo y la generación de conflictos internos. La segunda, asegurarse que cada uno sabe lo que tiene que hacer y responsabilizarse por ello. En cuanto a los contratistas, garantizar que el tiempo de labor se cumpla, caso contrario, generará más gastos de los planificados.

También, un óptimo Jefe de obra deberá controlar la seguridad e higiene del trabajo. En este caso, todo trabajo deberá cumplir con el cuidado y seguimiento de la Ley de Higiene y Seguridad en el Trabajo Nº 19.587, la cual establece todas las normas técnicas que debe seguir un empleador en la República Argentina para salvaguardar la integridad física de sus empleados. La misma, cuenta con varias directrices de actuación que determinan: Elementos de protección personal adecuados según el trabajo que realizará el empleado; Señalización a instalar en todo medio donde se vaya a desenvolver la tarea; regulaciones que se deben cumplir para garantizar la protección del trabajador; acciones a llevar adelante en caso de sufrir incidente o accidente laboral; ente de control y protección del empleado en caso de accidente de trabajo (ART); multas que puede sufrir el empleador por incumplimiento; entre otros puntos.


Cristianfebrero 3, 2021
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3min149

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

La Evaluación del Impacto Ambiental (EIA) de nuestras obras de arquitectura, implica un tipo de estudio habitualmente exigido en las presentaciones que solicitan la aprobación o viabilidad de emprendimientos urbanísticos de distinta naturaleza, de proyectos sectoriales de infraestructuras regionales o locales, o de otras intervenciones sobre el territorio o el terreno, que por sus características y dimensiones, puedan afectar el ambiente. El nivel de requerimientos y contenidos de esos estudios varía en función de la dimensión, complejidad y características específicas de la intervención.

En términos generales, el estudio se efectúa para evaluar los efectos relevantes sobre el ambiente que resultarían de la ejecución de un emprendimiento. Estas evaluaciones se pueden realizar en etapas, una preliminar para establecer la prefactibilidad a partir de estudios de base y la identificación de los impactos; y una definitiva de factibilidad, considerando alternativas y medidas de mitigación.

Las tareas generalmente involucradas en los citados estudios se relacionan con la verificación de la legislación aplicable, la determinación de las áreas de influencia, el análisis de los subsistemas natural y socio-económico, la evaluación de impactos en las distintas etapas de implementación o ejecución, y posterior operación del emprendimiento.

La Ley 123 del GCABA regula las cuestiones ambientales en el territorio de la ciudad. El Decreto 1120/01 establece los requisitos para los profesionales y consultores que se inscriban en el Registro de Evaluación Ambiental. La Determinación de Pasivos Ambientales (DPA) es una tipología de estudios requeridos para determinar la calidad ambiental de territorios, espacios urbanos o terrenos que han sido utilizados previamente y cambian de uso, donde pueden quedar elementos, instalaciones o residuos visibles u ocultos, ambientalmente dañinos o potencialmente peligrosos, necesarios de remover.

Se trata de estudios usualmente requeridos por autoridades locales, en particular, cuando se trata de emprendimientos sobre terrenos previamente ocupados por actividades ambientalmente calificadas de riesgo, e incluyen tareas de verificación de la ocupación histórica, de las condiciones de entorno y de los elementos residuales existentes en el predio, la determinación del potencial de contaminación, la constatación de las responsabilidades por daño o perjuicio ambiental cuyo remedio, corrección o mitigación puede ser exigida al nuevo propietario o usuario y el análisis del costo de recuperación y acondicionamiento del sitio.

Datos imprescindibles a efectos de integrar a nuestras obras al marco natural que las contienen y aceptan.


Cristianenero 15, 2021
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6min295

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

Como arquitectos, nuestro trabajo consiste en el manejo racional del espacio, diseñando y construyendo ámbitos, ya sean urbanos o particulares, que sean tanto funcionales como confortables. Siempre con el objetivo único de satisfacer la necesidad de las personas, en este caso el cliente o comitente,. Y esto no se puede lograr estandarizando un diseño, ya que las necesidades son únicas como las personas que las requieren y varían de acuerdo a sus gustos, preferencias, deseos, expectativas y ambiciones.

Por todo esto, nuestro trabajo debe responder a una gran sensibilidad tanto con el ser humano, como con el entorno en el cual se desarrolla. Estamos de acuerdo que un buen profesional no solo debe mantenerse a la vanguardia en todos sus conocimientos, tanto tecnológicos como tendencias de diseño, sino también, debe dominar la atención de las demandas e interpretar las necesidades.

Desde un espacio académico, coincidimos que para nuestra profesión debemos tener conocimientos de diseño, morfología, estructuras, tecnología, arte e historia, expresión gráfica, conocimientos prácticos de obra, humanismo y administración de costos y recursos. Pero lo más común es descuidar la formación del profesional sobre conocimientos básicos que le brinden herramientas al mismo sobre cómo puede desarrollar su trabajo/profesión, conseguir clientes, emprender una estudio/empresa, poder dar el salto o el primer paso tan temido para iniciarse en el mercado, lo que podríamos resumir en conocimientos básicos de marketing aplicados al desarrollo de su profesión.

Como todo profesional que pretende desarrollar su trabajo obteniendo más y mejores proyectos, debemos conocer cómo alcanzar los mercados para ofrecer propuestas. Por otro lado, cuánto más y mejor entienda el mercado donde debe apuntar, más capacitado permanecerá para poder brindar un mejor servicio al cliente, redundando en un círculo virtuoso al generar mejores resultados en proyectos, los cuales permitan a su vez, más proyectos.

La necesidad del cliente en foco

Desde un punto de vista amplio, el concepto de marketing determina que la satisfacción del deseo de los clientes es la justificación económica y social de la existencia de una empresa.

El punto principal sobre el cual gira toda nuestra empresa es el cliente o comitente, por lo tanto, tenemos que entender su entorno y necesidades para así lograr satisfacerlas, si respondemos a cada cliente podemos asegurarnos que el cliente va a regresar y nos va a recomendar. Por lo tanto, como estrategia inicial, debemos ofrecer un amplio conocimiento del mercado, su contexto y necesidades para, a partir de allí, satisfacer a nuestros clientes.

Podemos decir que el marketing para cualquier empresa, sea pequeña o grande, resulta indispensable a la hora de dar ese paso decisivo y empieza desde plantearse los objetivos a corto y largo plazo, formular un análisis de su realidad interna y externa, delimitar el mercado y estimar cómo queremos ser percibidos. Estas son las primeras herramientas básicas para comenzar a diseñar una estrategia de trabajo que apunte directamente a los objetivos pretendidos.

En contrapartida con ello, la realidad nos muestra que muchos profesionales o pequeñas empresas no le brindan realmente el valor al marketing que se le debe aportar. Hacen negocios de la forma más tradicional, sin siquiera darse cuenta que están haciendo marketing de la forma más rústica y sin tener control hacia donde los está llevando el rumbo que han tomado, gracias a determinadas decisiones no planificadas.

Un profesional de cualquier campo necesita saber cómo definir y segmentar un mercado y cómo desarrollar productos y servicios necesarios en los nichos del mercado elegido. Debe saber cómo fijar los precios de lo que ofrece para resultar conveniente, que esté al alcance de los clientes y posicione, al mismo tiempo, su trabajo con una alta calidad percibida. El profesional de la arquitectura debe conocer lo mejor posible las necesidades de su comitente, cuáles son sus gustos y disgustos, para proponer la solución más efectiva a una necesidad específica.


Cristianenero 8, 2021
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6min184

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

El Código Civil y Comercial (CCyC) conforma un instrumento el cual reúne las bases jurídicas en nuestro país y fue creado por Dalmacio Vélez Sarsfield. En 1862 redactó el Código Comercial y en 1869, el Código Civil. En 2015 se realizó la primera actualización en la cual se han reemplazado más de 4.500 artículos. El CCyC brinda un marco legal a los derechos establecidos en nuestra Constitución Nacional.

Por ejemplo, en lo que respecta a los derechos de la propiedad, en nuestra Constitución podemos encontrar el artículo 14 que menciona “Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber:… de usar y disponer de su propiedad…”. Entendiendo a la propiedad como todo aquello que el hombre pueda tener, como por ejemplo: Los derechos de la propiedad intelectual; actos jurídicos de disposición y uso de la propiedad, entre otros.

Es el Congreso quien reglamenta este derecho, ya que los derechos no son absolutos –tienen límites– dado que deben defender el bien común y el orden social. Es por ello que se encuentra condicionado por una gran cantidad de normas, no solo del Código Civil y Comercial, sino también, de otros ordenamientos, incluso locales, que ponen un coto a las facultades de su titular.

La actualización del CCyC fue muy amplia. Se incorporaron 4.500 artículos. Uno de los cambios importantes se ve reflejado, por ejemplo, en la regulación de los derechos contractuales. En el Código Civil anterior, la regulación de contratos, en lo relativo a “obras” y “servicios” se encontraban separados, es decir, estaban legislados de manera independiente.

Hoy, con la actualización del CCyC, podemos apreciar que ambos se encuentran “unificados” en lo que respecta a las “disposiciones comunes a las obras y servicios” (desde el art. 1251 al 1261) y en lo relacionado a las disposiciones particulares, cada uno presenta su regulación en diferentes artículos: “Las disposiciones especiales para las obras” (desde el artículo 1262 al 1277) y las “normas especiales para los servicios” (desde el artículo 1278 y 1279).

Por su parte, el Art.1251, de capital importancia, suma la siguiente definición: “Hay contrato de obra o de servicios cuando una persona, según el caso el contratista o el prestador de servicios, actuando independientemente, se obliga a favor de otra, llamada comitente, a realizar una obra material o intelectual o a proveer un servicio mediante una retribución. El contrato es gratuito si las partes así lo pactan o cuando por las circunstancias del caso puede presumirse la intención de beneficiar”.

Aquí es importante resaltar que el articulo hace referencia a las partes intervinientes en el contrato, y lo establece indicando que las mismas son el “contratista o prestador de servicios” y el “comitente”; y se hace mención expresa a que aquel actúa en forma independiente al obligarse a favor de éste. El obrar independiente del contratista o prestador de servicios constituye un elemento distintivo fundamental que permite la división entre el servicio autónomo y el dependiente. De este último supuesto, y de la regulación específica de esa materia, se hace mención en el Art. 1252.

Otro punto importante y relevante que incorpora el nuevo CCyC es que las partes puedan acordar la gratuidad. En el Código Civil anterior solo se preveía la onerosidad de los contratos. Por otro lado, y en cuanto al objeto, expresamente se establece que puede constituir en la provisión de un servicio o en la realización de una obra y que la misma puede ser material o intelectual. Con esta última incorporación de la obra intelectual, lo que respecta a la “propiedad intelectual” queda protegida con el presente artículo a diferencia del código anterior que no lo trataba, debiendo aplicarse la Ley de Propiedad Intelectual.


Cristiandiciembre 16, 2020
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6min234

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

Víctor Hugo, el gran poeta, dramaturgo y novelista romántico francés, sentencia: “La arquitectura es el gran libro de la humanidad”. Pero a ese libro le falten varias páginas…

La Real Academia Española define al término “Patrimonio” como “Hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes”. En este sentido, mucho es lo que la humanidad ha heredado en cuanto a producción arquitectónica. Entiéndase que la protección del patrimonio construido y tangible, su correcto mantenimiento y cuidado, implica el resguardo de las tradiciones culturales de una nación, y sumadas, del mundo entero.

El denominado patrimonio arquitectónico es sumamente amplio en su concepción. Puede llegar a comprender “desde un edificio, un conjunto de edificios o las ruinas de un edificio o de un conjunto de edificios que, con el paso del tiempo, han adquirido un mayor valor al originalmente asignado, el cual va mucho más allá del encargo inicial”. Dicho valor, como lo señalan los capítulos de ICOMOS (International Council on Monuments and Sites), puede ser “cultural o emocional, físico o intangible, histórico o técnico”.

Las obras de arquitectura que pueden considerarse como patrimoniales serán entonces las que, debido a una multiplicidad de razones, no todas de índole técnica o artística, con su sola ausencia, alteran profundamente el entorno donde se ubican.

Lo cierto es que el patrimonio arquitectónico y urbanístico se constituye en uno de los bienes más importantes que ostenta una comunidad, dado que al igual que los recursos naturales conforman bienes no renovables. A partir del patrimonio arquitectónico se puede leer y entender la historia de un pueblo, sus períodos, sus transformaciones, su desarrollo, desencuentros y logros comunes. Cada vez que la sinrazón del hombre -mediante las guerras, o la voracidad económica, por ejemplo- demuele un inmueble de importancia patrimonial está destruyendo el registro visual y material de las diferentes épocas que marcaron su propia evolución y desarrollo.

En palabras de Octavio Paz, “La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él al testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones…”

La devastación de las edificaciones se ha dado por la poca importancia asignada a la conservación del patrimonio arquitectónico, y a la búsqueda de una mayor rentabilidad de los propietarios, conjuntamente con Estados que lentamente -y en ocasiones tardíamente- toman conciencia de la fenomenal importancia de preservar nuestra historia material.

Mucho es lo que el mundo ha perdido, pero también, es vasto lo que resta por hacer. En nuestro país, el Comité Argentino del ICOMOS, una organización de valorado prestigio en este sector, fue fundado el día 21 de mayo de 1973 por un grupo de notables profesionales integrado por Jorge Gazaneo, Ramón Gutiérrez, Alberto Nicolini, Federico Ortiz, Mabel Scarone, Juan Alberto Schellenberg y Marina Waisman.

Dicha institución realiza permanentes acciones tendientes a crear conciencia y llevar adelante políticas de fomento para el cuidado de nuestro patrimonio consolidado. Por su parte, la Ley 3.628, aprobada por la Legislatura porteña, declara el 8 de abril de cada año como Día del Patrimonio Arquitectónico y Paisajístico de la ciudad de Buenos Aires.

Alguna vez el brillante arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright expresó: “La arquitectura es vida, o por lo menos, es la vida misma tomando forma y por lo tanto es el documento más sincero de la vida tal como fue vivida siempre”.

Un concepto de valor patrimonial.


Cristiannoviembre 16, 2020
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5min468

En la industria de la construcción, la base de un sistema de calidad se compone de dos documentos, denominados Manuales de Aseguramiento de la Calidad. Los mismos definen, por un lado, el conjunto de la estructura, responsabilidades, actividades, recursos y procedimientos genéricos que una organización establece para llevar a cabo la gestión de la calidad (Manual de Calidad), y por otro lado, la definición específica de todos los procedimientos capaces de asegurar la calidad del producto final (Manual de Procedimientos). De esta manera, el Manual de Calidad nos dice: ¿Qué? y ¿Quién?, y el Manual de Procedimientos, ¿Cómo? y ¿Cuándo?

Dentro de la infraestructura del sistema existe un tercer pilar: El de los Documentos Operativos, conjunto de informaciones que reflejan la actuación diaria de la empresa. Ahora bien, ¿cuáles son en nuestra industria los documentos aplicados como reaseguro de la calidad pactada ante un Comitente? Evidentemente, nuestro Manual de Aseguramiento de la Calidad no es otro que el Pliego de Condiciones Generales (PCG) de la obra en cuestión. Por su parte, el Manual de Procedimientos es equivalente al Pliego de Especificaciones Técnicas (PET) y finalmente, los Documentos Operativos, serán todos los planos que gráficamente nos servirán para corroborar la fiel interpretación del proyecto en la obra.

Resulta necesario prestar atención a la enorme importancia que revisten dichos documentos, ya que de ellos depende el feliz final de la obra y que su diseño no degrade la gestión productiva, técnica o económica de la materialización encargada.

El Arq. Ruy Varalla, un especialista en temas de gestión y administración de obras, afirma: “…Confiados en las particulares características de la industria, nuestras empresas de construcción, en lugar de aplicar y afianzar conceptos gerenciales capaces de asegurar la obtención de las metas deseadas, han preferido aplicar un manejo empresarial basado en la intuición y el coraje. Ya de por sí, en cualquier actividad, dichos componentes no son suficientes para asumir ningún compromiso productivo. Agreguemos las peculiaridades propias de la construcción y veremos que el logro de resultados acordes con las expectativas deseadas es puro milagro. Sólo el milagro nos puede salvar de no haber dicho no en el momento preciso. Y si es puro milagro, ¿cuál es la confianza que les podemos brindar a nuestros Comitentes sobre el producto final que les entregamos? Hemos intentado “delegar” al transferir la responsabilidad que, sobre el producto y la producción tenemos, entregándosela a operarios “por producción”. Ante esto nos preguntamos: ¿Cuál es la función que los profesionales tenemos dentro de la industria? ¿De qué manera podremos brindarles confianza a nuestros Comitentes, si nosotros nos desligamos de las responsabilidades que implica el gerenciamiento de la producción y el manejo de la calidad del producto?…”

Evidentemente, resulta fundamental en la industria de la construcción planear la ejecución de los procesos, ya que de ellos dependerán los logros en cuanto a eficacia y eficiencia, y por ende, los resultados operativos de la obra o proyecto. 

Debe ser común para todos los profesionales involucrados que la administración de los procesos constructivos se ejecuten conforme a las especificaciones técnicas, planos, y análisis de precios unitarios, considerando los siguientes factores de costo: Mano de obra, materiales, equipos y herramientas, entre otros.

El eficaz manejo de esos documentos técnicos constituye la respuesta correcta.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Cristiannoviembre 5, 2020
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6min261

En el quehacer arquitectónico se verifican originales horizontes para la mano de obra. Hoy, hasta la denominación “plomero” suena desacertada. La aparición de nuevas tecnologías reorienta el accionar del instalador. Por ello, ahora hablamos del “Instalador especializado”, designación que se acompaña con la especificación de su quehacer (sanitarista, gasista, etc.). Dicha relectura respecto de la denominación de la mano de obra no resulta ser casual. Es sabido que una buena porción del mercado elige actualmente aplicar sistemas plásticos en sus canalizaciones, y sin embargo, a nadie se le ocurriría designar con el absurdo nombre de “plastiquero” al instalador.

El hecho de obviar, en la denominación de la mano de obra, el tipo de material aplicado sugiere una visión más adecuada acerca del accionar profesional. Después de todo ¿cómo resolvían nuestros antepasados sus problemas o satisfacían las necesidades que se les presentaban? Quienes desarrollaron la tecnología fabricaron, desde el rol que por entonces la sociedad les reclamaba, máquinas, sistemas, artefactos y dispositivos basados en su capacidad, experiencia y sentido común.

La propia palabra “técnica” proviene del vocablo griego “tekhné”, que significa “arte” o “maestría en un arte”. De esta forma, el nuevo rol de cierta mano de obra se inserta en el manejo de la última tecnología, constituida por el conjunto de procedimientos puestos en práctica con el objetivo de obtener un determinado resultado, el cual permanezca a la altura de las demandas que el hombre explicita en su contexto. 

Capacitarse, entonces, resulta un aspecto clave. 

El siglo XXI reclama nuevas respuestas a problemas históricos. También nos solicita un fuerte compromiso alrededor de temas más urgentes, como por ejemplo, el uso responsable y racional de los recursos naturales y energéticos (aspectos sobre los cuales toda la industria de la construcción debe aportar), la capacitación de la mano de obra para que actualice en forma permanente sus conocimientos, el desarrollo ético de las relaciones comerciales, etc.

La finalidad de la arquitectura es la obra y no el proyecto, razón por la cual la creación arquitectónica debe ser concebida en forma integral. La obra arquitectónica completa comprende dos etapas la composición y representación primero y la realización después. La técnica, denominando así al conjunto de conocimientos relativos a los materiales, elementos y disposiciones constructivas que puede manejar un arquitecto, para materializar su concepción, influye ampliamente en las dos etapas. La primera comprende la composición, la imaginación de la obra con sus formas, proporciones relativas, arreglos funcionales y estéticos.

El desconocimiento -o el conocimiento imperfecto- de las posibilidades y limitaciones que la técnica presenta para realizar la obra imaginada, puede traducirse en dos situaciones distintas.  Una, de materiales, o de recursos para concretarlas, y otro, que si los dispone resultan económicamente inconvenientes o incompatibles con la finalidad de la obra. Como ejemplo, podrán mencionarse proyectos donde se incluyen grandes ambientes sin columnas con construcciones pesadas en los pisos superiores donde no se han previsto los espacios necesarios para las estructuras resistentes destinadas a soportar, la cubierta de los ambientes en cuestión y las cargas de las obras ubicadas por encima; la adaptación de un proyecto debido a condiciones de ejecución posible, se traduce en el mejor de los casos, en modificaciones de escaleras, cambio de fachadas, etc.; otras veces la adaptación es imposible como cuando la altura total de los edificios permanece limitada por reglamentaciones u otras causas y la modificación obliga a superarla. 

Las citadas situaciones conducen, en primera instancia, a la inhabilitación total o parcial del proyecto, y consecuentemente, al descrédito del arquitecto que lo preparó. 

La “maestría en un arte” reclama un compromiso no siempre asumido por parte del profesional.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Cristianoctubre 14, 2020
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4min302

La enseñanza ortodoxa de la arquitectura pone especial énfasis en la formación de diseñadores, valorizando los aspectos socioculturales de la producción arquitectónica.

Confía -excesivamente- en que los aspectos técnicos se completen fácilmente en los primeros años de actividad profesional, mediante la observación de los modos de producción de obra, tomando como base los conocimientos aprendidos en las asignaturas técnicas.

El éxito de un profesional se basa especialmente, en su aptitud para llevar a feliz término la materialización de sus proyectos. Quien nos encarga una obra, tiene especial interés en contar con un buen edificio el cual satisfaga sus expectativas y necesidades. No le interesa encargar solamente un buen proyecto ni un buen material gráfico (carpeta técnica). Es por ésta razón, que el profesional debe poseer los conocimientos necesarios para lograr concluir técnicamente una obra.

Pero no solamente eso, sino además, llevarla a cabo dentro de los costos previstos, en el plazo esperado y con la calidad requerida, respetando fielmente el proyecto original.

La aplicación racional de los recursos se consigue con la implementación de métodos de trabajo los cuales no pueden adquirirse solamente mediante la experiencia. Es necesario incorporar el conocimiento teórico sistemático, el cual permite aprehender la experiencia.

Si tenemos que entregar una obra completa en un determinado plazo, no esperaremos hasta el final para saber si lo cumpliremos o no, sino que aplicaremos las técnicas de control de avance para saber (en todo momento), si lo estamos cumpliendo.

En otro campo, al sospechar que una determinada tarea puede ser optimizada en cuanto a su rendimiento, la observaremos con una mirada crítica, buscando modificar el método de trabajo para hacerla más eficaz.

En este sentido, los recursos de producción son los medios técnicos, materiales y económicos capaces de permitir obtener un producto mediante un determinado proceso de manufactura. Separada del contexto industrial, dadas las singulares características del producto final, la construcción de edificios se caracteriza porque su materialización es llevada a cabo en el lugar de su implantación (in situ), a diferencia de cualquier otro producto industrial.

La utilización de los recursos debe adaptarse a esa particular modalidad, a pesar de las dificultades que ello representa en orden a la falta de aptitud de la obra para ser el propio ámbito donde se construye (clima adverso, distancias importantes a sortear para la entrega de materiales, etc.).

Salvando este primer escollo, podemos considerar que, para construir una obra, debemos disponer de recursos humanos para llevar a cabo el trabajo de producción, de recursos materiales para corporizarla y de componentes mecánicos para aumentar el rendimiento de los dos anteriores.

Toda mejora en la productividad supone una disminución en el precio del producto (en este caso, la obra), ya que representa un mejor aprovechamiento de los recursos utilizados. Esto permite mejorar los salarios del trabajador, disminuir el precio de los productos y aumentar los beneficios de la empresa.

Aspectos para nada desdeñables que la “Ortodoxia Arquitectónica” debería revisar.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS



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