Entreplanosabril 2, 2020
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Los presupuestos pueden abarcar el análisis de los tiempos (programas de trabajo), de los precios (presupuestos por cuantificación monetaria), de inversiones, etc.

En cualquiera de los casos podremos encontrar Presupuestos de Gastos Descriptivos, los cuales precisan la naturaleza y calidad de los materiales, la forma de construir la obra, las técnicas particulares a desarrollar, etc. Por otra parte, un sistema de Presupuesto de Gastos Cuantitativos de los distintos elementos de una obra (cómputo métrico). Finalmente, debemos contar con un Presupuesto de Gastos Estimativos (presupuesto de precios), encargados de fijar la magnitud del gasto calculado, a partir del cual, el profesional debe fijar porcentajes para su oferta.

Algo que llama poderosamente mi atención en los eventos y ferias de la construcción en las cuales nuestra publicación se presenta, tiene que ver con las consultas recibidas sobre diversos aspectos. Si ponderáramos cuál es el tema más convocante, seguramente, la forma de presupuestar los trabajos se llevaría el primer puesto.

Evidentemente, fijar un precio adecuado para la labor del profesional se convierte en una angustia que no es tal cuando se analiza el tema en profundidad. El carácter variable de cada uno de los encargos (por requerir particulares y específicos recursos de producción), puede ser uno de los factores que motiven la necesidad de una mayor información a la hora de estudiar el precio de una determinada encomienda.

Según sea la finalidad de la estimación será el procedimiento a emplear para su elaboración. Para sólo auscultar las posibilidades de un proyecto bastará el uso de métodos expeditivos aproximados. En ocasiones, dicha técnica toma el nombre de Ante-presupuesto o Presupuesto Global. Por ejemplo, para determinar el costo de una obra con características similares a otra ya realizada, bastará determinar su metraje y multiplicarlo por el costo específico del metro lineal, sin descuidar la influencia sobre este cálculo, de las variaciones del momento (mayores costos inflacionarios, por ejemplo) y las diferencias con las obras análogas cuyos precios se han adoptado.

Siempre recomendamos analizar exhaustivamente una obra antes de fijar un precio por ella.

El tiempo dedicado se compensará con creces en relación con las pérdidas que podemos sufrir al subestimar este importante aspecto de nuestro trabajo: La confección del presupuesto.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosmarzo 12, 2020
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5min102

Cuando hablamos de la calidad como resultado de compromisos recíprocos, pensamos en la necesidad de que el conjunto de los actores del sector establezcan mecanismos capaces de asegurar que dicha calidad se logrará con el compromiso de todos. Es común que en nuestro día a día nos enfrentemos a situaciones donde tenemos que adoptar resoluciones referentes a las actividades señaladas: En el momento de cerrar una oferta para una licitación, al recibir un proyecto del estudio de profesionales, al tener que atender un pedido de insumos de una obra, al encargarle a un especialista la realización de una tarea, etc.

En cada una de las mencionadas situaciones exigimos y asumimos compromisos que, lamentablemente, no siempre se encuentran explícitos. Cuando recibimos un conjunto de recaudos para la formulación de un precio de una determinada obra de arquitectura para un cliente y efectuamos una oferta, sin que se encuentre perfeccionada la relación entre las partes, aceptamos presentar una oferta en los términos establecidos por el comitente sin haber aclarado la totalidad del contenido de los recaudos. Allí estamos asumiendo el compromiso ante nuestro comitente de realizar la producción de acuerdo con lo que él estipuló, ostentando el legítimo derecho de exigir su cabal cumplimiento, aun cuando existan definiciones poco claras o de difícil cumplimiento.

Si un proyectista nos entrega el diseño de una obra repleta de soluciones que seguramente van a dificultar su ejecución en obra y nosotros no consultamos y establecemos los criterios a seguirse para la adecuación de la solución a estándares los cuales faciliten la construcción, antes de iniciar la producción, estamos asumiendo el compromiso de realizar el trabajo de acuerdo con lo establecido. Si formulamos un pedido de materiales sin precisiones en cuanto a calidad, plazo de entrega, etc. y no efectuamos las aclaraciones pertinentes antes de concretar la compra, estamos asumiendo el compromiso de aceptar lo entregado o incurrir en gastos adicionales por tareas de descarga, carga, transporte, etc. en el caso de que lo recibido no sea lo esperado.

Cuando impartimos una orden de trabajo a un operario, asumimos el compromiso de aceptar que él entendió la instrucción recibida, y por lo tanto, aceptar el resultado de sus acciones, y él asume el compromiso de llevar a cabo la tarea encomendada tal como entendió la orden.

En esa cadena, organizada en el ciclo de la calidad del producto, donde alternadamente una vez somos proveedores (cuando entregamos un producto o un servicio) y otra vez somos clientes (cuando recibimos los efectos de la acción del proceso anterior), existen una cantidad de situaciones en las cuales, a veces sin darnos cuenta del verdadero alcance, estamos asumiendo importantes compromisos que no siempre somos capaces de cumplir. El respeto por esos compromisos implícitos, cuando las relaciones no se encuentran perfeccionadas, muchas veces es la causa de fallas en la realización de nuestros productos que se traducen en desperdicios en todas sus formas, merma en la productividad, etc.

Debemos considerar la existencia de muchas situaciones donde una vez asumido el compromiso, aunque sea en forma implícita, nada podremos hacer para volver atrás.

Cuando las relaciones entre los eslabones de la cadena se encuentren perfeccionadas y los compromisos asumidos sean explícitos, tendremos más posibilidades de materializar obras con sobradas muestras de una óptima calidad.

Escribe: Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosmarzo 2, 2020
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Los temas motivo de la capacitación son múltiples, y no se deberían limitar al buen manejo de una herramienta determinada, sino que el aprendizaje debe trascender a temáticas teóricas, las cuales fácilmente son llevadas a diario (a veces incluso ignorándose) a la práctica más elemental.

Capacitarse implica crecer profesionalmente.

Resulta absolutamente imprescindible que la mano de obra logre capacitarse. En tanto la misma perfeccione su acervo técnico, más crecerá en niveles óptimos la empresa en cuanto a su nivel de productividad. Dentro de una organización dedicada a la materialización de diferentes obras, sea esta pequeña o mediana, su plantel de trabajadores desarrolla una múltiple carga de trabajos, y cada uno de ellos resultan de dificultoso reemplazo.

Por ello, su capacitación debe llevarse a cabo aun invirtiendo tiempo de descanso del capacitado.

Una empresa constructora no es comparable con otras empresas, y únicamente a partir de un fuerte compromiso en cuanto a costos, tiempo y calidad, podrá aumentar la venta y comercialización de los servicios ofrecidos. Entre los gastos de capacitación podemos enumerar: Cursos a oficiales y ayudantes, prácticas de obra, etc.

Actualmente, los temas relacionados con la conciencia medioambiental de nuestras construcciones se han transformado en tópicos sumamente sensibles, aspecto absolutamente comprensible dado la finitud de las energías convencionales empleadas para calefaccionar y refrigerar las obras que nos alojan cotidianamente.

Condensación superficial e intersticial, no cumplimiento del coeficiente “K” del cerramiento, puentes térmicos, etc., forman parte de las patologías detectadas a menudo.

De más está decir el daño que sufren desde su raíz estas construcciones, condenando a sus ocupantes a padecer disconfort, a invertir grandes sumas en el acondicionamiento térmico de los distintos ambientes, sumando involuntariamente su granito de arena al calentamiento global y el consecuente cambio climático.

El acelerado y constante avance tecnológico que experimentamos día tras día, se muestra más acentuado en la segunda década del siglo XXI, e influirá inevitablemente sobre la cultura empresarial.

Por todo lo enunciado, es indispensable que el profesional presente la preparación y capacidad necesarias para revisar los procedimientos operativos y de control de calidad con una nueva mentalidad y un original enfoque de su trabajo.

De esta forma, se convertirá en líder de los cambios, adelantándose a éstos de acuerdo con su formación profesional, respetando las más altas normas de conducta y ética al difundir sus conocimientos y demostrar presencia, dinamismo, participación y respeto.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosfebrero 17, 2020
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6min105

En la Argentina, se obtiene gas a bajo costo, comparativamente con lo verificado en la mayoría de los países del mundo, por poseer reservas naturales. Por otro lado, hasta ahora no ha sido un problema, como sí lo es en otras partes del planeta, la escasez de agua ni de otros recursos naturales como la madera. Dichas características, que son propias de nuestro país, hacen que la industria de la construcción en general no tome conciencia respecto de la necesidad de pensar en el ahorro de energía. Como consecuencia, se puede estimar que más de la mitad de las viviendas materializadas en nuestro país (teniendo en cuenta las realizadas a través de la autoconstrucción con ladrillos cerámicos), no son eficientes en el ahorro de energía, vale decir, las casas nacen “enfermas”.

Necesitan permanentemente de medios mecánicos externos para lograr alcanzar el confort deseado, generando un costo innecesario que podría ser prevenido al momento de diseñar y construir la obra encomendada.

A partir de los años 70, los países desarrollados pusieron de manifiesto la necesidad de impulsar el ahorro energético en vista del creciente costo del petróleo. El foco de la crisis energética del año 1973 recordó a la humanidad la necesidad de reconsiderar el gasto energético de sus edificaciones. En los últimos años, la redacción del Acuerdo de Kyoto torna mucho más evidente la importancia del mencionado ahorro.

Estudios realizados en los EEUU sobre el problema energético demostraron que el 25% del consumo total de energía, en sus diversas formas, se emplea en la climatización de construcciones. De dicho porcentaje, se estimaba factible reducir el consumo en un 50%.

El edificio es el instrumento de captación, acumulación y distribución de energía. Por ello es fundamental comprender que la arquitectura debe -necesariamente- adecuarse a las condiciones bioclimáticas que la rodea. Así el profesional del diseño deberá descubrir las formas de cada lugar, y a través de la tecnología actual y la correspondiente investigación, procurará aprovechar sus ventajas.

De acuerdo con estudios formulados, se podría economizar aproximadamente el 40% de la energía empleada en los edificios, aplicando tecnologías eficientes. Estimaciones realizadas destacan que las pérdidas energéticas registradas en una vivienda unifamiliar son las siguientes: Muros: 25%, pisos: 10%, techos: 30%, ventanas: 20% e infiltraciones: 15%.

De esta manera, es posible lograr una interesante economía energética mediante un adecuado criterio de diseño tendiente a mejorar la relación superficie-volumen.

Es útil comprender que los fenómenos higrotérmicos se originan, por lo expuesto, en la envolvente del edificio.

Conforme lo señalan distintas fuentes de información, los edificios consumen en todo el mundo entre el 30% y 40% de toda la energía generada. La responsabilidad de los Arquitectos en este campo resulta ser trascendental, dado que sólo a partir de condiciones interiores adecuadas en las obras proyectadas, podremos hacer participar al usuario en la responsabilidad que el también ostenta en el consumo de energía.

Un párrafo aparte merece la responsabilidad de las instituciones y organismos públicos, sus funcionarios y técnicos, encargados de decidir cómo serán los edificios propuestos a fin de brindarle a los usuarios, obras energéticamente eficientes y con la mayor economía de recursos posible.

Los denominados Costos de los Servicios Energéticos, representan -aproximadamente- más del 15% de los gastos de una vivienda. Por lo tanto, con la participación de todos los sectores, habremos logrado evitar el derroche de energía sin afectar la calidad y confort de las condiciones interiores.

Por último, el óptimo diseño de un edificio, permite descubrir soluciones con medios pasivos que motorizan reducciones del consumo de combustible aplicado al confort térmico interior, simplemente, aplicando el concepto del SABER HACER ENERGÉTICO.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosfebrero 7, 2020
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5min107

Cualquier acto económico se decide a consecuencia de un juicio comparativo entre un precio, pagado en dinero, esfuerzo o dolor, y un valor respecto de lo adquirido: Objeto, servicio, etc. En nuestro caso, se trata de una obra material completa. Cabría suprimir el epíteto económico que califica el vocablo “acto”, sin que la proposición precedente dejara de ser válida. Pero vamos a ceñirnos a una obra de arquitectura y a los diversos contratos comprendidos en su mercado. Cuando un contratista compra, por ejemplo, materiales, el precio es el de venta del fabricante, y el valor conforma una función de la cantidad y la calidad. 

La palabra calidad tendrá aquí un sentido muy próximo al de aptitud para el empleo, es decir, la calidad de ser idóneo para la fabricación o para la materialización de la obra que el contratista ejecuta, y ser de fácil colocación, es decir, sin despilfarro de horas/hombre de trabajo, de material y, accesoriamente, de energía.

El valor que el cliente le atribuye a una obra constituye una apreciación subjetiva del futuro objeto, estando éste caracterizado por el contenido y la calidad. El contenido supone una mirada superficial, dado por el número de piezas, el proyecto realizado, por ejemplo. Es también el valor de sistemas, equipos y suministros. La calidad se conformará por el grado de satisfacción a las exigencias preestablecidas y, en particular, a la demanda de efectividad de funcionamiento, escaso mantenimiento y prolongada vida útil.

Resulta notable que mientras la industria de la construcción consiste en comprar una red que todavía no existe, y por lo tanto, la apreciación a priori del valor de lo adquirido resulta de importancia capital, haya sido preciso aguardar a fecha muy reciente para que los clientes pudieran disponer de un medio para materializar una estimación.

Aquí es esencial observar que el fabricante de materiales es un industrial y, en la generalidad de los casos, un industrial que produce en serie un artículo. Muy por el contrario, el contratista que se compromete a efectuar una obra, el cual, da precio a lo que todavía no existe, no puede prever con exactitud su valor de ejecución. Cabe considerar que muchas industrias presentan un punto en común con la construcción: El tener que formular los precios de venta antes de haber realizado el encargo y, por lo tanto, contando solo con una previsión del precio de ejecución.

Incorporemos una variable angustiante (¿hace falta otra más?): El cliente puede ser buen o mal pagador. Ahora bien, los pagos son indispensables durante el curso de la obra. Si el cliente no paga o paga mal, habrá a su vez una considerable demora en el trabajo y la necesidad de recurrir a alguna forma de financiación externa.

Finalmente, recordemos que establecer el precio de venta incrementando en un tanto por ciento de beneficio, un precio de costo aproximado, es exponerse con toda seguridad, no a la suspensión de pasos, sino al cierre del negocio.

La vida de una empresa requiere de modo imperativo de la plena satisfacción de dos condiciones: La primera, tener encargos, y la segunda, recibir demandas las cuales, en promedio, sean beneficiosas y, en todo caso, que no presenten pérdidas…

 Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosenero 20, 2020
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9min226

¿Recuerda la fábula?

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el argumento, decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.

Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.

Una empresa dedicada a la construcción de obras, como cualquier otra, conforma una manifestación de trabajo colectivo, un conjunto de esfuerzos armonizados para la realización de un fin común. De esta manera, una empresa que construye obras deberá acrecentar, en tiempos de bonanza, sus componentes financieros a efectos de disponerlos inteligentemente cuando la marcha económica se dificulte. Dicha financiación define, como principal objetivo, brindar a la compañía los capitales necesarios para su desarrollo. Cierto es que existen diferentes tipos de financiación (autofinanciación, crédito bancario o privado, etc.), siendo el mismo un punto sumamente sensible, ya que la financiación se emplea para obtener los bienes de equipos, elementos básicos y servicios que necesita la empresa para poder funcionar y optimizar sus métodos productivos. Por su parte, las variables tecnológicas de la compañía se asimilan con la productividad, porque constituyen el principal instrumento de cara a conseguir el objetivo de la empresa, que es el beneficio. La tecnología requiere cada día una mayor especialización, y por este motivo, las empresas constructoras deben aprovechar los tiempos de buen clima productivo para adoptar los mejores medios técnicos, vale decir, los que generarán un mayor rendimiento en el futuro. No es un buen consejo dormirse en los laureles. En este aspecto, resulta clave la función de quien ostenta la responsabilidad de hacer cumplir las anteriores actividades dentro de un área de producción, cuyas funciones son plantear y dirigir las acciones, fijar los caminos a seguir, y formular los programas de investigación y desarrollo.

De esta forma, los lentos pero estables ganarán la carrera.

Pero la historia no termina aquí: la liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la hubiesen vencido. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia.

Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.

Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.

El impulso que aportan los tiempos de bonanza se sitúa en la condición ideal para propiciar las buenas relaciones entre los elementos humanos de una empresa. Claro está que toda estructura empresarial implica la sumatoria de las personas que la integran. Éstas forman un grupo de trabajo guiado por reglas y normas que regulan su funcionamiento, actitud y responsabilidad, y cuya actuación reflejará la situación social de la empresa. El acompañamiento que las personas brindan en los tiempos de vacas flacas, es consecuencia directa de la actitud asumida cuando los vientos eran más favorables. Sumar rencores conforma una torpeza que se pagará, seguramente, cuando la marcha se ponga más dura.

No debemos olvidar el costo que demanda “formar” nuestro capital humano, sea este aplicado a la mano de obra de la empresa o a los rangos profesionales.

De esta forma, la tenacidad vencerá a la estabilidad.

Pero la historia aún no termina: Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. Como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba “¿qué hago ahora?”, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó su paso y terminó en primer lugar.

Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primeros.

Pensemos que las empresas constructoras -y también los estudios de arquitectura- se enfrentan a una competencia cada vez más dura. Los métodos disponibles para diferenciar los productos de arquitectura dependen, cada vez más, de la imaginación de los responsables de cada estructura productiva y de sus fortalezas a la hora de crear los emprendimientos que los inversores demandan. Entre estos ítems se destacan la innovación, la mejora, la calidad final de la construcción, los mayores servicios postventa o una competencia efectiva en precios.

Pero la historia tampoco termina aquí: el tiempo pasó, y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciéndose buenas amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente, la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que aquella experimentada en sus logros individuales.

Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes habilidades personales. Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor.

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a medirnos contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos… y obtenemos mejores resultados.

Así de tajante se mostraba el pintor Pablo Picasso con respecto a la dedicación y la disciplina creativa: “La inspiración existe… pero te tiene que encontrar trabajando”.

La inspiración aplicada a la estrategia de los negocios en la industria de la construcción constituye, por cierto, una premisa a tener en cuenta en épocas donde los mercados se vuelven muchísimo más competitivos.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

 


Entreplanosenero 6, 2020
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6min279

Nuestra industria ha presentado recientemente una serie de innovadores productos y sistemas “sustentables”, “sostenibles”, “ecológicos”, “verdes”, y un sinnúmero de otros adjetivos que resumen las virtudes de los mismos en atención a los efectos medioambientales de dichas apuestas. Muchos profesionales esperan una “solución salvadora” acerca de los parámetros ecosustentables de sus obras. En realidad, estimo que dichos sistemas resultan óptimos, siempre y cuando se integren en proyectos pensados desde el punto de vista del bajo mantenimiento físico de la obra, la recuperación de energías y fluidos no renovables, entre otros ítems, hoy de atención obligatoria.

El Arq. Cuauhtémoc García Ledesma, Catedrático de la Universidad Cuauhtémoc, Campus Aguascalientes, México, reflexiona al respecto: “La eficiencia energética es una de las principales metas de la arquitectura sustentable, aunque no la única. Los arquitectos utilizan diversas técnicas para reducir las necesidades energéticas de sus edificios mediante el ahorro de energía y para aumentar su capacidad de capturar la energía del sol o de generar su propia energía, así como también, en la captación de agua de lluvia. Entre estas estrategias de diseño sustentable se encuentran la calefacción solar activa y pasiva, el calentamiento solar de agua, la generación eléctrica solar, la acumulación freática o la calefacción geotérmica, y más recientemente, la incorporación en los edificios de generadores eólicos. Adicionalmente, contamos con la correcta orientación del edificio respecto a los puntos de sol y sombra, los muros térmicos, las azoteas verdes (con vegetación), así como el manejo de residuos”.

Este oportuno análisis nos conduce a pensar que los incas, los mayas y otras culturas antiguas eran absolutamente sustentables en sus formas de concebir los espacios para el hábitat. Porque, claro está, materializar obras sustentables no significa únicamente edificar casas de madera ni emplear materiales reciclados o reciclables, sino ofrecer una propuesta integral, que favorezca el equilibrio ecológico, la responsabilidad social y la eficiencia económica; para brindar una mejor calidad de vida a los futuros habitantes. Así, los profesionales necesitamos prestar más atención a las condiciones climáticas, la hidrografía y los ecosistemas del entorno en que se construyen los edificios, para obtener el máximo rendimiento con el menor impacto; la eficiencia y moderación en el uso de materiales de construcción, privilegiando los de alto contenido ecológico frente a los de bajo contenido; la reducción del consumo de energía para climatización, calefacción, refrigeración, iluminación y otros equipamientos, cubriendo el resto de la demanda con fuentes de energía renovables; la minimización del balance energético global de la edificación, abarcando las fases de diseño, construcción, utilización y terminación de su vida útil; el cumplimiento de los requisitos de confort térmico, sanitario, de iluminación y habitabilidad de las edificaciones; entre otros factores preponderantes.

Creo oportuno concluir esta reflexión con otro aporte del Arq. Cuauhtémoc García Ledesma: “En Guadalajara se acaba de construir un edificio sustentable que cuenta con “azoteas verdes”, impermeabilización ecológica, calentador solar, sistema fotovoltaico para iluminación, dispositivos ahorradores de agua, llaves automáticas, mingitorios secos, captación de aguas fluviales, materiales constructivos de la región, muebles de cartón y macetas de fibra de coco. Sin embargo, estimo que un buen ejemplo de arquitectura sustentable lo tenemos en la arquitectura mexicana de siglos anteriores, como por ejemplo, las casas mayas que fueron construidas con materiales de la región y responden a las condiciones del lugar como el clima, y al concepto de flexibilidad, o a la arquitectura de la época de la colonia, donde se manejaba el esquema de patio central que permite la ventilación cruzada, habitaciones altas con anchos muros (generalmente de adobe), como aislantes térmicos, e incluso, la captación de agua de lluvia en aljibes para darle usos domésticos”.

Reinventar estos sistemas, adaptándolos a los formatos de vida modernos, conforma el gran desafío.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosdiciembre 10, 2019
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5min170

Rojo, amarrillo, verde… Detenerse, esperar y avanzar. Tan elemental como imprescindible, el código de tránsito resulta inapelable y su inobservancia puede acarrear severas lesiones, cuando no, la muerte a partir de un accidente, siempre evitable. ¿Qué tal si imaginamos un semáforo encargado de regular la calidad en nuestra industria de la construcción?

Rojo: El comitente exige al profesional, justamente, profesionalismo. La frecuencia en que se incumple con el presupuesto y los plazos de obra han derivado en el deterioro de la credibilidad de los arquitectos. De esta forma, el profesional perdió reconocimiento social. El problema presenta dos aristas: Las especificaciones técnicas son pobres y existen dificultades ciertas en el empleo correcto de los materiales y elementos constructivos.

Amarillo: Cuanto mayor sea la dedicación al estudio de la documentación de un proyecto, menores resultarán las modificaciones en la etapa de ejecución y, como consecuencia, acotaremos la pérdida de tiempo y dinero

Verde: Cuando la obra se encuentra bien especificada, la construcción se torna menos aleatoria para la empresa constructora, resultando las cotizaciones más ajustadas y los plazos pasibles de un efectivo cumplimiento.

El cabal control de calidad en una obra de arquitectura se puede lograr, comenzando por lo más básico: Un listado de chequeo el cual conforma un sumario de ítems a controlar, a modo de ayuda-memoria, para la dirección de obra. Algo más complejo es el diseño de un panel de control, responsable de organizar el seguimiento de las distintas tareas a través de indicadores, por ejemplo, el comportamiento del personal o la gestión ambiental de la obra. Allí la clave radica en sistematizar los controles para aplicarlos como parámetros de referencia. Medir y cuantificar el trabajo permite organizarnos, defender las decisiones y corregirlas de resultar necesario. Durante muchos años las empresas más competitivas del sector han dispuesto de sistemas independientes para gestionar la Calidad (Sistema de Gestión de la Calidad), el Ambiente (Sistema de Gestión Ambiental) y la Prevención de los Riesgos Laborales (Sistema de Gestión del Riesgo Laboral). Actualmente, se gestiona de manera independiente la Calidad, la gestión Ambiental y la Prevención de los Riesgos Laborales. El documento que debiera regir la gestión Integrada de los tres sistemas es el Plan de Calidad para la obra, que entonces pasaría a llamarse Plan Integrado de Calidad (PIC). Las ventajas generadas resultan ser diversas pero las fundamentales radican en un ahorro económico, reducción de tiempos y capitalización de las sinergias, como por ejemplo, utilizar el mismo equipo humano (bien planificado y dimensionado) para la supervisión y gestión de la Calidad, de los aspectos Ambientales y de la Prevención de los Riesgos Laborales durante la construcción de una obra.

El Programa de Trabajos conforma un documento “vivo”, el cual debe revisarse y actualizarse permanentemente. El desarrollo de un buen Sistema de Calidad implantado en nuestra organización nos ayudará a llevar a cabo mejor los mencionados programas y sus revisiones, ya que nos aportará nutrida información y registros basados en datos reales, capaces de permitirnos contrastar la veracidad de nuestra programación de trabajos de partida (partes de trabajo, partes de maquinaria, No Conformidades e incidencias, controles de recepción y acopio, control de suministradores, control de cambios y modificaciones).

De esta manera, nuestro semáforo contaría con un aliado de valiosa actualidad, respetando los parámetros que hacen a la convivencia de los actores intervinientes en la materialización de una obra, para el efectivo cumplimiento, en tiempo y forma, de la misma.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosdiciembre 4, 2019
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5min194

Resulta imprescindible entender a la construcción sustentable no sólo acotada al estadío de materialización de la obra, sino a toda su vida útil. Estudios del ciclo de vida de las construcciones desarrollados en Europa, muestran que los costos iniciales de materialización de un edificio, representan un 15% del total, mientras que los costos de operación y uso de la obra implican el 85% restante.

Durante la fase de uso, el consumo de energía de un edificio constituye el aspecto ambiental más relevante, significando aproximadamente el 40% del total de la demanda energética de Europa, dividido en calefacción (52-57%, dependiendo del sector analizado), calentamiento de agua (25%) y electrodomésticos (11-16%, dependiendo del sector estudiado).

Los mencionados alcances permanecen fuertemente relacionados con la problemática del cambio climático, donde algunos análisis indican que un incremento de la eficiencia energética en las construcciones puede reducir las emisiones de los edificios en un valor cercano al 42%.

Desde su creación, la Subsecretaría de Vivienda de la Nación impulsó la aplicación, en las operatorias de viviendas ejecutadas a través del Banco Hipotecario Nacional, y posteriormente, del Fondo Nacional de la Vivienda, de las denominadas “Condiciones Mínimas de Habitabilidad”. El espíritu de estas normas fue el de asegurar, en las operatorias de viviendas financiadas con dineros administrados por el Estado, niveles mínimos que debían cumplimentar las viviendas en lo referente al diseño, calidad de terminación y confort. A los efectos de asegurar el cumplimiento, por parte de los constructores de estos niveles mínimos, se establecieron normas por parte de la propia Subsecretaria, del INTI y posteriormente del IRAM, a las cuales se debían ajustar los distintos materiales.

Es así, que en relación a las condiciones de bienestar y confort, se definen para los muros y techos en las distintas zonas climáticas del país, los valores admisibles de los denominados Coeficiente de Transmitancia Térmica “K”, Coeficiente Volumétrico de Pérdida de Calor “G” y la verificación obligatoria del riesgo de condensación de vapor de agua, superficial e intersticial.

Lamentablemente, un limitado y mezquino criterio de algunos funcionarios en nuestro país, en el sentido de pretender “abaratar” los costos de las viviendas, ha posibilitado que en algunas operatorias no se respeten las normas más elementales de acondicionamiento térmico en los edificios, permitiéndose el uso de materiales y elementos, en las cubiertas y muros, los cuales no verifican los mínimos requerimientos exigidos. Contemporáneamente, en la mayoría de los casos, los citados componentes tampoco verifican los requerimientos referentes a la resistencia y vida útil.

Entendemos que la envolvente de una caja arquitectónica, deberá proyectarse con materiales, los cuales, a la par de garantizar una estructura sólida y durable en el tiempo, cumpla con las Normas de Aislación Térmica y verifique una correcta posición del plano de condensación. Asegurando una estructura de las mencionadas características, podremos eventualmente, sacrificar niveles de terminación perfectamente implementables a posteriori, sin comprometer el fundamento material de la obra.

Lo contrario significaría hipotecar el futuro, pues una arquitectura concebida con materiales que no verifiquen las mínimas condiciones de habitabilidad, en lo que a aislación térmica y resistencia se refiere, no permite amortizar la inversión realizada, resultando directamente proporcional a un elevado costo energético e inversamente proporcional a su vida útil.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosnoviembre 22, 2019
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5min190

Cualquiera sea el método o la modalidad adoptada para la formulación del honorario por la prestación de un servicio profesional en el ámbito de la arquitectura, es conveniente que el mismo reúna las siguientes condiciones: Que resulte de fácil comprensión y permita al comitente conocer, desde los primeros momentos, el monto estimado del honorario; y sea de práctica utilización.

Se recomienda al arquitecto que en sus propuestas y contratos, además del honorario y su forma de pago, detalle las tareas y prestaciones a su cargo, cualquiera sea el tipo, envergadura y complejidad del encargo.

Es aconsejable señalar los servicios profesionales y gastos especiales excluidos. Aunque estos últimos figuran en el Arancel Profesional, es preferible aclarar dichos conceptos desde el principio, pues el cliente puede ignorar esas cuestiones y suponer que también forman parte o son complementarias del encargo, eventualidad la cual posteriormente, podría originar problemas. Cumplir esa recomendación presenta tres propósitos: Contribuye a evitar eventuales malos entendidos o situaciones litigiosas; pone en conocimiento del cliente los servicios que debe recibir y tiene derecho a exigir; y regula la relación prestación/honorario, que en caso de comparación con otras propuestas, puede evidenciar la diferencia en la cantidad y calidad de los servicios profesionales ofrecidos.

Cabe aclarar que los honorarios convenidos son para tareas de ejecución normal. En caso que la gestión del encargo se prolongue o discontinúe, siempre por causa no imputable al arquitecto o no constituya caso fortuito o causa mayor, los honorarios deberán ser reajustados para compensar las mayores tares y/o gastos improductivos originados.

Siempre debe aclararse la obligación, por parte del arquitecto que reviste la condición “IVA Responsable Inscripto”, de facturar ese impuesto según la condición del comitente. Conviene explicitar ese punto desde el primer momento al tratarse el tema honorarios.

El honorario debe asegurar que el arquitecto cubra los costos y gastos operativos necesarios para brindar un servicio profesional de la mejor calidad, en tiempo y forma, para lograr así obtener un razonable beneficio u honorario neto.

A los fines de salvaguardar este principio se recomienda al arquitecto, antes de proponer el honorario al cliente, establecer una comparación entre el monto aproximado de honorarios propuesto con el resultante de la aplicación de las disposiciones establecidas en el Arancel Profesional. Aunque este procedimiento no implica una garantía, es una primera comprobación de que el honorario puede ser correcto, especialmente, en encargos de mediana y reducida envergadura y complejidad.

En paralelo, el arquitecto estudiará sus costos y gastos para la producción y cumplimiento del encargo. A tal efecto, debe tener en cuenta los siguientes conceptos: Sueldos de profesionales, arquitectos, dibujantes, operador de CAD, personal técnico y administrativo en relación de dependencia; honorarios de especialistas, asesores o consultores; honorarios por gestión de trámites; retribuciones de personal afectado directamente al cumplimiento del encargo; retribuciones del profesional, arquitecto, dibujante, operador de CAD y personal técnico y administrativo; cargas sociales sobre los sueldos del personal en relación de dependencia, entre otros aspectos.

Por ello, el valor de un honorario sano y debidamente fundamentado, tanto técnica como comercialmente, aporta seriedad y justicia a la relación profesional entre un arquitecto y su comitente.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS



Auspician Entreplanos




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