Entreplanosabril 17, 2019
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  En promedio, más de la mitad del gasto energético de una vivienda proviene de la climatización. De esta forma, con un buen diseño y el uso de materiales capaces de optimizar la aislación térmica, se podrá reducir considerablemente el uso de energía y lograr espacios confortables para sus habitantes.

  El 58% del consumo energético medio de una vivienda proviene de la calefacción y la refrigeración, lo cual convierte a la aislación térmica en la variable clave de la construcción. Un adecuado aislamiento térmico en envolventes, es decir, paredes y techos, permite ahorros de hasta el 40% en la tarifa de gas y electricidad, al disminuir los consumos en calefacción y aire acondicionado. Al momento de construir, la inversión en aislación térmica es sólo de entre un 2 a 3% mayor. Dicho costo adicional en el presupuesto se amortiza directamente por el menor gasto desembolsado en la compra de equipos de climatización, muchas veces sobredimensionados. En este contexto, resulta importante tener conciencia no sólo de los aspectos económicos, sino también, de los ambientales, ya que aislar convenientemente habilita a un uso racional y eficiente de recursos cada vez más escasos y no renovables.

  La energía más limpia es aquella que no se consume, y la más económica la que no se pierde. Utilizar materiales y elementos sustentables deriva en una inteligente inversión, que retorna en ahorro energético, por ende, en dinero y en calidad ambiental.

  Para lograr una buena aislación térmica es importante analizar las solicitaciones a las cuales se verá sometido cada muro, su asoleamiento y orientación, para luego, utilizar el bloque adecuado. Adicionalmente, los morteros y revoques serán correctamente dosificados y ejecutados, aplicando los agregados necesarios para garantizar una buena aislación térmica e hidrófuga.

  Teniendo en cuenta que la pérdida de calor por transferencia en las envolventes externas representa entre el 60% y el 80% de la pérdida total de calor en un edificio, se debe poner especial foco en la mejora de su rendimiento térmico. Para ello se deberá, además, proponer soluciones que no encarezcan significativamente el proyecto, que no retrasen el tiempo de construcción y no sacrifiquen metros construibles.

  La necesidad de aislar térmicamente un edificio se encuentra justificada por cuatro razones: a) Economizar energía, al reducir las pérdidas térmicas por los cerramientos; b) Mejorar el confort térmico, al acotar la diferencia de temperatura de las superficies interiores de las paredes y el ambiente interior; c) Eliminar los fenómenos de condensación, y con ello, evitar humedades y pérdida de aislamiento en los cerramientos; y finalmente d) Mejorar el entorno medioambiental, al minimizar la emisión de contaminantes asociada a la generación de energía.

  Un cerramiento vertical, correctamente dimensionado y aislado, garantiza el confort térmico y acústico, también la salud interior y la vida útil de sus componentes. Una adecuada aislación permite el uso racional y eficiente de recursos energéticos fósiles cada vez más escasos y no renovables. La tendencia del siglo XXI radica en desarrollar cerramientos con mayor capacidad aislante. Las variables fundamentales de diseño son el espesor y la densidad de los materiales empleados. Para un determinado espesor, un material de baja densidad puede aportar un buen aislamiento térmico. Por el contrario, al utilizar materiales de alta densidad puede que no se alcance el adecuado aislamiento térmico, ya que se caracterizan por su alta conductividad térmica, aunque también pueden aportar inercia térmica por su alta capacidad de acumulación.

  La utilización de sistemas constructivos termoeficientes implica una inversión adicional de entre el 12% y el 42%, con un retorno de, aproximadamente, un 60% de ahorro en energía destinada a la climatización. La incidencia promedio analizada en una obra, dependiendo de las particularidades del proyecto, es de entre el 3 al 5% en edificios en altura y entre el 8 al 11% en viviendas unifamiliares.


Entreplanosabril 10, 2019
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  La industria de la construcción constituye uno de los motores de la economía de nuestro país, tanto en infraestructura pública como de obras particulares, conformando un sector el cual refleja, indefectiblemente, los índices de crecimiento económico y el nivel de vida de sus ciudadanos.

  La responsabilidad social de las Empresas Constructoras asume un objetivo inseparable de las políticas empresariales. La construcción de obras no solamente permanece enfocada en la realización de un contrato, sino además, en mejorar la calidad de vida de una comunidad.

  El servicio al cliente deberá contemplar, más que una estructura, una estrategia encaminada a modificar los sistemas empresariales, utilizando la tecnología no solamente aplicada en los equipos de construcción, sino en esquemas de información, ofreciendo nuevas alternativas (ecológicas, económicas, tecnológicas, etc.) capaces de desarrollar mejores prácticas para lograr un cliente satisfecho, como así también, atender las expectativas y requisitos de las partes interesadas en las mismas.

  Entregar los proyectos con los mejores estándares de calidad crea confiabilidad, otorgando como beneficio económico empresarial una activa y abundante cartera de clientes. Es decir, tomar como objetivo la calidad constructiva optimiza la calidad de vida del individuo, pero paralelamente, brinda y brindará, sin lugar a dudas, notables beneficios inmediatos y futuros para las empresas constructoras, cooperando a mejorar sus desempeños globales y proporcionando sólidas bases para las iniciativas de desarrollo sostenible.

  El costo de la no calidad, conocido también como el “precio del desvío”, permanece compuesto por aquellos gastos generados a partir de ineficiencias o errores que muchas veces resultan ser evitables, como por ejemplo, incumplimientos, desperdicios, devoluciones, reparaciones, retrabajos, imprevistos, costos por atención ante quejas o exigencias del cumplimiento de garantías, los cuales potencialmente, pueden convertirse en conflictos legales.

  El enfoque basado en la Calidad tiende a desarrollar la capacidad de proporcionar productos y servicios los cuales satisfacen, no solo los requisitos de los clientes, sino también, los legales y reglamentarios. Este enfoque amplio permite mejorar la satisfacción de los clientes abordando riesgos y oportunidades con las particularidades de cada proyecto. En paralelo, permitirá mejorar los niveles de productividad en las obras, beneficiando la rentabilidad de las mismas y de las empresas en el largo plazo.

  Adoptando la definición de las Normas ISO 9000, podemos afirmar que “Calidad es el grado en el que un conjunto de características inherentes del producto o servicio cumple con los requisitos (necesidad o expectativa, generalmente implícita u obligatoria) de las partes interesadas”.

  El personal encargado de cualquier fase de la obra constituye el primer eslabón en la cadena de la Calidad, puesto que cualquier fallo de la persona restará calidad al conjunto. Por ello, el Compromiso de las Direcciones, tanto de las casas matrices como de cada una de las obras y las políticas de las empresas al respecto, son fundamentales para el proceso cultural que implica incorporar a la calidad como aspecto clave del negocio y de la vida de las empresas, a efectos de cumplir los compromisos con los mayores beneficios posibles.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

 


Entreplanosmarzo 20, 2019
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  La construcción, en nuestra región, se lleva a cabo a partir del agotamiento o mal uso de los recursos, con la consecuente degradación de los espacios naturales, el exponencial incremento de la demanda energética y la contaminación ambiental.

  En la Argentina, se obtenía gas a bajo costo, comparativamente con lo corroborado en la mayoría de los países del mundo, gracias nuestras propias reservas naturales. Por otro lado, hasta ahora no ha sido un problema, como sí lo es en otras partes del mundo, la escasez de agua ni de otros recursos naturales como la madera. Dichas potencialidades, propias de nuestro país, hacen que la industria de la construcción -salvo honrosas excepciones- no tome conciencia de la necesidad de pensar en el ahorro de energía.

  Como consecuencia, se puede estimar que más de la mitad de las viviendas construidas en nuestro medio, teniendo en cuenta a las realizadas a través de la autoconstrucción-, no son eficientes en cuanto al ahorro de energía, vale decir, las casas nacen “enfermas”. Necesitan constantemente de medios mecánicos externos para lograr alcanzar un aceptable confort higrotérmico, generando un costo innecesario el cual podría ser prevenido al momento de diseñar y construir la obra encomendada.

  A partir de los años 70 del siglo pasado, los países desarrollados pusieron de manifiesto la necesidad de impulsar el ahorro energético en vistas al creciente costo del petróleo. El foco de la crisis energética del año 1973 provocó que la humanidad toda se plantee la necesidad de reconsiderar el gasto energético de sus edificaciones. En los últimos años, la redacción del Acuerdo de Kyoto torna mucho más evidente la importancia del mencionado ahorro.

  Estudios realizados en los Estados Unidos sobre el problema energético demostraron fehacientemente que el 25% del consumo total de energía, en sus diversas formas, se emplea en la climatización de construcciones. De dicho porcentaje, actualmente resulta factible reducir el consumo en un 50%.

  Un edificio, adecuadamente diseñado, conforma un instrumento de captación, acumulación y distribución de energía. Resulta entonces fundamental comprender que la arquitectura debe necesariamente adecuarse a las condiciones bioclimáticas que la circundan. De esta forma, el profesional del diseño descubrirá las formas de cada lugar, y aliado con la actual tecnología más la correspondiente investigación, procurará aprovechar sus ventajas.

  De acuerdo con estudios formulados, se podría economizar aproximadamente el 40% de la energía empleada en los edificios, aplicando tecnologías eficientes. Es posible lograr una interesante economía energética mediante un adecuado criterio de diseño tendiente a mejorar la relación superficie-volumen. Es bueno comprender que los fenómenos higrotérmicos analizados se originan, por lo expuesto, en la envolvente del edificio.

  Las nuevas legislaciones, como la Norma IRAM 11.900 de Etiquetado de eficiencia energética de calefacción para edificios. Clasificación según la transmitancia térmica de la envolvente, la Ley 13.059 de la provincia de Buenos Aires y los apartados específicos del recientemente sancionado Código de Edificación de la ciudad de Buenos Aires, resultan indicativas de la creciente tendencia capaz de mejorar el comportamiento térmico de los edificios.


Entreplanosmarzo 13, 2019
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  Las infiltraciones de aire y la falta de estanqueidad de una caja arquitectónica pueden llegar a representar pérdidas significativas cuando se trata de grandes superficies expuestas, por lo tanto, resulta aconsejable la utilización de sistemas aislantes térmicos capaces de mejorar la performance de los edificios.

  En la actualidad, hemos escuchado mucho hablar de productos que cuidan del medio ambiente mediante el reciclaje de algunos de sus desechos; logrando verdaderos ahorros de inversión. También se conceptualizan organizaciones las cuales, sin buscar mejoras económicas, nos capacitan acerca de los recursos no renovables. Esta toma de conciencia se desarrolla en forma contundente y merece nuestra completa atención. Temas tan lejanos como el agotamiento de las reservas y la conservación de la energía, no necesariamente derivan en incrementos económicos en nuestras obras, si ellas son concebidas desde su inicio con una verdadera política de ahorro energético. Los “sistemas de conservación pasiva”, si bien no representan grandes costos, demandan por parte del profesional un cabal conocimiento de los materiales y sistemas constructivos.

  Realizando un buen diseño de nuestras obras, más una correcta utilización de los recursos, podemos contribuir con el ahorro energético. La correcta orientación del edificio; en función del sol y el viento, logran que desde el mismo proyecto se ubiquen los servicios al Sur. Así se evita un consumo energético extra en invierno derivado en la calefacción de dormitorios, sala de estar y otros locales mal orientados, los cuales sufren gran cantidad de pérdidas de calorías, verificadas al desarrollar el balance térmico. La forma de la planta del edificio implica una gran incidencia energética, puesto que la geometría cuadrada -por ejemplo- resulta ser mucho más eficiente. Se optaría, de ser posible, por un desarrollo rectangular con su eje en la dirección Este-Oeste y su fachada mayor dispuesta hacia el Norte.

  Como podemos apreciar, no existe en muchos casos ningún tipo de inversión extra en nuestro presupuesto, pero una correcta disposición del edificio y sus locales derivan en apreciables ahorros energéticos futuros a lo largo de la vida útil de la obra construida.

  El tipo de cerramiento elegido conforma otro de los factores determinantes a la hora de optimizar nuestros recursos energéticos. Si bien la iluminación natural resulta indispensable para colmar nuestras obras de vida, a veces subestimamos el negativo impacto de las grandes superficies vidriadas orientadas al Oeste, y en verano, totalmente inutilizadas de no ser por un buen sistema de climatización. Podemos sugerir entonces, disponer de otras orientaciones más beneficiosas o utilizar los vidrios adecuados para garantizar un razonable equilibrio de la relación diseño/costo energético.

  La Transmitancia Térmica “K” (W/m2ºK) se define como la inversa de la Resistencia Térmica “R” (m2ºK/W). Su cálculo se desarrolla utilizando el método y los valores normalizados de Resistencias Térmicas y Conductividades Térmicas “X” (W/mK), indicados en la Norma IRAM 11.601 y empleando la guía para la aplicación de la misma. Se deberá confeccionar una planilla de cálculo para verificar el Coeficiente de Transmitancia Térmica “K” para cada componente de la envolvente (IRAM 11.601 tabla C.1), tanto para la condición de verano como de invierno. En esta planilla se deberá especificar cada una de las capas que conforman el cerramiento, definiéndose claramente las características de cada elemento, especificándose su espesor, su conductividad y resistencia térmica.

  Actualmente, no colma expectativas el diseño de un producto arquitectónico rotulado como “sostenible”. La industria de la construcción, si desea afianzar la vigencia de sus negocios, tiene la responsabilidad -y oportunidad- de activar el circuito del cambio, empezando por sí misma, garantizando de esta manera, una positiva proyección sobre la sociedad del siglo XXI.

 

Escribe: Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosfebrero 27, 2019
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La energía calórica actual para una vivienda con un buen nivel de aislamiento térmico (Muros y Techos), puede dividirse en un 40% para la instalación sanitaria (agua caliente) y 60% para la instalación de calefacción. Podríamos ahorrar entonces el 80% de la energía demandada en una vivienda para el calentamiento del agua y hasta un 50% destinada a su calefacción aplicando los avances tecnológicos.

De esta forma, es posible lograr una interesante economía energética mediante un adecuado criterio de diseño tendiente a mejorar la relación superficie-volumen. Es bueno comprender que los fenómenos higrotérmicos se originan en la envolvente edilicia. La responsabilidad de los arquitectos e ingenieros en este campo resulta ser trascendental, dado que sólo a partir de condiciones interiores adecuadas en las obras proyectadas, podremos involucrar al usuario en la responsabilidad que mantiene dentro de la cadena de consumo de energía.

Los denominados Costos de los Servicios Energéticos (CSE), representan aproximadamente más del 15% de los gastos de una vivienda. Por lo tanto, con la participación de todos los sectores, habremos logrado evitar el derroche de energía sin afectar la calidad y confort de las condiciones interiores. Consideremos en paralelo el concepto de “Pobreza energética”, vale decir, aquellas familias que destinan más del 10% de sus ingresos en los mencionados CSE.

El efecto invernadero a nivel global, el agotamiento de las fuentes de energía no renovables,  la posibilidad técnica de mejorar el hábitat desde el exterior de la vivienda, y la degradación de las envolventes, imponen la creación de proyectos responsables de beneficiar a los habitantes de las ciudades. Las urgencias que nuestro medio ambiente suma con cada desastre natural, acelera los tiempos de aplicación de aquellas formas de construcción ecológicamente compatibles. Ante las afectaciones que nuestro clima evidencia, el desafío consistirá en cómo crear conciencia respecto de que el futuro es hoy, reafirmando que las fuentes naturales, de entrañable nobleza, no son inagotables. Los profesionales debemos constituirnos en actores superlativos de un cambio radical, asumiendo una actitud más solidaria y comprometida con el contexto propuesto por el medio. Cabe recordar la reflexión realizada por el sociólogo italiano Francesco Tonucci, cuando sentencia: “La generación de finales del siglo XX será la primera en la historia de la humanidad capaz de afectar negativamente las perspectivas de vida de la siguiente generación”.

Nuestros desafíos como país periférico son importantes. En este sentido, todo avance capaz de alcanzar un hábitat sustentable es plausible. En este sentido, proyectar y construir no conforman tareas menores, ya que revisten una enorme responsabilidad. Cada vez que elegimos un determinado sistema constructivo, allí, en la pantalla de CAD; es imprescindible reflexionar, pensar, crear, optar y teorizar.

Proyectar el entorno humano, organizarlo y gestionarlo integralmente, requiere de distintas disciplinas. Las mismas centran su atención en el medio físico, la sociedad y la cultura, tales como la geografía, la sociología, la hidrografía, la biología, la ecología o el planeamiento urbano y territorial. En los últimos cincuenta años, el avance de las metrópolis y de ciertas políticas desatendió funciones básicas tendientes a garantizar un medio físico adecuado a los fines de promover la calidad de vida presente y futura. Evidentemente, los sectores geográficamente más desprotegidos, fueron los que directamente recibieron los embates de dichas acciones, desde el punto de vista de la calidad de los servicios recibidos.

Los porcentajes y valores en torno a la eficiencia energética hoy son vistos con ojos de alarma y esperanza. Son números que apuestan, en el tablero de las decisiones técnicas, a una actitud superadora de los convencionalismos formales de nuestra industria de la construcción.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosfebrero 13, 2019
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  La necesidad de crear grandes infraestructuras y la posibilidad de hallar en la industrialización una fuente técnica inmejorable, fuera de las grandes operaciones edificatorias, pone en evidencia la posibilidad de generalizar los sistemas, e incluso, la economía de los métodos. El desarrollo de estos elementos ha llevado a un gran avance en cuanto a la sustentabilidad de los sistemas constructivos, sumado a la incorporación de novedosas técnicas dentro de la edificación convencional. La tendencia en la aplicación de dichas técnicas, en diferentes tipos de edificaciones, resulta creciente a la hora de incorporar elementos estandarizados y coordinados, repercutiendo en una notable mejora de la calidad y versatilidad de las obras.

  “Construir”, “ejecutar”, implica poner en presencia elementos materiales y trabajo productor, ya fuese manual o mecanizado, utilizando a dichos efectos el bagaje tecnológico. El trabajo productor del “construir”, es conducido y obedece a un proceso técnico predeterminado, cuyo resultado es el producto elaborado: “La obra”. Estamos, por lo tanto, en presencia de un proceso de tipo industrial. En la evolución de los sistemas de producción, los pasos iniciales encuentran su origen en la artesanía. La industria se concentra en el maestro de oficio, dueño de sus herramientas y fuerza de trabajo. En la marcha acelerada del tiempo, la humanidad avanza categóricamente encaminada por el progreso científico, expresado en el avance tecnológico y centrado en la tecnificación laboral.

  Tecnificar el trabajo productor, significa brindar al elemento transformador, el trabajo más equipo tecnológico, y por lo tanto, más energía que lo impulse y mayor organización, equivalente a racionalizarlo conforme a las normas científicas. Dentro de esta evolución hacia el trabajo tecnificado, el obrero constructor tiende a ser un conductor o espectador-vigilante de su herramienta. El objetivo y resultado radica en un aumento de la productividad por hombre, con el impacto directo de un menor esfuerzo humano en cantidad y específico.

  A los mencionados fines concurre la concepción arquitectónica y estructural de una obra, la aplicación de la industrialización, normalización y modulación de diversos elementos, la mayor mecanización que opera -incluso- en los métodos de trabajos convencionales. Este conjunto de elementos introducido en los sistemas constructivos concurren a tipificar y estandarizar las obras, y continúan abriendo las brechas responsables de acentuar, día a día, una organización más racional del trabajo productor.

  La innovación no ha de confundirse con el progreso técnico ni con la invención. Durante el período que precedió a la revolución industrial del siglo XVII, sucedieron numerosos progresos técnicos, muchos de ellos producto de la casualidad. Dichos progresos mejoraban notablemente las condiciones de producción, pero no fueron suficientes para derivar en un cambio radical. Generalmente, una innovación provoca otras; establece un desequilibrio en los procesos de producción en la medida en que ciertos grados de dicho proceso ya no se adaptan a las posibilidades y nuevas trabas introducidas por la innovación. Por lo tanto, un proceso de producción no puede soportar variaciones tecnológicas demasiado importantes entre los diferentes estratos integrantes.

  En nuestro país, la situación ha evolucionado singularmente gracias a la actuación, desde el año 1970, de la Secretaría de Vivienda, organismo que por intermedio de la Dirección de Tecnología y Producción, continúa otorgando el CAT (Certificado de Aptitud Técnica). Dicho “Certificado” es condición necesaria y suficiente para toda construcción desarrollada con Fondos Oficiales.

  No siempre resulta fácil presentar pruebas de que un nuevo producto (material, elemento componente o sistema constructivo), satisface a la demanda mejor respecto de aquel el cual se desea sustituir. Tratándose de la construcción de edificios, ello obedece a que la calidad, en el concepto de la mejoría, deriva de las tecnologías tradicionales, lo cual tiende a desechar “a priori”, ciertas innovaciones tecnológicas.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosfebrero 8, 2019
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  El profesional de la industria de la construcción del siglo XXI se presenta como un creador que realiza y ejecuta mediante la aplicación de la técnica. Debe asimismo, considerar sus realizaciones dentro de las necesidades o servicios económicos capaces de sustentar “la obra”, a los efectos de que la misma resulte posible, sumamente útil o retributiva a la sociedad.

  Dentro de esa evolución, el ser primitivo buscó y no construyó su guarida natural, como las cavernas y las grutas. Con el avance de sus facultades intelectuales, perfecciona o modifica dichos elementos ofrecidos generosamente por la naturaleza. En el comienzo de la era histórica, el hombre había iniciado la “edificación de su vivienda”, acumulando piedras en forma de muros, cubiertas con leños y otros materiales. Ulises, en “Prometeo Encadenado”, hace 2.500 años, informa que el Hombre primitivo se amparaba en las cuevas naturales, por ello se le llamó “El hombre de las cavernas”.

  La paleontología, la paleoarqueología y la arqueología, son las fuentes, anteriores al período protohistórico, responsable de acercarnos datos precisos acerca de las primeras viviendas del hombre, entre ellas -las ciudades lacustres-, edificadas sobre verdaderos pilotajes de troncos. Continúan a las ciudades lacustres, la construcción de viviendas en terrenos elevados, a las cuales se ascendía mediante monumentales escalinatas, agregando con dicho recurso valores defensivos.

  Las verdaderas manifestaciones del poder constructivo del Hombre, aparecen en la China meridional, Egipto, el Indostán del norte, pasando a Caldea, Asiría y los pueblos Hititas y Sumerios, los Mesopotámicos y Babilónicos, ciudad de Ur, Palestina, Fenicia, ingresando por esta vía al Mar Egeo.

  La casa “Domino” constituye el primer proyecto de industrialización sustentable de la construcción. Esta magistral obra llevada adelante por el ingenio racionalista de Le Corbusier, conformaba un proyecto de fabricación de casas en serie que permitiría realizar, en pocas semanas, una estructura de hormigón. De allí el juego con la palabra “Domino” como nombre industrial patentado, capaz de denotar una casa tan estandarizada como el popular juego. Además, la distribución en zigzag de una agregación de estas casas se parecía a las formaciones de una partida de dominó, provocando una amplia tipificación de las partes fabricadas. En sus casas “Dominó” Le Corbusier formuló, por primera vez y de manera contundente, los conceptos de racionalidad y funcionalidad totales. Deseaba ver en ese desarrollo una pieza de equipo análoga en su forma y modalidad de construcción, a un sistema típico de diseño de producto, la que Le Corbusier denominaría “Máquina de habitar”.

  Aunque no superaron la fase de simples proyectos no realizados, ya que esta producción sólo podía ser obtenida a través del ejercicio de capacidades de alto nivel bajo condiciones de fábrica, y la utilización de mano de obra especializada, estos planes caracterizaron la posterior evolución de las ideas arquitectónicas y urbanísticas de Le Corbusier.

  Aún en nuestros días, la industrialización sustentable se define como el intento de sistematización y coordinación entre los distintos elementos constructivos destinado a facilitar su materialización en obra, concepto que de una forma u otra, ha permanecido presente en la industria de la construcción.

  Le Corbusier y todo el Movimiento Moderno, formalizó una potente contribución a la actualización de las tecnologías constructivas, para acercarlas a la nueva realidad que experimentaba el hombre moderno.

  La aparición masiva de estas propuestas de materialización de obras vive hoy un gran impulso en todo el mundo, debido entre otros puntos, a la gran necesidad de construir obras en forma numerosa, económicamente accesible y rápida, necesidades originadas en las migraciones, la creación de nuevos centros urbanos y una imparable explosión demográfica.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosenero 23, 2019
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  Cuando recorremos obras de arquitectura de otros países, o cuando nos llega información técnica, miramos esperanzados algunas hazañas constructivas con la nostalgia de poder lograr ese alto grado de desarrollo, capacidad de producción, precisión y ajuste, aunque casi simultáneamente, nos planteamos una pregunta: ¿Será posible actualmente en la Argentina desarrollar los pasos necesarios para lograr un mayor grado de sustentabilidad en la construcción de nuestros edificios?

  Si la respuesta fuese afirmativa: ¿Qué aspectos deberíamos garantizar a nivel institucional, empresario, profesional e individual para lograrlo, pensando que la sustentabilidad no es un fin en sí mismo, sino un método capaz de optimizar los recursos y mejorar el rendimiento?

  Como toda actividad económico-productiva de un país, la construcción aglutina una múltiple variedad de factores relacionados en forma más estrecha o lejana a los diversos sectores comprometidos en la misma. Es así que la construcción -la “industria madre”- no escapa a la regla general comprendiendo su desarrollo la evolución de varios sectores ligados a la investigación, profesionales independientes, Estado, empresas, etc.

  Entender que la sustentabilidad no tiene futuro, sino presente, es la clave de nuestro éxito como técnicos solidariamente comprometidos con la sociedad. Si visualizamos que las nuevas formas de construir nos brindan recursos capaces de solucionar satisfactoriamente nuestros edificios, en los plazos y costos previstos, con un mínimo esfuerzo, instalaremos una ley humana capaz de regularnos a todos.

  Necesitamos innovar. Basta recordar la construcción del Crystal Palace en Inglaterra, en el año 1851, donde se aplicaron por entonces modernos conceptos de modulación, industrialización de elementos, sistemas de montaje, etc., concebidos y planeados con un significado básico: La industrialización de la construcción. Desde luego, de acuerdo con los medios y conocimientos de aquella época. Es así como una cuidadosa planificación, basada sobre investigaciones, estudios y trabajos previos, permitió levantar ese monumental edificio, con una superficie cubierta de más de 70.000 metros cuadrados, en menos de cuatro meses.

  La construcción sustentable es aquella cuyas partes constitutivas son, en su mayoría, ejecutadas en serie y en taller, con la precisión de los métodos industriales modernos, para formar un sistema constructivo coherente y satisfactorio, según sea su destino, con condiciones normales de resistencia, aspecto, habitabilidad, confort y duración, presentando un mínimo de mantenimiento.

  En razón de una fase de montaje precisa y detallada, una construcción podrá ser ejecutada por mano de obra no especializada, rápidamente, sin esperas, retoques ni modificaciones de importancia, por medio de operaciones simples de montaje, presentación y unión, reduciendo a un mínimo las tareas de terminación. Nunca se ha hablado tanto como en la actualidad de la industrialización de la construcción, aunque por supuesto, el tema no constituye novedad alguna.

  La industrialización de los sistemas constructivos sustentables se ha transformado en una imperiosa necesidad, un proceso de sistematización que debe y merece ser atendido, estudiado y desarrollado con suma prudencia, para alcanzar las más nobles y positivas metas.

  El tercer milenio encuentra al planeta con una población total que ronda los 6.000 millones de habitantes. No obstante, un informe presentado en la Asamblea de las Naciones Unidas estima que el 50% de la población del mundo vive en casas con diferentes grados de deficiencia y mal equipadas, hacinadas o en condiciones ambientales inadmisibles. El derecho a la vivienda es una equidad de los seres humanos, una elemental condición de la ciudadanía. De todas formas, los requisitos para un cobijo son distintos dependiendo de muchos y diversos aspectos, como la situación geográfica, el clima, la sismicidad, la economía y los conceptos sociales.

  El uso de productos altamente sustentables significará concretar una verdadera revolución dentro de los sistemas constructivos. Se presentarán diferentes y nuevos problemas, pero también, esperanzadoras soluciones.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosdiciembre 28, 2018
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   Durante la etapa de planificación del proyecto debemos configurar el Plan del Proyecto, el cual debe ser conocido por todos los participantes y colaboradores. No sirve fijar una fecha para entregar un cálculo de estructuras, por ejemplo, y que el calculista no la conozca o no la pueda cumplir. Por ende, el plan debe ser aprobado por todos aquellos involucrados, a fin de que cada uno tenga oportunidad de analizar su viabilidad. Una vez aprobado el plan pasaremos a elaborar un diagrama de Gantt, donde se disponen cada una de las tareas, sus dependencias, fechas y responsables. Este diagrama deberá ser actualizado periódicamente ya que el control del proyecto consiste en verificar la optimización del tiempo y el presupuesto. Cualquier desviación deberá ser analizada con los responsables de las tareas sucesoras, a fin de tratar de volver al equilibrio de tiempos. Del plan de proyecto surgirá la asignación de recursos donde identificaremos la existencia de duplicidades de tareas para un mismo recurso, ya que podrían verificarse superposiciones, y por ende, una cierta posibilidad de incumplimiento.

   Una vez elaborado el plan del proyecto, la documentación técnica y tener el visto bueno del comitente procedemos a la ejecución de la obra. Ello implica una dirección de obra y un seguimiento del proyecto. La dirección de obra puede o no ser contratada con el Estudio proyectista. En caso de contratarse la dirección de obra, se asesora al comitente respecto de la constructora que ejecutará la obra. Se da por válido el consentimiento por parte de la constructora respecto del plan del proyecto, para luego formalizar el seguimiento del desarrollo de la obra. Aquí nuestra responsabilidad será la ecuación costo-calidad-tiempo. El ejercicio profesional se oficializa mediante la apertura del libro de Órdenes de Servicios, donde se volcará diariamente la orden del día para que el Jefe de Obra pueda administrar los recursos y materiales necesarios. A su vez, se comunicarán los desvíos a fin de actualizar el Plan del Proyecto, culminando con la firma del “Final de Obra”, donde tanto la constructora como el director de obra suscriben un documento manifestando la conclusión de las tareas según los requerimientos primigenios, los cuales encuentran suficiente sustento en la Carpeta Técnica elaborada por el profesional proyectista.

   La elaboración del plan de cuentas y los análisis mensuales contarán con la inestimable asistencia de un profesional contable, más allá de cualquier método secundario de control. El profesional contable está más preparado para elaborar indicadores que nos permitan verificar la marcha económica. La experiencia, a su vez, nos brindará indicadores de dónde hacer foco, a fin de tener los costos bajo control para no perjudicar el beneficio económico, a riesgo incluso incurrir en pérdidas. Ello a su vez nos permitirá ir afinando el precio de nuestra hora de trabajo, tanto para facturar como para compararlo con el valor de mercado.


Entreplanosdiciembre 12, 2018
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     El compromiso de nuestros empleados resulta ser una pieza clave para el logro de la calidad. Con una sana política interna, la empresa logrará fomentar la motivación, participación, formación y el desarrollo de todos los miembros de la organización para conseguir el éxito de la compañía. Los proveedores y subcontratistas, en paralelo, también resultan ser importantes engranajes de la maquinaria que conforma nuestro negocio.

     Consideramos como colaboradores a nuestros proveedores y subcontratistas, buscando el beneficio mutuo, poniendo empeño y creatividad conjuntos para repercutir al cliente las mejoras en calidad y servicio, estableciendo de ser posible, relaciones a largo plazo. La mejora continua del Sistema de Gestión de Calidad es fundamental para nuestro éxito Debemos siempre apuntar a la excelencia de nuestras obras, nuestros servicios, nuestras capacidades técnicas, nuestras relaciones humanas y nuestra competitividad, midiendo nuestros procesos y objetivos. La calidad es responsabilidad de todos. La calidad se hace fundamentalmente a través de la prevención antes que de la inspección. Cada uno es responsable de la calidad de los productos y servicios que genera. El respeto a la sociedad y al medio ambiente es un elemento indispensable de nuestras actividades. Con ello buscamos aportar una contribución positiva a la sociedad, respetando el medio ambiente durante nuestro trabajo.

     La International Organizaron for Standardizaron (ISO) es una federación mundial de organismos nacionales de normalización (comités miembros de ISO). Los comités técnicos de ISO se encargan, por lo general, de la elaboración de normas internacionales, mientras que los comités miembros nacionales interesados, por un tema particular, se preservan el derecho de formar parte del comité técnico creado para ese efecto. Las organizaciones internacionales, tanto gubernamentales como no gubernamentales, relacionadas con ISO participan igualmente en esos trabajos. La publicación, en el año 1987, de las Normas Internacionales de la serie ISO 9000 obedeció a exigencias básicas de los programas genéricos de gestión de calidad.

     Las normas de la serie ISO 9000 están redactadas en términos genéricos y son igualmente aplicables a empresas de servicios tales como empresas constructoras, bancos, hospitales, hoteles y restaurantes. Se desarrollaron principalmente para ser aplicadas dentro de las empresas y en las relaciones entre comprador y vendedor. Esta última aplicación implicaba para las empresas la posibilidad de evaluaciones múltiples y, en cierto número de países, la práctica de confiar la evaluación de sistemas de calidad de proveedores a organismos terceros, lo cual se ha desarrollado rápidamente.

     En la actualidad, no existe ningún mecanismo de ISO que rija el reconocimiento mutuo de certificados de registro emitidos por organismos terceros a empresas cuyos sistemas de calidad hayan sido evaluados. Sin embargo, para promover la convergencia entre las normas nacionales, el Comité del Consejo para la evaluación de la conformidad (ISO/ CASCO) ha preparado y publicado guías que forman parte de la colección de guías ISO/IEC. Algunas guías son aplicables directamente, como es el caso de la guía ISO/IEC 40 “Requisitos Generales para la Aceptación de Organismos de Certificación” y de la guía ISO/IEC 48 “Requisitos para la Evaluación y el Registro por Terceros del Sistema de Calidad de un Proveedor”, las cuales han sido adoptadas en muchos países, tanto en sus reglamentos sobre programas de certificación como en normas nacionales o en normas regionales. Tal es el caso de las Normas Europeas de la serie EN 45000 de CEN/CENELEC.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS



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