Alejandranoviembre 25, 2020
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9min557

Fuente: Manual de Ejercicio Profesional del Arquitecto (MEPA)

Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU)

El análisis del costo de una obra no debe hacerse en forma aislada, sino que debe referirse a la calidad a obtener a determinado costo. La verdadera economía se logra, por lo tanto, cuando se trabaja en conjunto con los dos miembros de la relación costo/calidad.

Cuando se habla de dicha relación, generalmente, se hace referencia a las cualidades que, en mayor o menor grado, pueden ser medidas u observadas. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que existen calidades que dependen de juicios totalmente subjetivos basados en cualidades no mensurables por vía experimental, y que por lo tanto, no pueden responder a pautas prefijadas.

La calidad del espacio arquitectónico o la ponderación de un edificio como integrante del espacio urbano no son mensurables porque pertenecen al rango de los valores y aunque pueden incidir en el precio de un edificio, nada tienen que ver con su costo de construcción.

Nunca se debe sacrificar calidad bajando el nivel de las especificaciones como un medio para reducir los costos. En cambio, se deben estudiar variantes de proyecto o sistemas constructivos y tener en cuenta que la heterogeneidad de productos, elementos, equipos y sistemas que ofrece el mercado tiene tal vastedad que la gama de sus costos es también muy amplia. También debe tenerse en cuenta que cada decisión tomada durante las etapas de proyecto y construcción determina una calidad definida e implica una doble relación con respecto a los costos: Por un lado el costo inicial, y por otro, la incidencia en los posteriores costos del uso y mantenimiento.

Los tiempos como referentes de los costos

La ecuación o relación costo / calidad que se comenta en el título anterior es un enfoque simplista que, para facilitar la introducción al tema, omite una parte del problema, que en realidad incluye un tercer ingrediente: Los tiempos que insume la totalidad del proceso, desde el anteproyecto hasta la terminación de la obra. En la actualidad, no abundan las obras realizadas en plazos razonables: Buena parte de ellas deben concebirse, proyectarse, documentarse, licitarse, contratarse y construirse bajo la presión de cronogramas exigentes. Comitentes y arquitectos deben ser conscientes de que, así como los plazos muy ajustados traen aparejadas ciertas ventajas, como una más rápida disposición del edificio o la posible reducción de algunos costos y el aumento de otros, es difícil que en las obras así ejecutadas se alcance la misma calidad que la obtenible en procesos con plazos razonables.

Son factores que gravitan fuertemente en los plazos de ejecución, entre otros: El emplazamiento de la obra, el partido adoptado, el tipo de cerramientos y superficies envolventes, las terminaciones, las modalidades de adjudicación y contratación y el flujo disponible de inversiones. Proyectos y obras con plazos muy exigentes recurren usualmente al sistema fast-track, a la programación y compra anticipada de suministros, a la contratación de múltiples contratistas y/o a la conveniencia de sumar servicios profesionales de gerencia de construcciones.

El concepto de costo global

En general el concepto de costo se asimila al de costo de construcción, minimizando otra serie de inversiones y gastos que tienen una marcada incidencia para el propietario del edificio. Debería generalizarse, en cambio, el concepto de costo global o total, que tiene en cuenta no solo los costos iniciales que conducen a la materialización de la obra, sino también las erogaciones a afrontar a lo largo de la vida útil del edificio. Los costos iniciales son los que posibilitan y conducen a la materialización de la obra. Dentro de ellos los más importantes suelen ser:

 

  • Costo del terreno, comisiones inmobiliarias, impuestos, gastos y honorarios de escrituración.
  • Derechos de construcción, de conexión, tasas.
  • Honorarios y gastos por estudios de factibilidad, mensuras, estudio de suelos, presentaciones y tramitaciones municipales, proyecto y dirección de obra.
  • Costo de la construcción.
  • Costos financieros.  

 

Las erogaciones por el uso del edificio son aquellas que se producen luego de la terminación de la obra y se prolongan durante su vida útil. Las principales son:

 

  • Suministro de energía eléctrica, gas, servicios sanitarios, comunicaciones, seguridad.
  • Impuestos y tasas.
  • Gastos operativos y / o de administración.
  • Costos y gastos de mantenimiento.

 

Algunos de los costos de mantenimientos habituales y necesarios pueden verse incrementados indebidamente por fallas de la administración del edificio o por errores o fallas en la adopción de las decisiones básicas, funcionales, de proyecto o de producción. El costo de operación del edificio y la preservación del medio ambiente deben motivar al arquitecto para proyectar los edificios, sus partes e instalaciones, teniendo en cuenta el uso racional de energía. En tal sentido debería tener en cuenta: 

 

  • La adopción de premisas tendientes a la disminución de consumos energéticos, como por ejemplo: Proyectar cerramientos con protecciones solares y adecuadas resistencias térmicas, privilegiar la iluminación y ventilación naturales con respecto a las artificiales, seleccionar sistemas, artefactos y lámparas de alto rendimiento.
  • El análisis y comparación de alternativas energéticas, solar, eólica, para cada tipo de instalación teniendo en cuenta su eficiencia y costos de instalación y operación. 

 

 


Alejandraoctubre 21, 2020
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5min675

Fuente: Manual de Ejercicio Profesional del Arquitecto (MEPA)

Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU)

Buena parte de las decisiones que toman un comitente y su arquitecto están condicionadas por las opciones o disyuntivas que surgen de la terna costo / calidad / tiempo y repercuten, especialmente las dos primeras, no solo en el costo de la obra, sino también, en los costos y gastos originados por el uso y mantenimiento del futuro edificio.

Las decisiones que son propias del proyecto, construcción y operación del edificio pueden clasificarse en:

Decisiones básicas. Son las que se refieren a la conveniencia de decidir la construcción del edificio, sus alternativas de emplazamiento y envergadura, así como los montos a invertir y a financiar. Un error al tomar este tipo de decisiones tiene el máximo peso económico, ya que representa un vicio de origen en la concepción del edificio, no subsanable por más acertadas que sean las decisiones posteriores. Salvo que el arquitecto brinde un asesoramiento previo al respecto, casi todas estas decisiones son de incumbencia exclusiva del comitente.

Decisiones funcionales. Consisten en el análisis y definición del conjunto de requerimientos que, respetando las decisiones básicas, permiten formular un programa detallado de necesidades y un cronograma que prevea en forma tentativa el curso y duración del lapso proyecto / construcción. Un programa bien formulado es necesario para que el edificio cumpla en forma óptima sus funciones y la temprana adopción de un cronograma permite, por una parte, adecuar el flujo de inversiones a los recursos y por la otra, adoptar previsiones que incidirán en el proyecto, adjudicación, contrataciones y construcción de la obra, las cuales son ineludibles cuando este lapso se aparta de lo normal o razonable. La responsabilidad por esta serie de decisiones que tienen directa incidencia en el costo de la obra, pertenece en conjunto al arquitecto y su comitente y a este último exclusivamente si desatiende objeciones formuladas por el arquitecto.

Decisiones de diseño. De acuerdo con el programa de necesidades y el cronograma previsto, el arquitecto ejecuta el anteproyecto y proyecto y lo concreta en planos, especificaciones y otros documentos que definen el tipo y calidad de la construcción y que servirán de base para la adjudicación, contratación y construcción de la obra.

Decisiones de producción. Se refieren al plan de trabajo adoptado para la construcción de la obra en función del cronograma contractual y a las tareas de seguimiento y control que monitorea que el mismo se complete en el plazo fijado y controla el cumplimiento de las exigencias técnicas y económicas especificadas en la documentación de proyecto.

El conjunto de las decisiones de diseño y de producción, aunque deben contar con la aprobación del comitente, pertenecen al área de las responsabilidades del arquitecto, salvo que algunas de ellas obedezcan a requerimientos expresos del comitente.

Debe quedar claro que estos grupos de decisiones no pueden ser delimitados en forma tan taxativa, ni siguen un ordenamiento tan lineal o estricto. Por ejemplo, al adoptar morfologías durante la etapa anteproyecto, el arquitecto debe hacerlo en función del cronograma previsto y decidir simultáneamente cuáles son las tecnologías más adecuadas para materializarlas; al tomar decisiones durante la etapa de documentación de proyecto, debe prever si son compatibles con los tiempos de construcción previstos y cuál será su incidencia económica en las etapas posteriores de construcción y uso del edificio.

 

 


Alejandraoctubre 5, 2020
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5min407

Fuente: Manual de Ejercicio Profesional del Arquitecto (MEPA)

Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU)

 

Buena parte de las decisiones que toman un comitente y su arquitecto están condicionadas por las opciones o disyuntivas que surgen de la terna costo / calidad / tiempo y repercuten, especialmente las dos primeras, no solo en el costo de la obra, sino también, en los costos y gastos originados por el uso y mantenimiento del futuro edificio.

Las decisiones que son propias del proyecto, construcción y operación del edificio pueden clasificarse en:

Decisiones básicas. Son las que se refieren a la conveniencia de decidir la construcción del edificio, sus alternativas de emplazamiento y envergadura, así como los montos a invertir y a financiar. Un error al tomar este tipo de decisiones tiene el máximo peso económico, ya que representa un vicio de origen en la concepción del edificio, no subsanable por más acertadas que sean las decisiones posteriores. Salvo que el arquitecto brinde un asesoramiento previo al respecto, casi todas estas decisiones son de incumbencia exclusiva del comitente.

Decisiones funcionales. Consisten en el análisis y definición del conjunto de requerimientos que, respetando las decisiones básicas, permiten formular un programa detallado de necesidades y un cronograma que prevea en forma tentativa el curso y duración del lapso proyecto / construcción. Un programa bien formulado es necesario para que el edificio cumpla en forma óptima sus funciones y la temprana adopción de un cronograma permite, por una parte, adecuar el flujo de inversiones a los recursos y por la otra, adoptar previsiones que incidirán en el proyecto, adjudicación, contrataciones y construcción de la obra, las cuales son ineludibles cuando este lapso se aparta de lo normal o razonable. La responsabilidad por esta serie de decisiones que tienen directa incidencia en el costo de la obra, pertenece en conjunto al arquitecto y su comitente y a este último exclusivamente si desatiende objeciones formuladas por el arquitecto.

Decisiones de diseño. De acuerdo con el programa de necesidades y el cronograma previsto, el arquitecto ejecuta el anteproyecto y proyecto y lo concreta en planos, especificaciones y otros documentos que definen el tipo y calidad de la construcción y que servirán de base para la adjudicación, contratación y construcción de la obra.

Decisiones de producción. Se refieren al plan de trabajo adoptado para la construcción de la obra en función del cronograma contractual y a las tareas de seguimiento y control que monitorea que el mismo se complete en el plazo fijado y controla el cumplimiento de las exigencias técnicas y económicas especificadas en la documentación de proyecto.

El conjunto de las decisiones de diseño y de producción, aunque deben contar con la aprobación del comitente, pertenecen al área de las responsabilidades del arquitecto, salvo que algunas de ellas obedezcan a requerimientos expresos del comitente.

Debe quedar claro que estos grupos de decisiones no pueden ser delimitados en forma tan taxativa, ni siguen un ordenamiento tan lineal o estricto. Por ejemplo, al adoptar morfologías durante la etapa anteproyecto, el arquitecto debe hacerlo en función del cronograma previsto y decidir simultáneamente cuáles son las tecnologías más adecuadas para materializarlas; al tomar decisiones durante la etapa de documentación de proyecto, debe prever si son compatibles con los tiempos de construcción previstos y cuál será su incidencia económica en las etapas posteriores de construcción y uso del edificio.

 

 

 

 


Alejandraseptiembre 9, 2020
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5min494

Fuente: Manual de Ejercicio Profesional del Arquitecto (MEPA)

Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU)

 

El emplazamiento de una obra puede tener importantes consecuencias sobre sus costos, sobre todo, si no se tienen en cuenta ciertos aspectos y adoptan algunas precauciones para mitigar o neutralizar sus efectos. Seguidamente, se comentan estas cuestiones conjuntamente con otras que, aunque estén fuera del campo de decisión del arquitecto, resulta conveniente que sean conocidas y tenidas en cuenta. El costo del terreno es un factor que participa de distintas formas en las decisiones de comitente y del arquitecto:

 

  • Puede escapar a todo análisis, por ejemplo, en los casos de terrenos destinados a la ampliación de edificios existentes o a la construcción de una vivienda individual.
  • Puede ser uno de los datos, junto con los costos de construcción, para integrar uno de los términos de la ecuación económica, por ejemplo, en el caso de edificios para el comercio o la industria.
  • Puede ser dato fundamental y excluyente cuando no debe superar determinados porcentajes de incidencia dentro del costo total, por ejemplo, en un desarrollo inmobiliario.
  • En los dos últimos casos el proyecto y el costo de la obra están condicionados por el costo del terreno y la participación del arquitecto puede ser relevante para la toma de decisiones por parte del comitente.
  • Los medios para la construcción disponibles en el lugar, igual que la facilidad para la provisión de materiales, mano de obra y la existencia de talleres y contratistas, deben ser tenidos en cuenta puesto que lo que no pueda ser provisto en forma local originará sobrecostos por fletes y, en el caso del personal, por gastos adicionales por traslado y estadía.
  • Las condiciones de accesibilidad al predio, ya sea por distancia o accidentes topográficos, pueden comprometer el aprovisionamiento de los materiales y de la mano de obra. En estos casos el proyecto debe contemplar la situación recurriendo a las técnicas adecuadas, el empleo de materiales de fácil transporte y cuando sea posible, existentes en el sitio de la obra.
  • Los factores climáticos adversos obligan a una cuidadosa programación de la ejecución de los trabajos y en ciertos casos justifican recurrir a técnicas o procedimientos constructivos especiales. Las condiciones extremas originan interrupciones o paralizaciones temporarias, prolongan los plazos de construcción, disminuyen el rendimiento de la mano de obra y generan sobrecostos considerables.
  • La infraestructura de servicios existentes y las reglamentaciones de las compañías prestatarias son factores que deben contemplarse desde el primer momento. La falta de ciertos servicios se subsana con construcciones o instalaciones autónomas que constituyen alternativas sensiblemente más costosas que el simple pago de derechos de conexión.
  • La naturaleza del subsuelo, cuando la escasa capacidad portante o la existencia de agua subterránea dificultan y encarecen la construcción. Los ensayos y estudios del suelo realizados en el momento oportuno permiten adoptar las adecuadas premisas de proyecto y la correcta estimación de los costos de rubros como fundaciones, submuraciones y aislaciones.
  • La topografía del terreno puede originar problemas durante la construcción de la obra si el proyecto no se ajusta a su altimetría. Siempre es necesario contar con una nivelación del predio e imprescindible en proyectos muy extendidos en planta o cuando el terreno presenta desniveles apreciables.

 

 


Entreplanosjulio 8, 2020
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6min1773

Fuente: Manual de Ejercicio Profesional del Arquitecto (MEPA)

Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU)

Los títulos que siguen tratan sobre algunas rutinas, tareas y controles que puede tener que realizar la Dirección de Obra (DO) relacionadas con el cumplimiento de disposiciones administrativas y económicas de los pliegos de condiciones de los contratos de construcción editados por el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU), durante los tramos finales de la obra. A efectos de proceder a la recepción provisoria de una obra se recomienda a la DO que arbitre los medios para que se cumpla el siguiente procedimiento:

  • Cuando el contratista considere que los trabajos se encuentran terminados solicita a la DO la inspección conjunta de los trabajos realizados mediante una nota o nota de pedido.
  • La DO y el contratista inspeccionan los trabajos y proceden con las pruebas y ensayos pendientes requeridos por la documentación contractual. 
  • Cuando no se manifiesten fallas o solamente defectos menores subsanables durante el plazo de garantía, a exclusivo criterio de la DO, esta redacta el acta de recepción provisoria cuya fecha será la de la solicitud de recepción provisoria presentada por el contratista. No deben ser considerados defectos menores aquellos que puedan dificultar al comitente el uso del edificio para asignarlo al destino previsto o, en su caso, la prosecución normal de la obra por otros contratistas.
  • Si la obra presentase fallas importantes o un número considerable de fallas menores, la DO, a su exclusivo criterio, podrá considerarla como no terminada, postergando la recepción provisoria hasta que las fallas sean subsanadas. En este caso, la fecha de la recepción corresponderá al momento en que se hayan subsanado las fallas.
  • La DO debe controlar el cumplimiento de obligaciones que los pliegos de condiciones o de especificaciones técnicas pueden requerir a los contratistas, como por ejemplo:
  • Desmantelamiento y retiro de las construcciones temporarias de obrador.
  • Limpieza del terreno y limpieza final del edificio y de sus partes.
  • Colocación de placas, chapas o inscripciones con el nombre del arquitecto.
  • Entrega del llavero rotulado con la referencia adecuada.
  • Rotulado de tableros, colectores, etc., con las referencias respectivas.
  • Entrega de certificados de garantía proporcionados por proveedores de artefactos y equipos.
  • Entrega de manuales de operación y mantenimiento, cuando corresponda.
  • Suministro de instrucciones para la operación del edificio al personal o encargado.
  • El acta de recepción provisoria debe ser suscrita por el comitente, el contratista y la DO, por triplicado. Su fecha es importante porque define el cumplimiento o incumplimiento del plazo contractual y porque brinda origen al plazo de garantía que se extiende hasta la recepción definitiva de la obra. El acta debe incluir:
  • Lugar y fecha, identificación de los firmantes y la representación que ostentan.
  • Declaración de que la obra fue terminada dentro del plazo contractual o con atraso o anticipación.
  • Declaración de que a partir de la fecha se computará el plazo de garantía establecido en el contrato.
  • Registro de las fallas o defectos menores observados y el lapso para que sean subsanados.
  • Cuando corresponda, constancia de la ejecución de las pruebas y/o ensayos que de acuerdo con el contrato resultaron obligatorios, con los resultados respectivos.
  • Cuando corresponda, declaración de que el contratista procede a entregar la obra al comitente.

La recepción provisoria da lugar a la posesión del edificio por parte del comitente, quien a partir de ese momento, es responsable por su vigilancia y mantenimiento. A partir de ella caducan los seguros de obra y el comitente deberá contraer los que considere necesarios. 


Entreplanosmarzo 18, 2020
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5min781

La relación entre comitente y profesional para desarrollar un proyecto transita cuatro etapas:

  1. Evaluaciones preliminares: Se logra un programa de necesidades mediante conversaciones y encuestas, se determina el terreno disponible y el presupuesto del comitente, se hacen relevamientos del terreno, entorno y medianeras, se realizan estudios de mercado, de suelo, de impacto ambiental, de la normativa local y de los servicios disponibles, y se conversa con los vecinos por particularidades como las inundaciones. Se debe determinar la prefactibilidad del proyecto. El proyectista informa sus honorarios y tiempos.
  2. Croquis preliminares: Se trata de esquemas, diagramas y croquis de planta, corte, vista y perspectiva que representan las ideas propuestas del profesional para cumplir con el programa de necesidades, así como una memoria descriptiva que redacte esas ideas y los criterios de adopción de materiales, sistemas constructivos, estructura e instalaciones. Esbozan el partido propuesto, su volumetría y emplazamiento en el terreno y exhiben un esquema funcional, superficies y costos, siempre en términos preliminares. A veces se presenta más de una alternativa.
  3. Anteproyecto: Consta de plantas, cortes y vistas conforme a reglamentación municipal y que brindan una idea general de la obra propuesta, exhibiendo claramente diseño, características formales, espaciales y funcionales, elementos principales de estructura, instalaciones, materiales y equipamiento, y descripción de carpinterías y terminaciones más relevantes, en sintonía con una memoria descriptiva que explique la obra y los criterios de adopción de decisiones, un cómputo de superficies, un presupuesto estimativo (por costos unitarios de referencia) y una estimación de plazos de ejecución de las etapas.
  4. Proyecto: Es el conjunto de elementos gráficos y escritos que describen con precisión las características físicas y técnicas de la obra y permiten adjudicarla y ejecutarla bajo la dirección de un profesional. Contiene: Planos generales (inserción, plantas, cortes, vistas), planos de replanteo y planos de detalle (de locales y constructivos), todos a escalas convenientes, acotados, rotulados y señalados con los símbolos convencionales para indicar con claridad ubicación, medidas, detalles y especificaciones constitutivas y materiales; planillas de locales (terminaciones); planillas de artefactos; planos de instalaciones y de estructura con sus planillas correspondientes; especificaciones técnicas escritas que detallan, amplían y complementan la documentación gráfica, con sus respectivos pliegos que especifican concisamente materiales y productos, procedimientos y/o resultados; un presupuesto de la obra desagregado por rubros, opcionalmente recurriendo al cómputo métrico y al listado de materiales; pliego de condiciones (técnicas, económicas, legales y administrativas); llamado a licitación con plazos; modelo de contrata; y estudio de propuestas. Si se va a contratar por rubros separados, también se deben realizar documentaciones separadas para cada rubro o gremio con referencias precisas a los trabajos de los otros, y designar a una constructora como contratista principal.

La propiedad intelectual del proyecto pertenece siempre a su autor; el comitente, al contratar el proyecto, compra el derecho de utilizarlo, haciéndolo por una única vez (salvo pacto expreso) y en el terreno señalado. Todas las etapas se transitan en un constante diálogo y consenso entre ambas partes y resultan ser onerosas.

Fuente: Manual de Ejercicio Profesional del Arquitecto (MEPA)

Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU)


Entreplanosfebrero 10, 2020
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5min488

El análisis de las características y particularidades de los espacios y de las superficies que los generan es un buen punto de partida para cualquier intento de racionalizar los costos de un proyecto. Las consideraciones que siguen son aplicables a distintos tipos de proyecto.

La introducción de ajustes a un proyecto mediante la disminución de sus dimensiones en planta, genera una economía proporcionalmente inferior al porcentual de superficie disminuida. Esto sucede porque los distintos rubros que integran una obra participan de diversa forma en el ajuste, por ejemplo:

  • Algunos varían en la misma proporción que la de la superficie afectada, por ejemplo: Contrapisos, carpetas, solados o cielorrasos.
  • Otros varían en menor proporción que la de la superficie afectada, entre ellos: Estructuras, mampostería, revoques, revestimientos, yesería o pintura.
  • Otros pueden variar en porcentajes mínimos, como las instalaciones, o no variar, como los cerramientos, en ambos casos, si no sufren modificaciones de diseño.

A título de muestra y aplicando estos principios a una vivienda unifamiliar se puede comprobar que a una hipotética reducción de superficie del 20% corresponderían solo reducciones de costos de entre el 7,5% y el 8%. Por ello, la disminución de superficies en planta, a veces usada como variable de ajuste para la reducción de costos, solo consigue bajar la calidad del proyecto, sin reducirlos en la proporción esperada. Los espacios, según sus funciones, pueden clasificarse en dos grupos: Los utilitarios, destinados al desarrollo de funciones específicas y los destinados para acceder, desalojar y comunicar los anteriores. Los primeros suelen ser más compactos mientras que las circulaciones presentan, generalmente, una relación área/perímetro desfavorable al tener uno de sus lados mucho más desarrollado respecto del otro. Por lo tanto, la racionalización de las circulaciones encuentra una justificación adicional en su importante gravitación en los costos.

Bajo ciertas hipótesis, los costos de los elementos que conforman espacios en una vivienda colectiva representan entre el 65% y el 70% del costo total de los espacios restantes. Tan alto porcentaje justifica el análisis que figura en los puntos que siguen, referido a la función y posición de dichos elementos y a su condición de interiores o exteriores dentro del edificio.

  • La condición de las superficies horizontales que producen separaciones internas no ofrece demasiadas alternativas y su incidencia en los costos no gravita tanto como se podría suponer. En términos generales, alrededor del 65% del costo de los planos horizontales corresponde a la estructura resistente, que en general no admite demasiadas variantes.
  • Las superficies horizontales de terminaciones, pisos y cielorrasos, ofrecen gran variedad de alternativas de calidades y costos, con una incidencia que puede ser significativa dentro del costo de la obra. Por ello, conviene evaluar variantes para estas terminaciones y sus respectivas estimaciones de costos, con el objeto de facilitar una acertada elección en relación con el costo total de la obra. Reducidas consecuencias económicas tienen, en cambio, las decisiones referidas a las superficies de nivelación: Contrapisos y carpetas.
  • Las superficies y elementos verticales que separan espacios tienen importante incidencia dentro del monto total de la obra. Sus costos dependen, entre otras variables, de la cantidad, y desarrollo de los mismos, especialmente de su altura y de las técnicas y materiales adoptados para su construcción. Los costos de los elementos estructurales, pilares, columnas y tabiques, aumentan en forma creciente con la altura de los locales y de forma acelerada con la altura del edificio. Por estas razones cobra importancia la acertada elección del tipo estructural en función de las alturas proyectadas.

 Fuente: Manual de Ejercicio Profesional del Arquitecto (MEPA)

Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU)

 



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