Siete principios fundamentales para un hogar saludable

Se considera a una casa sana cuando proporciona un entorno saludable, responsable de brindar confort y favorecer el descanso y la relajación, tanto física como psicológica. Pero ¿qué hace de nuestra vivienda una casa sana?

En el año 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un documento titulado “Who Housing and Health Guidelines” (Guías de Vivienda y Salud), documento el cual recoge una interesante propuesta de recomendaciones las cuales parten de la revisión de la evidencia científica relacionada con la calidad de la vivienda y su entorno, sumado al impacto generado en la salud de las personas. Allí, la OMS señala a la vivienda saludable como un elemento fundamental en cuanto a la prevención de enfermedades, especialmente, en un contexto como el actual, donde se producen importantes cambios demográficos con una población más envejecida, donde las personas pasan más tiempo en sus viviendas. Todo ello se vio potenciado durante el año 2019, cuando en casi la totalidad del planeta, sus habitantes debieron resguardarse en sus hogares para no ser víctimas de las infecciones propagadas por el COVID-19. Todo ello en el marco de una población más concentrada en las ciudades y grandes urbes, siendo sometida a los efectos del cambio climático. Teniendo en cuenta que, de acuerdo con las previsiones, la población urbana mundial se duplicará hacia el año 2050, serán necesarias nuevas soluciones para la vivienda del siglo XXI.

Si consideramos una casa sana como una vivienda saludable diseñada, construida, mantenida y rehabilitada de una manera capaz de propiciar la buena salud de sus ocupantes, en ocasiones, la realidad no responde a los mencionados criterios. La mayor parte de las viviendas se encuentran diseñadas y construidas en condiciones responsables de propiciar riesgos para la salud, en varios aspectos incluso, con defectos estructurales los cuales favorecen las caídas o lesiones, dificultades de acceso responsables del aislamiento de aquellas personas con limitaciones físicas, con deficientes tratamientos térmicos aptos para crear entornos de temperaturas extremas, contribuyendo a la proliferación de enfermedades  respiratorias o  cardiovasculares, una deficiente circulación de aire favorece la contaminación ambiental, insalubridad la cual fomenta la aparición de enfermedades transmisibles y el mal saneamiento de desechos o accesos al agua potable, entre otros negativos factores.

Además, el entorno físico y social donde se sitúa la vivienda, conforma uno de los aspectos donde se observan y originan otras desigualdades dañinas para la salud. En definitiva, mejorar las condiciones de una vivienda para convertirla en una casa sana puede salvar vidas, prevenir enfermedades, aumentar la calidad y expectativa de vida, reducir la pobreza -e incluso- ayudar a mitigar el cambio climático.

Siete principios para diseñar una vivienda saludable

Como mencionamos, las malas condiciones de habitabilidad pueden exponer a las personas a una serie de riesgos para su salud. Para corregir dicha situación, se observarán una serie de recomendaciones basadas en siete principios o directrices centradas, principalmente, en la reducción de los factores dañinos. Estos siete principios para conseguir una vivienda saludable son:

  • Mantener la temperatura y humedad relativa adecuadas: Las temperaturas interiores de las viviendas deben ser lo suficientemente altas para proteger a los habitantes de los efectos nocivos del frío. En los países de climas templados o más fríos, se considera que una temperatura interior de 18ºC no conlleva riesgos y permite proteger la salud de la población general durante las estaciones frías. A su vez, elevados niveles de humedad relativa en el interior del hogar se relacionan con diversos problemas de salud. La humedad crea un ambiente favorable para los ácaros, roedores, mohos y cucarachas, todos los cuales, permanecen asociados con el asma.  
  • Mantener el hogar limpio: Un hogar con óptimas condiciones de higiene contribuye a garantizar que las personas no permanezcan expuestas a contaminantes y productos químicos. 
  • Mantener las condiciones de seguridad apropiadas: Las viviendas deben contar con dispositivos de seguridad (alarmas de humo y sondas de CO2, puertas en escaleras y protectores de ventanas, etc.), observando en paralelo, medidas capaces de reducir el riesgo de sufrir traumatismos involuntarios. 
  • Mantener las condiciones de accesibilidad: Teniendo en cuenta la proporción actual y prevista de deficiencias funcionales, observando las tendencias del envejecimiento, las viviendas adoptarán medidas de accesibilidad para personas con movilidad reducida. 
  • Mantener la vivienda ventilada: La normativa nos insta a asegurar una ventilación apropiada en todos los locales de la vivienda, de manera de aportar un caudal suficiente de aire exterior y garantizar la extracción y expulsión del aire viciado por los contaminantes producidos de forma habitual durante su uso normal. Una adecuada ventilación contribuirá, además, a reducir la humedad y acotar los contaminantes del aire como Compuestos Orgánicos Volátiles (COV), monóxido de carbono, pesticidas, etc. mejorando la calidad del aire en el interior del hogar. 
  • Controlar la contaminación acústica y lumínica: El ruido del exterior perturba el descanso, especialmente, en las ciudades, donde paralelamente, se añade la contaminación mediante gases nocivos evacuados por la combustión de los motores. En cuanto a la iluminación en el hogar, la incidencia solar es uno de los factores más valorados en una vivienda. El ingreso de luz natural es una fuente de salud para las personas. Debemos estimar la cantidad de horas transcurridas ante pantallas de televisión, móviles, computadoras, lo cual ocasiona problemas de sequedad ocular y fatiga visual.
  • Realizar un mantenimiento periódico: Llevar a cabo labores de mantenimiento de nuestra vivienda, tanto de sus materiales y estructuras como de sus instalaciones, resultará fundamental para evitar una devaluación de la misma. Una vivienda la cual observa un muy buen mantenimiento será más cómoda, segura, sana y sostenible, es decir, será sin dudas una vivienda saludable.

 Todas estas acciones deben conducir a lograr una vivienda que, tal y como se define por la propia OMS, sea “un refugio capaz de sustentar un estado de bienestar físico, mental y social. La vivienda saludable proporciona un sentimiento de hogar, incluyendo el sentimiento de pertenencia, seguridad y privacidad”.

 

Fuente: www.solerpalau.com

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