De valor patrimonial

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

Víctor Hugo, el gran poeta, dramaturgo y novelista romántico francés, sentencia: “La arquitectura es el gran libro de la humanidad”. Pero a ese libro le falten varias páginas…

La Real Academia Española define al término “Patrimonio” como “Hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes”. En este sentido, mucho es lo que la humanidad ha heredado en cuanto a producción arquitectónica. Entiéndase que la protección del patrimonio construido y tangible, su correcto mantenimiento y cuidado, implica el resguardo de las tradiciones culturales de una nación, y sumadas, del mundo entero.

El denominado patrimonio arquitectónico es sumamente amplio en su concepción. Puede llegar a comprender “desde un edificio, un conjunto de edificios o las ruinas de un edificio o de un conjunto de edificios que, con el paso del tiempo, han adquirido un mayor valor al originalmente asignado, el cual va mucho más allá del encargo inicial”. Dicho valor, como lo señalan los capítulos de ICOMOS (International Council on Monuments and Sites), puede ser “cultural o emocional, físico o intangible, histórico o técnico”.

Las obras de arquitectura que pueden considerarse como patrimoniales serán entonces las que, debido a una multiplicidad de razones, no todas de índole técnica o artística, con su sola ausencia, alteran profundamente el entorno donde se ubican.

Lo cierto es que el patrimonio arquitectónico y urbanístico se constituye en uno de los bienes más importantes que ostenta una comunidad, dado que al igual que los recursos naturales conforman bienes no renovables. A partir del patrimonio arquitectónico se puede leer y entender la historia de un pueblo, sus períodos, sus transformaciones, su desarrollo, desencuentros y logros comunes. Cada vez que la sinrazón del hombre -mediante las guerras, o la voracidad económica, por ejemplo- demuele un inmueble de importancia patrimonial está destruyendo el registro visual y material de las diferentes épocas que marcaron su propia evolución y desarrollo.

En palabras de Octavio Paz, “La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él al testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones…”

La devastación de las edificaciones se ha dado por la poca importancia asignada a la conservación del patrimonio arquitectónico, y a la búsqueda de una mayor rentabilidad de los propietarios, conjuntamente con Estados que lentamente -y en ocasiones tardíamente- toman conciencia de la fenomenal importancia de preservar nuestra historia material.

Mucho es lo que el mundo ha perdido, pero también, es vasto lo que resta por hacer. En nuestro país, el Comité Argentino del ICOMOS, una organización de valorado prestigio en este sector, fue fundado el día 21 de mayo de 1973 por un grupo de notables profesionales integrado por Jorge Gazaneo, Ramón Gutiérrez, Alberto Nicolini, Federico Ortiz, Mabel Scarone, Juan Alberto Schellenberg y Marina Waisman.

Dicha institución realiza permanentes acciones tendientes a crear conciencia y llevar adelante políticas de fomento para el cuidado de nuestro patrimonio consolidado. Por su parte, la Ley 3.628, aprobada por la Legislatura porteña, declara el 8 de abril de cada año como Día del Patrimonio Arquitectónico y Paisajístico de la ciudad de Buenos Aires.

Alguna vez el brillante arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright expresó: “La arquitectura es vida, o por lo menos, es la vida misma tomando forma y por lo tanto es el documento más sincero de la vida tal como fue vivida siempre”.

Un concepto de valor patrimonial.

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