Entreplanosseptiembre 5, 2018
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¿Cómo conviene encarar la construcción de una obra? ¿con un único contratista a cargo de todos los trabajos provisiones o con varios contratistas? ¿la construcción de algún rubro será realizada por administración directa del profesional?

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

Estas decisiones presentan importantes consecuencias sobre los costos de la obra, los tiempos de ejecución junto con las obligaciones y responsabilidades de los distintos agentes que participan en su construcción: el o los contratistas, el director de obra (en adelante DO) y el comitente.

Desde el contrato único a los contratos separados y desde el ajuste alzado al coste y costas, existe una transferencia de riesgo de los contratistas al comitente, al mismo tiempo que se incrementan las obligaciones y responsabilidades de la dirección de obra.

El contratista único que actúa como empresa constructora asume la totalidad de las responsabilidades civiles, comerciales, laborales, previsionales, técnicas y penales por la construcción de la obra y es responsable por su ejecución y entrega de acuerdo con los planos y especificaciones del proyecto, los precios y plazos estipulados y demás obligaciones en los documentos que integran el contrato de construcción.

Además de la obligación principal señalada precedentemente, los pliegos de condiciones de los contratos de construcción deberían contemplar lo siguiente: adoptar, mantener y controlar las medidas y precauciones de seguridad e higiene de acuerdo con lo establecido por la normativa vigente; disponer la maquinaria y equipo para el movimiento y transporte de materiales y personas en la obra y obrador y responsabilizarse por su operación y mantenimiento; prestar ayuda de gremios a sus subcontratistas; adoptar, mantener y controlar las medidas y precauciones para la vigilancia de la obra; adquirir las responsabilidades como constructor y firmar los planos municipales, como constructor, ejecutor de la estructura e instalador de las instalaciones.

En paralelo con sus obligaciones como contratista único debe cumplir las obligaciones que también le corresponderían a cualquier otro contratista, tales como, respetar la autoridad de la DO y acatar sus órdenes; cumplir los códigos, reglamentos y disposiciones de orden técnico vinculados con los trabajos a su cargo; cumplir las normas oficiales vigentes que rigen el trabajo de los distintos gremios intervinientes en los trabajos respecto a salarios mínimos, vacaciones, jubilaciones, descanso semanal, jornada legal, seguros, seguridad e higiene del trabajo, trabajo en lugares insalubres, horas extras, fondo de desempleo, etc.

Asimismo cumplir las leyes, decretos, ordenanzas, edictos y reglamentaciones oficiales las cuales rigen en el ámbito de ejecución de los trabajos; adoptar los procedimientos constructivos, secuencias de tareas, técnicas y equipos; coordinar la ejecución de los trabajos del personal propio con el de sus subcontratistas.

Y, por último, conducir y controlar cualitativa, cuantitativa y permanentemente el proceso de construcción, la calidad y los trabajos de acuerdo con la documentación contractual y las “reglas del arte”, entendiéndose por tales a los procedimientos consagrados por la experiencia constructiva; programar y controlar la provisión e ingreso a obra de los materiales, equipos y suministros necesarios para la ejecución de los trabajos y controlar su calidad, programar la presentación de mano de obra y controlar su calidad.

La sumatoria de los aspectos mencionados debe formar parte, indefectiblemente, de los contenidos de un contrato.


Entreplanosagosto 29, 2018
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Si consideramos que el estudio de las CyMAT (Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo) aporta un enfoque académico multidisciplinario, abarcando el aspecto social, físico y cultural, tenderemos a comprender y aplicar determinadas normas de producción seguras, definiendo procedimientos que, en suma, posibiliten optimizar la situación del trabajador y reducir la elevada tasa de siniestralidad de nuestra industria.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de Revista ENTREPLANOS.

Para brindar precisos conceptos sobre el tema, acudo a los vastos conocimientos del Arq. Darío Romero, especialista en seguridad e higiene de la industria de la construcción: “Los AT/EP -Accidentes de Trabajo / Enfermedades Profesionales- poseen una incidencia muy importante dentro de los costos directos e indirectos de la producción de las obras. Por ende -aunque no exclusivamente por ello-, debe adquirirse una visión integradora del higienismo y el prevencionismo industrial, a fines de controlarlos y disminuirlos. No debe quedar duda respecto de la obligatoriedad de aplicación de la normativa vigente, persiguiendo el objetivo de garantizar que los valores de accidentalidad sean los más bajos de acuerdo al volumen de horas trabajadas, para luego, compararlos con las estadísticas nacionales relevadas por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

A los fines de gestionar eficientemente los riesgos laborales, vale incorporar rigor técnico a la comprensión de la temática, inclusive, aún desde la terminología empleada. Cuando hablamos de “accidente”, para referirnos al acontecimiento súbito y violento, aplicamos un término que denota un hecho imprevisto, inesperado, lo cual en definitiva obstaculiza el estudio de la problemática, dado que un accidente no es producto del azar ni de la fatalidad, ni tampoco intencional. Esta palabra, ampliamente utilizada desde la Ley 24.557 hasta la misma Organización Mundial de la Salud, se emplea también para describir el error humano, atribuirlo al destino o a un designio divino, trayendo como resultado la exclusión del sujeto de la secuencia derivada en una lesión no intencional, tornando imposible analizar las acciones conducentes a la conducta de riesgo.

Vale entonces denominar nuevamente este tipo de hechos, llamándolos por caso “siniestros”. Ese sería un primer paso para entenderlos como una cadena causal de eventos donde los sujetos pueden intervenir para evitarlos o mitigar sus consecuencias. Si llamamos las cosas por su nombre, tenemos posibilidad de encontrar solución a los problemas. Así, los traumas serán evitables y predecibles. Cuando hablamos de seguridad, necesariamente tenemos que referirnos a la conducta humana. Sobre dicha cuestión existe un documento el cual ofrece un posible enfoque, llamado “Teoría de la Homeostasis del Riesgo”, formulado por el psicólogo canadiense Gerald Wilde. El mismo brinda una explicación sobre el funcionamiento del ser humano cuando se encuentra de cara ante el peligro. Toda persona de cara a un riesgo cualquiera, determinaría su conducta ante el mismo como consecuencia de un proceso subjetivo previo desenvuelto en dos fases, donde primeramente, percibe los factores que constituyen el peligro, los analiza, realiza una evaluación y se forma un juicio al cual se denomina “riesgo percibido” (coincidente o no con el riesgo real). A continuación, el individuo considera las ventajas y desventajas que implicaría asumirlo y, como consecuencia, establece cuánto riesgo afrontará efectivamente, denominado “riesgo elegido”.En cualquier actividad en curso, las personas monitorean continuamente la magnitud del riesgo ante el cual sienten que se encuentran expuestas. Luego, la comparan con la magnitud del riesgo que están dispuestos a aceptar y tratan de reducir la diferencia entre ambas magnitudes a cero. En el concepto fundamental de homeostasis, el nivel de riesgo aceptado sería el termostato regulador de la seguridad. Lo anterior implica que las cifras totales de morbi-mortalidad de una industria dependerían, directamente, del “nivel de riesgo socialmente aceptado”.

Entonces, la motivación es la clave para generar un patrón de conducta segura, al reducir el nivel de aceptación del riesgo elegido. Así, este “termostato” podría ser regulado hacia abajo para acotar el grado de aceptación individual y social. Allí radica el gran secreto del éxito de cualquier medida de seguridad a adoptar”.


Entreplanosjulio 25, 2018
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Existen varios métodos para evaluar un negocio. Uno consiste en medir el tiempo de repago de la inversión una vez desarrollado el proyecto. Este sistema considera que la mejor inversión es la que se amortiza antes. Sin embargo, se trata de un método muy conservador, ya que privilegia un menor plazo de repago sin considerar los flujos de dinero demandados luego de esa fecha. Puede ocurrir que una inversión tarde más en ser recuperada pero arroje mayores beneficios con el transcurso del tiempo.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de la Revista ENTREPLANOS.

Otra alternativa de evaluación consiste en comparar el TIR (Tasa Interna de Retorno) del negocio frente a otras inversiones. El TIR conforma una herramienta la cual estima la tasa de interés a la que debería ser colocado el dinero para obtener un rendimiento similar al de nuestro negocio. En definitiva, el TIR es un Indicador de la rentabilidad del proyecto y arroja una tasa fácilmente comparable con inversiones alternativas.

Las estrategias para aumentar los beneficios de una construcción son de distintos tipos. Algunos inversores hacen arreglos con subcontratistas y efectúan canjes de metros cuadrados por el trabajo o la mercadería. Ello incide positivamente en el TIR, porque existe un menor costo financiero al disminuir el monto de la inversión. Otra forma consiste en acortar los plazos de obra. De ésta manera, se disminuye el riesgo y los intereses que representa mantener el capital inmovilizado en un proyecto. Si bien el TIR cuantifica el retorno sobre el capital invertido, el usuario con precaución no toma en cuenta las cantidades invertidas. No es necesario aclarar que no es lo mismo obtener el cincuenta por ciento de retorno sobre un peso invertido, que el veinticinco por ciento sobre mil. Sin embargo, el primer caso tendrá un TIR mayor que el segundo.

Para medir los resultados económicos en pesos contantes y sonantes, existe otra herramienta que es el VAN (Valor Actual Neto). El VAN Indica la ganancia al inversor, pero expresada en pesos al día de hoy, vale decir, que a los resultados monetarios de toda la venta, realizada a futuro, se le descuentan los Intereses financieros correspondientes al lapso transcurrido. La construcción es siempre una inversión de bajo riesgo, solo superada por las colocaciones bancarias o los préstamos hipotecarios. Siempre se presenta como un negocio seguro y rentable. Sus costados más sensibles son los costos y los tiempos de ejecución.

La incorporación de nuevas tecnologías en la construcción parece encaminada a solucionar dichas problemáticas. Mientras tanto, la gran frutilla del postre radica en lograr un correcto diagnóstico de las necesidades, posibilidades y gustos del mercado.


Entreplanosjulio 23, 2018
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Numerosos son los estudiosos que a lo largo de la historia han manifestado un entusiasmo -real o impostado- por el desarrollo de la productividad. La definición más austera de productividad volvió a la Europa debilitada de 1945, gracias a los Estados Unidos triunfantes. Los estudios más inteligentes no son del todo convincentes y, en 1961, aún documentos como “Las dudas sobre las nociones de productividad”, de Bertrand de Jouvenel, y las variaciones sobre esas mismas dudas de Dayre, demuestran que continúa vacío el contenido del termino “productividad”. El estudio de conjunto sobre la productividad, y de las posibilidades de su cuantificación, ha sido desentrañado por ramas enteras de la industria.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de la Revista ENTREPLANOS.

 

Ahora bien, en la construcción, diversas circunstancias han llevado a preocuparse por la productividad en las operaciones particulares. Dichas circunstancias radican, principalmente, en el afán de comparar la situación de la construcción en diferentes países, tratando de verificar si los métodos “modernos” de construcción han superado o no a los métodos “tradicionales”. Con razón o sin ella, se ha llamado a comparar a la productividad, por ejemplo, de dos operaciones en Francia o en Alemania, o entre un trabajo industrializado y uno tradicional. ¿Son útiles esas nociones acerca de la productividad en una operación particular o en una elemental?

Pueden escribirse muchos aspectos sobre dicho propósito y aventurar expresiones matemáticas. Todo ello carece de sentido, mientras no se sepa estimar ni el número de productos ni los consumos. En nuestro caso, los productos son las obras, cuya heterogeneidad conocemos. Es realmente absurdo comparar la mano de obra consumida en dos construcciones cuyo valor difiere en un 30%, sin considerar efectivamente dicha diferencia. Muy por el contrario, cuando se saben apreciar los valores, la noción de productividad nada tiene de misteriosa.

Se puede decir que la dualidad precio de ejecución-valor del objeto producido, pondera correctamente la productividad de la operación. La macro-escala de la industria de la construcción confunde, desde el punto de vista productivo, emprendimientos bastante diferentes. A escala de la obra elemental, la misma se encuentra definida con pormenores y no se puede comparar más que lo comparable. Resulta útil comparar, no la productividad de un mismo conjunto de producción en fechas diferentes, sino particularmente, la productividad simultánea de diversos conjuntos. Allí nos interesamos menos en comprobar los programas de la productividad que a medirla verdaderamente.

La productividad de un procedimiento constructivo no puede ser más que la razón de la cantidad de objetos producidos a uno cualquiera de los consumos que contribuyen a su manufactura: mano de obra, materiales, equipos, o a una combinación lineal de los mismos. Vale establecer la productividad media de un procedimiento, de una época o de una región.

Por consiguiente, mediante el uso que de ella se ha hecho en la construcción, la noción de productividad no encierra ninguna novedad: conforma una expresión moderna de la antigua noción de rendimiento de un proceso de fabricación, o del éxito de una operación. Sólo un defectuoso conocimiento del contenido de las construcciones ha podido crear confusión en torno de una noción tan remanida.


Entreplanosjulio 16, 2018
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La medida de un trabajo permanece asociada a un método o modo de realizar la tarea. Es decir, que cuando se define la duración de una tarea se deberá aclarar qué método o forma de materialización se está empleando para llevarla a cabo. La medida del trabajo dentro de nuestra industria resulta de la aplicación de las técnicas para determinar el contenido de horas/hombre de una función definida, fijando el tiempo en el cual un trabajador calificado lleva a cabo con apego a una norma de rendimiento preestablecido. Lo más lógico es que, previamente a efectuar la medida de un trabajo definido, se haya realizado un estudio del método que permita obtener un modelo más eficiente de tal forma que, cuando se efectúa la medición del trabajo, éste corresponda al método óptimo y sea un valor estable o irreductible.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

La determinación de la medida del trabajo para las tareas de obra es de gran utilidad para la conducción y dirección en cuanto permite: programar la producción, igualando la carga de trabajo de los componentes de cada grupo o grupos de obra, obteniendo el uso racional de los recursos de personal y equipos; contribuir al conocimiento exhaustivo de los costos de obra; y utilizar una política de incentivos o de primas de producción, que verifica una muy buena herramienta de dirección. Para que el tiempo tipo a determinar resulte significativo, es evidente que debe ser realizable por la mayor cantidad de operarios o trabajadores de una obra. Sería inútil fijar ritmos de trabajo muy elevados, los cuales puedan cumplir solamente los mejores empleados. Asimismo, no fomentaría la eficiencia de la obra fijar niveles tan bajos que puedan ser realizados holgadamente por los trabajadores menos activos.

Para obtener, entonces, valores equitativos y razonables en la medida del trabajo, se puede cuantificar la tarea con trabajadores promedio. Pero debemos considerar que los operarios no trabajan día a día, y ni siquiera, minuto a minuto con suma constancia. A partir de lo anterior resulta vital disponer de algún medio que nos permita evaluar el ritmo con que los operarios están trabajando y establecer la relación con el ritmo normal. El procedimiento empleado para lograrlo se denomina “Valoración”. Lo definimos como la operación mediante la cual quien observa una tarea con el objeto de hallar la medida del trabajo, comparando la situación de los operarios a quienes está observando, con el propio ritmo normal de ejecución de la tarea. El ritmo normal lo definimos como “aquel que puede mantenerse fácilmente un día tras otro sin excesiva fatiga física o mental, y se caracteriza por la realización de un esfuerzo constante y razonable”. Es aceptado que el ritmo normal resulta equivalente a la velocidad de movimiento de un hombre que recorre a pie, por terreno llano y en línea recta, 4.800 m en una hora (Velocidad de 4,8 Km/h).


Entreplanosjulio 13, 2018
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A partir de los años 70 del siglo pasado, los países desarrollados manifestaron la necesidad de impulsar el ahorro energético en vista del creciente costo del petróleo. El foco de la crisis energética del año 1973 provocó que la humanidad toda se plantee la necesidad de reconsiderar el gasto energético de sus edificaciones. En los últimos años, la redacción del Acuerdo de Kyoto torna mucho más evidente la importancia de la mencionada economía.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de la Revista ENTREPLANOS.

Estudios realizados en los EE.UU. acerca del problema energético demostraron que el 25% del consumo total de energía, en sus diversas formas, se emplea en la climatización de construcciones. De dicho porcentaje se estimaba factible reducir el consumo en un 50%.

Nuestros edificios conforman instrumentos de captación, acumulación y distribución de energía. Atento a ello es fundamental comprender que la arquitectura debe necesariamente adecuarse a las condiciones bioclimáticas circundantes. El profesional del diseño deberá descubrir las formas de cada lugar y a través de la tecnología actual y la correspondiente investigación, procurará aprovechar sus ventajas.

La energía calórica actual para una vivienda con un buen nivel de aislamiento térmico (Muros y Techos), puede dividirse en 40% para la instalación sanitaria (agua caliente) y 60% para la instalación destinada a calefacción. Podríamos ahorrar el 80% de la energía empleada por una vivienda para el calentamiento del agua y hasta un 50% en calefacción, debido a los avances tecnológicos. De acuerdo con estudios formulados, se podría economizar -aproximadamente- el 40% de la energía empleada en los edificios aplicando tecnologías eficientes. De esta manera, es posible lograr una interesante economía energética mediante un adecuado criterio de diseño tendiente a mejorar la relación superficie-volumen. Es útil comprender que los fenómenos higrotérmicos se originan, por lo expuesto, en la envolvente del edificio. La responsabilidad de los arquitectos en este campo resulta ser trascendental, dado que sólo a partir de condiciones interiores adecuadas en las obras proyectadas, podremos hacer participar al usuario en la responsabilidad que él también ostenta en el consumo de energía.

Un párrafo aparte merece la responsabilidad de las instituciones y organismos públicos, sus funcionarios y técnicos, encargados de decidir cómo serán los edificios propuestos a fin de brindarle a los usuarios, obras energéticamente eficientes y con la mayor economía de recursos posible.

Los denominados Costos de los Servicios Energéticos, representan aproximadamente más del 15% de los gastos de una vivienda. Con la participación activa de todos los sectores, evitaremos el derroche de energía sin afectar la calidad y confort de las condiciones interiores. Un óptimo diseño de un edificio permite descubrir soluciones con medios pasivos que motorizan reducciones del consumo aplicado al confort térmico interior.


Entreplanosjunio 25, 2018
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En la industria de la construcción, las consecuencias de un proceso inflacionario no son siempre las mismas, puesto que no existe un único tipo de fenómeno. Los inversores, sumidos en un sistema inflacionario, pierden la capacidad de aplicar sus recursos al sector, dado que la consecuencia más importante de dichos períodos es que el dinero pierde su valor adquisitivo, lo cual afecta, en un primer momento, a la población que percibe salarios fijos, aunque posteriormente, afecta directamente a personas cuyos ingresos dependen del consumo de los primeros. Atento a ello, las obras retrasan su posibilidad de comercialización, y la fiebre de la construcción desacelera su ritmo.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

Habitualmente, los profesionales de la industria de la arquitectura y la construcción experimentan la compleja tarea de presupuestar sus emprendimientos anticipándose a un proceso inflacionario, aspecto que motiva algunas advertencias. En primer lugar, definiremos el concepto de “inflación” muy mentado, pero estimo, pocas veces comprendido en su verdadera magnitud. La inflación supone un aumento general y sostenido de los precios de productos y servicios de un país, iniciado y potenciado por alguna variación económica. Entonces, la inflación consiste en una disminución del valor del dinero con respecto a los productos o servicios que se pueden adquirir. En realidad, los procesos inflacionarios actúan como un termómetro capaz de medir una escala de posible pre-crisis financiera. Al respecto, nuestro país ha sufrido diversos episodios a lo largo de su historia de mayor o menor severidad.

Para los inversores existe otro aspecto de vital importancia por lo negativo: La inflación genera desconfianza y angustia. Las personas no pueden encontrarse seguras sobre qué tanto aumentarán los precios de los productos semana tras semana y mes tras mes, por lo que se preocupan y pueden tender a realizar “compras por pánico” las cuales, irónicamente, incrementan la demanda, y con ello, la inflación.

Ante dicho contexto debemos encauzar nuestros objetivos para evitar que la incertidumbre se apodere de nuestros proyectos y programar con anticipación las compras/servicios de los recursos de producción necesarios. No debemos dejarnos llevar por la idea de que si un insumo muestra un alto precio aumentará a futuro, dado que la inflación promueve, también vale decirlo, especulaciones de todo tipo. En paralelo, es conveniente eliminar de nuestra cartera las deudas contraídas en el pasado e invertir dinero en nuevos proyectos. Ante un proceso inflacionario resulta fundamental ahorrar e invertir a fin de preservar el valor monetario del cash, evitando -o salvaguardando- su real cuantía.

No olvidemos, para finalizar, que en épocas inflacionarias es cuando más el pequeño y mediano inversor recurre a “sacar del colchón su efectivo y ponerlo en ladrillos”. Pasado el chaparrón, dicha inversión representará un valor recuperado respecto de otras ofertas presentes en el mercado financiero.


Entreplanosmayo 7, 2018
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Los procesos que definen los alcances de una licitación deberán permanecer plasmados y compilados, formando parte de esta manera, de la documentación técnica de una obra a materializar. Los textos serán definidos con precisión, para que redactados convenientemente, aporten valor a efectos de que cada una de las empresas interesadas en participar de la compulsa abierta para construir una obra, puedan encontrar una fuente veraz de respaldo.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

Si definimos el concepto de “Licitación”, diremos que el mismo conforma un procedimiento de carácter administrativo el cual se cumplirá a los fines de arribar a la ejecución de una obra con altos niveles de eficacia y transparencia en cuanto a sus sistemas de contratación. La historia retrata, en múltiples ocasiones, el primigenio concepto de una licitación. Ya en la Roma antigua, sus tratados de derecho establecían el desarrollo y normas de procedimiento para las licitaciones de carácter público destinado a aquellas contrataciones encauzadas por el Estado.

En aquel entonces, los botines de guerra obtenidos en los distintos enfrentamientos eran rematados públicamente. En el solar en el cual se realizaría la compulsa entre los oferentes que pujaban por quedarse con la totalidad o parte de los tesoros confiscados a los bandos perdedores se plantaba un “asta”, arma de guerra, y al mismo tiempo, la insignia real oficial. De allí procede el término “subasta” con que en muchos países se denomina al sistema licitatorio.
Específicamente, la documentación compilada será la responsable de nuclear una serie de disposiciones redactadas unilateralmente por el licitante, la encargada de regular el trámite, mecanismo y formalidades del procedimiento de preparación y ejecución ulterior del contrato. En sus cláusulas generales y particulares se focaliza el objeto, obra o servicio motivo de la licitación, las condiciones de contratación, su preparación y posterior materialización.

En síntesis, todas las informaciones que nutren a los documentos licitatorios, cualquiera sea su naturaleza, han de ser accesibles a todos los participantes. Dicha garantía respecto a la igualdad de oportunidades favorece una sana competencia. Una licitación debe apuntar, fundamentalmente, a obtener el máximo de eficiencia económica. De esta forma, las reglas impartidas por el esquema licitatorio brindarán el menor margen posible para el desarrollo de un ejercicio discrecional del poder de selección. Su formato de nomenclador logra alcanzar –conceptualmente- el carácter de un catálogo capaz de definir, con justeza, las acciones originadas por el acto licitatorio, de las cuales derivan sus consecuencias mediatas. Ello independientemente de la escala de la obra, el monto económico de la misma u otras variables a considerar.

Las ventajas de orden técnico, económico, legal, ético, técnico, etc., consecuencia del desarrollo de una licitación, transparentan las condiciones marco de ejecución de una obra. Por caso, y en relación a una licitación convocada por un organismo del Estado, el procedimiento origina una acción moralizadora en lo que a contrataciones se refiere, dado que el acto evita connivencias dolosas y promueve la acción de control y fiscalización que sobre la actividad administrativa ejercen los mismos participantes, quienes cuentan con los medios procesales idóneos para impugnar cualquier tipo de proceder ilegítimo verificado durante el acto.

De esta forma, y ante la cantidad de opciones que se presentan, el Estado resguarda sus intereses garantizándose el debido cumplimiento y ejecución del contrato, una óptima calidad de la prestación, una mayor capacidad técnica y financiera de los contratantes, entre muchos otros aspectos. En suma, se benefician todos los integrantes de la cadena productiva.


Entreplanosmayo 4, 2018
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La construcción es uno de los motores de la economía de todo país, tanto de infraestructura pública como de obras particulares, conformando un sector el cual refleja, indefectiblemente, los índices de crecimiento económico y el nivel de vida de sus ciudadanos. La innovación tecnológica, la apertura de nuevos mercados, la globalización de la economía, el desarrollo tecnológico, factores políticos y regionales, los nuevos medios de comunicación que nos acercan innovaciones de todo el planeta, y actualmente la ecología, constituyen variables a tener en cuenta, en ambos sectores de la construcción. Representa, entre otros, los puntos más relevantes para la sostenibilidad y creación de empresas que “realmente” sean competitivas.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

El entregar los proyectos en el tiempo adecuado brinda confiabilidad, así como el ofrecimiento de productos con los mejores estándares de calidad. Esta última condición, considerando productos de alta calidad no “debe ser” un valor agregado. Los nuevos ítems deben ser absorbidos por la los asimile, y a la postre, le otorgue como “beneficio económico empresarial” una nueva cartera de clientes. Es decir, tomar como objetivo la “calidad y la modernidad o la ecología” puede que “técnicamente” mejore la calidad de vida del individuo, pero paralelamente constituye, sin lugar a dudas, una ganancia a futuro para las empresas constructoras. Como dice el viejo refrán: “Quien no arriesga, no gana”.Segmentar el mercado, por necesidades apropiadas puede tornar al sector mucho más competitivo.

La responsabilidad social de las empresas contratistas en infraestructura, conforma otro objetivo inseparable de las políticas empresariales. La construcción de obras de infraestructura no solamente permanece enfocada a la realización de un contrato, sino además, a mejorar la calidad de vida de la comunidad. Dentro de ese contexto, el servicio al cliente debe contemplar más que una estructura una estrategia, adoptando no solamente las empresas que se encuentran en el mercado, sino incluir dentro de las políticas a las futuras pymes que ingresan al sector. Entonces, se deben crear estrategias de servicio encaminadas a modificar las estructuras empresariales, y utilizar la tecnología, no solamente en equipos de construcción, sino en sistemas de información, ofreciendo nuevas alternativas de construcción (ecológicas, industriales, etc.) que pueden desarrollar mejores prácticas para lograr que el cliente se muestre satisfecho con la gestión empresarial.

Una definición objetiva y universal de calidad, es la de Phill Crosby: “Calidad es cumplir con los requerimientos, o también, el grado de satisfacción que ofrecen las características del producto o servicio, en relación con las exigencias del consumidor”.El costo de la no calidad, conocido también como el “precio del incumplimiento”, permanece compuesto por aquellos gastos producidos por ineficiencias o incumplimientos, los cuales son evitables, como pueden llegar a ser, por ejemplo, desperdicios, devoluciones, reparaciones, reemplazos, gastos por atención a quejas o exigencias de cumplimiento de garantías, que potencialmente pueden convertirse en conflictos legales. En este escenario, el enfoque en la productividad se centra en la rentabilidad que beneficia al productor, en tanto que el enfoque en la calidad se centra en el producto/servicio el cual beneficia al cliente, y por lo tanto, supone el enfoque al cliente.


Entreplanosabril 20, 2018
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Esa pregunta es la que nos va a hacer nuestro cliente luego de que nos cuente sus necesidades, así sea una reforma, una ampliación o una vivienda nueva. Para responder la consulta, debemos analizar una serie de costos dentro de los cuales desglosaremos todos los pasos, las personas y situaciones involucradas en la realización del proyecto.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

Definiremos, desde el inicio, la distinción entre los conceptos de “Costo” y “Precio” de una obra. Se denomina precio al valor comercial total que está dispuesto a pagar quien encomienda la materialización de una determinada obra. Por otra parte, entenderemos como costo al valor que incluye la totalidad de los montos pagados por la estructura productiva (contratista principal) que emprende el trabajo de la construcción. Por lo dicho queda claro que el precio de una obra es fijado por las condiciones imperantes en el mercado, mientras que el costo permanece en directa relación con el valor de los recursos empleados.

Resulta fundamental realizar dicha diferenciación de conceptos ya que los mismos remiten a distintas situaciones. En ciertos contextos económicos, una empresa decide hacerse cargo de la realización de una obra a efectos de mantener su plantel laboral o para que su nombre permanezca vigente en el mercado. Ese precio que determina la empresa, fue de alguna manera regulado por la competencia, no es acorde con el costo de la obra, y puede considerarse como una inversión efectuada por la firma para defender determinados intereses que pueden ser los mencionados más arriba u otros que podrían jugar conjuntamente en la toma de decisiones. Vale aclarar que el profesional en su rol de proyectista, es el encargado del diseño de la obra, por ende, deberá conocer la tecnología a implementar a efectos de la representación y especificación de la misma, ya que la documentación del proyecto constituye la base para la resolución de la temática en cuestión.

Quien posee conocimiento técnico y reconoce el proceso de producción de la obra está capacitado para disponer la racionalización de los recursos interactuantes con el proceso productivo. Sólo en apariencia, la documentación resulta ser independiente de la producción de la obra. Quien proyecta no sólo deberá contactarse con los espacios creados sino con la producción de los mismos, visualizando la organización de la infraestructura necesaria y adecuada. De esta forma, materializará una documentación completa, la cual posibilitará la economía de dicho proceso, ya que diseñará en función del costo de la obra.

En el presente análisis estamos integrando el concepto de economía y productividad que otros podrían considerar independientes del simple proceso técnico de la formación del costo, lo cual implicaría solamente asignar valores a lo proyectado. Esa es una posición posible, pero entendemos que es necesario llevar a cabo un estudio más integral, no olvidando conceptos fundamentales como el de rescatar la importancia de un buen diseño, así como la de efectuar un óptimo análisis económico, el cual deriva en la correcta distribución de los recursos a implementarse en la dinámica de la construcción.

Una pregunta fundamental es ¿cómo se organizará la obra? De allí derivará el costo en base al proyecto del obrador, su ubicación y composición, el costo de la infraestructura de producción que incluye redes viales, sanitarias, eléctricas, entre otros sistemas a desarrollar en función de la escala del emprendimiento.



Auspician Entreplanos




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