Entreplanosnoviembre 13, 2018
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Debido a las nuevas figuras que aparecen dentro del sector de la construcción, el arquitecto perdería un espacio vital ya que otros protagonistas asumirían la responsabilidad única del proyecto y se convertirían en socios del cliente, sus ojos, oídos y voz. A ellos enfocaremos la atención a continuación, a partir del reconocimiento del rol de Gerente de Proyecto y Gerente de Construcciones.
El rol profesional de “Gerente de Proyecto” (GP) conforma una persona o entidad experta en la conducción, programación, coordinación y control de gestión de los diversos agentes que participan en un proyecto, con el objeto de hacer cumplir las metas del mismo y minimizar los riesgos de su incumplimiento, representando o interactuando con el comitente y acentuando su acción sobre los puntos estratégicos y tácticos.
Dicho rol puede ser ejercido por arquitectos u otros profesionales (developers, project managers, entre otros) con formación específica que pueden llegar a conducir el proyecto por encima de los proyectistas, directores de obra, especialistas, consultores y asesores.
El GP es el nuevo rol al cual los comitentes adjudican la responsabilidad de conducir los grandes proyectos, debiendo ajustar sus actividades al “Código de Ética”
Es conveniente que la figura cuente con formación propia del “Management”, realizando cursos los cuales se imparten, desde hace algunos años, en el país y en el extranjero, constituyendo carreras de grado, maestrías o postgrados, a los fines de brindar servicios desde el inicio del proyecto, abarcando desde estudios preliminares hasta servicios post-construcción. Las condiciones que caracterizan a ésta figura para desarrollar un emprendimiento abarcan liderazgo, relaciones humanas, comunicaciones, calidad, tiempos, costos, contrataciones, selección y conducción de personas, profesionales y empresas.
Sus responsabilidades, además de las que puedan figurar en su contrato, son:

1) Concepción del proyecto.
2) Conducción unificada.
3) Gestión.
4) Limitación de responsabilidades.
5) Responsabilidades compartidas.

Gerencia de Construcciones

Se trata de un conjunto de servicios provistos para colaborar con el cliente y el arquitecto en la gestión de un proyecto, desde las primeras etapas del mismo hasta la finalización de la obra. En realidad, los servicios de una óptima Gerencia de Construcciones (GC) ya son brindados, en buena medida, por parte del arquitecto dentro de sus servicios de proyecto y dirección de obra. Un servicio de GC puede ser prestado por:

1) Una persona u organización independientes del Director de proyecto y/o de Obra.
2) Un Gerente de proyecto.
3) Un Director de proyecto y/o de Obra, como servicios adicionales a su encargo básico.
4) Una Empresa Constructora.

Las responsabilidades profesionales del Gerente de Construcciones abarcan encuadrar los costos de la obra dentro del presupuesto asignado, el seguimiento y control de los plazos contractuales y restantes obligaciones que le imponga su contrato; no emitir órdenes de servicio las cuales deben cursarse por parte del Director de obra; mostrar conformidad en las liquidaciones de los contratistas por el GC antes de que el Director de obra emita los certificados correspondientes; en caso de desacuerdos sobre los aspectos técnicos, las opiniones y decisiones del Director de proyecto y/o de Obra y/o del Representante técnico prevalecerán sobre las del GC. El Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU) considera que los métodos para retribuir los servicios profesionales de ambas figuras (GP y GC), cuando el rol es ejercido por un arquitecto, pueden ser mediante un porcentaje del costo de obra o proyecto, un honorario por tiempo empleado o un monto fijo.


Entreplanosnoviembre 2, 2018
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Cuando se realizan proyectos, obras, emprendimientos técnico-comerciales, uniones transitorias de empresas (U.T.E.), etc. de cierta envergadura, se relacionan formalmente dos o más personas, en general jurídicas (empresas, sociedades y otras), a través de un contrato y en las más variadas formas. Durante el desarrollo de estas tareas, surgen muchas veces controversias o conflictos, sean por causas voluntarias inherentes a las partes, sea por situaciones originadas por factores externos a las mismas o por causas imprevisibles. Frecuentemente, la divergencia radica en materias de especificidad técnica. En ocasiones, al fracasar los intentos de resolución de la controversia se llega a una etapa que obliga a recurrir a una instancia externa a las partes. La vía judicial, si bien es la más conocida, no es la única alternativa pues existen otras como el arbitraje.

El arbitraje: ¿qué es y cómo opera?

En el sistema legal argentino, como en la mayoría de los de la cultura occidental, tanto en el orden nacional como en el provincial, y en el internacional, existe el Arbitraje como un medio de resolver conflictos de intereses entre las partes, desplazando de común acuerdo la jurisdicción de los tribunales estaduales a tribunales formados por una o más personas imparciales, que dicta un laudo equivalente a una sentencia judicial. Las controversias que aquí pueden resolverse son aquellas que las partes pueden convenir o transar libremente. Son las de índole patrimonial/comercial, típicamente referentes a la validez, nulidad, interpretación, ejecución o resolución de un contrato.

Entre las distintas formas de procedimiento, el Centro Argentino de Ingenieros (CAI) ha adoptado la forma institucional: Una institución de carácter permanente (Tribunal Arbitral de las Ingenierías) se encarga de promover el arbitraje conforme a un reglamento de procedimiento de arbitraje preestablecido, poniendo a disposición de las partes, un listado de árbitros y una estructura de soporte administrativo.

Para poder acceder al arbitraje, las partes deben haber acordado de antemano esta opción, sea en una cláusula del contrato que formalizó la relación jurídica entre ambas, sea en un contrato posterior específico. En ambos casos, las partes se comprometen a aceptar el reglamento del tribunal y a cumplir con el laudo. El arbitraje es realizado por profesionales ingenieros de las diversas ramas de la especialidad, propuestos por cada una de las partes, sobre una lista de árbitros del Tribunal Arbitral de las Ingenierías.

El arbitraje se realiza sobre los puntos de litigio acordados por las partes al constituirse el tribunal, mediante un proceso preestablecido, con reglas claras y privilegiando siempre la agilidad procesal. Así los árbitros decidirán, con total independencia de criterio, sobre las pretensiones de cada una de las partes en un proceso abierto, con todas las garantías de igualdad, mediante las pruebas y alegatos aportados por las mismas.

El laudo, de cumplimiento obligatorio e inapelable, es dictado en un tiempo límite de seis meses.

Con la confianza en este método, y conjuntamente con los Consejos Profesionales de Ingeniería de la Junta Central, de Jurisdicción Nacional, se desarrolló un reglamento que fue aprobado por la Comisión Directiva del Centro Argentino de Ingenieros. Posteriormente, mediante la firma del Acta Fundacional realizada el 20 de agosto de 2004 por el Presidente del CAI y por las autoridades de los Consejos Profesionales de Ingeniería Civil, Industrial, Mecánica y Electricista, Naval, Química y Telecomunicaciones, Electrónica y Computación, se creó el Tribunal Arbitral de las Ingenierías (TAI).

La sustanciación del arbitraje se hace bajo estrictas normas de confidencialidad salvaguardando de esta manera el prestigio de las instituciones, pues de esta forma no quedan expuestas al ataque mediático.


Entreplanosoctubre 26, 2018
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Una forma de carácter efectivo en cuanto a la prevención de accidentes en las obras, es aquella que proporciona el conocimiento y dominio de un determinado oficio, principalmente, cuando el mismo se ha aprendido de una manera técnico-teórica y se han eliminado en él las rutina, las cuales resultan ser tan perjudiciales en la seguridad para el trabajo. A ello colaboran de manera fundamental las escuelas de aprendizaje y de formación profesional, las cuales consiguen la enseñanza de los oficios de una manera más técnica que la obtenida cuando el aprendizaje de los oficios se recibía a través de otro operario, quien tampoco había recibido una cabal formación en escuelas adecuadas. Por otra parte, durante la formación profesional de las citadas instituciones, existe como materia de estudio, la Seguridad e Higiene en el Trabajo, que ayuda al futuro operario desde los primeros pasos de su aprendizaje, a conocer los riesgos verificables en el a desarrollar durante su vida laboral y las maneras adecuadas de evitarlos, tanto en favor suyo como en el de sus compañeros.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

Un oficio bien aprendido es sin dudas aquel que puede realizarse durante muchos años sin provocar accidentes. Una obra mal distribuida y desprolija es motivo subyacente de accidentes que resultan de la caída de materiales y colisiones de los obreros entre sí o con la planta y el equipo. El espacio reducido, especialmente en las obras urbanas, es casi siempre el principal factor limitante, al tiempo que un plan de obra pensado para la seguridad y salud de los trabajadores puede parecer difícil de conciliar con la productividad. La planificación adecuada por parte de la Dirección de Obra constituye una parte esencial de la preparación y factor del funcionamiento eficiente de una obra en construcción. Antes de que el trabajo comience es preciso pensar en el “Plan y disposición de la obra”, es decir, la secuencia u orden en que se llevarán a cabo las tareas y los procesos u operaciones especialmente peligrosos; el acceso de los trabajadores a la obra y sus zonas circundantes, toda vez que las rutas deberán encontrarse libres de obstáculos y riesgos, tales como materiales que caen, equipos y vehículos.

La optimización de la seguridad, la salud y las condiciones laborales, depende en primera y última instancia, de la colaboración de personas que trabajan codo a codo, ya sean dirigentes u obreros. Debe impartirse una adecuada capacitación en todos los niveles: Dirección, supervisores y obreros. Quizás, también sea necesario capacitar a los subcontratistas y sus trabajadores en los procedimientos de seguridad de la obra, ya que distintos equipos de obreros especializados pueden afectar su seguridad mutua.

Debe plasmarse un sistema para que la dirección reciba información rápidamente acerca de prácticas inseguras y equipo defectuoso. Las tareas de seguridad y salud deben asignarse, específicamente, a determinadas personas.


Entreplanosoctubre 10, 2018
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La gestión de la seguridad comprende las funciones de planificación, identificación de áreas problemáticas, coordinación, control y dirección de las actividades de seguridad en una obra, todas ellas con el fin de prevenir accidentes y enfermedades. A menudo se entiende mal lo que significa la prevención de accidentes, ya que la mayoría de la gente cree, erróneamente, que “accidente” equivale a “lesión”, lo cual presupone que un accidente carece de importancia a menos que acarree una lesión.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de la Revista ENTREPLANOS.

A los administradores de la construcción les preocupan obviamente las lesiones de los trabajadores, pero su principal preocupación deben ser las condiciones peligrosas que las causan, el “incidente” más que la “lesión” en sí.

En una obra en construcción se contabilizan muchos más “incidentes” respecto de las “lesiones”. Pueden realizarse cientos de veces una acción peligrosa antes de que cause una lesión, y los esfuerzos deben concentrarse en la eliminación de dichos peligros en potencia. No se debería esperar la ocurrencia de daños humanos o materiales para tomar cartas en el asunto. De modo que gestión de seguridad significa aplicar medidas de seguridad antes de que ocurran los accidentes.

Una efectiva gestión de seguridad persigue tres objetivos principales: lograr un ambiente seguro; volver al trabajo sea seguro; lograr que los obreros alcancen una positiva conciencia sobre la seguridad. La política de seguridad deberá cubrir los siguientes aspectos: dispositivos para impartir capacitación a todos los niveles, siendo necesario prestar especial atención a trabajadores en puestos clave, tales como aquellos que erigen andamios y manejan grúas, cuyos errores pueden ser especialmente peligrosos para los demás; métodos o sistemas de trabajo seguros para las operaciones riesgosas: los empleados que realicen dichas operaciones deben participar en su preparación; deberes y responsabilidades de supervisores y trabajadores en los puestos clave; dispositivos para divulgar la información sobre seguridad y salud; selección y control de subcontratistas y Medidas para establecer comisiones de seguridad.

La organización de la seguridad dentro de una obra en construcción dependerá del tamaño de la misma, del sistema de empleo y de la manera en que se organiza el proyecto. Es preciso llevar registros de seguridad y sanidad que faciliten la identificación y resolución de los problemas de esa índole. En los proyectos de construcción donde se utilicen subcontratistas, el contrato deberá establecer las responsabilidades, deberes y medidas de seguridad esperadas de la fuerza de trabajo del subcontratista. Dichas medidas podrán incluir el suministro y uso de determinados equipos de seguridad, métodos para la ejecución de tareas específicas en forma segura, y la inspección y manejo adecuado de herramientas. El encargado de la obra debe además verificar que los materiales, equipo y herramientas traídos a la misma cumplan con la sumatoria de las normas mínimas de seguridad.


Entreplanosseptiembre 26, 2018
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Los recursos técnicos ostentan dos fuentes de origen. En ocasiones, el recurso ha sido originado para satisfacer una demanda específica de la arquitectura. Otras veces, aprovecha un recurso técnico desarrollado en otro campo de acción. En cualquier escenario, su conocimiento posibilita su empleo y la consecuente resolución del problema. De hecho, frecuentemente, la disponibilidad del recurso técnico sugiere la solución. El conocimiento técnico que debe adquirir el arquitecto reviste lógicamente formas y alcances especiales, adaptadas a sus necesidades.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

El creciente número de materiales, dispositivos, técnicas especializadas, instalaciones complementarias, etc, intervinientes en las construcciones es tan importante que su dominio completo excede la capacidad humana.

La arquitectura ha superado en el siglo XXI el estado en que relativamente pocos elementos integraban una obra y era factible un estudio a fondo, por parte del propio arquitecto, de todos ellos. Por lo tanto, y frente al número creciente de factores a considerar, resulta imprescindible fijar y establecer los límites, dentro de los cuales debe intensificarse la enseñanza y el aprendizaje de los futuros arquitectos.

Hoy no importa tanto al arquitecto el estudio geológico, mineralógico o químico de las piedras como el de sus propiedades físicas y tecnológicas que guarden algún grado de relación con su empleo en las construcciones, sin perder de vista que ciertos aspectos vinculados con la geología, la mineralogía y la química pueden significar una cierta importancia desde el punto de vista de la técnica aplicada.

En el campo de los materiales cerámicos, por ejemplo, interesa precisamente al arquitecto reconocer los productos vigentes en el mercado, tal como el ladrillo terminado más que el tipo de horno en el cual fue cocido, en tanto el cambio del sistema de cocción no altere las características y especificaciones técnicas del material aplicado en las construcciones.

Se debería procurar orientar la formación de los profesionales de la industria de la construcción hacia el estudio de los productos y tecnologías de los materiales, elementos y disposiciones constructivas, sin profundizar en aquellos aspectos como el de la formación, extracción o elaboración primaria de los materiales o el de la relación de los elementos y disposiciones constructivas, en cuanto no sea necesario su conocimiento para orientar o decidir su adopción en un determinado proyecto.


Entreplanosseptiembre 5, 2018
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¿Cómo conviene encarar la construcción de una obra? ¿con un único contratista a cargo de todos los trabajos provisiones o con varios contratistas? ¿la construcción de algún rubro será realizada por administración directa del profesional?

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

Estas decisiones presentan importantes consecuencias sobre los costos de la obra, los tiempos de ejecución junto con las obligaciones y responsabilidades de los distintos agentes que participan en su construcción: el o los contratistas, el director de obra (en adelante DO) y el comitente.

Desde el contrato único a los contratos separados y desde el ajuste alzado al coste y costas, existe una transferencia de riesgo de los contratistas al comitente, al mismo tiempo que se incrementan las obligaciones y responsabilidades de la dirección de obra.

El contratista único que actúa como empresa constructora asume la totalidad de las responsabilidades civiles, comerciales, laborales, previsionales, técnicas y penales por la construcción de la obra y es responsable por su ejecución y entrega de acuerdo con los planos y especificaciones del proyecto, los precios y plazos estipulados y demás obligaciones en los documentos que integran el contrato de construcción.

Además de la obligación principal señalada precedentemente, los pliegos de condiciones de los contratos de construcción deberían contemplar lo siguiente: adoptar, mantener y controlar las medidas y precauciones de seguridad e higiene de acuerdo con lo establecido por la normativa vigente; disponer la maquinaria y equipo para el movimiento y transporte de materiales y personas en la obra y obrador y responsabilizarse por su operación y mantenimiento; prestar ayuda de gremios a sus subcontratistas; adoptar, mantener y controlar las medidas y precauciones para la vigilancia de la obra; adquirir las responsabilidades como constructor y firmar los planos municipales, como constructor, ejecutor de la estructura e instalador de las instalaciones.

En paralelo con sus obligaciones como contratista único debe cumplir las obligaciones que también le corresponderían a cualquier otro contratista, tales como, respetar la autoridad de la DO y acatar sus órdenes; cumplir los códigos, reglamentos y disposiciones de orden técnico vinculados con los trabajos a su cargo; cumplir las normas oficiales vigentes que rigen el trabajo de los distintos gremios intervinientes en los trabajos respecto a salarios mínimos, vacaciones, jubilaciones, descanso semanal, jornada legal, seguros, seguridad e higiene del trabajo, trabajo en lugares insalubres, horas extras, fondo de desempleo, etc.

Asimismo cumplir las leyes, decretos, ordenanzas, edictos y reglamentaciones oficiales las cuales rigen en el ámbito de ejecución de los trabajos; adoptar los procedimientos constructivos, secuencias de tareas, técnicas y equipos; coordinar la ejecución de los trabajos del personal propio con el de sus subcontratistas.

Y, por último, conducir y controlar cualitativa, cuantitativa y permanentemente el proceso de construcción, la calidad y los trabajos de acuerdo con la documentación contractual y las “reglas del arte”, entendiéndose por tales a los procedimientos consagrados por la experiencia constructiva; programar y controlar la provisión e ingreso a obra de los materiales, equipos y suministros necesarios para la ejecución de los trabajos y controlar su calidad, programar la presentación de mano de obra y controlar su calidad.

La sumatoria de los aspectos mencionados debe formar parte, indefectiblemente, de los contenidos de un contrato.


Entreplanosagosto 29, 2018
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Si consideramos que el estudio de las CyMAT (Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo) aporta un enfoque académico multidisciplinario, abarcando el aspecto social, físico y cultural, tenderemos a comprender y aplicar determinadas normas de producción seguras, definiendo procedimientos que, en suma, posibiliten optimizar la situación del trabajador y reducir la elevada tasa de siniestralidad de nuestra industria.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de Revista ENTREPLANOS.

Para brindar precisos conceptos sobre el tema, acudo a los vastos conocimientos del Arq. Darío Romero, especialista en seguridad e higiene de la industria de la construcción: “Los AT/EP -Accidentes de Trabajo / Enfermedades Profesionales- poseen una incidencia muy importante dentro de los costos directos e indirectos de la producción de las obras. Por ende -aunque no exclusivamente por ello-, debe adquirirse una visión integradora del higienismo y el prevencionismo industrial, a fines de controlarlos y disminuirlos. No debe quedar duda respecto de la obligatoriedad de aplicación de la normativa vigente, persiguiendo el objetivo de garantizar que los valores de accidentalidad sean los más bajos de acuerdo al volumen de horas trabajadas, para luego, compararlos con las estadísticas nacionales relevadas por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

A los fines de gestionar eficientemente los riesgos laborales, vale incorporar rigor técnico a la comprensión de la temática, inclusive, aún desde la terminología empleada. Cuando hablamos de “accidente”, para referirnos al acontecimiento súbito y violento, aplicamos un término que denota un hecho imprevisto, inesperado, lo cual en definitiva obstaculiza el estudio de la problemática, dado que un accidente no es producto del azar ni de la fatalidad, ni tampoco intencional. Esta palabra, ampliamente utilizada desde la Ley 24.557 hasta la misma Organización Mundial de la Salud, se emplea también para describir el error humano, atribuirlo al destino o a un designio divino, trayendo como resultado la exclusión del sujeto de la secuencia derivada en una lesión no intencional, tornando imposible analizar las acciones conducentes a la conducta de riesgo.

Vale entonces denominar nuevamente este tipo de hechos, llamándolos por caso “siniestros”. Ese sería un primer paso para entenderlos como una cadena causal de eventos donde los sujetos pueden intervenir para evitarlos o mitigar sus consecuencias. Si llamamos las cosas por su nombre, tenemos posibilidad de encontrar solución a los problemas. Así, los traumas serán evitables y predecibles. Cuando hablamos de seguridad, necesariamente tenemos que referirnos a la conducta humana. Sobre dicha cuestión existe un documento el cual ofrece un posible enfoque, llamado “Teoría de la Homeostasis del Riesgo”, formulado por el psicólogo canadiense Gerald Wilde. El mismo brinda una explicación sobre el funcionamiento del ser humano cuando se encuentra de cara ante el peligro. Toda persona de cara a un riesgo cualquiera, determinaría su conducta ante el mismo como consecuencia de un proceso subjetivo previo desenvuelto en dos fases, donde primeramente, percibe los factores que constituyen el peligro, los analiza, realiza una evaluación y se forma un juicio al cual se denomina “riesgo percibido” (coincidente o no con el riesgo real). A continuación, el individuo considera las ventajas y desventajas que implicaría asumirlo y, como consecuencia, establece cuánto riesgo afrontará efectivamente, denominado “riesgo elegido”.En cualquier actividad en curso, las personas monitorean continuamente la magnitud del riesgo ante el cual sienten que se encuentran expuestas. Luego, la comparan con la magnitud del riesgo que están dispuestos a aceptar y tratan de reducir la diferencia entre ambas magnitudes a cero. En el concepto fundamental de homeostasis, el nivel de riesgo aceptado sería el termostato regulador de la seguridad. Lo anterior implica que las cifras totales de morbi-mortalidad de una industria dependerían, directamente, del “nivel de riesgo socialmente aceptado”.

Entonces, la motivación es la clave para generar un patrón de conducta segura, al reducir el nivel de aceptación del riesgo elegido. Así, este “termostato” podría ser regulado hacia abajo para acotar el grado de aceptación individual y social. Allí radica el gran secreto del éxito de cualquier medida de seguridad a adoptar”.


Entreplanosjulio 25, 2018
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Existen varios métodos para evaluar un negocio. Uno consiste en medir el tiempo de repago de la inversión una vez desarrollado el proyecto. Este sistema considera que la mejor inversión es la que se amortiza antes. Sin embargo, se trata de un método muy conservador, ya que privilegia un menor plazo de repago sin considerar los flujos de dinero demandados luego de esa fecha. Puede ocurrir que una inversión tarde más en ser recuperada pero arroje mayores beneficios con el transcurso del tiempo.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de la Revista ENTREPLANOS.

Otra alternativa de evaluación consiste en comparar el TIR (Tasa Interna de Retorno) del negocio frente a otras inversiones. El TIR conforma una herramienta la cual estima la tasa de interés a la que debería ser colocado el dinero para obtener un rendimiento similar al de nuestro negocio. En definitiva, el TIR es un Indicador de la rentabilidad del proyecto y arroja una tasa fácilmente comparable con inversiones alternativas.

Las estrategias para aumentar los beneficios de una construcción son de distintos tipos. Algunos inversores hacen arreglos con subcontratistas y efectúan canjes de metros cuadrados por el trabajo o la mercadería. Ello incide positivamente en el TIR, porque existe un menor costo financiero al disminuir el monto de la inversión. Otra forma consiste en acortar los plazos de obra. De ésta manera, se disminuye el riesgo y los intereses que representa mantener el capital inmovilizado en un proyecto. Si bien el TIR cuantifica el retorno sobre el capital invertido, el usuario con precaución no toma en cuenta las cantidades invertidas. No es necesario aclarar que no es lo mismo obtener el cincuenta por ciento de retorno sobre un peso invertido, que el veinticinco por ciento sobre mil. Sin embargo, el primer caso tendrá un TIR mayor que el segundo.

Para medir los resultados económicos en pesos contantes y sonantes, existe otra herramienta que es el VAN (Valor Actual Neto). El VAN Indica la ganancia al inversor, pero expresada en pesos al día de hoy, vale decir, que a los resultados monetarios de toda la venta, realizada a futuro, se le descuentan los Intereses financieros correspondientes al lapso transcurrido. La construcción es siempre una inversión de bajo riesgo, solo superada por las colocaciones bancarias o los préstamos hipotecarios. Siempre se presenta como un negocio seguro y rentable. Sus costados más sensibles son los costos y los tiempos de ejecución.

La incorporación de nuevas tecnologías en la construcción parece encaminada a solucionar dichas problemáticas. Mientras tanto, la gran frutilla del postre radica en lograr un correcto diagnóstico de las necesidades, posibilidades y gustos del mercado.


Entreplanosjulio 23, 2018
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Numerosos son los estudiosos que a lo largo de la historia han manifestado un entusiasmo -real o impostado- por el desarrollo de la productividad. La definición más austera de productividad volvió a la Europa debilitada de 1945, gracias a los Estados Unidos triunfantes. Los estudios más inteligentes no son del todo convincentes y, en 1961, aún documentos como “Las dudas sobre las nociones de productividad”, de Bertrand de Jouvenel, y las variaciones sobre esas mismas dudas de Dayre, demuestran que continúa vacío el contenido del termino “productividad”. El estudio de conjunto sobre la productividad, y de las posibilidades de su cuantificación, ha sido desentrañado por ramas enteras de la industria.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de la Revista ENTREPLANOS.

 

Ahora bien, en la construcción, diversas circunstancias han llevado a preocuparse por la productividad en las operaciones particulares. Dichas circunstancias radican, principalmente, en el afán de comparar la situación de la construcción en diferentes países, tratando de verificar si los métodos “modernos” de construcción han superado o no a los métodos “tradicionales”. Con razón o sin ella, se ha llamado a comparar a la productividad, por ejemplo, de dos operaciones en Francia o en Alemania, o entre un trabajo industrializado y uno tradicional. ¿Son útiles esas nociones acerca de la productividad en una operación particular o en una elemental?

Pueden escribirse muchos aspectos sobre dicho propósito y aventurar expresiones matemáticas. Todo ello carece de sentido, mientras no se sepa estimar ni el número de productos ni los consumos. En nuestro caso, los productos son las obras, cuya heterogeneidad conocemos. Es realmente absurdo comparar la mano de obra consumida en dos construcciones cuyo valor difiere en un 30%, sin considerar efectivamente dicha diferencia. Muy por el contrario, cuando se saben apreciar los valores, la noción de productividad nada tiene de misteriosa.

Se puede decir que la dualidad precio de ejecución-valor del objeto producido, pondera correctamente la productividad de la operación. La macro-escala de la industria de la construcción confunde, desde el punto de vista productivo, emprendimientos bastante diferentes. A escala de la obra elemental, la misma se encuentra definida con pormenores y no se puede comparar más que lo comparable. Resulta útil comparar, no la productividad de un mismo conjunto de producción en fechas diferentes, sino particularmente, la productividad simultánea de diversos conjuntos. Allí nos interesamos menos en comprobar los programas de la productividad que a medirla verdaderamente.

La productividad de un procedimiento constructivo no puede ser más que la razón de la cantidad de objetos producidos a uno cualquiera de los consumos que contribuyen a su manufactura: mano de obra, materiales, equipos, o a una combinación lineal de los mismos. Vale establecer la productividad media de un procedimiento, de una época o de una región.

Por consiguiente, mediante el uso que de ella se ha hecho en la construcción, la noción de productividad no encierra ninguna novedad: conforma una expresión moderna de la antigua noción de rendimiento de un proceso de fabricación, o del éxito de una operación. Sólo un defectuoso conocimiento del contenido de las construcciones ha podido crear confusión en torno de una noción tan remanida.


Entreplanosjulio 16, 2018
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La medida de un trabajo permanece asociada a un método o modo de realizar la tarea. Es decir, que cuando se define la duración de una tarea se deberá aclarar qué método o forma de materialización se está empleando para llevarla a cabo. La medida del trabajo dentro de nuestra industria resulta de la aplicación de las técnicas para determinar el contenido de horas/hombre de una función definida, fijando el tiempo en el cual un trabajador calificado lleva a cabo con apego a una norma de rendimiento preestablecido. Lo más lógico es que, previamente a efectuar la medida de un trabajo definido, se haya realizado un estudio del método que permita obtener un modelo más eficiente de tal forma que, cuando se efectúa la medición del trabajo, éste corresponda al método óptimo y sea un valor estable o irreductible.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

La determinación de la medida del trabajo para las tareas de obra es de gran utilidad para la conducción y dirección en cuanto permite: programar la producción, igualando la carga de trabajo de los componentes de cada grupo o grupos de obra, obteniendo el uso racional de los recursos de personal y equipos; contribuir al conocimiento exhaustivo de los costos de obra; y utilizar una política de incentivos o de primas de producción, que verifica una muy buena herramienta de dirección. Para que el tiempo tipo a determinar resulte significativo, es evidente que debe ser realizable por la mayor cantidad de operarios o trabajadores de una obra. Sería inútil fijar ritmos de trabajo muy elevados, los cuales puedan cumplir solamente los mejores empleados. Asimismo, no fomentaría la eficiencia de la obra fijar niveles tan bajos que puedan ser realizados holgadamente por los trabajadores menos activos.

Para obtener, entonces, valores equitativos y razonables en la medida del trabajo, se puede cuantificar la tarea con trabajadores promedio. Pero debemos considerar que los operarios no trabajan día a día, y ni siquiera, minuto a minuto con suma constancia. A partir de lo anterior resulta vital disponer de algún medio que nos permita evaluar el ritmo con que los operarios están trabajando y establecer la relación con el ritmo normal. El procedimiento empleado para lograrlo se denomina “Valoración”. Lo definimos como la operación mediante la cual quien observa una tarea con el objeto de hallar la medida del trabajo, comparando la situación de los operarios a quienes está observando, con el propio ritmo normal de ejecución de la tarea. El ritmo normal lo definimos como “aquel que puede mantenerse fácilmente un día tras otro sin excesiva fatiga física o mental, y se caracteriza por la realización de un esfuerzo constante y razonable”. Es aceptado que el ritmo normal resulta equivalente a la velocidad de movimiento de un hombre que recorre a pie, por terreno llano y en línea recta, 4.800 m en una hora (Velocidad de 4,8 Km/h).



Auspician Entreplanos




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