Entreplanosjunio 21, 2019
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Cuando pensamos en una edificación imaginamos cómo sería terminada, espacios, ventanas, luces, texturas, etc. Pero al comenzar a reflexionar más integralmente, una pregunta se presenta como primer disparador, una decisión que luego traerá consecuencias aparejadas más o menos convenientes: ¿Qué sistema constructivo voy a elegir para mi proyecto?

Ya sea por cuestiones económicas que no fueron bien consideradas o por el desconocimiento técnico de cada uno de los distintos sistemas, reiteradas veces en nuestras construcciones no consideramos el valor real de estos puntos a tener en cuenta, tan importantes en cuanto a habitabilidad de espacios y costos, como la sustentabilidad y el ahorro energético, transformado en un punto muy relevante. Todo tiende a demostrar que, en los próximos años, será una de las cuestiones más importantes a tener en cuenta.

Incluso, dependiendo de estas consideraciones, la oferta de materiales disponibles es muy extensa y en cada caso en particular deberán llevarse  a cabo las evaluaciones pertinentes, dependiendo, en buena medida, de las condiciones a las cuales vemos expuestos a los distintos paramentos que envuelven una edificación.

Es por ello que una correcta elección de la configuración de estos materiales comienza en el mismo momento cuando decidimos evaluar cuál va a ser el proyecto que realizaremos y dónde lo vamos a construir.

Eligiendo el Bloque Cerámico Hueco garantizaremos determinadas características y posibilidades generales, formas de construcción, y será factible estimar en qué medida responde a todas estas preguntas y problemáticas, sin olvidar la revisión de una actualidad en materia tecnológica que avanza todos los días a pasos agigantados.

Los ladrillos más antiguos que se han encontrado fueron fechados antes del 7.500 a.C. en la zona que actualmente conocemos como Siria y Turquía, en Tell Aswad y Diyarbakir, respectivamente, y en otras zonas próximas, con una antigüedad similar como en Jericó, Mehrgarh o Catal Huyuk. Aun así, se cree que su utilización data de mucho antes, aproximadamente, del año 9.500 a.C. Para entonces, ya se fabricaban con barro, arcilla o adobe (mezcla de arena y arcilla) dejándola secar al sol para permitir el endurecimiento de la mezcla.

Actualmente, se fabrican Bloques Cerámicos Huecos para muros, paredes y tabiques, los cuales se clasifican en dos grupos, según si su utilización es de forma horizontal o verticalmente, también los BCH se manufacturan para muros portantes o para tabiques de cerramiento no portantes.

Una de sus características, es que los BCH presentan en sus caras estrías las cuales sirven para lograr una mejor adherencia del mortero, ya sea para revoque o como mortero de asiento.

Otra de sus características, ya sean de cerramiento o portantes, es que se fabrican en diferentes medidas y con distinta cantidad de agujeros, los cuales varían en número según el uso que se le otorgara al BCH a la hora de construir.

Ello permite que una gran variedad de modelos sirvan para adaptarse a cualquier proyecto y modulación.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosjunio 10, 2019
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6min48

Todas las tareas necesarias para llevar a cabo un buen control de calidad como planificación, prevención, inspección, ensayos, entre otros, implican un costo económico. Ese costo se verá reflejado en el programa que normalmente realiza el profesional a cargo del proyecto. Los citados costos se definen como los “Costos de Calidad”, resultando los mismos en función de la tipología de la obra (dimensiones, uso, particularidad del cliente). Los parámetros se definen desde la etapa de proyecto y deben plasmarse en la documentación técnica. La exigencia de un óptimo control de calidad debería implementarse como norma general, a fin de evitar no solo la insatisfacción del usuario, sino riesgos y pérdidas debido al poco o inexistente control efectivo durante el desarrollo de las tareas de materialización.

La gran complejidad de una obra multiplica los puntos críticos en los cuales la Calidad se puede ver afectada. El control sistemático de dichos puntos requiere el compromiso y la dedicación del personal, pudiendo convertirse en un riesgo para la planificación y programación de los trabajos. Sin embargo, no se debe subestimar su importancia, ya que los defectos no detectados pueden causar daños mayores en el futuro. El control de calidad, además de un requerimiento legal, constituye una garantía respecto de la ejecución de una obra, los materiales y componentes utilizados y los equipos instalados, respecto del cumplimiento de los estándares previstos y las normas de aplicación.

La verificación de dicho cumplimiento conforma una verdadera garantía para la disminución de la existencia de defectos no detectados y la utilización de materiales con prestaciones inferiores a los demandados. Desarrollar una cultura de la Calidad, en nuestra industria y en los quehaceres, constituirá el camino para lograr los desafíos presentados.

En tal sentido, el Arq. Ruy Varalla, especialista en temas de gestión y administración de obras, reflexiona: “…Confiados en las particulares características de la industria, nuestras empresas de construcción, en lugar de aplicar y afianzar conceptos gerenciales capaces de asegurar la obtención de las metas deseadas, han preferido aplicar un manejo empresarial basado en la “intuición y el coraje”. Ya de por sí, en cualquier actividad, dichos componentes no resultan ser suficientes para asumir un compromiso productivo. Agreguemos las peculiaridades propias de la construcción y veremos que el logro de resultados acordes con las expectativas deseadas es “puro milagro”. Sólo el milagro nos puede salvar de “no haber dicho no” en el momento preciso. Y si es puro milagro, ¿cuál es la confianza que les podemos brindar a nuestros Comitentes sobre el producto final que les entregamos? Hemos intentado “delegar” al transferir la responsabilidad que, sobre el producto y la producción tenemos, entregándosela a operarios “por producción”. Ante esto nos preguntamos: ¿Cuál es la función que los profesionales tenemos dentro de la industria? ¿De qué manera podremos brindarles confianza a nuestros Comitentes, si nosotros nos desligamos de las responsabilidades que implica el gerenciamiento de la producción y el manejo de la calidad del producto?…”

Lo afirmado implica sumar a nuestra industria la macro visión de la Calidad, con un enfoque amplio e integrador, alcanzando ya no solo a los Controles de Calidad, sino articulando la Gestión para el Control de Calidad. Esos procesos deben ser logrados a través de claras políticas empresarias, una ajustada planificación y las verificaciones de las ejecuciones como una práctica habitual cíclica de mejora continua.

De esta manera, resulta fundamental contar con la documentación desarrollada a la medida y con especificaciones precisas para cada obra, plasmadas tanto en un Manual de la Calidad, como así también, en el Manual de Procedimientos, los Planes Operativos, Instructivos, Registros y toda otra documentación necesaria para un correcto desarrollo y control de los trabajos. Resulta clave en nuestra industria de la construcción planear la ejecución de los procesos, ya que de ellos dependerán los logros en cuanto a eficacia y eficiencia, y por ende, los resultados operativos de Calidad en las obras materializadas.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosmayo 20, 2019
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Actualmente se desarrollan valiosas ideas y conceptos en relación con la denominada arquitectura “sostenible”, “verde” y “amigable con el medio ambiente”. Dicha terminología ha sido monopolizada por parte del discurso de muchos profesionales de la construcción, corriéndose el peligroso riesgo de que los mismos no sean valorados en su verdadera magnitud. Nuestra industria de la construcción, al ser responsable de un consumo energético desmedido, es una de las más estigmatizadas, provocando que la bandera verde sea enarbolada con fruición por parte de una gran cantidad de actores, tanto empresarios como profesionales. Evidentemente, las problemáticas planteadas por el medio ambiente no pertenecen al nuevo siglo. Cierto es que se ha revertido la visión de los actores sociales en cuanto a la importancia que reviste el tema, dadas las contundentes pruebas que, bajo la forma de desastres naturales, el ambiente nos brinda.

Iniciativas en relación con la minimización de la denominada “huella ecológica”, gracias a la optimización energética de los procesos constructivos, son bienvenidas y explicitadas como importantes aportes para la arquitectura. Aunque cierto es que muchos de los mencionados aportes conforman el primer paso dado a efectos de provocar un cambio de mentalidad a la hora de diseñar. La transfiguración de la técnica, dentro de la cual la industrialización adquiere un papel fundamental, resulta inminente. Pero por eso mismo, las problemáticas ambientales deben ser cabalmente estudiadas, lejos de las modas y los discursos “políticamente correctos” desde el punto de vista del marketing más ortodoxo, pero vacíos de aplicabilidad en relación con nuestros contextos económicos, legales, técnicos y sociales.

Las iniciativas proyectadas no deben agotarse únicamente respecto de la labor de los profesionales de la construcción, ni de las empresas fabricantes de insumos, sino que deben trascender hacia los consumidores finales. Son ellos, como parte de la sociedad, quienes verdaderamente pueden determinar el éxito de los emprendimientos, y así también, la prosperidad de una arquitectura sostenible. No podemos, ni debemos, hacer del marketing ambiental una moda pasajera, sin conllevar un positivo beneficio para toda la posteridad.

Todos los actores de la llamada “cadena de valor” deben mostrarse cabalmente comprometidos en la producción de materias primas, transformación, logística, comercialización, disposición final y recuperación, una vez que la vida útil de la obra haya concluido. Los valores de las conductividades térmicas de cada material se obtendrán según la Norma IRAM 11.601. Los materiales no incluidos dentro de la lista enunciada en dicha norma, deberán ser ensayados en organismos certificados, de acuerdo a las Normas IRAM de métodos de ensayo; la 11.559 (“Determinación de la resistencia térmica y propiedades conexas en régimen estacionario. Método de la placa caliente con guarda”), y la 1.860 (“Método de ensayo de las propiedades de transmisión térmica en régimen estacionario, mediante el aparato de medición del flujo de calor).

Los agentes climáticos (lluvia, radiación, temperatura del aire, etc.), se ven modificados por la envolvente de la obra antes de afectar sus condiciones interiores. Una adecuada aislación térmica de los cerramientos contribuirá al logro de un “microclima capaz de asegurar condiciones de confort” con ventajas económicas en cuanto al consumo de energía necesario para alcanzar óptimas condiciones.

Resulta importante conocer las cualidades de los elementos constructivos empleados como cerramiento, de manera que puedan aprovecharse, mediante una elección racional, para el control climático de los ambientes. Estudiaremos entonces las nociones teóricas necesarias sobre el calor y su propagación y analizaremos un cuadro comparativo de los distintos tipos de muros comúnmente utilizados en la construcción, donde se destaca la mayor o menor facilidad demostrada por parte del calor para atravesarlos en la unidad de tiempo y superficie.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosmayo 9, 2019
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La voluntad de los ciudadanos de los países desarrollados, y en desarrollo, de pensar y vivir de manera sostenible existe y aumenta. El interés por el tema no se limita a pequeños grupos de activistas. Permanentemente, se suman un gran número de publicaciones y sitios de Internet que presentan posibilidades y productos los cuales ayudan a poner en práctica la filosofía de la sustentabilidad en la vida cotidiana.

La industria de la construcción muestra sus propuestas al respecto.

No se trata de un nuevo estilo arquitectónico, ni de una moda alternativa, sino de aplicar una serie de criterios, como la correcta orientación de los ambientes, la elección de los sistemas adecuados, el tamaño de las aberturas y su protección ante el sol. Dichos criterios se relacionan con el consumo de energía, el uso de fuentes de energía renovables, materiales y productos de construcción más amigables con el ambiente, la gestión de los residuos y el agua, así como otros aspectos capaces de influir en los impactos ambientales de la construcción.

El origen y manufactura técnica de los sistemas constructivos, su impacto ambiental y desmantelamiento futuro, conforman aspectos cada vez más decisivos a la hora de seleccionar un producto vigente en el mercado. Ante ese escenario, los técnicos han reaccionado ofreciéndoles a los profesionales sistemas constructivos lo más inocuos posibles para el medio ambiente, los cuales son desarrollados aplicando una severa responsabilidad socioambiental.

El tema de la sustentabilidad está ocupando y preocupando especialmente a los profesionales de nuestra industria. Los analistas e inversores ya no miran exclusivamente las cifras de negocio o los beneficios monetarios, sino también, si una empresa presenta un sistema constructivo el cual garantiza un desarrollo sostenible, o sea, ecológico y socialmente responsable, o no.

En los Estados Unidos y Gran Bretaña, por sólo citar dos ejemplos, la preocupación por el efecto invernadero permanece muy presente en la sociedad y, junto con otros criterios, condiciona los procesos de la producción industrial, incluidos los de la construcción de obras de arquitectura e ingeniería de distintas escalas. Estudios revelan que la sustentabilidad ha crecido exponencialmente en cuanto al grado de relevancia que la sociedad le brinda. Ello se repite en los dos mencionados países, hasta el punto de convertirse en un valor comercial añadido.

El concepto “de la Cuna a la Cuna” (“Cradle to Cradle”, o “C2C”), se basa en el principio de diseñar aquello que producimos de tal forma que sea o completamente biodegradable, o absolutamente reciclable. Este principio encuentra su origen en la naturaleza misma, donde no existe problema alguno con los “residuos”, puesto que “residuo” es igual a “nutriente”. El modelo “de la Cuna a la Cuna” se opone de hecho a “de la Cuna a la Tumba” (“Cradle to Grave”), en el cual los flujos de material asociados a un producto a menudo no fluyen teniendo en cuenta la conservación de los recursos naturales, vale decir que, al final de su vida, los materiales y productos terminan para siempre en basurales, incinerados o amontonados en ecosistemas. El concepto de “sustentabilidad”, no se relaciona solamente con las condiciones de habitabilidad y uso ulterior de una obra determinada de arquitectura, sino con una forma de concebir, proyectar y materializar dicha obra. En este sentido, los sistemas constructivos industrializados y sustentables aportan sus particulares características para satisfacer y cumplir los requisitos que, en cuanto a confort higrotérmico las nuevas construcciones requieren, como forma válida de garantizar una disposición acorde de los recursos de producción.

Los profesionales no conciben un mejor homenaje a la naturaleza y la prosecución de un entorno ambiental sano en el cual el hombre desarrolla y crea su vida. Negar estos conceptos, o lo que resulta peor, ignorarlos por completo, supondrá una traición a uno de los axiomas más elementales: “La arquitectura surge de la interacción de la inteligencia del hombre con los recursos naturales, aplicando a nuevas formas del habitar lo aprendido a partir de la experiencia acumulada a lo largo de los siglos”.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosabril 17, 2019
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6min177

  En promedio, más de la mitad del gasto energético de una vivienda proviene de la climatización. De esta forma, con un buen diseño y el uso de materiales capaces de optimizar la aislación térmica, se podrá reducir considerablemente el uso de energía y lograr espacios confortables para sus habitantes.

  El 58% del consumo energético medio de una vivienda proviene de la calefacción y la refrigeración, lo cual convierte a la aislación térmica en la variable clave de la construcción. Un adecuado aislamiento térmico en envolventes, es decir, paredes y techos, permite ahorros de hasta el 40% en la tarifa de gas y electricidad, al disminuir los consumos en calefacción y aire acondicionado. Al momento de construir, la inversión en aislación térmica es sólo de entre un 2 a 3% mayor. Dicho costo adicional en el presupuesto se amortiza directamente por el menor gasto desembolsado en la compra de equipos de climatización, muchas veces sobredimensionados. En este contexto, resulta importante tener conciencia no sólo de los aspectos económicos, sino también, de los ambientales, ya que aislar convenientemente habilita a un uso racional y eficiente de recursos cada vez más escasos y no renovables.

  La energía más limpia es aquella que no se consume, y la más económica la que no se pierde. Utilizar materiales y elementos sustentables deriva en una inteligente inversión, que retorna en ahorro energético, por ende, en dinero y en calidad ambiental.

  Para lograr una buena aislación térmica es importante analizar las solicitaciones a las cuales se verá sometido cada muro, su asoleamiento y orientación, para luego, utilizar el bloque adecuado. Adicionalmente, los morteros y revoques serán correctamente dosificados y ejecutados, aplicando los agregados necesarios para garantizar una buena aislación térmica e hidrófuga.

  Teniendo en cuenta que la pérdida de calor por transferencia en las envolventes externas representa entre el 60% y el 80% de la pérdida total de calor en un edificio, se debe poner especial foco en la mejora de su rendimiento térmico. Para ello se deberá, además, proponer soluciones que no encarezcan significativamente el proyecto, que no retrasen el tiempo de construcción y no sacrifiquen metros construibles.

  La necesidad de aislar térmicamente un edificio se encuentra justificada por cuatro razones: a) Economizar energía, al reducir las pérdidas térmicas por los cerramientos; b) Mejorar el confort térmico, al acotar la diferencia de temperatura de las superficies interiores de las paredes y el ambiente interior; c) Eliminar los fenómenos de condensación, y con ello, evitar humedades y pérdida de aislamiento en los cerramientos; y finalmente d) Mejorar el entorno medioambiental, al minimizar la emisión de contaminantes asociada a la generación de energía.

  Un cerramiento vertical, correctamente dimensionado y aislado, garantiza el confort térmico y acústico, también la salud interior y la vida útil de sus componentes. Una adecuada aislación permite el uso racional y eficiente de recursos energéticos fósiles cada vez más escasos y no renovables. La tendencia del siglo XXI radica en desarrollar cerramientos con mayor capacidad aislante. Las variables fundamentales de diseño son el espesor y la densidad de los materiales empleados. Para un determinado espesor, un material de baja densidad puede aportar un buen aislamiento térmico. Por el contrario, al utilizar materiales de alta densidad puede que no se alcance el adecuado aislamiento térmico, ya que se caracterizan por su alta conductividad térmica, aunque también pueden aportar inercia térmica por su alta capacidad de acumulación.

  La utilización de sistemas constructivos termoeficientes implica una inversión adicional de entre el 12% y el 42%, con un retorno de, aproximadamente, un 60% de ahorro en energía destinada a la climatización. La incidencia promedio analizada en una obra, dependiendo de las particularidades del proyecto, es de entre el 3 al 5% en edificios en altura y entre el 8 al 11% en viviendas unifamiliares.


Entreplanosabril 10, 2019
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  La industria de la construcción constituye uno de los motores de la economía de nuestro país, tanto en infraestructura pública como de obras particulares, conformando un sector el cual refleja, indefectiblemente, los índices de crecimiento económico y el nivel de vida de sus ciudadanos.

  La responsabilidad social de las Empresas Constructoras asume un objetivo inseparable de las políticas empresariales. La construcción de obras no solamente permanece enfocada en la realización de un contrato, sino además, en mejorar la calidad de vida de una comunidad.

  El servicio al cliente deberá contemplar, más que una estructura, una estrategia encaminada a modificar los sistemas empresariales, utilizando la tecnología no solamente aplicada en los equipos de construcción, sino en esquemas de información, ofreciendo nuevas alternativas (ecológicas, económicas, tecnológicas, etc.) capaces de desarrollar mejores prácticas para lograr un cliente satisfecho, como así también, atender las expectativas y requisitos de las partes interesadas en las mismas.

  Entregar los proyectos con los mejores estándares de calidad crea confiabilidad, otorgando como beneficio económico empresarial una activa y abundante cartera de clientes. Es decir, tomar como objetivo la calidad constructiva optimiza la calidad de vida del individuo, pero paralelamente, brinda y brindará, sin lugar a dudas, notables beneficios inmediatos y futuros para las empresas constructoras, cooperando a mejorar sus desempeños globales y proporcionando sólidas bases para las iniciativas de desarrollo sostenible.

  El costo de la no calidad, conocido también como el “precio del desvío”, permanece compuesto por aquellos gastos generados a partir de ineficiencias o errores que muchas veces resultan ser evitables, como por ejemplo, incumplimientos, desperdicios, devoluciones, reparaciones, retrabajos, imprevistos, costos por atención ante quejas o exigencias del cumplimiento de garantías, los cuales potencialmente, pueden convertirse en conflictos legales.

  El enfoque basado en la Calidad tiende a desarrollar la capacidad de proporcionar productos y servicios los cuales satisfacen, no solo los requisitos de los clientes, sino también, los legales y reglamentarios. Este enfoque amplio permite mejorar la satisfacción de los clientes abordando riesgos y oportunidades con las particularidades de cada proyecto. En paralelo, permitirá mejorar los niveles de productividad en las obras, beneficiando la rentabilidad de las mismas y de las empresas en el largo plazo.

  Adoptando la definición de las Normas ISO 9000, podemos afirmar que “Calidad es el grado en el que un conjunto de características inherentes del producto o servicio cumple con los requisitos (necesidad o expectativa, generalmente implícita u obligatoria) de las partes interesadas”.

  El personal encargado de cualquier fase de la obra constituye el primer eslabón en la cadena de la Calidad, puesto que cualquier fallo de la persona restará calidad al conjunto. Por ello, el Compromiso de las Direcciones, tanto de las casas matrices como de cada una de las obras y las políticas de las empresas al respecto, son fundamentales para el proceso cultural que implica incorporar a la calidad como aspecto clave del negocio y de la vida de las empresas, a efectos de cumplir los compromisos con los mayores beneficios posibles.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

 


Entreplanosmarzo 20, 2019
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5min238

  La construcción, en nuestra región, se lleva a cabo a partir del agotamiento o mal uso de los recursos, con la consecuente degradación de los espacios naturales, el exponencial incremento de la demanda energética y la contaminación ambiental.

  En la Argentina, se obtenía gas a bajo costo, comparativamente con lo corroborado en la mayoría de los países del mundo, gracias nuestras propias reservas naturales. Por otro lado, hasta ahora no ha sido un problema, como sí lo es en otras partes del mundo, la escasez de agua ni de otros recursos naturales como la madera. Dichas potencialidades, propias de nuestro país, hacen que la industria de la construcción -salvo honrosas excepciones- no tome conciencia de la necesidad de pensar en el ahorro de energía.

  Como consecuencia, se puede estimar que más de la mitad de las viviendas construidas en nuestro medio, teniendo en cuenta a las realizadas a través de la autoconstrucción-, no son eficientes en cuanto al ahorro de energía, vale decir, las casas nacen “enfermas”. Necesitan constantemente de medios mecánicos externos para lograr alcanzar un aceptable confort higrotérmico, generando un costo innecesario el cual podría ser prevenido al momento de diseñar y construir la obra encomendada.

  A partir de los años 70 del siglo pasado, los países desarrollados pusieron de manifiesto la necesidad de impulsar el ahorro energético en vistas al creciente costo del petróleo. El foco de la crisis energética del año 1973 provocó que la humanidad toda se plantee la necesidad de reconsiderar el gasto energético de sus edificaciones. En los últimos años, la redacción del Acuerdo de Kyoto torna mucho más evidente la importancia del mencionado ahorro.

  Estudios realizados en los Estados Unidos sobre el problema energético demostraron fehacientemente que el 25% del consumo total de energía, en sus diversas formas, se emplea en la climatización de construcciones. De dicho porcentaje, actualmente resulta factible reducir el consumo en un 50%.

  Un edificio, adecuadamente diseñado, conforma un instrumento de captación, acumulación y distribución de energía. Resulta entonces fundamental comprender que la arquitectura debe necesariamente adecuarse a las condiciones bioclimáticas que la circundan. De esta forma, el profesional del diseño descubrirá las formas de cada lugar, y aliado con la actual tecnología más la correspondiente investigación, procurará aprovechar sus ventajas.

  De acuerdo con estudios formulados, se podría economizar aproximadamente el 40% de la energía empleada en los edificios, aplicando tecnologías eficientes. Es posible lograr una interesante economía energética mediante un adecuado criterio de diseño tendiente a mejorar la relación superficie-volumen. Es bueno comprender que los fenómenos higrotérmicos analizados se originan, por lo expuesto, en la envolvente del edificio.

  Las nuevas legislaciones, como la Norma IRAM 11.900 de Etiquetado de eficiencia energética de calefacción para edificios. Clasificación según la transmitancia térmica de la envolvente, la Ley 13.059 de la provincia de Buenos Aires y los apartados específicos del recientemente sancionado Código de Edificación de la ciudad de Buenos Aires, resultan indicativas de la creciente tendencia capaz de mejorar el comportamiento térmico de los edificios.


Entreplanosmarzo 13, 2019
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  Las infiltraciones de aire y la falta de estanqueidad de una caja arquitectónica pueden llegar a representar pérdidas significativas cuando se trata de grandes superficies expuestas, por lo tanto, resulta aconsejable la utilización de sistemas aislantes térmicos capaces de mejorar la performance de los edificios.

  En la actualidad, hemos escuchado mucho hablar de productos que cuidan del medio ambiente mediante el reciclaje de algunos de sus desechos; logrando verdaderos ahorros de inversión. También se conceptualizan organizaciones las cuales, sin buscar mejoras económicas, nos capacitan acerca de los recursos no renovables. Esta toma de conciencia se desarrolla en forma contundente y merece nuestra completa atención. Temas tan lejanos como el agotamiento de las reservas y la conservación de la energía, no necesariamente derivan en incrementos económicos en nuestras obras, si ellas son concebidas desde su inicio con una verdadera política de ahorro energético. Los “sistemas de conservación pasiva”, si bien no representan grandes costos, demandan por parte del profesional un cabal conocimiento de los materiales y sistemas constructivos.

  Realizando un buen diseño de nuestras obras, más una correcta utilización de los recursos, podemos contribuir con el ahorro energético. La correcta orientación del edificio; en función del sol y el viento, logran que desde el mismo proyecto se ubiquen los servicios al Sur. Así se evita un consumo energético extra en invierno derivado en la calefacción de dormitorios, sala de estar y otros locales mal orientados, los cuales sufren gran cantidad de pérdidas de calorías, verificadas al desarrollar el balance térmico. La forma de la planta del edificio implica una gran incidencia energética, puesto que la geometría cuadrada -por ejemplo- resulta ser mucho más eficiente. Se optaría, de ser posible, por un desarrollo rectangular con su eje en la dirección Este-Oeste y su fachada mayor dispuesta hacia el Norte.

  Como podemos apreciar, no existe en muchos casos ningún tipo de inversión extra en nuestro presupuesto, pero una correcta disposición del edificio y sus locales derivan en apreciables ahorros energéticos futuros a lo largo de la vida útil de la obra construida.

  El tipo de cerramiento elegido conforma otro de los factores determinantes a la hora de optimizar nuestros recursos energéticos. Si bien la iluminación natural resulta indispensable para colmar nuestras obras de vida, a veces subestimamos el negativo impacto de las grandes superficies vidriadas orientadas al Oeste, y en verano, totalmente inutilizadas de no ser por un buen sistema de climatización. Podemos sugerir entonces, disponer de otras orientaciones más beneficiosas o utilizar los vidrios adecuados para garantizar un razonable equilibrio de la relación diseño/costo energético.

  La Transmitancia Térmica “K” (W/m2ºK) se define como la inversa de la Resistencia Térmica “R” (m2ºK/W). Su cálculo se desarrolla utilizando el método y los valores normalizados de Resistencias Térmicas y Conductividades Térmicas “X” (W/mK), indicados en la Norma IRAM 11.601 y empleando la guía para la aplicación de la misma. Se deberá confeccionar una planilla de cálculo para verificar el Coeficiente de Transmitancia Térmica “K” para cada componente de la envolvente (IRAM 11.601 tabla C.1), tanto para la condición de verano como de invierno. En esta planilla se deberá especificar cada una de las capas que conforman el cerramiento, definiéndose claramente las características de cada elemento, especificándose su espesor, su conductividad y resistencia térmica.

  Actualmente, no colma expectativas el diseño de un producto arquitectónico rotulado como “sostenible”. La industria de la construcción, si desea afianzar la vigencia de sus negocios, tiene la responsabilidad -y oportunidad- de activar el circuito del cambio, empezando por sí misma, garantizando de esta manera, una positiva proyección sobre la sociedad del siglo XXI.

 

Escribe: Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosfebrero 27, 2019
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La energía calórica actual para una vivienda con un buen nivel de aislamiento térmico (Muros y Techos), puede dividirse en un 40% para la instalación sanitaria (agua caliente) y 60% para la instalación de calefacción. Podríamos ahorrar entonces el 80% de la energía demandada en una vivienda para el calentamiento del agua y hasta un 50% destinada a su calefacción aplicando los avances tecnológicos.

De esta forma, es posible lograr una interesante economía energética mediante un adecuado criterio de diseño tendiente a mejorar la relación superficie-volumen. Es bueno comprender que los fenómenos higrotérmicos se originan en la envolvente edilicia. La responsabilidad de los arquitectos e ingenieros en este campo resulta ser trascendental, dado que sólo a partir de condiciones interiores adecuadas en las obras proyectadas, podremos involucrar al usuario en la responsabilidad que mantiene dentro de la cadena de consumo de energía.

Los denominados Costos de los Servicios Energéticos (CSE), representan aproximadamente más del 15% de los gastos de una vivienda. Por lo tanto, con la participación de todos los sectores, habremos logrado evitar el derroche de energía sin afectar la calidad y confort de las condiciones interiores. Consideremos en paralelo el concepto de “Pobreza energética”, vale decir, aquellas familias que destinan más del 10% de sus ingresos en los mencionados CSE.

El efecto invernadero a nivel global, el agotamiento de las fuentes de energía no renovables,  la posibilidad técnica de mejorar el hábitat desde el exterior de la vivienda, y la degradación de las envolventes, imponen la creación de proyectos responsables de beneficiar a los habitantes de las ciudades. Las urgencias que nuestro medio ambiente suma con cada desastre natural, acelera los tiempos de aplicación de aquellas formas de construcción ecológicamente compatibles. Ante las afectaciones que nuestro clima evidencia, el desafío consistirá en cómo crear conciencia respecto de que el futuro es hoy, reafirmando que las fuentes naturales, de entrañable nobleza, no son inagotables. Los profesionales debemos constituirnos en actores superlativos de un cambio radical, asumiendo una actitud más solidaria y comprometida con el contexto propuesto por el medio. Cabe recordar la reflexión realizada por el sociólogo italiano Francesco Tonucci, cuando sentencia: “La generación de finales del siglo XX será la primera en la historia de la humanidad capaz de afectar negativamente las perspectivas de vida de la siguiente generación”.

Nuestros desafíos como país periférico son importantes. En este sentido, todo avance capaz de alcanzar un hábitat sustentable es plausible. En este sentido, proyectar y construir no conforman tareas menores, ya que revisten una enorme responsabilidad. Cada vez que elegimos un determinado sistema constructivo, allí, en la pantalla de CAD; es imprescindible reflexionar, pensar, crear, optar y teorizar.

Proyectar el entorno humano, organizarlo y gestionarlo integralmente, requiere de distintas disciplinas. Las mismas centran su atención en el medio físico, la sociedad y la cultura, tales como la geografía, la sociología, la hidrografía, la biología, la ecología o el planeamiento urbano y territorial. En los últimos cincuenta años, el avance de las metrópolis y de ciertas políticas desatendió funciones básicas tendientes a garantizar un medio físico adecuado a los fines de promover la calidad de vida presente y futura. Evidentemente, los sectores geográficamente más desprotegidos, fueron los que directamente recibieron los embates de dichas acciones, desde el punto de vista de la calidad de los servicios recibidos.

Los porcentajes y valores en torno a la eficiencia energética hoy son vistos con ojos de alarma y esperanza. Son números que apuestan, en el tablero de las decisiones técnicas, a una actitud superadora de los convencionalismos formales de nuestra industria de la construcción.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosfebrero 13, 2019
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  La necesidad de crear grandes infraestructuras y la posibilidad de hallar en la industrialización una fuente técnica inmejorable, fuera de las grandes operaciones edificatorias, pone en evidencia la posibilidad de generalizar los sistemas, e incluso, la economía de los métodos. El desarrollo de estos elementos ha llevado a un gran avance en cuanto a la sustentabilidad de los sistemas constructivos, sumado a la incorporación de novedosas técnicas dentro de la edificación convencional. La tendencia en la aplicación de dichas técnicas, en diferentes tipos de edificaciones, resulta creciente a la hora de incorporar elementos estandarizados y coordinados, repercutiendo en una notable mejora de la calidad y versatilidad de las obras.

  “Construir”, “ejecutar”, implica poner en presencia elementos materiales y trabajo productor, ya fuese manual o mecanizado, utilizando a dichos efectos el bagaje tecnológico. El trabajo productor del “construir”, es conducido y obedece a un proceso técnico predeterminado, cuyo resultado es el producto elaborado: “La obra”. Estamos, por lo tanto, en presencia de un proceso de tipo industrial. En la evolución de los sistemas de producción, los pasos iniciales encuentran su origen en la artesanía. La industria se concentra en el maestro de oficio, dueño de sus herramientas y fuerza de trabajo. En la marcha acelerada del tiempo, la humanidad avanza categóricamente encaminada por el progreso científico, expresado en el avance tecnológico y centrado en la tecnificación laboral.

  Tecnificar el trabajo productor, significa brindar al elemento transformador, el trabajo más equipo tecnológico, y por lo tanto, más energía que lo impulse y mayor organización, equivalente a racionalizarlo conforme a las normas científicas. Dentro de esta evolución hacia el trabajo tecnificado, el obrero constructor tiende a ser un conductor o espectador-vigilante de su herramienta. El objetivo y resultado radica en un aumento de la productividad por hombre, con el impacto directo de un menor esfuerzo humano en cantidad y específico.

  A los mencionados fines concurre la concepción arquitectónica y estructural de una obra, la aplicación de la industrialización, normalización y modulación de diversos elementos, la mayor mecanización que opera -incluso- en los métodos de trabajos convencionales. Este conjunto de elementos introducido en los sistemas constructivos concurren a tipificar y estandarizar las obras, y continúan abriendo las brechas responsables de acentuar, día a día, una organización más racional del trabajo productor.

  La innovación no ha de confundirse con el progreso técnico ni con la invención. Durante el período que precedió a la revolución industrial del siglo XVII, sucedieron numerosos progresos técnicos, muchos de ellos producto de la casualidad. Dichos progresos mejoraban notablemente las condiciones de producción, pero no fueron suficientes para derivar en un cambio radical. Generalmente, una innovación provoca otras; establece un desequilibrio en los procesos de producción en la medida en que ciertos grados de dicho proceso ya no se adaptan a las posibilidades y nuevas trabas introducidas por la innovación. Por lo tanto, un proceso de producción no puede soportar variaciones tecnológicas demasiado importantes entre los diferentes estratos integrantes.

  En nuestro país, la situación ha evolucionado singularmente gracias a la actuación, desde el año 1970, de la Secretaría de Vivienda, organismo que por intermedio de la Dirección de Tecnología y Producción, continúa otorgando el CAT (Certificado de Aptitud Técnica). Dicho “Certificado” es condición necesaria y suficiente para toda construcción desarrollada con Fondos Oficiales.

  No siempre resulta fácil presentar pruebas de que un nuevo producto (material, elemento componente o sistema constructivo), satisface a la demanda mejor respecto de aquel el cual se desea sustituir. Tratándose de la construcción de edificios, ello obedece a que la calidad, en el concepto de la mejoría, deriva de las tecnologías tradicionales, lo cual tiende a desechar “a priori”, ciertas innovaciones tecnológicas.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS



Auspician Entreplanos




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