Entreplanosdiciembre 28, 2018
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   Durante la etapa de planificación del proyecto debemos configurar el Plan del Proyecto, el cual debe ser conocido por todos los participantes y colaboradores. No sirve fijar una fecha para entregar un cálculo de estructuras, por ejemplo, y que el calculista no la conozca o no la pueda cumplir. Por ende, el plan debe ser aprobado por todos aquellos involucrados, a fin de que cada uno tenga oportunidad de analizar su viabilidad. Una vez aprobado el plan pasaremos a elaborar un diagrama de Gantt, donde se disponen cada una de las tareas, sus dependencias, fechas y responsables. Este diagrama deberá ser actualizado periódicamente ya que el control del proyecto consiste en verificar la optimización del tiempo y el presupuesto. Cualquier desviación deberá ser analizada con los responsables de las tareas sucesoras, a fin de tratar de volver al equilibrio de tiempos. Del plan de proyecto surgirá la asignación de recursos donde identificaremos la existencia de duplicidades de tareas para un mismo recurso, ya que podrían verificarse superposiciones, y por ende, una cierta posibilidad de incumplimiento.

   Una vez elaborado el plan del proyecto, la documentación técnica y tener el visto bueno del comitente procedemos a la ejecución de la obra. Ello implica una dirección de obra y un seguimiento del proyecto. La dirección de obra puede o no ser contratada con el Estudio proyectista. En caso de contratarse la dirección de obra, se asesora al comitente respecto de la constructora que ejecutará la obra. Se da por válido el consentimiento por parte de la constructora respecto del plan del proyecto, para luego formalizar el seguimiento del desarrollo de la obra. Aquí nuestra responsabilidad será la ecuación costo-calidad-tiempo. El ejercicio profesional se oficializa mediante la apertura del libro de Órdenes de Servicios, donde se volcará diariamente la orden del día para que el Jefe de Obra pueda administrar los recursos y materiales necesarios. A su vez, se comunicarán los desvíos a fin de actualizar el Plan del Proyecto, culminando con la firma del “Final de Obra”, donde tanto la constructora como el director de obra suscriben un documento manifestando la conclusión de las tareas según los requerimientos primigenios, los cuales encuentran suficiente sustento en la Carpeta Técnica elaborada por el profesional proyectista.

   La elaboración del plan de cuentas y los análisis mensuales contarán con la inestimable asistencia de un profesional contable, más allá de cualquier método secundario de control. El profesional contable está más preparado para elaborar indicadores que nos permitan verificar la marcha económica. La experiencia, a su vez, nos brindará indicadores de dónde hacer foco, a fin de tener los costos bajo control para no perjudicar el beneficio económico, a riesgo incluso incurrir en pérdidas. Ello a su vez nos permitirá ir afinando el precio de nuestra hora de trabajo, tanto para facturar como para compararlo con el valor de mercado.


Entreplanosdiciembre 12, 2018
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     El compromiso de nuestros empleados resulta ser una pieza clave para el logro de la calidad. Con una sana política interna, la empresa logrará fomentar la motivación, participación, formación y el desarrollo de todos los miembros de la organización para conseguir el éxito de la compañía. Los proveedores y subcontratistas, en paralelo, también resultan ser importantes engranajes de la maquinaria que conforma nuestro negocio.

     Consideramos como colaboradores a nuestros proveedores y subcontratistas, buscando el beneficio mutuo, poniendo empeño y creatividad conjuntos para repercutir al cliente las mejoras en calidad y servicio, estableciendo de ser posible, relaciones a largo plazo. La mejora continua del Sistema de Gestión de Calidad es fundamental para nuestro éxito Debemos siempre apuntar a la excelencia de nuestras obras, nuestros servicios, nuestras capacidades técnicas, nuestras relaciones humanas y nuestra competitividad, midiendo nuestros procesos y objetivos. La calidad es responsabilidad de todos. La calidad se hace fundamentalmente a través de la prevención antes que de la inspección. Cada uno es responsable de la calidad de los productos y servicios que genera. El respeto a la sociedad y al medio ambiente es un elemento indispensable de nuestras actividades. Con ello buscamos aportar una contribución positiva a la sociedad, respetando el medio ambiente durante nuestro trabajo.

     La International Organizaron for Standardizaron (ISO) es una federación mundial de organismos nacionales de normalización (comités miembros de ISO). Los comités técnicos de ISO se encargan, por lo general, de la elaboración de normas internacionales, mientras que los comités miembros nacionales interesados, por un tema particular, se preservan el derecho de formar parte del comité técnico creado para ese efecto. Las organizaciones internacionales, tanto gubernamentales como no gubernamentales, relacionadas con ISO participan igualmente en esos trabajos. La publicación, en el año 1987, de las Normas Internacionales de la serie ISO 9000 obedeció a exigencias básicas de los programas genéricos de gestión de calidad.

     Las normas de la serie ISO 9000 están redactadas en términos genéricos y son igualmente aplicables a empresas de servicios tales como empresas constructoras, bancos, hospitales, hoteles y restaurantes. Se desarrollaron principalmente para ser aplicadas dentro de las empresas y en las relaciones entre comprador y vendedor. Esta última aplicación implicaba para las empresas la posibilidad de evaluaciones múltiples y, en cierto número de países, la práctica de confiar la evaluación de sistemas de calidad de proveedores a organismos terceros, lo cual se ha desarrollado rápidamente.

     En la actualidad, no existe ningún mecanismo de ISO que rija el reconocimiento mutuo de certificados de registro emitidos por organismos terceros a empresas cuyos sistemas de calidad hayan sido evaluados. Sin embargo, para promover la convergencia entre las normas nacionales, el Comité del Consejo para la evaluación de la conformidad (ISO/ CASCO) ha preparado y publicado guías que forman parte de la colección de guías ISO/IEC. Algunas guías son aplicables directamente, como es el caso de la guía ISO/IEC 40 “Requisitos Generales para la Aceptación de Organismos de Certificación” y de la guía ISO/IEC 48 “Requisitos para la Evaluación y el Registro por Terceros del Sistema de Calidad de un Proveedor”, las cuales han sido adoptadas en muchos países, tanto en sus reglamentos sobre programas de certificación como en normas nacionales o en normas regionales. Tal es el caso de las Normas Europeas de la serie EN 45000 de CEN/CENELEC.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosnoviembre 21, 2018
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En la actualidad, las reglamentaciones vigentes, más un cambio en la conciencia de trabajadores y empleadores, ha transformado en normal un marco de cuidado de las condiciones de seguridad en obra, que vale afirmar, nunca se deben descuidar o subestimar. La mayoría de los accidentes pueden evitarse empleando el sentido común y medios prácticos adecuados para su prevención. Esto, además de los beneficios derivados de mejorar las condiciones de trabajo (por ejemplo, una mayor producción), aporta en la disminución de los costos involucrados en los accidentes.

Lamentablemente, para ciertas conciencias empresarias dentro de la industria de la construcción, las denominadas Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (CyMAT) conforman un gasto en lugar de una inversión. Es más, la política respecto de subestimar los peligros que toda obra en construcción encierra nace con la Argentina misma, ya que era común emplear mano de obra esclava y sin condiciones dignas de trabajo para alzar destacadas construcciones. Sin ir más lejos, el Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires es sólo un ejemplo de esa inhumana práctica. Más tarde, la Argentina se moderniza y el ferrocarril irrumpe en escena. Nuevamente, miles de trabajadores son empleados en la extensión de vías a cambio sólo de su ración diaria de alimentos, que dicho sea de paso, no era para nada suculenta. En ese entonces, las más elementales condiciones de seguridad e higiene constituían una quimera inalcanzable. La prevención de los accidentes -en buena parte- depende de la educación, el control y la cooperación. Más que un problema de ingeniería lo es de relaciones humanas, excepto en lo referente a las protecciones mecánicas; encargadas de evitar un porcentaje relativamente reducido de accidentes. Por protecciones mecánicas se entiende a los equipos y maquinaria, no a las barandas, andamios, cercos, vallas, etc., demandantes de un permanente control. Los reglamentos, aún los más estrictos, no logran garantizar la seguridad en el trabajo. La misma se encauza mediante el constante control y cuidado de todos los niveles de responsabilidad de la obra, conjuntamente con la colaboración de los trabajadores. Dado que no es posible eliminar totalmente los infortunios, y adicionado a ello la peligrosidad inherente a las tareas de la actividad de la construcción, ésta presenta mayores dificultades para implementar las medidas adecuadas tendientes a la prevención.

Por ello, debe brindarse una mayor atención para lograr resultados satisfactorios.

Conforma el deseo de todos quienes apostamos a una industria de la construcción justa y digna que en el futuro, gracias a una toma generalizada de conciencia, no sea necesario reeditar este tema. La capacitación posibilita un desarrollo armónico el cual acota la cantidad y gravedad de los riesgos existentes en las obras. El objetivo radica en alcanzar un cambio de actitud ante los riesgos e integrar a todos los niveles de la empresa en las tareas preventivas trazadas.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Entreplanosnoviembre 13, 2018
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Debido a las nuevas figuras que aparecen dentro del sector de la construcción, el arquitecto perdería un espacio vital ya que otros protagonistas asumirían la responsabilidad única del proyecto y se convertirían en socios del cliente, sus ojos, oídos y voz. A ellos enfocaremos la atención a continuación, a partir del reconocimiento del rol de Gerente de Proyecto y Gerente de Construcciones.
El rol profesional de “Gerente de Proyecto” (GP) conforma una persona o entidad experta en la conducción, programación, coordinación y control de gestión de los diversos agentes que participan en un proyecto, con el objeto de hacer cumplir las metas del mismo y minimizar los riesgos de su incumplimiento, representando o interactuando con el comitente y acentuando su acción sobre los puntos estratégicos y tácticos.
Dicho rol puede ser ejercido por arquitectos u otros profesionales (developers, project managers, entre otros) con formación específica que pueden llegar a conducir el proyecto por encima de los proyectistas, directores de obra, especialistas, consultores y asesores.
El GP es el nuevo rol al cual los comitentes adjudican la responsabilidad de conducir los grandes proyectos, debiendo ajustar sus actividades al “Código de Ética”
Es conveniente que la figura cuente con formación propia del “Management”, realizando cursos los cuales se imparten, desde hace algunos años, en el país y en el extranjero, constituyendo carreras de grado, maestrías o postgrados, a los fines de brindar servicios desde el inicio del proyecto, abarcando desde estudios preliminares hasta servicios post-construcción. Las condiciones que caracterizan a ésta figura para desarrollar un emprendimiento abarcan liderazgo, relaciones humanas, comunicaciones, calidad, tiempos, costos, contrataciones, selección y conducción de personas, profesionales y empresas.
Sus responsabilidades, además de las que puedan figurar en su contrato, son:

1) Concepción del proyecto.
2) Conducción unificada.
3) Gestión.
4) Limitación de responsabilidades.
5) Responsabilidades compartidas.

Gerencia de Construcciones

Se trata de un conjunto de servicios provistos para colaborar con el cliente y el arquitecto en la gestión de un proyecto, desde las primeras etapas del mismo hasta la finalización de la obra. En realidad, los servicios de una óptima Gerencia de Construcciones (GC) ya son brindados, en buena medida, por parte del arquitecto dentro de sus servicios de proyecto y dirección de obra. Un servicio de GC puede ser prestado por:

1) Una persona u organización independientes del Director de proyecto y/o de Obra.
2) Un Gerente de proyecto.
3) Un Director de proyecto y/o de Obra, como servicios adicionales a su encargo básico.
4) Una Empresa Constructora.

Las responsabilidades profesionales del Gerente de Construcciones abarcan encuadrar los costos de la obra dentro del presupuesto asignado, el seguimiento y control de los plazos contractuales y restantes obligaciones que le imponga su contrato; no emitir órdenes de servicio las cuales deben cursarse por parte del Director de obra; mostrar conformidad en las liquidaciones de los contratistas por el GC antes de que el Director de obra emita los certificados correspondientes; en caso de desacuerdos sobre los aspectos técnicos, las opiniones y decisiones del Director de proyecto y/o de Obra y/o del Representante técnico prevalecerán sobre las del GC. El Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU) considera que los métodos para retribuir los servicios profesionales de ambas figuras (GP y GC), cuando el rol es ejercido por un arquitecto, pueden ser mediante un porcentaje del costo de obra o proyecto, un honorario por tiempo empleado o un monto fijo.


Entreplanosnoviembre 2, 2018

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Cuando se realizan proyectos, obras, emprendimientos técnico-comerciales, uniones transitorias de empresas (U.T.E.), etc. de cierta envergadura, se relacionan formalmente dos o más personas, en general jurídicas (empresas, sociedades y otras), a través de un contrato y en las más variadas formas. Durante el desarrollo de estas tareas, surgen muchas veces controversias o conflictos, sean por causas voluntarias inherentes a las partes, sea por situaciones originadas por factores externos a las mismas o por causas imprevisibles. Frecuentemente, la divergencia radica en materias de especificidad técnica. En ocasiones, al fracasar los intentos de resolución de la controversia se llega a una etapa que obliga a recurrir a una instancia externa a las partes. La vía judicial, si bien es la más conocida, no es la única alternativa pues existen otras como el arbitraje.

El arbitraje: ¿qué es y cómo opera?

En el sistema legal argentino, como en la mayoría de los de la cultura occidental, tanto en el orden nacional como en el provincial, y en el internacional, existe el Arbitraje como un medio de resolver conflictos de intereses entre las partes, desplazando de común acuerdo la jurisdicción de los tribunales estaduales a tribunales formados por una o más personas imparciales, que dicta un laudo equivalente a una sentencia judicial. Las controversias que aquí pueden resolverse son aquellas que las partes pueden convenir o transar libremente. Son las de índole patrimonial/comercial, típicamente referentes a la validez, nulidad, interpretación, ejecución o resolución de un contrato.

Entre las distintas formas de procedimiento, el Centro Argentino de Ingenieros (CAI) ha adoptado la forma institucional: Una institución de carácter permanente (Tribunal Arbitral de las Ingenierías) se encarga de promover el arbitraje conforme a un reglamento de procedimiento de arbitraje preestablecido, poniendo a disposición de las partes, un listado de árbitros y una estructura de soporte administrativo.

Para poder acceder al arbitraje, las partes deben haber acordado de antemano esta opción, sea en una cláusula del contrato que formalizó la relación jurídica entre ambas, sea en un contrato posterior específico. En ambos casos, las partes se comprometen a aceptar el reglamento del tribunal y a cumplir con el laudo. El arbitraje es realizado por profesionales ingenieros de las diversas ramas de la especialidad, propuestos por cada una de las partes, sobre una lista de árbitros del Tribunal Arbitral de las Ingenierías.

El arbitraje se realiza sobre los puntos de litigio acordados por las partes al constituirse el tribunal, mediante un proceso preestablecido, con reglas claras y privilegiando siempre la agilidad procesal. Así los árbitros decidirán, con total independencia de criterio, sobre las pretensiones de cada una de las partes en un proceso abierto, con todas las garantías de igualdad, mediante las pruebas y alegatos aportados por las mismas.

El laudo, de cumplimiento obligatorio e inapelable, es dictado en un tiempo límite de seis meses.

Con la confianza en este método, y conjuntamente con los Consejos Profesionales de Ingeniería de la Junta Central, de Jurisdicción Nacional, se desarrolló un reglamento que fue aprobado por la Comisión Directiva del Centro Argentino de Ingenieros. Posteriormente, mediante la firma del Acta Fundacional realizada el 20 de agosto de 2004 por el Presidente del CAI y por las autoridades de los Consejos Profesionales de Ingeniería Civil, Industrial, Mecánica y Electricista, Naval, Química y Telecomunicaciones, Electrónica y Computación, se creó el Tribunal Arbitral de las Ingenierías (TAI).

La sustanciación del arbitraje se hace bajo estrictas normas de confidencialidad salvaguardando de esta manera el prestigio de las instituciones, pues de esta forma no quedan expuestas al ataque mediático.


Entreplanosoctubre 26, 2018
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Una forma de carácter efectivo en cuanto a la prevención de accidentes en las obras, es aquella que proporciona el conocimiento y dominio de un determinado oficio, principalmente, cuando el mismo se ha aprendido de una manera técnico-teórica y se han eliminado en él las rutina, las cuales resultan ser tan perjudiciales en la seguridad para el trabajo. A ello colaboran de manera fundamental las escuelas de aprendizaje y de formación profesional, las cuales consiguen la enseñanza de los oficios de una manera más técnica que la obtenida cuando el aprendizaje de los oficios se recibía a través de otro operario, quien tampoco había recibido una cabal formación en escuelas adecuadas. Por otra parte, durante la formación profesional de las citadas instituciones, existe como materia de estudio, la Seguridad e Higiene en el Trabajo, que ayuda al futuro operario desde los primeros pasos de su aprendizaje, a conocer los riesgos verificables en el a desarrollar durante su vida laboral y las maneras adecuadas de evitarlos, tanto en favor suyo como en el de sus compañeros.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

Un oficio bien aprendido es sin dudas aquel que puede realizarse durante muchos años sin provocar accidentes. Una obra mal distribuida y desprolija es motivo subyacente de accidentes que resultan de la caída de materiales y colisiones de los obreros entre sí o con la planta y el equipo. El espacio reducido, especialmente en las obras urbanas, es casi siempre el principal factor limitante, al tiempo que un plan de obra pensado para la seguridad y salud de los trabajadores puede parecer difícil de conciliar con la productividad. La planificación adecuada por parte de la Dirección de Obra constituye una parte esencial de la preparación y factor del funcionamiento eficiente de una obra en construcción. Antes de que el trabajo comience es preciso pensar en el “Plan y disposición de la obra”, es decir, la secuencia u orden en que se llevarán a cabo las tareas y los procesos u operaciones especialmente peligrosos; el acceso de los trabajadores a la obra y sus zonas circundantes, toda vez que las rutas deberán encontrarse libres de obstáculos y riesgos, tales como materiales que caen, equipos y vehículos.

La optimización de la seguridad, la salud y las condiciones laborales, depende en primera y última instancia, de la colaboración de personas que trabajan codo a codo, ya sean dirigentes u obreros. Debe impartirse una adecuada capacitación en todos los niveles: Dirección, supervisores y obreros. Quizás, también sea necesario capacitar a los subcontratistas y sus trabajadores en los procedimientos de seguridad de la obra, ya que distintos equipos de obreros especializados pueden afectar su seguridad mutua.

Debe plasmarse un sistema para que la dirección reciba información rápidamente acerca de prácticas inseguras y equipo defectuoso. Las tareas de seguridad y salud deben asignarse, específicamente, a determinadas personas.


Entreplanosoctubre 10, 2018
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La gestión de la seguridad comprende las funciones de planificación, identificación de áreas problemáticas, coordinación, control y dirección de las actividades de seguridad en una obra, todas ellas con el fin de prevenir accidentes y enfermedades. A menudo se entiende mal lo que significa la prevención de accidentes, ya que la mayoría de la gente cree, erróneamente, que “accidente” equivale a “lesión”, lo cual presupone que un accidente carece de importancia a menos que acarree una lesión.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de la Revista ENTREPLANOS.

A los administradores de la construcción les preocupan obviamente las lesiones de los trabajadores, pero su principal preocupación deben ser las condiciones peligrosas que las causan, el “incidente” más que la “lesión” en sí.

En una obra en construcción se contabilizan muchos más “incidentes” respecto de las “lesiones”. Pueden realizarse cientos de veces una acción peligrosa antes de que cause una lesión, y los esfuerzos deben concentrarse en la eliminación de dichos peligros en potencia. No se debería esperar la ocurrencia de daños humanos o materiales para tomar cartas en el asunto. De modo que gestión de seguridad significa aplicar medidas de seguridad antes de que ocurran los accidentes.

Una efectiva gestión de seguridad persigue tres objetivos principales: lograr un ambiente seguro; volver al trabajo sea seguro; lograr que los obreros alcancen una positiva conciencia sobre la seguridad. La política de seguridad deberá cubrir los siguientes aspectos: dispositivos para impartir capacitación a todos los niveles, siendo necesario prestar especial atención a trabajadores en puestos clave, tales como aquellos que erigen andamios y manejan grúas, cuyos errores pueden ser especialmente peligrosos para los demás; métodos o sistemas de trabajo seguros para las operaciones riesgosas: los empleados que realicen dichas operaciones deben participar en su preparación; deberes y responsabilidades de supervisores y trabajadores en los puestos clave; dispositivos para divulgar la información sobre seguridad y salud; selección y control de subcontratistas y Medidas para establecer comisiones de seguridad.

La organización de la seguridad dentro de una obra en construcción dependerá del tamaño de la misma, del sistema de empleo y de la manera en que se organiza el proyecto. Es preciso llevar registros de seguridad y sanidad que faciliten la identificación y resolución de los problemas de esa índole. En los proyectos de construcción donde se utilicen subcontratistas, el contrato deberá establecer las responsabilidades, deberes y medidas de seguridad esperadas de la fuerza de trabajo del subcontratista. Dichas medidas podrán incluir el suministro y uso de determinados equipos de seguridad, métodos para la ejecución de tareas específicas en forma segura, y la inspección y manejo adecuado de herramientas. El encargado de la obra debe además verificar que los materiales, equipo y herramientas traídos a la misma cumplan con la sumatoria de las normas mínimas de seguridad.


Entreplanosseptiembre 26, 2018
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Los recursos técnicos ostentan dos fuentes de origen. En ocasiones, el recurso ha sido originado para satisfacer una demanda específica de la arquitectura. Otras veces, aprovecha un recurso técnico desarrollado en otro campo de acción. En cualquier escenario, su conocimiento posibilita su empleo y la consecuente resolución del problema. De hecho, frecuentemente, la disponibilidad del recurso técnico sugiere la solución. El conocimiento técnico que debe adquirir el arquitecto reviste lógicamente formas y alcances especiales, adaptadas a sus necesidades.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

El creciente número de materiales, dispositivos, técnicas especializadas, instalaciones complementarias, etc, intervinientes en las construcciones es tan importante que su dominio completo excede la capacidad humana.

La arquitectura ha superado en el siglo XXI el estado en que relativamente pocos elementos integraban una obra y era factible un estudio a fondo, por parte del propio arquitecto, de todos ellos. Por lo tanto, y frente al número creciente de factores a considerar, resulta imprescindible fijar y establecer los límites, dentro de los cuales debe intensificarse la enseñanza y el aprendizaje de los futuros arquitectos.

Hoy no importa tanto al arquitecto el estudio geológico, mineralógico o químico de las piedras como el de sus propiedades físicas y tecnológicas que guarden algún grado de relación con su empleo en las construcciones, sin perder de vista que ciertos aspectos vinculados con la geología, la mineralogía y la química pueden significar una cierta importancia desde el punto de vista de la técnica aplicada.

En el campo de los materiales cerámicos, por ejemplo, interesa precisamente al arquitecto reconocer los productos vigentes en el mercado, tal como el ladrillo terminado más que el tipo de horno en el cual fue cocido, en tanto el cambio del sistema de cocción no altere las características y especificaciones técnicas del material aplicado en las construcciones.

Se debería procurar orientar la formación de los profesionales de la industria de la construcción hacia el estudio de los productos y tecnologías de los materiales, elementos y disposiciones constructivas, sin profundizar en aquellos aspectos como el de la formación, extracción o elaboración primaria de los materiales o el de la relación de los elementos y disposiciones constructivas, en cuanto no sea necesario su conocimiento para orientar o decidir su adopción en un determinado proyecto.


Entreplanosseptiembre 5, 2018
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¿Cómo conviene encarar la construcción de una obra? ¿con un único contratista a cargo de todos los trabajos provisiones o con varios contratistas? ¿la construcción de algún rubro será realizada por administración directa del profesional?

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

Estas decisiones presentan importantes consecuencias sobre los costos de la obra, los tiempos de ejecución junto con las obligaciones y responsabilidades de los distintos agentes que participan en su construcción: el o los contratistas, el director de obra (en adelante DO) y el comitente.

Desde el contrato único a los contratos separados y desde el ajuste alzado al coste y costas, existe una transferencia de riesgo de los contratistas al comitente, al mismo tiempo que se incrementan las obligaciones y responsabilidades de la dirección de obra.

El contratista único que actúa como empresa constructora asume la totalidad de las responsabilidades civiles, comerciales, laborales, previsionales, técnicas y penales por la construcción de la obra y es responsable por su ejecución y entrega de acuerdo con los planos y especificaciones del proyecto, los precios y plazos estipulados y demás obligaciones en los documentos que integran el contrato de construcción.

Además de la obligación principal señalada precedentemente, los pliegos de condiciones de los contratos de construcción deberían contemplar lo siguiente: adoptar, mantener y controlar las medidas y precauciones de seguridad e higiene de acuerdo con lo establecido por la normativa vigente; disponer la maquinaria y equipo para el movimiento y transporte de materiales y personas en la obra y obrador y responsabilizarse por su operación y mantenimiento; prestar ayuda de gremios a sus subcontratistas; adoptar, mantener y controlar las medidas y precauciones para la vigilancia de la obra; adquirir las responsabilidades como constructor y firmar los planos municipales, como constructor, ejecutor de la estructura e instalador de las instalaciones.

En paralelo con sus obligaciones como contratista único debe cumplir las obligaciones que también le corresponderían a cualquier otro contratista, tales como, respetar la autoridad de la DO y acatar sus órdenes; cumplir los códigos, reglamentos y disposiciones de orden técnico vinculados con los trabajos a su cargo; cumplir las normas oficiales vigentes que rigen el trabajo de los distintos gremios intervinientes en los trabajos respecto a salarios mínimos, vacaciones, jubilaciones, descanso semanal, jornada legal, seguros, seguridad e higiene del trabajo, trabajo en lugares insalubres, horas extras, fondo de desempleo, etc.

Asimismo cumplir las leyes, decretos, ordenanzas, edictos y reglamentaciones oficiales las cuales rigen en el ámbito de ejecución de los trabajos; adoptar los procedimientos constructivos, secuencias de tareas, técnicas y equipos; coordinar la ejecución de los trabajos del personal propio con el de sus subcontratistas.

Y, por último, conducir y controlar cualitativa, cuantitativa y permanentemente el proceso de construcción, la calidad y los trabajos de acuerdo con la documentación contractual y las “reglas del arte”, entendiéndose por tales a los procedimientos consagrados por la experiencia constructiva; programar y controlar la provisión e ingreso a obra de los materiales, equipos y suministros necesarios para la ejecución de los trabajos y controlar su calidad, programar la presentación de mano de obra y controlar su calidad.

La sumatoria de los aspectos mencionados debe formar parte, indefectiblemente, de los contenidos de un contrato.


Entreplanosagosto 29, 2018
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Si consideramos que el estudio de las CyMAT (Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo) aporta un enfoque académico multidisciplinario, abarcando el aspecto social, físico y cultural, tenderemos a comprender y aplicar determinadas normas de producción seguras, definiendo procedimientos que, en suma, posibiliten optimizar la situación del trabajador y reducir la elevada tasa de siniestralidad de nuestra industria.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de Revista ENTREPLANOS.

Para brindar precisos conceptos sobre el tema, acudo a los vastos conocimientos del Arq. Darío Romero, especialista en seguridad e higiene de la industria de la construcción: “Los AT/EP -Accidentes de Trabajo / Enfermedades Profesionales- poseen una incidencia muy importante dentro de los costos directos e indirectos de la producción de las obras. Por ende -aunque no exclusivamente por ello-, debe adquirirse una visión integradora del higienismo y el prevencionismo industrial, a fines de controlarlos y disminuirlos. No debe quedar duda respecto de la obligatoriedad de aplicación de la normativa vigente, persiguiendo el objetivo de garantizar que los valores de accidentalidad sean los más bajos de acuerdo al volumen de horas trabajadas, para luego, compararlos con las estadísticas nacionales relevadas por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

A los fines de gestionar eficientemente los riesgos laborales, vale incorporar rigor técnico a la comprensión de la temática, inclusive, aún desde la terminología empleada. Cuando hablamos de “accidente”, para referirnos al acontecimiento súbito y violento, aplicamos un término que denota un hecho imprevisto, inesperado, lo cual en definitiva obstaculiza el estudio de la problemática, dado que un accidente no es producto del azar ni de la fatalidad, ni tampoco intencional. Esta palabra, ampliamente utilizada desde la Ley 24.557 hasta la misma Organización Mundial de la Salud, se emplea también para describir el error humano, atribuirlo al destino o a un designio divino, trayendo como resultado la exclusión del sujeto de la secuencia derivada en una lesión no intencional, tornando imposible analizar las acciones conducentes a la conducta de riesgo.

Vale entonces denominar nuevamente este tipo de hechos, llamándolos por caso “siniestros”. Ese sería un primer paso para entenderlos como una cadena causal de eventos donde los sujetos pueden intervenir para evitarlos o mitigar sus consecuencias. Si llamamos las cosas por su nombre, tenemos posibilidad de encontrar solución a los problemas. Así, los traumas serán evitables y predecibles. Cuando hablamos de seguridad, necesariamente tenemos que referirnos a la conducta humana. Sobre dicha cuestión existe un documento el cual ofrece un posible enfoque, llamado “Teoría de la Homeostasis del Riesgo”, formulado por el psicólogo canadiense Gerald Wilde. El mismo brinda una explicación sobre el funcionamiento del ser humano cuando se encuentra de cara ante el peligro. Toda persona de cara a un riesgo cualquiera, determinaría su conducta ante el mismo como consecuencia de un proceso subjetivo previo desenvuelto en dos fases, donde primeramente, percibe los factores que constituyen el peligro, los analiza, realiza una evaluación y se forma un juicio al cual se denomina “riesgo percibido” (coincidente o no con el riesgo real). A continuación, el individuo considera las ventajas y desventajas que implicaría asumirlo y, como consecuencia, establece cuánto riesgo afrontará efectivamente, denominado “riesgo elegido”.En cualquier actividad en curso, las personas monitorean continuamente la magnitud del riesgo ante el cual sienten que se encuentran expuestas. Luego, la comparan con la magnitud del riesgo que están dispuestos a aceptar y tratan de reducir la diferencia entre ambas magnitudes a cero. En el concepto fundamental de homeostasis, el nivel de riesgo aceptado sería el termostato regulador de la seguridad. Lo anterior implica que las cifras totales de morbi-mortalidad de una industria dependerían, directamente, del “nivel de riesgo socialmente aceptado”.

Entonces, la motivación es la clave para generar un patrón de conducta segura, al reducir el nivel de aceptación del riesgo elegido. Así, este “termostato” podría ser regulado hacia abajo para acotar el grado de aceptación individual y social. Allí radica el gran secreto del éxito de cualquier medida de seguridad a adoptar”.



Auspician Entreplanos




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