Entreplanosagosto 1, 2019
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La verificación de la calidad microbiológica del agua de consumo pueden realizarla los organismos responsables de la vigilancia sanitaria del vital elemento. Su análisis conlleva el estudio del agua de origen y de su estado inmediatamente después de ser tratada, del agua en los sistemas de distribución o del agua almacenada en los hogares.

¿Qué es la microbiología del agua?

La verificación de la calidad microbiológica del agua de consumo incluye el análisis de la presencia de Escherichia coli (E. coli), un indicador de contaminación fecal cuya presencia constituye una prueba concluyente de contaminación reciente. En la práctica, el análisis de la presencia de bacterias coliformes termotolerantes puede ser una alternativa aceptable en muchos casos. E. coli es un indicador útil, pero ofrece limitaciones. Los virus y protozoos entéricos son más resistentes a la desinfección; por lo tanto, la ausencia de E. coli no implica necesariamente la no presencia de estos organismos. En ciertos casos, puede ser deseable incluir en los análisis microorganismos más resistentes, como bacteriófagos o esporas bacterianas, por ejemplo, cuando se sabe que el agua de origen empleada permanece contaminada con virus y parásitos entéricos, o si existe una alta incidencia de enfermedades virales y parasitarias en la comunidad. La calidad del agua puede variar con gran rapidez y todos los sistemas pueden presentar fallos ocasionales. Por ejemplo, la lluvia puede aumentar -en gran medida- la contaminación microbiana en las aguas de origen, siendo frecuentes los brotes de enfermedades transmitidas por el agua después de periodos de lluvias. La circunstancia descripta debe considerarse especialmente a la hora de interpretar los resultados de los análisis.

Calidad química del agua

En el caso de los aditivos (sustancias procedentes en su mayoría de los materiales y productos químicos utilizados en la producción y distribución del agua de consumo), la atención se centra en el directo control de la calidad de dichos productos. Los procedimientos de análisis cuyo objeto radica en controlar la presencia de aditivos en el agua de consumo, suelen determinar sus concentraciones y tener en cuenta su evolución para calcular un valor comparable con el de referencia.

La mayoría de los productos químicos presentes en el agua de consumo, sólo constituyen un peligro si se produce una exposición prolongada. Sin embargo, algunos pueden desarrollar efectos peligrosos tras múltiples exposiciones en un corto periodo. Si la concentración del producto químico en cuestión sufre grandes fluctuaciones, es posible que incluso una serie de resultados analíticos no permita determinar ni describir completamente el riesgo supuesto para la salud pública (por ejemplo, los nitratos, quienes se asocian con la metahemoglobinemia en lactantes alimentados con mamadera).

Factores que afectan la calidad química del agua

Para controlar esos peligros, es preciso conocer los factores causantes -como el uso de fertilizantes en la agricultura- y la evolución de las concentraciones detectadas, ya que pueden indicar un importante posible problema en el futuro. Otros peligros pueden surgir de forma intermitente, generalmente, en relación con actividades o circunstancias estacionales. Un ejemplo es la aparición de floraciones de cianobacterias tóxicas en aguas superficiales. Un valor de referencia es la concentración de un componente que no ocasiona un riesgo para la salud superior al tolerable, cuando se consume durante toda una vida.

Los valores de referencia de algunos contaminantes químicos (por ejemplo, el plomo y el nitrato) se fijan de modo de resguardar a subgrupos de población vulnerables. Esos valores protegen también a la población general, quien consume el agua durante toda la vida.

Es importante que los valores de referencia recomendados sean tales que su aplicación resulte práctica y factible, así como garante para la salud pública. No suelen establecerse valores de referencia en concentraciones inferiores a los límites de detección alcanzables en las condiciones operativas rutinarias de laboratorio.

Además, al establecer los valores de referencia, se tienen en cuenta las técnicas disponibles para controlar, eliminar o reducir la concentración del contaminante hasta el nivel deseado. Por lo tanto, en algunos casos se han fijado valores de referencia provisionales para contaminantes, de los cuales se dispone de información sujeta a cierta incertidumbre o cuando no es posible, en la práctica, reducir la concentración hasta los niveles de referencia calculados.

El ciclo hidrológico del agua

El ciclo hidrológico conforma un proceso continuo sin principio ni fin, representando una transferencia de agua en forma líquida, sólida o gaseosa de los cuerpos de agua en la naturaleza. La energía para esa transformación proviene del calor del Sol y de los esfuerzos de la gravedad y el viento. Este ciclo incluye la precipitación, interceptación, infiltración, evaporación, transpiración, percolación y escorrentía. El agua pasa a la atmósfera por los procesos de evaporación y transpiración y cae a la tierra como precipitación (lluvia, nieve o granizo). Algo del líquido cae directamente a los cuerpos de agua como mares, lagos y ríos, otra a la tierra y otra a las hojas de la vegetación. Otra parte es evaporada inmediatamente o antes de llegar a la tierra. De la parte precipitada en la tierra, si la superficie ofrece una capacidad de captarla, se infiltrará. Pero si la superficie es de arcilla, roca u otro material muy denso o poco profundo, se satura rápidamente. Si la superficie permanece congelada o si hubo una precipitación anterior capaz de mojar el suelo, el agua no se infiltrará y formará escorrentía superficial.

Proceso del ciclo hidrológico del agua

Dependiendo del lugar donde se origine y las condiciones de las laderas aguas abajo, esa escorrentía superficial podría llegar hasta un río o quebrada o infiltrarse en el suelo. De esa agua infiltrada, parte se queda en el subsuelo -lo cual aumenta la humedad y abastece la vegetación- y otra parte pasa por el subsuelo hasta el suelo profundo o la roca, a través del proceso de percolación. Si existe una zona impermeable abajo, el agua podría encontrar la zona saturada dentro de la tierra denominada “zona freática”, donde los poros de la materia permanecen completamente llenos. Cuando el agua encuentra ese nivel, comienza un movimiento lateral en forma de corrientes subterráneas, desde las partes más altas a las más bajas. Al reunirse suficiente agua infiltrada y percolada, lo cual hace crecer el nivel freático o de agua subterránea hasta el punto de alcanzar la superficie de la tierra, esa agua se exfiltra, produciendo entonces un humedal, un lago, río o una serie de manantiales, dependiendo de la estructura de la roca, del suelo y de la topografía propia de cada zona.

Características del ciclo hidrológico del agua

Al observar el ciclo hidrológico, podríamos decir que la mayor parte del agua que llega a la tierra permanece en el suelo y luego se evapora. Pero en cualquier paisaje se aprecian zonas con características preferenciales, las cuales aumentan ciertos elementos y procesos del ciclo hidrológico, por ejemplo:

  • En cuencas hidrográficas de la zona tropical, las carreteras, caminos, y en general las zonas urbanizadas, aumentan en forma considerable la escorrentía superficial, impermeabilizando el suelo y concentrando la escorrentía rápidamente. En el mejor de los casos, la escorrentía se aloja en quebradas o drenaje artificial y en el peor, se convierte en torrentes que desbordan y causan inundaciones.
  • Los bosques con una vegetación densa, superficie de hojas colectivamente grande y acumulación de materia orgánica bajo sus copas, son importantes elementos de infiltración de agua al suelo. Esos bosques capturan por intercepción mucha lluvia y actúan como condensadores de “precipitación oculta” en zonas altas donde las nubes tocan la superficie del suelo, plantas y árboles. Debido a que el suelo en esas áreas cuenta con protección vegetativa, suelo profundo, orgánico y bajo sombra, la infiltración y percolación de agua es generalmente alta, produciéndose poca escorrentía.
  • En el caso de zonas agrícolas libres de vegetación, en ciertas épocas del año, el suelo no muestra un amortiguamiento de la vegetación. Al llegar las lluvias no tiene defensa contra los impactos de las gotas de agua y tampoco una estructura fracturada por las raíces de las plantas. Consecuentemente, no puede prevenir la escorrentía superficial generada, al carecer de capacidad de infiltración.


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