Entreplanosagosto 8, 2019
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Con nuestro estilo de vida actual, generalmente pasamos la mayor parte del día en habitaciones cerradas y bañadas en una suma de luces artificiales y naturales. Y aunque las luces artificiales trajeron posibilidades infinitas e incalculables para la humanidad, también causaron cierta confusión en nuestros cuerpos, los que se han adaptado durante miles de años para responder a los estímulos de la luz solar y la oscuridad de la noche. Este es el ritmo o ciclo circadiano, que designa el período de 24 horas basado en el ciclo biológico de casi todos los seres vivos, influenciado principalmente por la luz recibida, pero también por la temperatura y otros estímulos.

Nuestro reloj natural se encuentra en la parte del cerebro llamada hipotálamo, el cual se vincula a los fotorreceptores ubicados en todo el cuerpo (como la retina), sincronizando el reloj interno con las luces absorbidas durante el día. Comprender el ciclo circadiano es esencial porque afecta los ritmos del cuerpo humano e influye en el sueño, el estado de ánimo, la vigilia, la digestión, el control de la temperatura e incluso en la renovación celular. Investigaciones muestran que, diariamente, un monto adecuado de luz mejora el estado de ánimo y los niveles de energía, mientras que una iluminación deficiente contribuye a la depresión y a otras deficiencias en el cuerpo. La cantidad y el tipo de iluminación afectan directamente la concentración, el apetito, el estado de ánimo, entre muchos otros.

Pero, ¿cómo tener un ritmo circadiano saludable si pasamos la mayor parte del tiempo en entornos inundados de luz artificial? ¿Qué pasa si lo último que hacemos antes de acostarnos y lo primero que hacemos al levantarnos es revisar el teléfono celular? ¿Cómo podemos los arquitectos mejorar la salud de los ambientes mediante la iluminación? Los investigadores recomiendan imitar lo natural a través de las luces artificiales. Por ejemplo, las luces brillantes y más fuertes son mejores para las mañanas y durante el día, mientras que las luces tenues son mejores para la noche. Lo contrario puede causar un ritmo circadiano confuso, alterar nuestros horarios de sueño u obstaculizar la búsqueda de energía a lo largo del día. Un estudio de la Universidad de Toronto demostró que las luces brillantes “intensifican nuestra reacción emocional inicial hacia un estímulo, y sus efectos pueden ser tanto positivos como negativos”.

La temperatura del color también influye mucho en nuestra percepción. La unidad de medida es Kelvin (K) y cuanto mayor sea el valor, más brillante y frío será el tono de la luz. Cuando hablamos de luz fría o luz cálida, no nos estamos refiriendo al calor físico de la lámpara, sino al tono de color que irradia al ambiente. Las luces cálidas hacen que los ambientes sean más acogedores y relajantes, mientras que las luces más frías hacen que el ambiente sea más estimulante; nos hacen sentir más alertas, más enfocados y pueden aumentar los niveles de productividad. También se cree que la luz azul reduce los niveles de la hormona melatonina, relacionada con el sueño, haciendo que nos sintamos más despiertos. Las computadoras y las pantallas móviles emiten mucha luz azul, de modo que ese último chequeo del correo electrónico desde la cama puede hacer que nuestro sueño sea menos reparador. Aún así, si se usa de manera inteligente, puede ser ideal para aquellos espacios donde la mente debe estar trabajando a toda máquina, como salas de reuniones, cocinas industriales e incluso fábricas donde se espera que todos estén muy concentrados.

Los tonos amarillos (en la parte inferior de la escala de colores) se refieren más al anochecer y al amanecer, momentos en los que el cuerpo está generalmente más relajado. Y eso tiene mucho sentido si pensamos que hasta hace poco los humanos no estaban realmente expuestos a luces de alta intensidad durante la noche, sino que simpletemente a la luz del fuego y a la luz de la luna. La iluminación débil, indirecta, y cálida tiende a hacer que los ambientes sean más tranquilos y a que las personas estén más relajadas. Aunque esto puede no ser tan bueno para un entorno de trabajo que requiere eficiencia y productividad, puede ser una buena elección para un restaurante, un área de descanso, o un dormitorio.

Los expertos coinciden en que aprovechar la luz del sol durante el día y evitar la exposición directa a la luz fría y azul a la hora de acostarse, puede mejorar la calidad del sueño y afectar positivamente el bienestar y la productividad de las personas. Y aunque es imposible tratar de controlar la iluminación de todos los entornos y espacios que habitaremos, estar al tanto de los impactos de la iluminación en nuestro cuerpo puede hacer que lo pienses dos veces antes de comprar esa lámpara a la venta en el supermercado.

Fuente: www.plataformaarquitectura.cl



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