Ser o no Ser… (Sustentable)

Nuestra industria ha presentado recientemente una serie de innovadores productos y sistemas “sustentables”, “sostenibles”, “ecológicos”, “verdes”, y un sinnúmero de otros adjetivos que resumen las virtudes de los mismos en atención a los efectos medioambientales de dichas apuestas. Muchos profesionales esperan una “solución salvadora” acerca de los parámetros ecosustentables de sus obras. En realidad, estimo que dichos sistemas resultan óptimos, siempre y cuando se integren en proyectos pensados desde el punto de vista del bajo mantenimiento físico de la obra, la recuperación de energías y fluidos no renovables, entre otros ítems, hoy de atención obligatoria.

El Arq. Cuauhtémoc García Ledesma, Catedrático de la Universidad Cuauhtémoc, Campus Aguascalientes, México, reflexiona al respecto: “La eficiencia energética es una de las principales metas de la arquitectura sustentable, aunque no la única. Los arquitectos utilizan diversas técnicas para reducir las necesidades energéticas de sus edificios mediante el ahorro de energía y para aumentar su capacidad de capturar la energía del sol o de generar su propia energía, así como también, en la captación de agua de lluvia. Entre estas estrategias de diseño sustentable se encuentran la calefacción solar activa y pasiva, el calentamiento solar de agua, la generación eléctrica solar, la acumulación freática o la calefacción geotérmica, y más recientemente, la incorporación en los edificios de generadores eólicos. Adicionalmente, contamos con la correcta orientación del edificio respecto a los puntos de sol y sombra, los muros térmicos, las azoteas verdes (con vegetación), así como el manejo de residuos”.

Este oportuno análisis nos conduce a pensar que los incas, los mayas y otras culturas antiguas eran absolutamente sustentables en sus formas de concebir los espacios para el hábitat. Porque, claro está, materializar obras sustentables no significa únicamente edificar casas de madera ni emplear materiales reciclados o reciclables, sino ofrecer una propuesta integral, que favorezca el equilibrio ecológico, la responsabilidad social y la eficiencia económica; para brindar una mejor calidad de vida a los futuros habitantes. Así, los profesionales necesitamos prestar más atención a las condiciones climáticas, la hidrografía y los ecosistemas del entorno en que se construyen los edificios, para obtener el máximo rendimiento con el menor impacto; la eficiencia y moderación en el uso de materiales de construcción, privilegiando los de alto contenido ecológico frente a los de bajo contenido; la reducción del consumo de energía para climatización, calefacción, refrigeración, iluminación y otros equipamientos, cubriendo el resto de la demanda con fuentes de energía renovables; la minimización del balance energético global de la edificación, abarcando las fases de diseño, construcción, utilización y terminación de su vida útil; el cumplimiento de los requisitos de confort térmico, sanitario, de iluminación y habitabilidad de las edificaciones; entre otros factores preponderantes.

Creo oportuno concluir esta reflexión con otro aporte del Arq. Cuauhtémoc García Ledesma: “En Guadalajara se acaba de construir un edificio sustentable que cuenta con “azoteas verdes”, impermeabilización ecológica, calentador solar, sistema fotovoltaico para iluminación, dispositivos ahorradores de agua, llaves automáticas, mingitorios secos, captación de aguas fluviales, materiales constructivos de la región, muebles de cartón y macetas de fibra de coco. Sin embargo, estimo que un buen ejemplo de arquitectura sustentable lo tenemos en la arquitectura mexicana de siglos anteriores, como por ejemplo, las casas mayas que fueron construidas con materiales de la región y responden a las condiciones del lugar como el clima, y al concepto de flexibilidad, o a la arquitectura de la época de la colonia, donde se manejaba el esquema de patio central que permite la ventilación cruzada, habitaciones altas con anchos muros (generalmente de adobe), como aislantes térmicos, e incluso, la captación de agua de lluvia en aljibes para darle usos domésticos”.

Reinventar estos sistemas, adaptándolos a los formatos de vida modernos, conforma el gran desafío.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

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