“La liebre y la tortuga” -versión 2020-

¿Recuerda la fábula?

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el argumento, decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.

Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.

Una empresa dedicada a la construcción de obras, como cualquier otra, conforma una manifestación de trabajo colectivo, un conjunto de esfuerzos armonizados para la realización de un fin común. De esta manera, una empresa que construye obras deberá acrecentar, en tiempos de bonanza, sus componentes financieros a efectos de disponerlos inteligentemente cuando la marcha económica se dificulte. Dicha financiación define, como principal objetivo, brindar a la compañía los capitales necesarios para su desarrollo. Cierto es que existen diferentes tipos de financiación (autofinanciación, crédito bancario o privado, etc.), siendo el mismo un punto sumamente sensible, ya que la financiación se emplea para obtener los bienes de equipos, elementos básicos y servicios que necesita la empresa para poder funcionar y optimizar sus métodos productivos. Por su parte, las variables tecnológicas de la compañía se asimilan con la productividad, porque constituyen el principal instrumento de cara a conseguir el objetivo de la empresa, que es el beneficio. La tecnología requiere cada día una mayor especialización, y por este motivo, las empresas constructoras deben aprovechar los tiempos de buen clima productivo para adoptar los mejores medios técnicos, vale decir, los que generarán un mayor rendimiento en el futuro. No es un buen consejo dormirse en los laureles. En este aspecto, resulta clave la función de quien ostenta la responsabilidad de hacer cumplir las anteriores actividades dentro de un área de producción, cuyas funciones son plantear y dirigir las acciones, fijar los caminos a seguir, y formular los programas de investigación y desarrollo.

De esta forma, los lentos pero estables ganarán la carrera.

Pero la historia no termina aquí: la liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la hubiesen vencido. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia.

Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.

Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.

El impulso que aportan los tiempos de bonanza se sitúa en la condición ideal para propiciar las buenas relaciones entre los elementos humanos de una empresa. Claro está que toda estructura empresarial implica la sumatoria de las personas que la integran. Éstas forman un grupo de trabajo guiado por reglas y normas que regulan su funcionamiento, actitud y responsabilidad, y cuya actuación reflejará la situación social de la empresa. El acompañamiento que las personas brindan en los tiempos de vacas flacas, es consecuencia directa de la actitud asumida cuando los vientos eran más favorables. Sumar rencores conforma una torpeza que se pagará, seguramente, cuando la marcha se ponga más dura.

No debemos olvidar el costo que demanda “formar” nuestro capital humano, sea este aplicado a la mano de obra de la empresa o a los rangos profesionales.

De esta forma, la tenacidad vencerá a la estabilidad.

Pero la historia aún no termina: Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. Como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba “¿qué hago ahora?”, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó su paso y terminó en primer lugar.

Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primeros.

Pensemos que las empresas constructoras -y también los estudios de arquitectura- se enfrentan a una competencia cada vez más dura. Los métodos disponibles para diferenciar los productos de arquitectura dependen, cada vez más, de la imaginación de los responsables de cada estructura productiva y de sus fortalezas a la hora de crear los emprendimientos que los inversores demandan. Entre estos ítems se destacan la innovación, la mejora, la calidad final de la construcción, los mayores servicios postventa o una competencia efectiva en precios.

Pero la historia tampoco termina aquí: el tiempo pasó, y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciéndose buenas amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente, la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que aquella experimentada en sus logros individuales.

Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes habilidades personales. Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor.

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a medirnos contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos… y obtenemos mejores resultados.

Así de tajante se mostraba el pintor Pablo Picasso con respecto a la dedicación y la disciplina creativa: “La inspiración existe… pero te tiene que encontrar trabajando”.

La inspiración aplicada a la estrategia de los negocios en la industria de la construcción constituye, por cierto, una premisa a tener en cuenta en épocas donde los mercados se vuelven muchísimo más competitivos.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

 

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