Números calientes

La energía calórica actual para una vivienda con un buen nivel de aislamiento térmico (Muros y Techos), puede dividirse en un 40% para la instalación sanitaria (agua caliente) y 60% para la instalación de calefacción. Podríamos ahorrar entonces el 80% de la energía demandada en una vivienda para el calentamiento del agua y hasta un 50% destinada a su calefacción aplicando los avances tecnológicos.

De esta forma, es posible lograr una interesante economía energética mediante un adecuado criterio de diseño tendiente a mejorar la relación superficie-volumen. Es bueno comprender que los fenómenos higrotérmicos se originan en la envolvente edilicia. La responsabilidad de los arquitectos e ingenieros en este campo resulta ser trascendental, dado que sólo a partir de condiciones interiores adecuadas en las obras proyectadas, podremos involucrar al usuario en la responsabilidad que mantiene dentro de la cadena de consumo de energía.

Los denominados Costos de los Servicios Energéticos (CSE), representan aproximadamente más del 15% de los gastos de una vivienda. Por lo tanto, con la participación de todos los sectores, habremos logrado evitar el derroche de energía sin afectar la calidad y confort de las condiciones interiores. Consideremos en paralelo el concepto de “Pobreza energética”, vale decir, aquellas familias que destinan más del 10% de sus ingresos en los mencionados CSE.

El efecto invernadero a nivel global, el agotamiento de las fuentes de energía no renovables,  la posibilidad técnica de mejorar el hábitat desde el exterior de la vivienda, y la degradación de las envolventes, imponen la creación de proyectos responsables de beneficiar a los habitantes de las ciudades. Las urgencias que nuestro medio ambiente suma con cada desastre natural, acelera los tiempos de aplicación de aquellas formas de construcción ecológicamente compatibles. Ante las afectaciones que nuestro clima evidencia, el desafío consistirá en cómo crear conciencia respecto de que el futuro es hoy, reafirmando que las fuentes naturales, de entrañable nobleza, no son inagotables. Los profesionales debemos constituirnos en actores superlativos de un cambio radical, asumiendo una actitud más solidaria y comprometida con el contexto propuesto por el medio. Cabe recordar la reflexión realizada por el sociólogo italiano Francesco Tonucci, cuando sentencia: “La generación de finales del siglo XX será la primera en la historia de la humanidad capaz de afectar negativamente las perspectivas de vida de la siguiente generación”.

Nuestros desafíos como país periférico son importantes. En este sentido, todo avance capaz de alcanzar un hábitat sustentable es plausible. En este sentido, proyectar y construir no conforman tareas menores, ya que revisten una enorme responsabilidad. Cada vez que elegimos un determinado sistema constructivo, allí, en la pantalla de CAD; es imprescindible reflexionar, pensar, crear, optar y teorizar.

Proyectar el entorno humano, organizarlo y gestionarlo integralmente, requiere de distintas disciplinas. Las mismas centran su atención en el medio físico, la sociedad y la cultura, tales como la geografía, la sociología, la hidrografía, la biología, la ecología o el planeamiento urbano y territorial. En los últimos cincuenta años, el avance de las metrópolis y de ciertas políticas desatendió funciones básicas tendientes a garantizar un medio físico adecuado a los fines de promover la calidad de vida presente y futura. Evidentemente, los sectores geográficamente más desprotegidos, fueron los que directamente recibieron los embates de dichas acciones, desde el punto de vista de la calidad de los servicios recibidos.

Los porcentajes y valores en torno a la eficiencia energética hoy son vistos con ojos de alarma y esperanza. Son números que apuestan, en el tablero de las decisiones técnicas, a una actitud superadora de los convencionalismos formales de nuestra industria de la construcción.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

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