Arquitectura Sustentable
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25.09.17 Del Editor

Sumando beneficios

Una obra industrializada optimiza recursos, ya sea de mano de obra como materiales, permitiendo controlar y mejorar los costos de producción. Dependiendo del tipo de tecnología aplicada, puede ser fácil de transportar sin necesidad de controlar los tiempos de recorridos, como en el caso del hormigón. Tiende a mejorar la programación de la obra y especializar a los operarios, ayudando a una disminución de los accidentes, aspecto que no conforma un dato menor en una industria con la más elevada tasa de riesgo laboral. Reduce los tiempos de ejecución de obra y plazos de entrega, en comparación con los sistemas constructivos convencionales.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista ENTREPLANOS.

Permite una gran variedad de diseños, ofreciendo respuestas a los distintos tipos de necesidades espaciales, funcionales y estéticas. Una vez finalizada una obra industrializada, puede ser modificada o ampliada, y en algunos casos, hasta desmontada, trasladada y reutilizada en otro lugar, algo impensable en una construcción tradicional. Por último, al constituir un proceso industrial, permite que los módulos y ensambles sean objeto de un exhaustivo control de calidad con garantías para el cliente. Permite formalizar una construcción en gran escala, por ejemplo, para programas sociales.

El buen funcionamiento del conjunto depende -en gran medida- del correcto montaje por parte de la mano de obra, por lo tanto, deben ser rigurosamente controlados. Respecto de las obras materializadas con hormigón pre-moldeado, estos bloques no ofrecen la misma continuidad propia del hormigonado en obra. Esa continuidad dada en la capacidad de absorber esfuerzos de tracción debe ser reconstituida durante el proceso de montaje.

Gran parte de la obra en una construcción industrializada se lleva a cabo en taller o fabrica. La mano de obra empleada no demanda las mismas calificaciones respecto de una obra tradicional. La prefabricación requiere operarios especializados en la tecnología o máquinas dispuestas para la fabricación y otro tipo de mano de obra con conocimiento de los sistemas para la colocación final. Las tareas repetitivas de producción son similares a las que se podrían apreciar en una fábrica automotriz. El obrero solo requiere de un entrenamiento acerca de la tarea a ejecutar en particular, sin necesidad de conocer el concepto global de la obra o sobre temáticas de la construcción en sí, ya que el proyecto se materializará en otro lugar mediante el montaje del conjunto de las piezas producidas. 

Al igual que en muchas otras industrias, en el rubro de la construcción, también existe la constante presión de reducir costos, minimizar plazos y desperdicios de materiales, al tiempo de mejorar la calidad. Mientras que la productividad en la industria manufacturera ha mejorado notoriamente en el último siglo, la productividad de la industria de la construcción no ha mostrado grandes variantes, especialmente, en los países subdesarrollados, donde la mayor parte de la construcción se concreta bajo el formato tradicional.
 
Inevitablemente, este enfoque se modificará con el correr del tiempo, ya que existe abundante evidencia y experiencias en otros países sobre los beneficios del uso de la construcción industrializada. Es fundamental para lograr ese cambio de mentalidad motorizar la capacitación de los profesionales de la construcción, a los efectos de comenzar a familiarizarse con nuevas técnicas y ofrecer a los clientes distintas alternativas. 

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