Arquitectura Sustentable
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26.05.17 Textuales

Eficiencia energética en edificios

Desde la década de 1970, durante la crisis del petróleo hasta la actualidad, se han planteado diversas respuestas a la pregunta, ¿por qué un edificio debe consumir menos energía? Hoy no solamente tomamos en cuenta la escasez de recursos naturales renovables, sino que también se consideran aspectos fundamentales, tales como la emisión de CO2 a la atmósfera, los residuos contaminantes de fabricación y utilización difíciles de degradar, las mejoras en el confort higrotérmico en el interior de la vivienda y el aumento de la vida útil de la misma, sólo por mencionar algunos de los factores más importantes.

Por el Arq. José Reyes.

Debemos tomar conciencia que la mayoría de los edificios que diseñemos hoy, seguramente estarán en pie dentro de 50 años, y sin dudas, para esa época una nueva realidad permitirá a los profesionales de entonces diseñar sus edificios en una forma más eficiente, pero es nuestra responsabilidad como profesionales contemporáneos ser los suficientemente previsores como para impedir que nuestros edificios se conviertan en obsoletos mucho antes de lo previsto, simplemente, porque su costo de funcionamiento es sumamente elevado. Como profesionales de la construcción nuestra labor no solamente se limita a diseñar un edificio estéticamente aceptable, sino que debemos tomar conciencia también que tras la encomienda del trabajo, existe una persona, familia, institución o empresa que deberá afrontar los gastos de funcionamiento que el edificio genere, no solamente desde el punto de vista energético, sino también, de patologías (condensación, puentes térmicos, infiltración de aire, etc.), que se puedan presentar debidas al mal diseño constructivo. Patologías que muchas veces requieren de un gran esfuerzo económico para lograr una solución, aunque en ocasiones, esa solución resulta imposible.

Por otro lado, si trasladamos el fenómeno a una escala mucho mayor, nos daremos cuenta que el derroche de energía aplicada simplemente para acondicionar térmicamente edificios mal diseñados, toma proporciones inconmensurables.

En casi todos los países de Europa y algunos de América hace tiempo que los profesionales de la incumbencia se encuentran trabajando en el aspecto del ahorro energético en la vivienda y sus normas se han adaptado a dicha circunstancia. Sin embargo, en muchos de esos países, las normas no son de cumplimiento obligatorio (a excepción –quizás- de los planes oficiales de vivienda), derivando al criterio del profesional actuante su aplicación, pero muchas veces, los propios profesionales desconocen la existencia de las normas.

El aspecto más importante no es justamente la aplicación de una normativa como receta de solución a un problema que pasa por la conciencia de cada uno. Aquello que ahora construyamos será la herencia delegada a las generaciones futuras, por lo tanto, debemos ser concientes que todos los aspectos de mejora introducidos en la actualidad, no solamente los vamos a disfrutar nosotros mismos, sino que servirán de precedente para sumar nuevas mejoras a futuro.

Otra variable a destacar, radica en la adecuación a las normas vigentes o el seguimiento de criterios de diseño que optimicen el aspecto energético del edificio, las cuales no siempre resultan en una inversión mayor. El costo de cualquier edificio se encuentra compuesto por tres partes fundamentales, dos de las cuales se pueden prever en las instancias pertinentes al diseño de la caja arquitectónica.  El primer término de dicha ecuación es el costo de construcción del edificio, donde influye significativamente la calidad constructiva. Aunque si tomamos en cuenta un diseño optimizado (forma-volumen-orientación), seguramente el costo será igual o inferior respecto de otro diseño poco optimizado, pero de igual calidad constructiva. Este término es generalmente el único que le interesa al propietario o promotor del edificio.  El segundo término en la ecuación del costo son los gastos de funcionamiento del edificio a lo largo de su vida útil. En este punto, un diseño inadecuado o de mala calidad constructiva tiene un peso importantísimo y decisivo. En efecto, si el costo de construcción presenta un valor de 100 unidades y para esa calidad constructiva el costo de funcionamiento es de, supongamos, 12 unidades por año, al final de su vida útil, estimada en 50 años, el costo final del edificio fue de 600 unidades.  Si tomamos ahora un edificio optimizado desde el punto de vista energético pero con un valor de construcción de 110 unidades, cuyo costo de funcionamiento es de 7 unidades, el valor final de costo será entonces de 460 unidades, lo cual representa un ahorro de aproximadamente el 24% respecto del costo total, aunque los gastos imputables a su construcción fueron un 10% mayor que en el primer ejemplo. Como profesionales debemos ofrecer al propietario el panorama esperable a futuro en cuanto al costo de funcionamiento del edificio. Verdaderamente esta es una faz profesional distintiva, ya que trabajaremos con una programación temporal de nuestra caja arquitectónica.

Como propietarios debemos tomar conciencia que el costo del edificio cuya construcción comencemos hoy no se encuentra constituido solamente por el importe a desembolsar durante el periodo de construcción y que los errores de diseño o aspectos constructivos se pagarán durante el resto de la vida útil del edificio.  Por último, el tercer término de esta ecuación lo constituye el costo de las reparaciones o adecuaciones a realizar debidos a errores de diseño que derivan en patologías. Este último aspecto será difícil de cuantificar de antemano, pero podemos estar totalmente seguros que la aparición de algunas de esas patologías se puede impedir en la etapa de diseño a partir de un estudio conciente de su origen. Creo que ahora sí estamos en condiciones de responder a la pregunta original, pero siempre a partir de un compromiso (tanto actuando como profesionales como en el rol de propietarios), relacionado con el ahorro energético.

Las reglas del juego están dictadas y los elementos que nos permitirán tomar una decisión acertada permanecen a nuestro alcance.

Simplemente, deberemos aprender a utilizarlos.

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