Arquitectura Sustentable
ampliar tamaño texto  reducir tamaño texto    Comentarios compartir en facebook compartir en twitter compartir en linkedin
28.04.17 Del Editor

El tiempo es veloz

En nuestra industria de la construcción, el tiempo disponible para realizar cada tarea lo determinan las fechas en que se produce su inicio y culminación. La duración de una actividad puede reducirse añadiendo recursos adicionales los cuales, desgraciadamente, incrementan su costo. Existe la posibilidad de modificar los recursos asignados a cada tarea para ajustarse a las condiciones más convenientes, según sean las contingencias que se presenten durante la ejecución de la obra.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la revista ENTREPLANOS.

Estos cambios producen una aceleración o deceleración en la realización de ciertas actividades, con el consiguiente aumento o disminución de su costo directo. Se produce, por lo tanto, una correspondencia entre el costo directo de cada actividad y el tiempo invertido en su ejecución, aspecto que proporciona la posibilidad de un ajuste de costos y tiempos, adaptables a las necesidades de plazo o a la inversión económica coyuntural.

La duración 'normal' de una tarea es aquella que minimiza su costo. En ocasiones, una programación basada en la duración normal de la materialización de un rubro específico puede prolongar excesivamente el trabajo, incrementando la repercusión de los gastos generales de la empresa en la obra. Del mismo modo, es probable exceder el plazo contractual si se propaga exclusivamente en duraciones normales. En ambos casos, será el rol del Jefe de obra quien ostenta la posibilidad de reducir la duración de algunas o todas las actividades para disminuir el plazo total. 

Alguna de las críticas mas importantes que se hacen a la planificación de las obras es aquella que dice que es imposible saber a ciencia cierta cuánto van a durar los distintos trabajos y las tareas que componen el proyecto a ejecutar. Parte de razón se tiene, puesto que las inclemencias meteorológicas, los retrasos en la entrega de materiales, la motivación de los trabajadores, el estado de conservación y mantenimiento y otros imprevistos hacen que nuestras previsiones se arruinen incluso antes de comenzar la obra. Afortunadamente, existen técnicas que, bien empleadas, suponen una ayuda inestimable a la labor de planificar y controlar nuestras obras.

La organización de una obra constituye una estructura jerarquizada, sujeta a una serie de reglas y normas de comportamiento las cuales permiten a la empresa constructora alcanzar con eficacia y eficiencia los objetivos de economía, plazos, calidad y seguridad. Para que estos fines se alcancen de manera coordinada, las actividades se agrupan por departamentos o secciones con una asignación clara de funciones y responsabilidades, donde cada persona sepa el papel que debe cumplir y la forma en que las tareas se relacionan con las restantes.

Porque el tiempo es veloz...

Comentarios

Ingrese para poder comentar