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06.01.17 Textuales

Informe Especial: ¿se pueden evitar los accidentes laborales?

Los actuales resultados no satisfacen. Los hechos contradicen las expectativas y los argumentos esgrimidos sólo son paliativos que tratan de justificar un cierto grado de fracaso, en el cual asoma casi como principal camino, el cambio de la vigente legislación, que es importante, pero sólo enfoca una parte del problema y no la solución integral. Por el Lic. Jorge Alfredo Cutuli.

Porque la realidad es que no se actúa decididamente sobre el responsable principal, el empleador, quien teniendo a la ley como guía obligacional de mínima, debe brindar ambientes de trabajo, higiénicos y seguros, como base y sostén de la preservación de vidas y de bienes.

Luego, la empresa arbitrará los medios para brindar participación activa a sus integrantes, que son los niveles de mando, los operativos y los especialistas en higiene y seguridad y medicina del trabajo, instituyendo comisiones de seguridad de planta, para desarrollar sus políticas internas, implementando sistemas de gestión adecuados a sus propias características, los cuales teniendo como objetivo la reducción de la accidentabilidad, adopten metodologías de procedimiento para la detección, evaluación y control de peligros, con potencialidad de daño, considerados como causas desencadenantes de accidentes y enfermedades del trabajo. Las autoridades de competencia deben asumir el control de cumplimiento de la ley y las ART, apoyar el sistema, acordando con las empresas, planes de mejoramiento en un proceso continuo, además de cubrir los aspectos de prestaciones e indemnizatorios correspondientes.

Ningún sector está excluido de colaborar para la prevención de la manera más efectiva, pero debe ratificarse la responsabilidad empresaria y actuar no sólo sobre quienes no cumplan, sino principalmente, sobre aquellos que no alcancen resultados por no cumplir, porque cabe enfatizarlo: estamos hablando de salud y de vida. Para preservarlas se pueden y deben evitar los accidentes laborales.

Las empresas e instituciones que “hacen” seguridad en serio, lo saben y lo demuestran día a día. No están “colgados” del sistema, sino que lo “sostienen” y deben ser reconocidos como corresponde. La seguridad y el seguro unidos en una misma ley -en gran parte- a cargo de entidades aseguradoras, no es muy feliz, porque si al zorro se le “encarga” el control y cuidado de las gallinas, hay que rogar que un día no tenga “hambre”, porque sería injusto luego culparlo por sobrevivir.

El sistema, pensado fundamentalmente para hacer “previsible” el costo de los accidentes, facilita en su práctica “transferir” mucha ineficiencia en prevención de la empresa a la aseguradora, “pagando” en cuotas mensuales, la “posible” pérdida económica de salud o de vida y no sufriendo otra severa “penalidad” por no cumplir con las normas de seguridad establecidas.

Si a cada empresa donde se produzca un hecho previsible y por lo tanto evitable, que dé como nefasto resultado la incapacidad total permanente o la muerte de un trabajador, le correspondiera pagar adicionalmente una fuerte suma de dinero por la víctima y además, sus directivos fueran invalidados para proseguir en sus cargos actuales, que incluyen tácitamente el cuidar y preservar las vidas y los bienes en la organización, otro sería el resultado.

Detrás del seguro de accidentes del trabajo hay un aspecto humanitario y social que excede la reparación económica. Mientras se siga “interpretando” que “lo que se paga” y “quien paga” la pérdida es lo más urgente, y esto pasa a ser, equivocadamente, lo más importante, el sistema continuará fracasando, porque se mercantiliza por precio lo que debe ser considerado como un valor insustituible, y es como valor, que se debe apreciar la salud y la vida humana.

Cuando se sancionó la Ley de Riesgos del trabajo en Argentina, el legislador pensó en un sistema que hiciera de la prevención el camino válido para mejorar la siniestralidad en beneficio del trabajador, que fuera conveniente productivamente para la empresa y con buenos resultados económicos para las ART. Pero la realidad, desvirtuó aquellos principios por lo cual entiendo se ha cumplido una etapa, en la que se trabajó mucho sin alcanzar los resultados esperados. En todo caso, ¿podríamos decir que fracasó la aplicación del proyecto legal? Sí... y aceptemos que debemos propiciar una mejora legal, que no tienda a ser un gatopardismo y que cambien algunas cosas, para no cambiar nada. ¿Somos capaces de lograr un cambio verdadero?, parece difícil, porque para materializar dicho cambio, se tendrán que unificar objetivos y determinar responsabilidades en la ley:
  • Las autoridades de competencia se pongan al frente en lo referido al control de cumplimiento de la ley.
  • Las aseguradoras asuman su función de asesoras e incentiven en las empresas, las acciones de gestión y mejoramiento, dejen de ser juez y parte y se relacionen con los especialistas en higiene y seguridad y de medicina del trabajo y actúen en conjunto para beneficio del sistema.
  • Los empleadores, como responsables primarios, incluyan en sus políticas y sistemas, a la seguridad y salud ocupacional, como parte activa de sus objetivos y exijan el respaldo y acción de sus niveles de mando y sus trabajadores como condición de empleo.
  • Los trabajadores se involucren en el tema, participando -no sólo como tutelados- sino como verdaderos protagonistas del cambio en los programas y con su aporte decidido, en los procedimientos y las conductas.
  • Los especialistas, optimicen sus prácticas técnicas y profesionales, especialmente en la prestación de los servicios externos, y se capaciten en todos aquellos temas que aumenten y mejoren sus conocimientos, para prestar el mejor asesoramiento preventivo a todos los niveles de la organización laboral.
Sería interesante incluir en la nueva ley, la obligatoriedad de presentar en forma anual una declaración de situación en materia de prevención de riesgos, por parte de la empresa, que tuviera carácter informativo de lo realizado, lo pendiente, los planes futuros y todo otro dato relacionado, a modo de “balance”, firmado por el representante de la empresa, de su comité de seguridad, de los servicios de higiene y seguridad y de medicina del trabajo. Esta declaración se presentaría a la ART y la aseguradora la tomaría como base para adecuar en cada caso, los programas del año entrante.La empresa debe tener absoluta libertad de ejecución en el cumplimiento de la legislación, pero si no se la ratifica y se le exige cumplir con su responsabilidad primaria, “toma” al sistema como un “respaldo” económico, se siente “cubierta” por el seguro y subordina la prevención, hecho demostrado en la mayoría de las medianas y pequeñas empresas, que en su conjunto, representan más del 60% de la actividad laboral.

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