Arquitectura Sustentable
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23.12.16 Textuales

Informe Especial: organización de la producción

El hombre, a lo largo de su historia, ha puesto especial énfasis en el arte de construir. La historia de la arquitectura nos muestra como fue adquiriendo conocimientos, técnicas, habilidades y experiencias en el arte de la construcción, desde las más rudimentarias a las más complejas.

En este proceso de aprendizaje, el hombre comprendió que “la idea” (el proyecto) debía ser muy bien pensada, estudiada y desarrolla en plenitud, para que cuando se materializara la obra se pudieran satisfacer las expectativas y necesidades de quien o quienes la habían encomendado. Asimismo, debió estudiar y ensayar materiales, y desarrollar otros. Aprendió a planificar las obras y a desarrollar técnicas constructivas, a fijar tiempos de ejecución y a optimizar los recursos para construir una obra (mano de obra, materiales y equipos). Además, la actividad de la construcción necesita del trabajo de muchísimas personas, entonces, surgió la necesidad de que alguien -suficientemente idóneo y capaz- asumiera la dirección o gerenciamiento, con la función de equilibrar el uso de los recursos y coordinar las actividades de todos los participantes, a fin de lograr el máximo de los resultados.

Para la actividad de la construcción la noción de tiempo no conformaba una variable de extrema necesidad, ni tampoco lo que hoy definimos como productividad, ya que las obras comenzaban y terminaban aleatoriamente, en la mayoría de los casos, años o décadas después de su inicio.

El trabajo en la construcción era en su totalidad artesanal, la mano de obra abundaba y era barata, los maestros artesanos se rodeaban de aprendices hábiles para su capacitación, y las obras, dependiendo de la disponibilidad de los recursos materiales, avanzaban más o menos de acuerdo al recurso humano que se contrataba.También, el hombre por medio del ingenio, y de las técnicas desarrolladas en consecuencia, crea equipos que permiten disminuir el esfuerzo físico y aumentar la velocidad en la ejecución de las tareas. La era industrial, la aparición de la máquina que reemplaza al hombre, el avance científico y tecnológico, la creación de nuevos materiales, la disponibilidad de los recursos económicos y financieros, el crecimiento de la población que demanda día a día una mayor cantidad de bienes y servicios, y entre otros muchos, el estudio y la capacitación del hombre en forma masiva en todas las áreas del conocimiento, han modificado a la industria de la construcción.

Esta breve reflexión tiene por objeto plantear, desde cuarenta años a la actualidad, y circunscribiéndonos en particular a obras de pequeña y mediana envergadura de edificios y viviendas, que ha ocurrido en el proceso de producción de una obra -y paradójicamente- que aspectos no se han modificado con el paso del tiempo.

Quien encomienda a un profesional una obra tiene como objetivo principal obtener un buen edificio, el cual satisfaga sus necesidades, expectativas e interés económico. En particular, dicho comitente encargará su realización, si comparando el valor de plaza y el costo total de obra de este edificio, satisfacen su expectativa de la ecuación costo-beneficio. Un edificio es uno de los pocos productos de la actividad del hombre cuyo precio, calidad, plazo de ejecución y otras características especiales, deben establecerse antes de su ejecución material. A diferencia de los productos industriales, donde el precio se determina después de elaborado éste, en el caso del edificio se debe establecer antes.

Para realizar un producto (el edificio) dividimos el trabajo en tres partes, que como resultante de un todo permanecen íntimamente relacionadas, son dependientes, interactúan y se complementan. Figurativamente, se denominarán como “escritorio” (oficinas del estudio o empresa), “campo” (lugar donde se ejecutara la obra) y “escritorio-campo”.

Partimos de un proyecto el cual permita establecer un correcto diseño del producto, con toda la documentación gráfica presente en su contenido -con exactitud y detalle de todas las características generales y particulares del edificio a construir-, en el todo y en cada una de sus partes. Un pliego de especificaciones técnicas que sea claro y preciso, permitiendo conocer con la mayor exactitud posible, la calidad del producto. Un presupuesto el cual detalle y analice, con amplio criterio, todos los costos directos e indirectos. Una programación y planificación de la producción que, con profesionalismo y experiencia, acote todas las tareas a realizar y sus interrelaciones, con fin de conocer, entre otros, el plazo total de la obra, los trabajos críticos, el personal y/o subcontratistas necesarios, las fechas tempranas y tardías en la disponibilidad de los materiales y equipos.

En forma resumida, se establecen a continuación las tareas en general, de lo que se denominara, más arriba, como “escritorio”. En esta primera etapa en la realización del producto se han notado cambios en el transcurso de los últimos años. Los profesionales de la construcción cuentan con medios auxiliares para desarrollar su trabajo, como la computadora y otros artilugios, que han permitido disminuir el tiempo empleado, lo cual se traduce en una mayor productividad -y por ende- en un menor costo.



Cuarenta años atrás, los profesionales disponían solamente de las primeras calculadoras científicas manuales, dejando de lado las reglas de cálculo y los logaritmos. Además, en el transcurso de los últimos años, las industrias relacionadas con la construcción y otras, han desarrollado y mejorado una infinidad de materiales, maquinarias, equipos, herramientas, elementos de seguridad, etc. Dado que, en apariencia, cuando utilizamos en el proyecto ciertos materiales, elementos o sistemas constructivos, no nos detenemos a pensar lo recientes que son en nuestra historia y qué beneficios comparativos tenemos hoy en día, y en cuánto han variado la productividad en la construcción. A modo de recordatorio o ejemplo, situémonos cuarenta años atrás. Existía un único ladrillo hueco en el mercado, de dimensiones 8 x 15 x 20 cm, distribución de agua fría en cañería de plomo y caliente en caño galvanizado, hormigones de baja resistencia -y en su mayoría- elaborado “in-situ”, barras de hierro dulce lisas o helicoidales…

Un hecho que hoy parece poco relevante, puesto que forma parte de nuestro cotidiano trabajo, es que por medio de las redes y de todas las herramientas informáticas, los profesionales y aquellos que trabajan en la industria de la construcción cuentan con un acceso inmediato a la información y al desarrollo de todos los campos necesarios, desde cualquier lugar y a cualquier hora.

Pensar que años atrás era necesario recurrir a folletos, publicaciones gráficas o a eventos presenciales de empresas, para informarse y adquirir conocimiento de nuevos materiales o técnicas constructivas, forma parte de nuestra prehistoria. El uso de la telefonía celular como medio de comunicación y el empleo y desarrollo de todas sus herramientas informáticas, es hoy en la construcción tan importante como “el martillo”.

De todo lo expuesto, y únicamente habiendo citado algunos temas a modo de llamado de atención, dentro de un vasto universo, la actividad de la construcción le ha permitido al hombre administrar con mayor eficiencia su recurso más importante: “El tiempo”, y que paradójicamente ello lo ha logrado pensando para tener más tiempo para pensar. Así mismo, y como consecuencia, disponer de más tiempo para pensar potencia la etapa de proyecto y planificación. Desde el punto de vista económico, esto se ha traducido, a lo largo del tiempo, en una disminución paulatina de costos y una mayor productividad.

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