Arquitectura Sustentable
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27.06.16 Del Editor

Una obra que no tiene precio…

Es sabido que para calcular el precio de una obra, resulta imprescindible considerar el costo directo, los gastos generales directos, los gastos generales indirectos, el costo financiero y los beneficios, teniendo en cuenta el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y la capitalización. A ésta premisa básica, se añaden diversas combinaciones, todas ellas atendibles a la hora de calcular el valor de una obra. Dichas combinaciones se conocen como balances, y a éstos balances se dedica el presente Editorial.


Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS

El primer balance a tener en cuenta es el balance de técnica-tiempo-costo. La técnica hace referencia a la tecnología utilizada para realizar el proyecto -o parte del mismo-. Un ejemplo muy gráfico es realizar un revoque al estilo tradicional con sus diferentes capas o, por contraparte, un revoque proyectado tres en uno o cuatro en uno. La segunda y tercera premisa del balance será influenciada considerablemente por la técnica realizada, donde tanto el tiempo como el costo resultan ser de vital importancia para quien encarga la obra. Por ésta razón se debe adoptar una técnica acorde a la demanda, a las posibilidades de la empresa constructora y al capital del cual dispone nuestro comitente, a efectos de que resulte óptima en cada caso.

El segundo balance a validar es el de las especificaciones-cuantificación-análisis. En otros términos, es discutir el qué, el cuánto y el cómo, en lo referente al dinero empleado para la construcción. 

Un costo balanceado eficientemente es aquel cuyas especificaciones, tanto gráficas como escritas, definen sin lugar a dudas, qué es lo que se desea construir, con todas las especificaciones citadas en dicha documentación, acciones que permiten cuantificar con mejor exactitud los materiales y sus costos, y también, analizar diversas opciones de materialidad de obra y procesos constructivos, ya que ello repercutirá notablemente en el precio final de la obra.

El último balance a tener en cuenta es el balance de los recursos de producción, vale decir de la triada: material-mano de obra-equipo, a los fines de arribar a un óptimo resultado. 
Como vemos se trata de un juego de equilibrios y pertinentes análisis. De otra forma, jugaremos con fuego, estampando nuestra firma en un contrato para la construcción de una obra “que no tiene precio”… literalmente.

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