Arquitectura Sustentable
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14.06.16 Opinión

La Arquitectura Sustentable es historia

Hacia fines del siglo 19 -antes de la iluminación y calefacción eléctrica- los arquitectos utilizaban la combinación de dispositivos mecánicos y técnicas pasivas para iluminar o ventilar el interior de los edificios (los cuales funcionaban sin ayuda de la electricidad). Muchos de los grandes edificios disponían de equipamientos mecánicos para calefaccionar, enfriar o iluminar. Los diseñadores de las primeras fábricas usualmente creaban ingeniosos artilugios para remover el aire caliente e introducir el aire fresco desde el exterior. Incluso los diseñadores de los primeros rascacielos atenuaban el intenso calor del verano emplazando las ventanas retiradas de las fachadas, donde obtenían sombra (como en el primer edificio del New York Times). Pero a pesar del mencionado y otros logros de la arquitectura, y ya entrados en la era de la post Segunda Guerra Mundial, los arquitectos comenzaron a interesarse más respecto de la forma de incorporar el Aire-Acondicionado a esos altos edificios y a los complejos de tiendas, más que en compatibilizar a esos edificios con su entorno.

Todo ello creó un movimiento y un nuevo lenguaje de edificaciones de acero y vidrio, sin ventanas operables, ventiladores, ni sombras naturales. Con el desarrollo de la luz fluorescente de bajo voltaje, se ampliaron las dimensiones de los pisos de dichas estructuras hasta el punto donde la luz natural fue reemplazada completamente por la luz artificial. 

A pesar de la aceptación de este nuevo esquema constructivo, un número de crisis económicas y ecológicas acaecidas hacia 1970, derivó en la revisión del uso de la energía en los edificios y el redescubrimiento de esas estrategias pasivas en desuso.

El 22 de Abril de 1970, 20 millones de americanos tomaron las calles, estacionamientos y auditorios para demostrar y protestar por un ambiente saludable y sostenible, Impulsados por Gylord Nelson (entonces senador en ejercicio en los Estados Unidos). Desde ese día se celebra el Día de la Tierra, movimiento el cual con el correr de los años, fue desarrollando una conciencia global de lucha para la preservación del planeta a las generaciones futuras. En su momento, un movimiento de esas características era impensado, siendo el consumo desmesurado visto como un signo de “Prospero Desarrollo”. 

Desde 1970 se comenzó a divisar un terreno de daño ambiental y de una gran alza en los costos de los combustibles. Entonces, la arquitectura fue arrastrada hacia este terreno debido a su importancia e impacto. El cambio de paradigma puede verse reflejado y hasta incluso representado por la obra de Norman Foster: “Willis Faber and Dumas Headquarters (1975)”, siendo el punto de inflexión en lo referido a la arquitectura sustentable. El edificio fue reparado espejando sus vidrios, evitando el ingreso del calor al mismo tiempo que permitía el acceso de luz natural junto a un gran tragaluz. También se innovó en un techo con jardín propio -el cual aunque no sea considerado Sostenible-, le dio a los arquitectos una meta a alcanzar.

Hacia 1990 arquitectos europeos y americanos interesados en la arquitectura sensible al medioambiente, comenzaron a acuñar el concepto llamado “Arquitectura Sustentable”, y posteriormente, científicos y especialistas continuaron evaluando el impacto ambiental de las estructuras que derivaron en numerosas escalas de medición y sistemas de evaluación de arquitectura sustentable. LEED (Leadership en Energy and Enviromental Design) es una norma que refleja una preocupación cultural y define a la Arquitectura sustentable como “una arquitectura que utiliza los recursos renovables para generar energía aplicando técnicas pasivas para ventilar, iluminar, que incorpora, mantiene y recicla el agua y los desechos, que promueve técnicas de construcción a conciencia y la urbanización viable y habitable”.

En la actualidad, los edificios son responsables de aproximadamente un tercio de la energía consumida y de la emisión de gases de las sociedades. Entre un 80 y un 90% de esta energía es utilizada para la calefacción, enfriamiento, iluminación, ventilación, cuando un 10% a 20% de esa energía es destinada para la construcción y demolición en la industria.

Muchas tecnologías y métodos están disponibles para ahorrar energía en las edificaciones. La calefacción puede ser reducida a través de la ventilación, la utilización del Sol  u otras fuentes naturales de calor, como así también a través de la mejora de las aberturas y el equipamiento, el cambio en las formas arquitectónicas o de sus orientaciones y atributos relacionados que mejoren el desperdicio de energía o el mantenimiento edilicio.

El potencial en el ahorro de energía en un edificio es importante, pudiendo incluso reducirse en un 30% hacia 2020 con la utilización de las técnicas disponibles en el mercado, pero si nos quedamos de brazos cruzados, las emisiones de Dióxido de Carbono a la atmósfera relacionados a la construcción, podría incrementarse de 8 a 12 billones de toneladas.

En conclusión, podemos decir que si bien estamos adentrados en un camino de cambio hacia una conciencia ambiental, incluso dentro del sector de la construcción, todavía queda un largo camino por recorrer. Estos cambios están previstos como de largo plazo ya que la industria de la construcción se caracteriza por ser un sector altamente fragmentado en el que sus actores permanecen poco relacionados en la cadena de valor, siendo sus principales integrantes los capitalistas, diseñadores, ingenieros, contratistas, agentes, dueños, usuarios -e incluso- el gobierno. La complejidad de la interacción de estos participantes constituye una de las grandes barreras a afrontar.

El incentivo y responsabilidad por el ahorro de energía están compartidos por diferentes actores, y la administración del cambio resulta compleja y difícil, requiriendo una mejor coordinación junto con el compromiso de los integrantes de la cadena de valor. La principal persona que debe tomar la decisión sobre la inversión en eficiencia energética, está directamente afectada por esa decisión. Esta es otra gran barrera, pero el costo de realizar tal potencial reducción en el impacto ambiental es relativamente bajo si lo medimos desde el punto de vista del Ciclo de Vida de nuestro planeta.


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