Arquitectura Sustentable
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08.01.16 Del Editor

Diseño solar pasivo

La arquitectura sustentable destaca los sistemas de diseño solar pasivo o de “arquitectura solar pasiva”. Los sistemas de calefacción y refrigeración pueden ser activos o pasivos. Los sistemas activos son, por lo general, el conjunto de dispositivos que tienen una función única y no forman parte del sistema constructivo, mientras que los sistemas pasivos están integrados al esquema constructivo utilizado. Entonces, se puede afirmar que las características que presentan los sistemas de calefacción pasivos respecto a los activos son aquellos que forman parte de la construcción propia; resultan económicos por su bajo costo adicional; poseen gran durabilidad, análoga a la de la propia construcción; ofrecen un funcionamiento sencillo y un mínimo mantenimiento; no requieren energía auxiliar para su funcionamiento. 


Por el Arq. Gustavo Di Costa -Editor de Revista ENTREPLANOS- 

 

En contrapartida, una dificultad que presentan los sistemas pasivos respecto a los activos radica en la manera de medir su aporte a la carga térmica, ya que no se puede cuantificar de manera instantánea y directa, sino de modo indirecto, comparando los consumos de las construcciones convencionales con aquellas de concepto bioclimático.


El diseño solar pasivo constituye un método utilizado en la arquitectura que añade un enfoque solidarizado con el cuidado del planeta en el que vivimos. Se basa en el diseño de construcciones que aprovechan las energías y el clima del entorno para conseguir el confort interior, sin necesidad de utilizar fuentes activas de calefacción o refrigeración, las cuales son costosas y contaminan el ambiente. A través del diseño, el proyectista debe pensar espacios que logren un acondicionamiento ambiental interior mediante la utilización del Sol, las brisas y vientos, la orientación de los espacios y aberturas, más las características propias de los materiales de construcción.


Al comenzar a pensar un proyecto arquitectónico, una de las premisas más importantes a tener en cuenta es el lugar en dónde va a ser implantado. Esto definirá el método que se utilizará para que el clima interior del espacio diseñado resulte confortable. Por este motivo, se debería realizar un estudio que considere la temperatura del lugar en las diferentes estaciones del año, los niveles de humedad, la velocidad y dirección de los vientos y especialmente el asoleamiento del sitio. Al contar con todos estos factores se debe idear un proyecto que logre aprovechar al máximo las cualidades que brinda el terreno y el entorno natural.


La arquitectura solar pasiva aprovecha la energía que es captada a través de superficies vidriadas o de muros especialmente conformados para mantener el bienestar térmico en el interior de las obras. Estas superficies vidriadas o muros de calentamiento y conservación del calor deben disponerse en fachadas orientadas específicamente. Ello garantiza la óptima incidencia del Sol. En verano, los rayos solares caen con un ángulo más perpendicular sobre la Tierra, mientras que en invierno el Sol incide con rayos más inclinados, por esto es aconsejable colocar aleros y cornisas que brinden la posibilidad de obtener un calentamiento selectivo en el interior y así regular la temperatura deseada. Un muro construido con materiales que brinden una correcta aislación ayudará a que el calor excesivo del exterior no penetre en el espacio interior y, de igual modo, impedirá que el calor ganado durante el día se pierda en la noche, que es cuando generalmente la temperatura desciende.


En lo que respecta a la ubicación de la caja arquitectónica en el terreno, habrá que evaluar las sombras que proyectan los cuerpos lindantes y ver si son útiles o no dependiendo de la temperatura del lugar, ya que si se trata de una zona muy calurosa, puede ser provechoso permanecer al reparo de otra construcción. De tratarse de una zona fresca o fría, no es conveniente implantar la construcción en un lugar sombrío. En algunas ocasiones resulta útil disponer árboles de hoja caduca alrededor de la construcción, ya que en verano el follaje impedirá que la incidencia solar castigue los muros de manera excesiva, mientras que en invierno, cuando cae el follaje, la luz solar puede alcanzar los muros para calentarlos.

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