Arquitectura Sustentable
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08.06.15 Textuales

Liderar el cambio cultural de las empresas constructoras

Las empresas constructoras suelen dejar libradas las interacciones críticas al azar, cuando existen varios mecanismos operativos claves para lograr los objetivos de las obras.


Escribe: Ing. Civil Martín Roberto Repetto Alcorta






1. Planificar las obras en forma periódica.


2. Establecer un plan de compras y contrataciones consensuado con el área de compras, los proveedores y subcontratistas.


3. Realizar un seguimiento periódico del plan y realizar los ajustes necesarios.


4. Alimentar el Tablero de Comando de las obras.


5. Realizar un informe de avance con la evolución de los principales indicadores.


6. Establecer reuniones periódicas con el cliente, las funciones internas, proveedores y subcontratistas de manera de compartir la información, analizar y reconciliar los distintos puntos de vista, lograr la debida toma de conciencia del estado de situación y los acuerdos y compromisos necesarios para cumplir con los objetivos.

 

El Tablero de Comando junto a estos mecanismos operativos ponen sobre la mesa la información vital para decidir en grupo qué camino tomar. De esta manera se podrá crear una imagen común del negocio y todos sabrán como contribuyen al éxito del mismo y la manera adecuada en que se conectan entre sí las distintas funciones para establecer los resultados. Todos sabrán como encajan sus áreas en el todo teniendo a la vez la información oportuna y la motivación para alinear sus esfuerzos.


Cuantas más personas visualicen la imagen total del negocio, la importancia de las interacciones críticas, sepan cómo encajan en el rompecabezas y puedan ver los impactos de sus decisiones, más allá de sus silos funcionales, mejor será el trabajo que realicen y mayor será la probabilidad de éxito de la empresa. Desde el punto de vista del neuromanagement, el tablero de comando permite modificar los paradigmas individuales y crear nuevos modelos mentales producto de las nuevas conexiones neuronales que surgen de la interacción grupal a partir de la información sistematizada que surge del primero. El tablero de comando ayuda a fortalecer y desarrollar: 


Los procesos neurológicos vinculados a la toma de decisiones.


La inteligencia individual y organizacional.


La planificación y gestión.

 

El tablero de comando, cuando es utilizado en reuniones multiárea, estimula el diálogo y la indagación colectivos, lo que conduce a la modificación de los paradigmas y creencias individuales y a una mayor convergencia de criterios lo que modifica la percepción de la realidad de cada integrante del equipo. Se generan así nuevas conexiones neuronales producto de la interacción del equipo lo que modifica las conductas individuales.


Estas nuevas conexiones neuronales junto a la focalización derivan en mayores “momentos de entendimiento” y una mayor “densidad de atención”. Esta mayor escucha y atención, junto al mejor entendimiento grupal, conllevan a una menor resistencia al cambio en la organización. El diseño del tablero de comando con sus gráficos y datos, con la historia asociada de cómo se llegó a ellos, permiten activar simultáneamente ambos hemisferios cerebrales con el consiguiente aumento del potencial de pensamiento del equipo.


Así, uno de los grandes secretos del éxito no es contar con la información correcta sino saber crear y presentarla en forma correcta. En esto, el tablero de comando es una herramienta de gran ayuda. Como ya dijimos, varias de las decisiones que toman las distintas áreas de una empresa constructora, como silos estancos, se basan en un marco estrecho de visión. La información que brinda el tablero de comando de obras extiende el campo visual de las distintas áreas favoreciendo el alineamiento de objetivos y la toma de decisiones dentro de un marco más ancho.


Todos los seres humanos realizamos cuentas mentales para organizar y conducir nuestras vidas, tanto en la esfera privada como en la laboral. El problema es que muchas de estas cuentas son intuitivas y se realizan bajo la influencia de las emociones y de marcos estrechos que limitan el abanico de decisiones posibles a lo meramente conocido y que podemos controlar. Para ser más racionales, debemos incentivar al sistema para concientizar alternativas decisorias contra fácticas. En las empresas constructoras es clave, a los efectos de visualizar este tipo de alternativas, la información que nos brinda el tablero de comando que permite conectar acciones y omisiones con consecuencias.


El arrepentimiento es una emoción que condiciona nuestras decisiones. El temor a arrepentirnos acerca de una decisión que estamos por tomar es un factor de peso que condiciona a ésta. El arrepentimiento suele acaecer una vez conocidas las consecuencias de una decisión y se incrementa cuando vienen a nuestra mente otras alternativas por las cuales podríamos haber optado pero que en el momento no fueron consideradas o al menos no con la fuerza necesaria.


Nadie puede arrepentirse de algo si ignora las consecuencias de sus actos. Por ello los indicadores del tablero de comando de obras son un factor clave para generar arrepentimiento y disparar nuevas alternativas y formas de hacer las cosas que en el largo plazo embarcarán a la organización en la senda de la mejora continua. Quién toma una decisión sabe que puede ser evaluado por su impacto en los resultados del conjunto por lo que experimentará en forma anticipada la emoción del arrepentimiento y sopesará distintos cursos de acción antes de tomar una determinada decisión. Por ello el tablero de comando es una herramienta indispensable para el alineamiento de una organización con sus objetivos de más alto nivel.


En muchas de nuestras decisiones optamos por la omisión porque es la que nos genera un sentimiento de menor arrepentimiento. En el caso de una constructora típica estas opciones por omisión suelen ser contratar al más barato, no planificar, etc. La asimetría en el riesgo del arrepentimiento favorece las elecciones convencionales y la aversión al riesgo. Nuevamente, el tablero de comando nos será de mucha utilidad para inclinar la balanza hacia decisiones más racionales. Otro aspecto importante del tablero de comando es el que responsabiliza a todos por los resultados conjuntos equilibrando el peso de las opciones de omisión y acciones. Así, por ejemplo, la decisión de contratar al más barato puede ser coherente para los objetivos locales del área de compras, lo mismo que la decisión de atrasar los pagos por parte del área de finanzas, pero posiblemente sean incoherentes en el marco ancho de la empresa como conjunto por su impacto en los objetivos de las obras y en la satisfacción de los clientes.


Por lo visto, la racionalidad viene generalmente asociada a marcos más anchos y evaluaciones conjuntas del comportamiento sistémico. Sólo podemos ser racionales y visualizar los absurdos en la medida que seamos capaces de realizar evaluaciones conjuntas de los hechos. El ahorro de costos derivado de una contratación o de la menor inversión en medidas preventivas de higiene y seguridad no nos dice nada mientras no veamos su impacto en los objetivos de la obra. 


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