Arquitectura Sustentable
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02.06.15 Del Editor

Precios cuidados

“….Una señora se presentó cierta vez ante la famosa modista Coco Chanel, solicitándole un sombrero que hiciera juego con su vestido para concurrir a una fiesta muy importante que se llevaría a cabo esa misma noche. Ningún sombrero de los que se había probado le quedaba bien ni combinaba con su ropa. Coco tomó una simple cinta, le dio vueltas, la sujeto a la cabeza de la señora y le pidió que se mirara en el espejo. La clienta quedo deslumbrada.

- ¡Magnífico! ¿Cuánto le debo?, preguntó.

- Cien dólares, respondió Coco.

- ¿Cien dólares por una cinta?, insistió la clienta.

- No, la cinta es gratis, respondió Chanel, mientras se la quitaba de la cabeza suavemente. “De hecho tome, se la regalo…”


Muchas veces los arquitectos son víctima de diversos hechos en el que se ve desmerecida o desvalorada su imaginación, su creatividad, o su simple dedicación universitaria que lo diferencia del resto. 


Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


 

¿Son víctimas? En realidad lo son. Son víctimas de un sistema pensado para “grandes obras” dotado de porcentajes y valores que nada tienen que ver con aquellas encomiendas pequeñas (las que alimentan la casi totalidad del mercado), donde al arquitecto se le dificulta imaginar un precio justo acorde a su tiempo de dedicación y creación.


En este punto, me veo en la obligación de citar un claro ejemplo que tomamos prestado de la pluma de ese gran arquitecto que es Rodolfo Livingston:


Dice nuestro cliente “…mire... yo en realidad preciso un proyecto, quisiera que usted me haga un pequeño croquis, nada más que la idea...  

                                    

Perdón -afirma el Arquitecto- usted querrá decir nada menos que la idea. Porque ese es precisamente mi trabajo: Producir ideas.               

                                    

El primer contacto con el cliente debe ser claro, como así también la forma de trabajar. Es verdad que del dicho al hecho hay una largo trecho pero teniendo un clara visión de cómo trabajaremos se verán los resultados. Cuesta al joven profesional de la arquitectura imaginar la importancia de esa primera relación con el futuro cliente, el cual asume diferentes personalidades y actitudes frente a nosotros y que intenta -en primer instancia- amoldarnos a su idea o su forma, acción que varias veces resulta exitosa.


En esa primera lectura, nuestro cliente debe tener en claro, para luego valorar correctamente, un modelo de trabajo basado en el respeto y la responsabilidad, aplicando desde ese primer encuentro minutas de reuniones, contratos y otros documentos legales, la entrega de especificaciones técnicas, el plan de mantenimiento preventivo y correctivo de la obra en cuestión, entre otros documentos imprescindibles.


Por ellos se cobra y el cliente debe pagar.


Debemos comprender que en la impronta del perfil profesional del arquitecto interactúan aspectos internos, disciplinarios y externos. Este último -no menor en la Argentina donde los escenarios se transforman de manera permanente- influye en el precio por el contexto real.


¿Cuál es el precio de su hora de trabajo? ¿Alguna vez se lo preguntó Sr. Arquitecto?


Creo que los abogados, doctores, psicólogos, contadores y demás profesionales tienen en claro ese valor. Es más, entiendo que los acuerdan y defienden con uñas y dientes.


Sin embargo, los arquitectos no somos tan estrictos en cuanto a honorarios se trata.


Por supuesto que no me preocupa el valor entendido como un mero recurso monetario, si bien es cierto que el arquitecto desarrolla la profesión para sostenerse económicamente, sino que apunto al valor simbólico del dinero, en tanto resulta la compensación del trabajo efectivo y eficiente de un profesional que se formó durante muchos años para obtener concluyentes ideas que serán de provecho para quienes lo consultan.


Arribemos al valor de nuestra hora. Defendamos las incumbencias del arquitecto -económicamente hablando-, a partir de un sano intercambio y respeto por nuestros clientes.


Será para el bien de todos.

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