Arquitectura Sustentable
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02.03.15 Del Editor

La calidad como resultado

El destino de la obra, la vida útil que se le procura y demanda, determinará el diseño tanto en su forma y tipo, como en los materiales y elementos constructivos que se utilizarán. Como pretendemos hacer de la calidad o los resultados conceptos útiles de aplicación práctica, debemos evitar ambigüedades y todo aquello que derive en el campo de lo meramente subjetivo. 


Escribe: Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS


Por ello, en la determinación de la calidad de una obra y la selección de cualidades características que servirán para su evaluación, no tendremos en cuenta, cómo ha sido resuelto el partido arquitectónico, su estética, el juego de formas y volúmenes, la disposición de los locales, etcétera, como así tampoco en qué medida la obra por su proyecto satisface las necesidades que con su construcción se procura. Pero en lo que hace a su estructura, materiales y ejecución, es decir a todo lo medible o estimable, debemos determinar normas precisas y confiables.

 

Será imprescindible entonces distinguir los parámetros que se fijan para controlar la calidad o los resultados, de las que se empleen para evaluarlos. Las primeras serán determinantes de la aceptación o no de los materiales, elementos, sistemas y la obra misma, desde el proyecto hasta la finalización de la suma de tareas y utilización en la etapa de servicio. Mientras que las segundas se utilizarán para calificar la calidad o los resultados de la obra conseguida. En todos los casos, habrá que elaborar y adoptar ciertos criterios de calificación objetivos, para no caer en las opiniones personales o subjetividades que deseamos desterrar. El formato de trabajo ideal queda constituido por el desarrollo de los ensayos o pruebas de "pasa o no pasa", muy difícil de darse en forma pura en los procesos constructivos, aunque sí en la selección, adquisición y uso de algunos materiales y elementos, donde inclusive, sus múltiples cualidades obligan a establecer un específico nivel de características, capaz de facilitar su ponderación y calificación.

 

A nivel de obra el problema se agudiza. Cabe preguntarnos: ¿Que grado de control le brindaremos a un muro con cimientos deficientes y superestructura bien ejecutada? ¿O al realizado según las reglas del arte del buen construir, pero utilizando materiales deficientes?

Ante estos casos proponemos una metodología que, en parte, brinda una efectiva solución al problema, siempre sobre la base de llegar a traducir la calidad o los resultados en un número que pueda luego ser utilizado como parámetro o índice.

 

La calidad compuesta en el proyecto de arquitectura, reflejará la imagen de las cualidades que se procuren para la obra terminada, en función de su futuro destino. Además, establece los parámetros precisos para su mantenimiento preventivo y correctivo futuro, atendiendo al digno envejecimiento de la obra. El Proyectista habrá contemplado entonces la suma de necesidades y condiciones y, en base a ello, buscará la mejor solución a través del proyecto. Salvo excepción, siempre lo llevará a cabo sobre el supuesto de trabajar con materiales y elementos de la mejor calidad.

 

En resumen, los materiales aportan sus cualidades características. La mano de obra y los equipos accionan sobre ellos -de alguna forma- para ejecutar la obra. Este formato de trabajo constituye la tecnología, eslabones que se encadenan para garantizar un cierto resultado, el cual será función del eslabón más débil. Para evitar desvíos y distorsiones, será necesario que desde el proyecto mismo se determinen, no solamente el uso y tipo de los factores, sino también, la efectiva manera de controlarlos.

 

Los controles de resultados deberán encontrar en el proyecto, todos los datos precisos para su diseño y ejecución.

 

En beneficio de la buena arquitectura.

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