Arquitectura Sustentable
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13.02.15 Del Editor

El buen inversor

En el momento en que nos visita un cliente para encomendarnos un proyecto, comenzamos a vislumbrar una serie de variables. Quien va a invertir sus ahorros para proveerse de una casa, como el que apostó todas sus fichas en un emprendimiento de gran escala, necesita saber anticipadamente -y con la mayor precisión posible- el costo y la duración de la obra. El mismo interés demuestran los constructores, que no quieren correr el riesgo de avanzar a la deriva y ver finalmente esfumadas sus utilidades. 


Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista ENTREPLANOS


Otro tanto les ocurre a los arquitectos, para quienes tal vez no exista mayor frustración que ver su proyecto distorsionado, o no poder finalizarlo por razones de costo. Las variables básicas que intervienen en este juego son calidad, precio y tiempo. Como podemos observar, dichas variables permanecen estrechamente vinculadas, y la alteración de cualquiera de ellas provoca una modificación de las restantes.

 

Resulta fundamental tener en cuenta que las actividades relacionadas con la construcción permanecen incluidas en el macrocontexto económico de la sociedad en que actuamos. De ninguna manera la obra producto de la inversión estará desvinculada de los aspectos que influyen en la economía del país.

 

Por lo tanto, para poder vender un proyecto que resulte atractivo vale conocer los razonamientos que aplican los inversores. Por ejemplo, para un arquitecto un proyecto es un conjunto de planos, computo de materiales y precios. En cambio, para un financista, que esta considerando prestar dinero o invertir, un proyecto es un esquema de un flujo de fondos en el tiempo y a una tasa de interés determinados. En la evaluación de un negocio, el financista determinará si el flujo de fondos es suficiente para cancelar la deuda y si la ganancia supera o no otras alternativas posibles de inversión.

 

Los mayores errores en la evaluación de proyectos se cometen en la etapa de identificar los costos y beneficios verdaderamente atribuibles al emprendimiento. Vale recordar que el costo de un proyecto es el valor de todos los insumos necesarios para producir la obra. Pero la clave de un buen negocio radica en evaluar además el costo financiero, o sea, el precio del dinero utilizado para la producción y comercialización del proyecto, desde el primer desembolso hasta la venta del bien.

 

El precio del dinero está fijado por la tasa de interés que se debe pagar por un préstamo determinado. Si no se lo incluye en el análisis se puede caer en la ilusión económica de que se está ganando dinero, cuando en realidad, se lo puede estar perdiendo a raudales.

Obviamente, que las obras cuesten y tarden más de lo previsto no es negocio para nadie. El planeamiento,  programación y control de la obra, junto con un óptimo cómputo y presupuesto son valiosas herramientas que convenientemente utilizadas, pueden ayudar a evitar que esto ocurra.

 

Aspectos a considerar para responder de la mejor forma ante un buen inversor.

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