Arquitectura Sustentable
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28.11.12 Opinión

Una oportunidad

Actualmente somos testigos de importantes cambios climáticos alrededor del mundo que obedecen a un dato clave: el calentamiento global del planeta. Al aumentar la temperatura de todos los fenómenos naturales, éstos disponen de más energía para manifestarse y en consecuencia el clima se vuelve más intenso y difícil de anticipar. Sabemos que el fenómeno del calentamiento del planeta es causado, en su mayor parte, por la acción humana. A esta situación se le suma que es imposible frenar el modelo de desarrollo de un día para otro si no ponemos en cuestión los paradigmas que sustentan nuestras prácticas y el modo en que diseñamos, planificamos y aprovechamos nuestro hábitat y el ambiente. Titulé este artículo “Una oportunidad” porque es la que tendríamos si logramos replantearnos las cuestiones antes mencionadas

Por el Director de VerdesAires, Rubén Schrott 

En las ciudades, donde hoy se concentra la mayoría de la población mundial, se ha reemplazado la vida vegetal y animal por cemento, volviendo impermeable el suelo y constituyendo desiertos artificiales cuya interacción con la energía solar, el viento y las lluvias no tiene ningún sentido ni aprovechamiento. Las ciudades son además las mayores emisoras de gases de efecto invernadero como el CO2 por el consumo de combustibles fósiles, en  transporte, calefacción, producción de energía, etc.

Según la Organización Mundial de la Salud se recomiendan 15 m2 de espacios verdes por habitante y la ciudad de Buenos Aires tiene sólo 1,80, por lo tanto tenemos un enorme déficit de espacio verde (www.porlareserva.org.ar) y si tenemos en cuenta el alto costo de los predios urbanos, esto nos hace pensar que la situación no se revertirá en el corto ni mediano plazo. Ante esta realidad, hace falta una concientización sobre la necesidad de intervención en diversos proyectos y una búsqueda de nuevas alternativas para lograr una mejor calidad de vida de los habitantes.

Por ello, hay que conocer los beneficios que la vida vegetal aporta a nuestras ciudades: son sumideros naturales de CO2, por lo tanto reducen los excesos de este gas en nuestra atmósfera; retienen agua de lluvia evitando inundaciones; limpian el aire de contaminantes y polvo; reducen el efecto isla de calor al absorber la radiación solar, que en las ciudades es significativamente más elevada; disminuyen la polución  acústica; benefician a la salud mental de las poblaciones urbanas reduciendo el estrés y la tensión muscular de los habitantes.

Ante esto debemos romper el paradigma que considera que el hábitat nos protege de otro ambiente más amplio, para que nos posibilite desarrollar interacciones inteligentes con el mismo y nos aporte soluciones a nuestras necesidades de energía, climatización, alimentación y calidad de vida. Esto supone cambiar radicalmente la forma en que interactuamos con la fuente de energía más importante: el Sol.

Una solución sustentable podría encontrarse en el uso de nuestros techos y terrazas para la instalación de cubiertas extensivas con vegetación. Si bien los jardines en las terrazas no son una novedad, este nuevo concepto intenta proporcionar ventajas ecológicas y económicas mediante la implantación de vegetales a través de un sistema modular que no necesita realizar cambios en el sistema de pluviales existentes, requiere bajo mantenimiento y sustratos mínimos con bajo peso que además cumplen la función de capa protectora de nuestros techos y terrazas.

En este sentido es importante no utilizar tierra natural, ya que continuaríamos degradando el ambiente al sacarla de nuestro suelo para instalarla en techos y terrazas. También es clave considerar el tipo de especies vegetales, teniendo en cuenta las condiciones de baja profundidad del sustrato y el bajo mantenimiento, eligiendo plantas de fácil propagación, alta densidad de cobertura y  tolerantes a los cambios. Por ejemplo, las plantas de la familia de las crasuláceas han sido estudiadas por adaptarse a las condiciones extremas de los techos extensivos gracias a su habilidad para limitar la transpiración (el género Sedums ha demostrado una amplia adaptación a estas condiciones). Es importante recalcar estos aspectos porque debemos avanzar con propuestas sustentables que colaboren en mitigar la ecuación negativa que tenemos con nuestro ambiente.

Este tipo de cubiertas vegetales en nuestros techos y terrazas, además de aportar todos los beneficios que señalamos anteriormente, trae otras ventajas importantes para el inmueble. Una de ellas es reducir en forma considerable la temperatura en los ambientes, por lo tanto también disminuye la utilización de climatizadores y por ende las emisiones que provoca el efecto invernadero. También ralentizan el escurrimiento del agua de lluvia en un 50% disminuyendo de ese modo el riesgo de inundaciones; además, protege las capas impermeables de nuestros techos y terrazas de los rayos ultravioletas emitidos por el sol. Esto también se extiende a la estructura del inmueble, ya que reduce la posibilidad de fisuras y rajaduras al reducir ampliamente la amplitud térmica que es la causa de estos fenómenos. Estas cubiertas vegetales actúan como verdaderos “Parasoles Biológicos” con una enorme ventaja: la interacción con el sol no los destruye como otros materiales sino por el contrario, la vida vegetal utiliza la energía solar como fuente de vida. Por lo tanto, la utilización de estas cubiertas verdes pueden aportar al cambio de paradigma aprovechando la potencialidad del medio ambiente sin degradarlo ni defendiéndose de él.

Pensemos en otra escala: nuestra ciudad, con su enorme déficit de espacios verdes, sus recurrentes inundaciones y unos 300.000 edificios de vivienda, comerciales, servicios e industriales, que tiene una gran cantidad de techos vacíos. Estos espacios deberían ser, por su exposición al sol y otras variables climáticas, la llave para construir nuevos paradigmas que posibiliten conquistar el Desierto Urbano en el que vivimos. Si construyéramos en cada una de ellas una cubierta vegetal de 20m2 solamente, tendríamos el equivalente a un parque de 600 hectáreas. Para darse una idea de lo que eso significa, el Parque 3 de Febrero (los Bosques de Palermo) tiene en la actualidad 280 hectáreas, lo cual significaría triplicar nuestra superficie verde.

Tenemos una oportunidad y está al alcance de nuestros recursos y posibilidades actuales. Lo que hoy sería verdaderamente revolucionario es empezar a lograr un mundo con mejor calidad de vida, construyendo interacciones inteligentes con el ambiente, dejándolo de ver como un medio o recurso y comprendiéndolo como parte activa de nuestras vidas.

El ambiente y el hombre deben forman una unidad, la otra alternativa es la que estamos sufriendo hoy en día.

Más información:
www.verdesaires.com.ar

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