Niveles de prevención en seguridad

En la actualidad, las reglamentaciones vigentes, más un cambio en la conciencia de trabajadores y empleadores, ha transformado en normal un marco de cuidado de las condiciones de seguridad en obra, que vale afirmar, nunca se deben descuidar o subestimar. La mayoría de los accidentes pueden evitarse empleando el sentido común y medios prácticos adecuados para su prevención. Esto, además de los beneficios derivados de mejorar las condiciones de trabajo (por ejemplo, una mayor producción), aporta en la disminución de los costos involucrados en los accidentes.

Lamentablemente, para ciertas conciencias empresarias dentro de la industria de la construcción, las denominadas Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (CyMAT) conforman un gasto en lugar de una inversión. Es más, la política respecto de subestimar los peligros que toda obra en construcción encierra nace con la Argentina misma, ya que era común emplear mano de obra esclava y sin condiciones dignas de trabajo para alzar destacadas construcciones. Sin ir más lejos, el Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires es sólo un ejemplo de esa inhumana práctica. Más tarde, la Argentina se moderniza y el ferrocarril irrumpe en escena. Nuevamente, miles de trabajadores son empleados en la extensión de vías a cambio sólo de su ración diaria de alimentos, que dicho sea de paso, no era para nada suculenta. En ese entonces, las más elementales condiciones de seguridad e higiene constituían una quimera inalcanzable. La prevención de los accidentes -en buena parte- depende de la educación, el control y la cooperación. Más que un problema de ingeniería lo es de relaciones humanas, excepto en lo referente a las protecciones mecánicas; encargadas de evitar un porcentaje relativamente reducido de accidentes. Por protecciones mecánicas se entiende a los equipos y maquinaria, no a las barandas, andamios, cercos, vallas, etc., demandantes de un permanente control. Los reglamentos, aún los más estrictos, no logran garantizar la seguridad en el trabajo. La misma se encauza mediante el constante control y cuidado de todos los niveles de responsabilidad de la obra, conjuntamente con la colaboración de los trabajadores. Dado que no es posible eliminar totalmente los infortunios, y adicionado a ello la peligrosidad inherente a las tareas de la actividad de la construcción, ésta presenta mayores dificultades para implementar las medidas adecuadas tendientes a la prevención.

Por ello, debe brindarse una mayor atención para lograr resultados satisfactorios.

Conforma el deseo de todos quienes apostamos a una industria de la construcción justa y digna que en el futuro, gracias a una toma generalizada de conciencia, no sea necesario reeditar este tema. La capacitación posibilita un desarrollo armónico el cual acota la cantidad y gravedad de los riesgos existentes en las obras. El objetivo radica en alcanzar un cambio de actitud ante los riesgos e integrar a todos los niveles de la empresa en las tareas preventivas trazadas.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

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