Impacto y responsabilidad socio-ambiental

La voluntad de los ciudadanos de los países desarrollados, y en desarrollo, de pensar y vivir de manera sostenible existe y aumenta. El interés por el tema no se limita a pequeños grupos de activistas. Permanentemente, se suman un gran número de publicaciones y sitios de Internet que presentan posibilidades y productos los cuales ayudan a poner en práctica la filosofía de la sustentabilidad en la vida cotidiana.

La industria de la construcción muestra sus propuestas al respecto.

No se trata de un nuevo estilo arquitectónico, ni de una moda alternativa, sino de aplicar una serie de criterios, como la correcta orientación de los ambientes, la elección de los sistemas adecuados, el tamaño de las aberturas y su protección ante el sol. Dichos criterios se relacionan con el consumo de energía, el uso de fuentes de energía renovables, materiales y productos de construcción más amigables con el ambiente, la gestión de los residuos y el agua, así como otros aspectos capaces de influir en los impactos ambientales de la construcción.

El origen y manufactura técnica de los sistemas constructivos, su impacto ambiental y desmantelamiento futuro, conforman aspectos cada vez más decisivos a la hora de seleccionar un producto vigente en el mercado. Ante ese escenario, los técnicos han reaccionado ofreciéndoles a los profesionales sistemas constructivos lo más inocuos posibles para el medio ambiente, los cuales son desarrollados aplicando una severa responsabilidad socioambiental.

El tema de la sustentabilidad está ocupando y preocupando especialmente a los profesionales de nuestra industria. Los analistas e inversores ya no miran exclusivamente las cifras de negocio o los beneficios monetarios, sino también, si una empresa presenta un sistema constructivo el cual garantiza un desarrollo sostenible, o sea, ecológico y socialmente responsable, o no.

En los Estados Unidos y Gran Bretaña, por sólo citar dos ejemplos, la preocupación por el efecto invernadero permanece muy presente en la sociedad y, junto con otros criterios, condiciona los procesos de la producción industrial, incluidos los de la construcción de obras de arquitectura e ingeniería de distintas escalas. Estudios revelan que la sustentabilidad ha crecido exponencialmente en cuanto al grado de relevancia que la sociedad le brinda. Ello se repite en los dos mencionados países, hasta el punto de convertirse en un valor comercial añadido.

El concepto “de la Cuna a la Cuna” (“Cradle to Cradle”, o “C2C”), se basa en el principio de diseñar aquello que producimos de tal forma que sea o completamente biodegradable, o absolutamente reciclable. Este principio encuentra su origen en la naturaleza misma, donde no existe problema alguno con los “residuos”, puesto que “residuo” es igual a “nutriente”. El modelo “de la Cuna a la Cuna” se opone de hecho a “de la Cuna a la Tumba” (“Cradle to Grave”), en el cual los flujos de material asociados a un producto a menudo no fluyen teniendo en cuenta la conservación de los recursos naturales, vale decir que, al final de su vida, los materiales y productos terminan para siempre en basurales, incinerados o amontonados en ecosistemas. El concepto de “sustentabilidad”, no se relaciona solamente con las condiciones de habitabilidad y uso ulterior de una obra determinada de arquitectura, sino con una forma de concebir, proyectar y materializar dicha obra. En este sentido, los sistemas constructivos industrializados y sustentables aportan sus particulares características para satisfacer y cumplir los requisitos que, en cuanto a confort higrotérmico las nuevas construcciones requieren, como forma válida de garantizar una disposición acorde de los recursos de producción.

Los profesionales no conciben un mejor homenaje a la naturaleza y la prosecución de un entorno ambiental sano en el cual el hombre desarrolla y crea su vida. Negar estos conceptos, o lo que resulta peor, ignorarlos por completo, supondrá una traición a uno de los axiomas más elementales: “La arquitectura surge de la interacción de la inteligencia del hombre con los recursos naturales, aplicando a nuevas formas del habitar lo aprendido a partir de la experiencia acumulada a lo largo de los siglos”.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

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