El seguro proceder

Si consideramos que el estudio de las CyMAT (Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo) aporta un enfoque académico multidisciplinario, abarcando el aspecto social, físico y cultural, tenderemos a comprender y aplicar determinadas normas de producción seguras, definiendo procedimientos que, en suma, posibiliten optimizar la situación del trabajador y reducir la elevada tasa de siniestralidad de nuestra industria.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, Editor de Revista ENTREPLANOS.

Para brindar precisos conceptos sobre el tema, acudo a los vastos conocimientos del Arq. Darío Romero, especialista en seguridad e higiene de la industria de la construcción: “Los AT/EP -Accidentes de Trabajo / Enfermedades Profesionales- poseen una incidencia muy importante dentro de los costos directos e indirectos de la producción de las obras. Por ende -aunque no exclusivamente por ello-, debe adquirirse una visión integradora del higienismo y el prevencionismo industrial, a fines de controlarlos y disminuirlos. No debe quedar duda respecto de la obligatoriedad de aplicación de la normativa vigente, persiguiendo el objetivo de garantizar que los valores de accidentalidad sean los más bajos de acuerdo al volumen de horas trabajadas, para luego, compararlos con las estadísticas nacionales relevadas por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

A los fines de gestionar eficientemente los riesgos laborales, vale incorporar rigor técnico a la comprensión de la temática, inclusive, aún desde la terminología empleada. Cuando hablamos de “accidente”, para referirnos al acontecimiento súbito y violento, aplicamos un término que denota un hecho imprevisto, inesperado, lo cual en definitiva obstaculiza el estudio de la problemática, dado que un accidente no es producto del azar ni de la fatalidad, ni tampoco intencional. Esta palabra, ampliamente utilizada desde la Ley 24.557 hasta la misma Organización Mundial de la Salud, se emplea también para describir el error humano, atribuirlo al destino o a un designio divino, trayendo como resultado la exclusión del sujeto de la secuencia derivada en una lesión no intencional, tornando imposible analizar las acciones conducentes a la conducta de riesgo.

Vale entonces denominar nuevamente este tipo de hechos, llamándolos por caso “siniestros”. Ese sería un primer paso para entenderlos como una cadena causal de eventos donde los sujetos pueden intervenir para evitarlos o mitigar sus consecuencias. Si llamamos las cosas por su nombre, tenemos posibilidad de encontrar solución a los problemas. Así, los traumas serán evitables y predecibles. Cuando hablamos de seguridad, necesariamente tenemos que referirnos a la conducta humana. Sobre dicha cuestión existe un documento el cual ofrece un posible enfoque, llamado “Teoría de la Homeostasis del Riesgo”, formulado por el psicólogo canadiense Gerald Wilde. El mismo brinda una explicación sobre el funcionamiento del ser humano cuando se encuentra de cara ante el peligro. Toda persona de cara a un riesgo cualquiera, determinaría su conducta ante el mismo como consecuencia de un proceso subjetivo previo desenvuelto en dos fases, donde primeramente, percibe los factores que constituyen el peligro, los analiza, realiza una evaluación y se forma un juicio al cual se denomina “riesgo percibido” (coincidente o no con el riesgo real). A continuación, el individuo considera las ventajas y desventajas que implicaría asumirlo y, como consecuencia, establece cuánto riesgo afrontará efectivamente, denominado “riesgo elegido”.En cualquier actividad en curso, las personas monitorean continuamente la magnitud del riesgo ante el cual sienten que se encuentran expuestas. Luego, la comparan con la magnitud del riesgo que están dispuestos a aceptar y tratan de reducir la diferencia entre ambas magnitudes a cero. En el concepto fundamental de homeostasis, el nivel de riesgo aceptado sería el termostato regulador de la seguridad. Lo anterior implica que las cifras totales de morbi-mortalidad de una industria dependerían, directamente, del “nivel de riesgo socialmente aceptado”.

Entonces, la motivación es la clave para generar un patrón de conducta segura, al reducir el nivel de aceptación del riesgo elegido. Así, este “termostato” podría ser regulado hacia abajo para acotar el grado de aceptación individual y social. Allí radica el gran secreto del éxito de cualquier medida de seguridad a adoptar”.

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