El desafío de construir una casa reciclando desechos.

Entre los protagonistas principales de esta historia hay ladrillos de plástico y tejas de caucho, pero lejos de ser una cuestión de chicos se trata, definitivamente, de algo de grandes.

Y el calificativo no guarda relación con cosas de la edad sino con el tamaño de la iniciativa: solucionar el déficit habitacional y hacerlo mediante el desarrollo de tecnologías y materiales que aprovechan los residuos urbanos e industriales para construir casas.

Desde Córdoba, en el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE), un grupo interdisciplinario integrado por arquitectos, ingenieros, químicos y diseñadores industriales entre otras profesiones, investiga, experimenta, desarrolla y transfiere tecnologías de construcción y nuevos materiales destinados al hábitat popular desde una óptica sustentable.

Bajo costo x 2

Rosana Gaggino, directora de CEVE, contó que el Instituto de investigación fundado en 1967, depende del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Asociación de Vivienda Económica (AVE), y que uno de sus principales objetivos es “proveer soluciones de bajo costo y que atiendan las necesidades de hábitat que hay en el país”, pero cuidando el impacto ambiental.

“Buscamos desarrollar tecnologías amigables con el medioambiente utilizando el reciclado de residuos. Así desarrollamos distintas soluciones tecnológicas como ladrillos y bloques hechos con envases descartables de gaseosa, tejas elaboradas con caucho de neumáticos en desuso y plástico reciclado, placas divisorias o de mobiliario hechas con embalajes de alimentos o cáscaras de maní ligadas con resina”, describe.

Y luego, entusiasmada, cuenta sobre la iniciativa más nueva.

“Actualmente estamos desarrollando un proyecto para crear componentes constructivos con residuos de aparatos eléctricos y electrónicos -como impresoras y computadoras- que son materiales de difícil reciclado”, explica la arquitecta, investigadora independiente del Conicet.

Torres de basura electrónica

El dato no es menor teniendo en cuenta que la basura electrónica es la que registra el crecimiento más rápido del flujo de residuos domésticos en todo el mundo.

Para darse una idea, de acuerdo con el relevamiento hecho por una organización internacional, en 2016 este tipo de desperdicios llegó a 44,7 millones de toneladas, 8% más que en 2014. O, si se quiere graficar el tema, con esa cantidad de basura electrónica se podrían levantar 4500 torres Eiffel.

Lo más preocupante es que según las proyecciones de los expertos, la cifra no parará de crecer en los próximos años.

Igual de urgente y preocupante es la situación medioambiental y el déficit habitacional en un mundo cuya población tampoco deja de incrementarse.

Y todo eso no hace más que revalorizar la tarea que se realiza en el CEVE desde hace más de 50 años.

Actualizar la agenda

Gaggino aclara que aunque el objetivo de fondo siempre fue el mismo, con el paso del tiempo (especialmente en las últimas dos décadas) se incorporaron la investigación, el desarrollo y la innovación en tecnologías sustentables, así como la Investigación y análisis de las políticas públicas vinculadas a la temática.

En la actualidad, CEVE tiene las siguientes líneas de investigación:

*Sistemas Constructivos. Es de las áreas más antiguas de trabajo y experimentación. En ella se desarrollan sistemas constructivos, componentes y materiales de construcción para la vivienda y el hábitat.

*Nuevos materiales y componentes. El objetivo es desarrollar elementos constructivos tradicionales elaborados con materiales no tradicionales provenientes de la recuperación y reutilización de residuos industriales y domésticos.

*Gestión Integral del hábitat y circuitos interactorales. Promover acciones directas e indirectas que contribuyan a mejorar el hábitat y fortalecer el desarrollo local, en articulación con otros actores sociales. “Hacemos diagnósticos a pedido de municipios, por ejemplo, sobre situaciones habitacionales y a partir de eso ofrecemos soluciones”, explica Gaggino.

*Políticas públicas, desarrollo socio productivo y hábitat. Se investigan y analizan las políticas públicas vinculadas a la temática con el objetivo de aportar insumos y evidencias para mejorar la calidad de las mismas y atender a los sectores en condiciones de pobreza y/o en riesgo.

Interconexión

¿Cómo canalizan todo lo que hacen y quiénes pueden aprovecharlo?

Gaggino dice que desde CEVE brindan servicios tanto a municipios como a cooperativas, fundaciones y grupos de personas particulares.

“Hacemos el licenciamiento de las tecnologías y damos los cursos de capacitación para que puedan hacerse emprendimientos en distintos puntos del país. También supervisamos y damos seguimiento a los proyectos para hacer control de calidad y asesorar en el caso de que haya que hacer algunos ajustes”, agrega la directora de CEVE.

Luego, cuenta que en diferentes puntos del país existen muchas soluciones habitacionales gracias a la utilización de algunos de los sistemas más antiguos desarrollados en el Instituto, como el sistema Semilla o la estructura UMA.

“Con estos materiales nuevos no tenemos barrios completos pero si algunas experiencias, como en Junín, provincia de Mendoza, donde se construyó una casa y está planificado un barrio de 50 viviendas”, comenta.

CEVE tiene firmados convenios de licenciamiento de la tecnología del ladrillo de PET con la provincia de Chubut y con la Fundación EcoInclusión, de Alta Gracia (Córdoba).

“Quieren reciclar el PET de la ciudad de Córdoba y la Municipalidad les donó un predio para que construyan la planta de producción. Hay perspectivas de un gran impulso para esta tecnología a corto plazo”, se entusiasma Rosana quien desde hace 21 años, cuando ingresó como becaria en CEVE, trabaja para mejorar la vida de los argentinos por vía doble: solucionar la problemática habitacional protegiendo el medioambiente.

Nuevos materiales

El Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE) cuenta con 14 componentes y sistemas constructivos registrados.

Entre los nuevos materiales, se destacan:

*Ladrillos de PET. Se trata de componentes para muros exteriores e interiores elaborados con una mezcla de partículas de plástico PET procedente de envases descartables de bebidas, ligadas con cemento Portland y aditivos, que se moldea con una máquina manual rodante.

Es un ladrillo más ecológico que los tradicionales porque la materia prima principal está constituida por residuos plásticos reciclados. Además, la producción del ladrillo macizo de tierra cocida, utilizado habitualmente en mamposterías, a partir de la extracción de la capa de tierra superficial fértil (humus), y su posterior cocción en grandes hornos a cielo abierto, produce desertificación del suelo, contaminación atmosférica (por el humo generado), y tala de árboles para obtener la leña necesaria para el funcionamiento del horno, dicen en CEVE.

Desde el punto de vista técnico el ladrillo de PET se destaca también en lo que respecta a liviandad y aislamiento térmico.

*Paneles de cáscara de maní. Constituyen un componente de aislación térmica para aplicar en cielorrasos, sobre estructura de soporte de perfilería metálica. Representan una alternativa a los cielorrasos de madera industrializada o placas de polietileno expandido, entre otros.

La placa está elaborada con cáscaras de maní aglomeradas con resina polimérica y conformada por compresión en prensa hidráulica. Además, tiene un atractivo aspecto estético, y sus principales cualidades técnicas son aportar aislación térmica y acústica a los espacios interiores.

*Tejas de caucho. Es un componente que se desarrolla junto con la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Córdoba.

Se aplica en cubiertas inclinadas, sobre estructura de madera. Está elaborado íntegramente con materiales reciclados procedentes de desechos industriales plásticos y de neumáticos fuera de uso. Para hacerla se trituran y extrusan los materiales, y luego se moldea todo en una prensa.

Entre las ventajas de este tipo de teja, citan el hecho de que es más resistente a la flexión, las heladas y el granizo que las tradicionales, de cerámica u hormigón, además de ser más liviana.

Por: Florencia Carbone

 

 

 

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