Comportamiento térmico de los edificios

  La construcción, en nuestra región, se lleva a cabo a partir del agotamiento o mal uso de los recursos, con la consecuente degradación de los espacios naturales, el exponencial incremento de la demanda energética y la contaminación ambiental.

  En la Argentina, se obtenía gas a bajo costo, comparativamente con lo corroborado en la mayoría de los países del mundo, gracias nuestras propias reservas naturales. Por otro lado, hasta ahora no ha sido un problema, como sí lo es en otras partes del mundo, la escasez de agua ni de otros recursos naturales como la madera. Dichas potencialidades, propias de nuestro país, hacen que la industria de la construcción -salvo honrosas excepciones- no tome conciencia de la necesidad de pensar en el ahorro de energía.

  Como consecuencia, se puede estimar que más de la mitad de las viviendas construidas en nuestro medio, teniendo en cuenta a las realizadas a través de la autoconstrucción-, no son eficientes en cuanto al ahorro de energía, vale decir, las casas nacen “enfermas”. Necesitan constantemente de medios mecánicos externos para lograr alcanzar un aceptable confort higrotérmico, generando un costo innecesario el cual podría ser prevenido al momento de diseñar y construir la obra encomendada.

  A partir de los años 70 del siglo pasado, los países desarrollados pusieron de manifiesto la necesidad de impulsar el ahorro energético en vistas al creciente costo del petróleo. El foco de la crisis energética del año 1973 provocó que la humanidad toda se plantee la necesidad de reconsiderar el gasto energético de sus edificaciones. En los últimos años, la redacción del Acuerdo de Kyoto torna mucho más evidente la importancia del mencionado ahorro.

  Estudios realizados en los Estados Unidos sobre el problema energético demostraron fehacientemente que el 25% del consumo total de energía, en sus diversas formas, se emplea en la climatización de construcciones. De dicho porcentaje, actualmente resulta factible reducir el consumo en un 50%.

  Un edificio, adecuadamente diseñado, conforma un instrumento de captación, acumulación y distribución de energía. Resulta entonces fundamental comprender que la arquitectura debe necesariamente adecuarse a las condiciones bioclimáticas que la circundan. De esta forma, el profesional del diseño descubrirá las formas de cada lugar, y aliado con la actual tecnología más la correspondiente investigación, procurará aprovechar sus ventajas.

  De acuerdo con estudios formulados, se podría economizar aproximadamente el 40% de la energía empleada en los edificios, aplicando tecnologías eficientes. Es posible lograr una interesante economía energética mediante un adecuado criterio de diseño tendiente a mejorar la relación superficie-volumen. Es bueno comprender que los fenómenos higrotérmicos analizados se originan, por lo expuesto, en la envolvente del edificio.

  Las nuevas legislaciones, como la Norma IRAM 11.900 de Etiquetado de eficiencia energética de calefacción para edificios. Clasificación según la transmitancia térmica de la envolvente, la Ley 13.059 de la provincia de Buenos Aires y los apartados específicos del recientemente sancionado Código de Edificación de la ciudad de Buenos Aires, resultan indicativas de la creciente tendencia capaz de mejorar el comportamiento térmico de los edificios.

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