Capacidades del proceso industrial

  La necesidad de crear grandes infraestructuras y la posibilidad de hallar en la industrialización una fuente técnica inmejorable, fuera de las grandes operaciones edificatorias, pone en evidencia la posibilidad de generalizar los sistemas, e incluso, la economía de los métodos. El desarrollo de estos elementos ha llevado a un gran avance en cuanto a la sustentabilidad de los sistemas constructivos, sumado a la incorporación de novedosas técnicas dentro de la edificación convencional. La tendencia en la aplicación de dichas técnicas, en diferentes tipos de edificaciones, resulta creciente a la hora de incorporar elementos estandarizados y coordinados, repercutiendo en una notable mejora de la calidad y versatilidad de las obras.

  “Construir”, “ejecutar”, implica poner en presencia elementos materiales y trabajo productor, ya fuese manual o mecanizado, utilizando a dichos efectos el bagaje tecnológico. El trabajo productor del “construir”, es conducido y obedece a un proceso técnico predeterminado, cuyo resultado es el producto elaborado: “La obra”. Estamos, por lo tanto, en presencia de un proceso de tipo industrial. En la evolución de los sistemas de producción, los pasos iniciales encuentran su origen en la artesanía. La industria se concentra en el maestro de oficio, dueño de sus herramientas y fuerza de trabajo. En la marcha acelerada del tiempo, la humanidad avanza categóricamente encaminada por el progreso científico, expresado en el avance tecnológico y centrado en la tecnificación laboral.

  Tecnificar el trabajo productor, significa brindar al elemento transformador, el trabajo más equipo tecnológico, y por lo tanto, más energía que lo impulse y mayor organización, equivalente a racionalizarlo conforme a las normas científicas. Dentro de esta evolución hacia el trabajo tecnificado, el obrero constructor tiende a ser un conductor o espectador-vigilante de su herramienta. El objetivo y resultado radica en un aumento de la productividad por hombre, con el impacto directo de un menor esfuerzo humano en cantidad y específico.

  A los mencionados fines concurre la concepción arquitectónica y estructural de una obra, la aplicación de la industrialización, normalización y modulación de diversos elementos, la mayor mecanización que opera -incluso- en los métodos de trabajos convencionales. Este conjunto de elementos introducido en los sistemas constructivos concurren a tipificar y estandarizar las obras, y continúan abriendo las brechas responsables de acentuar, día a día, una organización más racional del trabajo productor.

  La innovación no ha de confundirse con el progreso técnico ni con la invención. Durante el período que precedió a la revolución industrial del siglo XVII, sucedieron numerosos progresos técnicos, muchos de ellos producto de la casualidad. Dichos progresos mejoraban notablemente las condiciones de producción, pero no fueron suficientes para derivar en un cambio radical. Generalmente, una innovación provoca otras; establece un desequilibrio en los procesos de producción en la medida en que ciertos grados de dicho proceso ya no se adaptan a las posibilidades y nuevas trabas introducidas por la innovación. Por lo tanto, un proceso de producción no puede soportar variaciones tecnológicas demasiado importantes entre los diferentes estratos integrantes.

  En nuestro país, la situación ha evolucionado singularmente gracias a la actuación, desde el año 1970, de la Secretaría de Vivienda, organismo que por intermedio de la Dirección de Tecnología y Producción, continúa otorgando el CAT (Certificado de Aptitud Técnica). Dicho “Certificado” es condición necesaria y suficiente para toda construcción desarrollada con Fondos Oficiales.

  No siempre resulta fácil presentar pruebas de que un nuevo producto (material, elemento componente o sistema constructivo), satisface a la demanda mejor respecto de aquel el cual se desea sustituir. Tratándose de la construcción de edificios, ello obedece a que la calidad, en el concepto de la mejoría, deriva de las tecnologías tradicionales, lo cual tiende a desechar “a priori”, ciertas innovaciones tecnológicas.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista ENTREPLANOS

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